MEMORIAL

Memorial

Este sitio de imágenes caleidoscópicas de José F. Vásquez, está enfocado desde los ojos del niño que fui. Con la perspectiva de la memoria reconstruida a la manera de un rompecabezas filtrado a través de la oralidad de sus contemporáneos entrevistados a lo largo de los años de búsqueda y localización de las partituras. Nutrido también en las múltiples fuentes informativas de la época; artículos, entrevistas, programas de mano, fotografías, convocatorias, declaraciones y reportajes realizados al personaje público, del mundo cultural de aquella primera mitad del Siglo XX. 

De modo paralelo, los textos se basan en más de treinta y cinco años de investigación de datos sumados a vivencias, conversaciones, recuerdos y anécdotas familiares de un músico famoso y respetado, en su papel de padre y esposo de familia. Gracias a estas herramientas ha sido posible delinear mejor el perfil de un padre y de un músico, intentando cubrir así, desde los ojos infantiles y desde la intimidad, las grietas y los efectos dejados no solamente por una precoz orfandad, sino además y sobre todo, a causa de la desaparición completa de una familia, lo que propició el expolio total de los bienes, entre los que se habrían de extraviar durante más de dos décadas, las partituras paternas.

En esta sección dejo mi testimonio desde la primera butaca, como un espectador privilegiado de un intermezzo filial demasiado fugaz pero irremediablemente fructuoso; un relato en primera persona, espero que útil para conservar fragmentos de la historia de un músico mexicano de principios del Siglo XX, hasta hoy velados, pero que probablemente puedan explicar sus batallas en favor de la cultura, algunos de sus ejemplos más simples, sus logros incuestionables, sus empeños y su filosofía, y su inexplicable derrota frente al olvido institucional que ha venido resistiendo hasta hoy, su paso por la vida.

José J. Vásquez Torres

Marzo de 2020.

Este es un espacio dedicado especialmente para Gabriel Vásquez Ibarra, bisnieto del maestro, quien cuando sea mayor hallará muchas respuestas aquí, vinculadas a  su apellido. 

Índice del Memorial

1- La vida es demasiado corta cuando se trata de amor

2- La esperanza es el sueño del hombre despierto

3- Entre los ecos de Jung

4- En la lupa

5- La naturaleza del ojalá

6- Una escuela libre a imagen y semejanza

7- Un sueño distante

8- Un concierto de violín clandestino

9- Un réquiem en la lejana memoria

10- Un concierto de piano siempre interrumpido

11- Un pianista de igual apellido pero con dos zetas

12- El libro con voz que a los oídos llega

13- Un director de orquesta en inglés

14- Un optimista es un pesimista mal informado

15- Las mujeres de la familia Vásquez

16- Un director sin batuta

17- La afinación de los presagios

18- Una amistad entre círculos

19- La matemática de la causalidad

20- Una vocación con voz

21- Reencuentro en el mercado de la Lagunilla

22- El tiempo allegro del mundo bicolor del que venimos

23- Gloria

24- En el prólogo de lo que somos

25- Wolfie y la fe

26- La creación de Haydn según Vásquez

27- El riesgo de la gratitud ajena

28- El feligrés del pianoforte

29- Al servicio de la voz humana

30- Lágrimas en las escalinatas del Anfiteatro Bolívar

31- Las aulas y la ópera mexicana

32- Cien años después volvió a nacer

33- José F. Vásquez, un proyecto de vida útil, y feliz

34- La Historia es una elección pero no es toda la historia

35- La vertiginosa vida cotidiana de 1938

36- Dos prólogos y un solo relato de una radiodifusora cultural

37- Del cabaret a la sala de conciertos

38- Una fotografía en japonés

39- Un palacio octogenario que nació antes

40- El violín peregrino

41- Un olvido recobrado en 1949

42- La curiosidad no mato al gato; lo hizo evolucionar...

43- Mientras ocurre la anagnórisis

44- La mejor interpretación de los sueños

45- El espíritu que desde entonces habla por la raza

46- Entrevista con un fantasma

47- Reflexiones de una gira por Yugoeslavia

48- José F. Vásquez y Cielito lindo

49- La cicatriz de Gloria

50- Una convocatoria octogenaria y la primera transmisión por radio, Fromm de por medio

La vida es demasiado corta cuando se trata de amor 

19 de diciembre de 2011

1.

Hace muchos años, mientras soñaba lo soñable de la felicidad futura, oí voces. Yo era un niño de 10 años y nunca había despertado a esa hora. Tal vez porque era feliz y siempre dormía sin ninguna preocupación. Pero esa noche algo me despertó. Entonces me levanté y fui a ver...

Unos hombres uniformados se esforzaban por sacar de su habitación un ataúd con un cuerpo; el de mi padre.
Por primera vez comencé a comprender la naturaleza desechable del cuerpo humano, y a la vez, la condición indestructible del amor. De hecho, aún puedo reproducir ese golpeteo metálico contra la madera de la puerta.
Luego, se me fue la vida.
Porque la vida es demasiado corta cuando se trata de amor. En verdad lo es.
No obstante, 50 años pueden dar cabida a demasiadas pequeñas muertes para una sola vida, más aún siendo el huérfano de un músico del que desconoces su obra. Todo un estatus de misterios en derredor, capaz de convertirte en un ávido melómano y además, y de manera irreparable, de propiciar una imaginería melódica inacabable, en pos de las respuestas contenidas en el prolongado silencio de unas partituras extraviadas detrás de una nebulosa de preguntas. 

¿Acaso como efecto se va generando un mecanismo natural, ejecutor de la reconfiguración del rompecabezas del origen de tu propia vida? 

Quizá. 

Quizá todo sea jugado en códigos de rompecabezas... 

Y todo a partir de una noche y del golpeteo de un ataúd metálico y fulgente, contra una puerta de madera...

Desde esa fecha, 19 de diciembre de 1961, el significado de mi vida cambió de modo irreversible, y solamente hasta hoy tengo asimilado el resultado de lo ocurrido entonces. Hasta hoy fui capaz de descifrarlo. Y hasta hoy puedo decir que lo llevo colocado en la cabeza y que lo guardo en el corazón.
Por eso creo firmemente en la necesidad de perseverar en esta causa enfocada en el rescate de la memoria y de la extensa obra de este músico que fue mi padre, hasta donde yo pueda hacerlo.
Debo luchar por el rescate y la digitalización de sus partituras para evitar su total deterioro. Debo promover su edición, su grabación y su interpretación.
Debo gestionar mejor el valor de su trabajo y el significado de su obra musical.

Debo trabajar en su reivindicación hasta que la dignidad sea parte del mundo de la música mexicana, a la que consagró toda su vida; no puedo entregar esta historia al silencio, porque el olvido es el peso muerto de los hechos humanos; un lastre con frecuencia cohesionado con la ignorancia. Y porque la realidad está ahí para ser modificada, si no, ¿para qué está?

Sin embargo, hoy solo quiero rememorar al padre y conmemorar al hombre que hoy será homenajeado en su tierra natal, inaugurando su calle con la siguiente leyenda:

José Francisco Vásquez Cano

(Arandas, 04 de Octubre de 1896 - Ciudad de México, 19 de Diciembre de 1961)
Músico formador de músicos. Director internacional y creador de orquestas. Fundador de la OFUNAM y de la Escuela Libre de Música. Compositor prolífico y promotor de la ópera mexicana. Maestro fundador de la ENM de la UNAM. Hijo Predilecto del Edo., de Jalisco.  
Mi sincera gratitud para Aurelio Tello, Pedro Tudón, Ignacio Mariscal, Samuel Maynez, Minerva Hernández, Kamuel Zepeda, José Guadalupe Flores, Arturo Nieto, Frank Collura, Mónica Anguiano, José Antonio Fernández, Félix Carrasco, Carlos Alberto Pecero, Patricia García Torres, Gustavo Sandoval, Charles Oppenheim, Rodolfo Ritter, José Martínez González, Ricardo Martínez, y de modo muy destacado y especial, para Gabriel Pareyón.
Y como hablo de memoria, de antemano ofrezco una disculpa en caso de omisión.

Asimismo, debo agradecer a quienes con su ayuda, con su omisión o incluso con su rechazo, me pusieron en la ruta correcta. Y a las sincronicidades de los duendecillos anónimos, interventores fieles para que yo haya ido recuperando, 20 años después de haberse extraviado, una buena parte de las partituras de mi padre, y por haberlo conseguido al más puro estilo detectivesco; y en algunos casos de lugares tan inusitados como un bazar de la Lagunilla o la cochera de un famoso director mexicano.
Gracias también a mi hermana María Rosa, a Sonia, mi primera esposa y mi amiga de siempre. A mi hijo Omar, a mi esposa, Gala, y a mis hijas adoptivas, Scelene, Priscilla y María Fernanda. A mis compañeras y cómplices, a mis primos y amigos, y a mis alumnos de ayer y de hoy, que, con palabras y pensamientos amorosos, me hicieron conservar fuerza y paciencia, animándome a proseguir.
Gracias.

Porque es el amor incombustible lo que mueve la voluntad humana, y dicen que también lo hace con la trayectoria de las estrellas.

El día de hoy, 19 de diciembre de 2011, creo que es un día algo mejor que los últimos ayeres, porque hay notas musicales que han sobrevivido a la noche; yo puedo escucharlas, y porque me recuerdo sentado al piano, y ahí su voz: Yo te doy la pauta, hijo, pero tú interpretas... 

La vida es demasiado corta cuando se trata de amor, y sin embargo, 50 años, pueden ser mucho tiempo.
-JJV-
pmp

Las imágenes corresponde al sepelio de José F. Vásquez, el día 21 de diciembre de 1961, en el Panteón Francés de San Joaquín de la ciudad de México.


La esperanza es el sueño del hombre despierto

30 de diciembre de 2011

2. 

La puesta en escena de una ópera es una celebración del arte total, a veces tan esporádica como la llegada de un año nuevo. Otras veces habría que hacer coincidir un empeño como este con el paso de un cometa, pues para volver a disfrutarla suele transcurrir una vida, sobre todo si esto ocurre dentro de un entorno hostil hacia el bel canto. Porque ya se sabe que dentro de las historias humanas, es así como suele discurrir la relación del arte con su gestión, que la labor de promoción contracorriente ha sido una recurrencia y que probablemente lo siga siendo, porque es de temerse que hacia nuestro cercano futuro, la selección natural no ha de remover la ignorancia, ni conseguirá paliar la pérdida de curiosidad en muchos individuos, cuando se trata de rastrear los orígenes culturales o el arte desconocido y fuera del catálogo decretado, debido probablemente a las características en boga de un sistema que privilegia lo fácil y ya envuelto y hasta lo ñoño a la mano, y que involuciona basado en la premisa nodal de, o tú o yo.

¿Qué es entonces una ópera dentro del sistema?

¿Qué es entonces una ópera mexicana en México? 

Hasta hoy la historia de, El Rajáh, y de todas las óperas de José F. Vásquez, siete en total, no existe, a pesar de haber existido, porque sus notas han permanecido en silencio. Son fantasmas en papel, y a expensas del deterioro natural si no se pone remedio pronto. Y ojalá esto no termine siendo una alegoría de lo que ocurre con la ópera mexicana dentro de su propio país. 
Sin embargo, todo es factible de cambio y ese cambio inicia por ser un pensamiento; un deseo. Incluso la realidad se puede reconfigurar cada día a partir de un pensamiento, más aún de la acumulación de ellos. Porque la realidad es un conjunto de acuerdos, vicios y hábitos que está ahí para ser modificado, si no, ¿para qué existe? Y es que hasta mi pesimismo bien informado tiene un límite cada vez que coquetea con la esperanza. 

Así que en mi lista de pensamientos recurrentes y buenos deseos hacia el muy próximo año de 2012, quiero incluir ese que imagina ver en escena una de estas óperas mexicanas tan desconocidas. Porque es muy poco probable que pueda haber testigos que nos relaten su estreno, que nos contagien con su entusiasmo o que señalen su disgusto por alguna razón; el tiempo no nos respeta, aunque a veces sí lo hace con el arte, siempre y cuando la intervención de la mano humana sea consciente, generosa y profesional para lograr su preservación, y como sucede en este caso, en su rescate como punto de arranque. 

A veces lo único que hace falta es voluntad.

La ópera El Rajáh, que constituye el último eslabón de la trilogía exotista de José F. Vásquez, fue estrenada el 14 de junio de 1931 en el Teatro Arbeu de la ciudad de México. Y fue repuesta dentro del ciclo inaugural del Palacio de Bellas Artes, los días 29 de agosto y 1 de septiembre de 1935. Desde aquellas últimas funciones, la voz de el Rajáh de Vásquez ha permanecido muda; detrás de un biombo de olvido y tal vez a causa del desconocimiento que suele ser mayoritario dentro de los gestores de la cultura en buena parte del mundo, México incluido. Quienes quizá se pregunten: ¿Quién fue José F. Vásquez?

Yo de cualquier modo me  inscribo en el optimismo de temporada, y cruzo los dedos y sigo trabajando para que esto cambie y porque la luz debe seguir comiendo sombra.

Que así sea.

Y si debido a las fuerzas de la resistencia y de la inacción no se cumpliera mi deseo, estaré preparado para agregarlo a mi lista del año siguiente.

Yo también suelo ser recurrente.

Pues dentro del caudal de deseos en vías de cumplirse, todo fluye... Y porque no se me olvida eso de que somos el producto de nuestros deseos cumplidos o incumplidos.

Aquí se muestra el elenco de aquellas funciones en el Palacio de Bellas Artes:

Agosto 29/Septiembre 1 [por la noche], Compañía de Ópera Mexicana Pro Arte Nacional

El Rajáh (José F. Vásquez)

Concertador: José F. Vásquez, Escena: Francisco Díaz

 Mahina: Luz María Vásquez, Mantamí: Ricardo C. Lara, El Rajáh: Carlos Mejía, Sacaontola: Clementina González de Cosío, Darma: María Esther Cerdeño, Natali: Ignacio Guerra Bolaños

El santón: José Corral

¡Feliz año nuevo!...
Bon any nou!... 

-JJV-

La imagen superior nos muestra la carátula de uno de los programas del estreno en el Palacio de Bellas Artes, el domingo 14 de junio de 1931. 

La imagen superior corresponde al estreno en el Teatro Arbeu. En ella se puede ver al autor, al centro, vestido de esmoquin, y a todo el elenco de la puesta en escena en derredor. 

La imagen inferior nos muestra la entrada principal del teatro, probablemente hacia el año de 1918.

Entre los ecos de Jung

13 de enero de 2012

3.

Me gusta mucho la portada del CD que incluyó la primera grabación profesional de una partitura de José F. Vásquez, debido a que contiene magia. 

 Les cuento...

Como suele ocurrir en este camino contracorriente de quienes creen y trabajan por el arte, hay músicos con determinado talante emprendedor y curioso que se atreven más allá de la programación por decreto y de la llamada zona de confort; músicos con iniciativa que cada vez que pueden enfocan su esfuerzo a la búsqueda de novedades entre sus antepasados. Toda una paradoja sin duda enriquecedora para su lenguaje profesional, que como una suerte de diálogo íntimo con las generaciones precedentes, refuerza su espíritu y les reafirma, pues tal parece que la aproximación a la raíz, como ocurre en el campo, refresca. 

Eso es lo que yo sentí en aquel año de 1999, cuando escuché por primera vez el tempo allegro andante en la voz del maestro Ignacio Mariscal, mientras me planteaba las bondades de su proyecto de grabación, que había incluido dos partituras de mi padre: La Romanza para Violonchelo y piano No.2, y la No. 3. Era la primera vez que a alguien le había interesado la música de José F. Vásquez.

Por ese entonces, y después de más de 20 años de haberse extraviado toda su obra musical, yo me encontraba en pleno proceso de búsqueda de las partituras; entre el hallazgo infructuoso y la cita esperanzadora con alguien; en la mira de promesas huecas que estaban por aparecer, y el insomnio. 

 Así que aquel buen día en que me llamó Ignacio para pedir la autorización correspondiente, la emoción me fue ganando aún antes de la respuesta, hasta que finalmente el entusiasmo salió de mi boca en forma de afirmación, inmediata y feliz. 

Se iba a grabar música de José F. Vásquez, ese señor que fue mi padre y que desapareció demasiado pronto de mi camino, dejando pendientes todas esas charlas que han de conjugar un padre con un hijo... Por eso vino a mi mente que nuestro diálogo íntimo acababa de tomar por asalto un territorio ignoto y muy hermoso, venido de una de esas partituras empolvadas que habría de ir rescatando a lo largo de los años.

Ignacio cumplía de ese modo un papel vital para mi ánimo de detective, y pasaría a ser dentro de nuestra pequeña historia familiar, como una llave que giró a tiempo para abrir la puerta, horadando así a ese silencio tan prolongado y tan inexplicable, en el que se hundió su obra, como si al morir él hubiera muerto también su música. Un extraño caso de la ley causa-efecto, que yo habría de desentrañar años después y por comparación, por su gran parecido a esa otra ley de causa-desafecto, que tan repetidamente sufren los méritos y el trabajo, frente a la condición caducifolia de la memoria humana.  

Pero ¿por qué fue Ignacio Mariscal y no algún otro músico el primer curioso?

Porque bien pudo haber sido el segundo o el tercero; de hecho, tenía yo entonces la palabra de otro músico con la misma intención. Una palabra que por cierto nunca se hizo realidad, al menos hasta hoy.

Cuando el disco ha salido y el tiempo pasa, un buen día (otro), Ignacio y yo caemos en cuenta de algo invisible e inaudible dentro del disco, ese tipo de señales que conviene leer para respirar mejor; la magia, dirían otros, Jung les llamó sincronicidades y a mí me parecen ser parte de aquellas charlas que se nos quedaron pendientes a mi padre y a mí.  

Y es que el primer músico que graba la música de José F. Vásquez, y el hijo del compositor, nacieron exactamente el mismo día, del mismo año. 

Por eso creo que este CD contiene magia y ecos de los descubrimientos de Jung, un modo esperanzador de ver lo inexplicable de las sincronicidades dentro del quehacer humano.

Las nimiedades que nos emocionan y que nos maravillan.

Y así como esto, la búsqueda y recuperación de las partituras de José F. Vásquez, han sido marcadas por curiosidades similares o indicios hacia la charla con mi padre, como yo les llamo, que he decidido revelar poco a poco, esperando que sean de alguna utilidad para los demás.

-JJV-

En la lupa 

30 de enero de 2012

4.

Hago uso de la lupa de mi visor de imágenes, rescatando así desde el mundo sepia del pasado, a un grupo de almas que una noche coincidieron en un concierto de José F. Vásquez, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Universidad. Era el año de 1940 y la guerra en Europa se filtraba probablemente en alguno de los rostros eternizados aquí por el fotógrafo. No obstante el rictus, su melomanía y su curiosidad había ganado una tregua.

Les contemplo uno a uno hasta donde la miopía lo permite y casi puedo percibir el preciso instante de la captura de la imagen en mitad de una nota del solista o de un acorde orquestal; para siempre se ha quedado ahí como un misterio para los ojos de nuestra modernidad, una emoción oculta. Una inquietud fantasmal impresa en el mundo bicolor del que venimos.

Los miro como a un mural, donde la mano sin batuta del director de la orquesta, tal vez había conseguido ya incorporar la respiración de cada uno de ellos al desarrollo de la obra; la música es capaz de absorber la energía humana para convertir el silencio interior en un sentimiento. Por eso al remirar me maravilla su simplicidad y su destino.

Qué fácil es hoy devolver todo aquel universo vivo y actuante desde el olvido.

Qué fácil es hoy olvidar la cantidad de pensamientos vueltos acción, y el encadenamiento secuencial de ellos a través de los años, para que la imagen de una orquesta universitaria fuera parte de la realidad, de su realidad de entonces. Apenas cuatro años antes, la inexistencia era el reto de un puñado de soñadores que quisieron crear un grupo orquestal formado de manera fundamental, con los jóvenes músicos egresados de las primeras generaciones de la Escuela Nacional de Música, también de la UNAM. Otro sueño recién conseguido, y también a contracorriente, por la Universidad Nacional Autónoma de México. 

¿Cuantas cosas tuvieron que ocurrir para vencer las presiones oficiales adversas a la creación de una escuela de música y de una orquesta sinfónica dentro de la universidad?

Tal vez alguno de nuestros queridos fantasmas a la vista lo estaría pensando por un instante, mientras la melodía iba envolviendo su espíritu y hablando ya por su raza, gracias a la música; no lo sabemos. Es difícil averiguar el sentimiento humano de una ojeada, pero es más fácil contemplar los resultados del trabajo de ese espíritu colectivo de aquel entonces, que decidió abrir la puerta de la cultura musical a todos los estudiantes universitarios y preparatorianos de entonces de manera gratuita. Porque esta vieja fotografía es mucho más que un retrato en papel de un público y su orquesta, que no es lo mismo que una orquesta y su público.

Nuestra lupa de hoy es una consecuencia de la luz de la ciencia, es decir, de la inteligencia del bien y de un acto de voluntad humana. Es decir, de los efectos del trabajo de un espíritu colectivo encadenado a través de las voluntades que nos han precedido paso a paso, poco a poco, como siguiendo el compás de una melodía de todos y para todos. 

Porque cada generación tiene una misión cultural que cumplir y que conviene no traicionar detrás del olvido, de la omisión, de la pereza o del desconocimiento, porque la realidad en derredor es un producto emanado desde este mundo bicolor que aquí podemos escudriñar, y para bien o para mal, si sabemos la importancia de la cultura dentro de cualquier colectivo social, lo natural es defender su desarrollo, comenzando por el reconocimiento de los orígenes, y del posterior refuerzo enfocado a la preservación y buen funcionamiento del capítulo que nos ha tocado vivir.       

Y en eso creo.
En la reivindicación como fundamento. 

En el respeto como fuerza de trabajo. 

En el rescate como tempo de un primer movimiento.

En la interpretación, edición, y grabación, de la obra de José F. Vásquez, como desencadenamiento contra la desmemoria.  

De ese fantasma vestido de esmoquin de nuestra imagen, que algo nos indica con su mano; acaso pensando, deseando probablemente que ahora nosotros formemos parte de su orquesta, e interpretemos la partitura que él y otros pusieron en marcha para el orgullo de una universidad, creyendo que ahí, en el seno juvenil donde se cruzan los sueños y las melodías más queridas, hablaría mejor la raza a través del espíritu.

Si hay voluntad siempre hay camino, reza el refrán. 

Porque todo es cuestión de un encadenamiento de acciones humanas guiadas por la simple curiosidad de saber lo que fue, cuándo fue y cómo fue. 

Pero es también un bien de la memoria progresiva al servicio del arte.

Y la utilidad oculta que suele tener la generosidad.

-JJV-

La naturaleza del ojalá

15 de febrero de 2012

5.

Me ha dado por buscar la exacta definición de lo que es una interjección, y este es el resultado:

f. Expresión exclamativa que sintácticamente funciona como una oración completa y que se emplea para manifestar estados de ánimo o para atraer la atención: 

Todo viene a cuento por mi predilección por una de ellas en especial, porque siento en su significado una mayor magnitud de lo que aparenta: Ojalá.

Digamos que encuentro en ella una mayor sonoridad al momento de su pronunciación y en su deletreo. Y me parece muy útil a la hora de cerrar los ojos detrás de una respiración profunda. 

De hecho creo que su procedencia, bien pudiera estar en una suerte de sigilo codificado antes de un suspiro.

Pero además, es la que cumple como ninguna otra de su género, con aquello de funcionar como una oración completa. Es en esencia una plegaria muy breve.

Esto me vino a la cabeza luego de hurgar en la imagen inferior, permeada por la felicidad de un aplauso al deber cumplido por el artista. 

Todo el universo de un instante congelado en un mosaico de gestualidades serenas, convencidas y satisfechas donde aparece al centro Gloria Torres, mi madre, escoltada por José F. Vásquez, y por el gran Henryk Szeryng, siendo el primero de la fila en el orden acostumbrado, el maestro José Rocabruna, quien todavía lleva la batuta en la mano. Y al final de la fila del lado derecho, vemos al maestro Antonio Gomezanda, y a la maestra Luz María Puente; el resto de los personajes, lamento decirlo, no han sido aún identificados.

Después de recorrer los detalles de la fotografía uno se pregunta, ¿dónde, cuándo, y por qué?, y las respuestas apuntan al día 13 de abril de 1947, cuando fue el estreno mundial del Segundo concierto para violín y orquesta del compositor, llevando como solista al virtuoso violinista de origen polaco que por esos días ya había obtenido la nacionalidad mexicana.

Este concierto para violín fue compuesto por mi padre 25 años después del Primer concierto, y el resultado de aquella noche fue muy exitoso, recibiendo elogios de la crítica especializada y una respuesta entusiasta del público. Un concierto por el que Szeryng habría de abogar para ejecutarlo tanto en Europa como en los Estados Unidos. Sin embargo esto ya no ocurrió y desde aquella noche, el concierto no ha sido ejecutado jamás.

El Concierto No.2 para violín y orquesta de José F. Vásquez, es una de las pocas partituras del archivo aún extraviadas.

Una circunstancia inherente a la naturaleza del ojalá, pues detrás de una pérdida de este calado permanecen dudas, preguntas, rastros, y un sonoro silencio que prolonga su resistencia cada día.

¿Dónde puede estar esta partitura 65 años después de haber estado viva?

Ojalá que nos salga al encuentro algún rastro.

Ojalá que se asome alguna respuesta.

Ojalá que como le sucedió a todo el archivo de mi padre, esta partitura haya sobrevivido de algún modo en algún sitio.

Ojalá...

Esta es la esencia de mi interjección predilecta.

De hecho, esta es también el alma de esta página enfocada contra el olvido de José F. Vásquez, y tal vez todo esto venga siendo un ejemplo funcional de la ley causa-efecto, porque la prolongada y azarosa búsqueda de partitura tras partitura, ha ido conquistando sus hallazgos, y la luz ha ido comiendo sombra porque todo fluye, pero todo ha ocurrido después de un ojalá. 

-JJV-

La imagen superior probablemente corresponde a la noche del estreno del Concierto No.2 para violín y orquesta del compositor. En ella se ha podido identificar al maestro José Rocabruna, primero por la izquierda; Henryk Szeryng aparece casi al centro; de su brazo vemos a la maestra Gloria Torres de Vásquez, enseguida a José F. Vásquez. En el extremo derecho podemos ver al maestro Antonio Gómezanda, y a la pianista maestra Luz María Puente. El resto de los protagonistas de esta fotografía todavía no han podido ser identificados.  

Una escuela libre a imagen y semejanza 

1 de marzo de 2012

6.

Muy pronto se han de cumplir 92 años de la materialización de una inquietud de José F. Vásquez, y de una idea que, de acuerdo a su forma de ver y sentir la docencia musical, fuera capaz de revolucionar los viejos programas de estudio musical de su época. Pues el día primero de julio de 1920, a los 24 años de edad, José F. Vásquez funda la Escuela Libre de Música, diseñando él mismo, primero el organigrama y el programa de estudios, y contando con el apoyo de viejos amigos, de manera que en el directorio original aparecen, Antonio Caso, presidente; Julián Carrillo, director, y Fernado Orozco y Berra, tesorero, como puestos honoríficos, y José F. Vásquez como secretario, aunque como director actuante de toda la organización.

En el primer cuerpo docente figuran: Antonio Gomezanda, Manuel M. Bermejo, Pedro Valdés Fraga, Elisa Baraldi de Sieni, Clara Elena Sánchez, Luis G. Zayas, Fernando Burgos, Guillermina Lozano, María Caso, Dolores León, Pedro Zabalza C., Jesús Galindo y Villa y los hermanos Manrique....
Probablemente sea hoy la escuela particular de música más antigua del país, formadora y raíz de múltiples generaciones de músicos, por tanto, es más que justo recordar hoy a los cientos de profesores que entregaron en estas aulas su sabiduría y su amor por la música. 

A doña Enedina Vásquez Cano, mi querida Tía Nina, administradora del centro por muchos años, directora y sostén fundamental de la escuela tras el fallecimiento de su hermano, y preservadora de la institución hasta su muerte.
A los directores que sostuvieron la institución tras la muerte de José F. Vásquez.
A los miles de alumnos que se formaron "en la Libre"...
Y por un momento pensemos hoy por el lema con que selló el escudo de la escuela: "Art et labor", (Arte y trabajo), al ideólogo de esta realidad; de esa pequeña pero digna fuente de trabajo y de cultura en México, de la que la nos podemos sentir orgullosos.

Porque la Escuela Libre de Música sigue hoy viva, gracias a 41 años de trabajo de mi padre, al de mucha gente a lo largo de casi 92 años, pero también al esfuerzo de sus actuales directivos.

José F. Vásquez solía usar con frecuencia una muletilla en francés, un recurso habitual que aquel niño que fui escuchó muchas veces, en circunstancias que en aquel lejano entonces no podía comprender. 

Habría de pasar media vida para que yo fuera capaz de discernir, no su significado en castellano sino el espíritu de mi padre, asomado detrás de esas dos palabras:  "Malgré tout"... (a pesar de todo)

Un rasgo de carácter del personaje, como decimos en teatro.

Un lema.

Un hilo conductor.

Una constante a todo lo largo de su vida y una firma imaginaria sobre la piedra inaugural de las aulas que fundó, de las orquestas que creó, de las ideas de difusión cultural que puso en marcha, de las instituciones musicales que cobijó, de las fuentes de trabajo que resultaron como efecto de sus empeños, del reconocimiento que ganó para la música clásica mexicana durante sus giras como director al frente de orquestas de más de 30 países, de las casi 200 obras que nos dejó, y de su ejemplo de lucha casi siempre contracorriente, con tal de modificar su realidad contemporánea en favor de la cultura musical de su país.

Porque todo lo consiguió así... 

Arte y trabajo... a  pesar de todo.

Un cruce de coordenadas para vivir, útil y fructuoso.

Porque se ha de ser, y porque se ha de vivir, a pesar de todo.  

Y así, de la misma manera, José F. Vásquez ha de abatir al olvido institucional al que ha sido marginado, porque la luz continuará comiendo sombra.

Malgré tout.

-JJV-

La primera imagen corresponde al edificio ubicado en la esquina de las calles, 5 de mayo y Bolívar, que fue una de las primeras sedes de la Escuela Libre de Música, José F. Vásquez.

Las dos siguientes, modernas, muestran el interior y la fachada lateral de la actual Escuela Libre de Música, José F. Vásquez.

La última reproduce la invitación creada por la escuela para la celebración del 50 aniversario luctuoso del maestro Vásquez, en el año 2011. 

Un sueño distante

1 de junio de 2012

7.

El pasado día 28 de mayo, hace 53 años, en el interior de un palco del Palacio de Bellas Artes, un niño viajaba con una contemplación inusual para su edad.
Porque a los 9 años la sangre fluye ansiosa de juegos y de risas, y el sudor forma parte de los impulsos de la curiosidad.
Sin embargo esa noche, la aventura interna de aquél niño que fui, seguía un itinerario intestino a corazón abierto, con el pulso hablantín de las grandes ocasiones, a pesar de no poder imaginar su significado irrepetible para la vida de su padre. Porque esa noche habría de recibir la última ovación en vida, sobre un podio.

Recuerdo un brillo especial en los ojos de aquél niño, un nervioso juego con las manos y el intento de transmitir lo contrario a su hermana menor, sentada a su lado, conforme las notas de la obra transcurrían y la emoción arborecía.

Tal vez esos niños creían estar siendo remolcados por las luces del escenario, por los colores del vestuario, y por el movimiento de los cantantes. El imperio de la música los llevaba más allá de sus butacas en aquel palco de la sala. Y quizá llegaron a percibir que las lámparas en los atriles se empeñaron en iluminar unas partituras a las que les aguardaba ya un larguísimo silencio, comenzado justo en los límites del negror que las circundaba.

Un silencio demasiado prolongado y doloroso para quien solía firmar sus partituras con una declaración hacia sus semejantes: "Crear, amar". Porque la última nota abría paso a la oscuridad sabor a olvido, ahí mismo, cuando se oyó la última ovación y comenzó a caer el telón.  

Esa fue la noche del 28 de mayo de 1961, fecha del último estreno de una ópera de José F. Vásquez; una obra escrita en 1928, pero que curiosamente aguardó 33 años hasta no ver la luz, acaso para dar justo nombre al colofón profesional de su autor: El Último sueño...

 Martha Ornelas, Guadalupe Solórzano, Franco Iglesias, Plácido Domingo y Rogelio Vargas, conformaron el elenco, Carlos Díaz Du-Pond dirigió la escena, y el padre de aquellos niños, José F. Vásquez, dirigió la orquesta.

Esa noche habría de iniciar un eclipse musical para las casi 200 partituras de este músico, sin que nadie hiciera nada por ellas, sin que nadie hablara de ellas, como si no hubieran sido compuestas.

Sus óperas, sus sinfonías, sus conciertos para piano, y para violín y orquesta, sus series de lieder, sus misas de réquiem y sus cantatas, sus poemas sinfónicos y su sinfonietta, y su cuantiosa obra para piano o su obra de cámara se difuminaron hasta ser un rumor entre las nuevas generaciones de músicos que hallaban su nombre ligado a las instituciones más importantes del arte musical en México, pero sin poder seguir su huella como compositor.

Todo eso pareció conjuntarse ahí aquella noche, donde comenzaron las preguntas. 

Esa noche también habría de principiar la última etapa en la vida de aquél artista mexicano. Lejos de la orquesta que había fundado 25 años atrás. Alejado ya de toda iniciativa para difundir la buena música entre la juventud universitaria, como en los albores de aquella orquesta. Refugiado en una labor docente venida a menos, tanto en el Conservatorio Nacional de Música, como en la Escuela Libre de Música, que también él había fundado, a causa del quebrantamiento de su salud, pero sobre todo invadido de una profunda tristeza que por última vez lo acompañó a su piano, dedicado a "crear y amar" una última ópera que a pesar de sus esfuerzos, habría de dejar inconclusa: Vasco Núñez de Balboa.

Un noche inexorable, y muda.
Porque ni la emoción encapsulada en la sala, ni las voces ni las notas, ni las luces ni el negror, pudieron prevenir a aquellos dos niños del palco, de las acechanzas de una doble orfandad, porque su padre habría de desaparecer siete meses después, y casi de la misma forma, toda su música.

A partir de aquella fecha fue abierto un intervalo delante de una cuenta regresiva, porque la música siempre vuelve si las partituras se rescatan del deterioro natural y de la destrucción, poniéndolas a salvo en formato digital. Y este es el empeño a estas alturas del relato.

Son necesarias algunas manos más, otros ojos que también busquen, y curiosidad. 

Luego vendrá la hora en que se necesiten batutas, pianos, violines y voces generosas que tenga a bien levantarse, para reiniciar el concierto.

Ojalá sea así.
Porque la generosidad es un chispa capaz de prender toda hoguera, y su efecto suele reconfortar finalmente a todos.

Aquí se muestra el elenco de aquella función de estreno en el Palacio de Bellas:

Mayo 28, Ópera de Bellas Artes

El último sueño (José F. Vásquez)

Concertador: José F. Vásquez, Escena: Carlos Díaz Du-Pond, Escenografía: Antonio López Mancera, Coros: Salvador Ochoa, Coreografía: Eva María Ortiz

Airam Zulamil: Martha Ornelas, Enrique: Plácido Domingo, Javier: Franco Iglesias, Julieta: Guadalupe Solórzano, El capellán: Rogelio Vargas.

-JJV-

 

Las imágenes de arriba nos muestran un ejemplar de la portada y del programa de la temporada de ópera en el Palacio de Bellas Artes, ofrecida a lo largo del año de 1961.

Un concierto de violín clandestino 

7 de junio de 2013

8. 

Desde mi archivo de alegrías a lo largo de esta aventura, ha reaparecido una generada gracias a la curiosidad y al amoroso trabajo del maestro Ludwig Carrasco, quien hace unos meses  se dirigió a mí, llevado por su interés por interpretar el Concierto No.1 para violín y orquesta de mi padre. Su empeño ha fructificado en la programación de esta obra datada en el año 1921, y que hasta que Ludwig la rescató del polvo y del natural deterioro al que está expuesto el papel, no había sido tocada desde su estreno en 1939, a cargo del violinista mexicano Ezequiel Sierra, como solista de la Orquesta Sinfónica de la Universidad (hoy OFUNAM), bajo la dirección del propio autor. Es decir, 74 años después habrían de regresar las notas de una partitura escrita 92 años antes.

Una partitura concebida por un joven Vásquez de 25 años de edad, dirigida en su estreno por un Vásquez maduro de 43 años, que por lo que fuera, nunca más la volvió a escuchar. No al menos hasta donde yo sé.

Y como 74 años, más aún 92, suelen ser de modo generoso el plazo de vida de la mayoría de los seres humanos en el planeta, sin darme cuenta fruncí el ceño. Pues yo casi he alcanzado la edad que tenía mi padre al morir, y todavía no he podido escuchar en vivo este concierto.

De ahí que estos datos de la numeralia en derredor del concierto, sean, desde mi enfoque, mucho más que un asunto de números, en este caso en contra. 

Hoy con la interpretación de Ludwig Carrasco en la ciudad de México, es hasta cierto punto lógico que yo intente indagar en los enigmas de la matemática vital, curioso por saber cuándo ha de volver a parar la ruleta en este número, pero en mi presencia. Algo que la verdad ha venido a mi mente cada vez que he logrado que alguna orquesta programe una obra de mi padre sin que yo pueda asistir.

A continuación reproduzco el programa del concierto de junio de 2013, del que por cierto y no obstante el empeño del maestro Carrasco, todavía sigo esperando que algún funcionario de la orquesta se comunique conmigo respondiendo a mis mensajes, para cubrir los derechos de autor por la ejecución de la obra (una omisión demasiado repetitiva en México, por desgracia) y para proporcionarme una copia completa del concierto grabado aquel día. 

Lo positivo es que gracias a una grabación casera y clandestina pude al fin romper tales silencios, 92 y 74 años viejos, cuando al fin me fue posible sentir al menos las notas del Adagio, tan plenas de fragmentos del espíritu de mi padre. Y no deja de ser curiosa esa forzada clandestinidad de quien lo ha grabado, con tal de colmar el significado sonoro de un trozo de herencia entregada, al fin, al heredero. 

Toda una metáfora de lo que a menudo ha venido ocurriendo todos estos años de empeño frente al silencio, y una ironía si se considera la relación directa entre el significado de una grabación indebida y la ilegalidad de no pagar los derechos correspondientes por la ejecución de la obra. Pero los hechos son un reflejo de la realidad con todos los vicios homologados por la costumbre. Y así ocurrió.

A continuación se incluye una copia digital del programa de aniversario luctuoso, por cierto, del gran Paul Hindemith, a quien en su natal Alemania también habrán conmemorado como sucede en cualquier país atento a la historia de su cultura. Ojalá que en el 50 aniversario luctuoso de mi padre, hace dos años, en el 2011, alguna orquesta lo hubiera siquiera mencionado.

Pero hasta donde yo sé no la hubo.

-JJV-

Las primeras imágenes en el orden acostumbrado, corresponden a diversas reproducciones del programa de mano de los días del concierto; el último incluye la dedicatoria del solista, maestro Ludwig Carrasco, quien también revisó la partitura del concierto que se muestra al final. 

Un réquiem en la lejana memoria

21 de julio de 2013

9.

Cuando fui niño, el domingo era día de concierto. Día para ir al Palacio de Bellas Artes o a donde tocara la orquesta; hubo un tiempo que recuerdo haber ido a los islotes de CU, junto a la Rectoría, donde la entonces Sinfónica de la Universidad dio conciertos al aire libre.
Esto me ha venido a la mente mientras reviso el catálogo completo de mi padre, y al tiempo que reviso y rectifico algún dato, me topo con obras que llaman más mi atención. Y una de ellas es el Réquiem o misa para difuntos, escrita en 1926, y lo que centra mi atención es la dedicatoria:  

"A la memoria de mis seres queridos..." 

Porque a mi manera siento estar dedicando años de mi vida a la memoria de uno de ellos; una tarea feliz sin duda, sin importar que a estas alturas de la historia del rescate de la obra de José F. Vásquez, los frutos hayan sido muy contados y demasiado pobres. Sin embargo, cuando la sed es mucha, bastan los primeros tragos de cualquier fuente para alimentar el optimismo, porque lo importante es tener el rumbo mientras se va moldeando el ritmo de tu paso.

Mi padre escribió una misa de difuntos que yo quizá no pueda escuchar pronto, pero que me suena en el pulso.

Y entonces pensé si habría más casos como este, y tal parece que sí los hay. En México hay un repertorio de misas de réquiem, también olvidado. Ya sea por ignorancia o por menosprecio, por falta de tino o porque quienes programan o porque quienes programan y deciden prefieren ir, "sobre seguro"... Una expresión que he venido oyendo a lo largo de los años, como uno de los argumentos más sólidos para negar oportunidades al posible maridaje del público con sus autores, a través de obras desconocidas que quizá, y contra la opinión de algunos, sean partituras de calidad y con el potencial mercantil que tanto les preocupa.

Algo que sólo se sabrá cuando sean incorporadas a los repertorios regulares. Y al decir regulares, pienso en las veces que asistí a un concierto septembrino si quería escuchar el Huapango de Moncayo, so pretexto del Mes Patrio, por citar un ejemplo aleatorio. Y pienso también en los estrenos mundiales de obras mexicanas, después de 50 o 100 años, como ha ocurrido con obras de Ricardo Castro o José Rolón que, hasta donde sé, no se han vuelto a tocar.
A mí siempre me ha preocupado el valor de la identidad, y quizá sea por mi condición de huérfano prematuro.
Sin embargo, incorporo a esta inquietud el valor de la identidad cultural como punto de partida del desarrollo individual y colectivo, y lo veo como un impulso natural.
Por eso creo que abunda el público curioso y ávido de reconocerse a través de su música, y en general del arte. 

Es decir, hay mercado.
Y al final será ese público quien decida en función de la calidad, y del "duende", como decía Lorca, que pueda tener una partitura.

¿O será todo esto una impresión personal?
Puede ser. 

Puede estar siendo una influencia en mí la falta de respuesta a la hora de pedir oportunidades para la obra de José F. Vásquez.
Aunque de cualquier modo, sería sano y hasta productivo acabar de comprender lo anterior con claridad y sin prejuicio, e incorporar a la música clásica mexicana al rango de industria cultural.
¿Alguna vez daremos ese paso y nos atreveremos a reconocer las obras mexicanas, desconocidas, como también nuestras? 

¿O solamente asistiremos a su desempolve anual en septiembre, gracias a la comezón patriótica?

La realidad está ahí para ser modificada, si no, ¿para qué otra cosa está?

Eso creo.

A partir de ahí es preciso insistir hasta conseguir que la curiosidad actúe, porque cualquier cambio se fundamenta en una necesidad en acción contraria a una resistencia.

¿Se podrá escuchar el Réquiem de Vásquez, pronto?

¿Se llevará a cabo en alguna sala de conciertos en México?

¿O será que algún músico extranjero descubra de pronto que existe una misa de difuntos, mexicana, y la presente?

La Historia se reconfigura con los años a base de pequeñas historias antes veladas, y conforme la versión del amanuense envejece, caduca o muere. 

Y parece que las pequeñas historias están para, como la luz, comer sombra.

-JJV-

La fotografía superior corresponde a la tumba de Gloria Torres viuda de Vásquez. Y se encuentra en el Panteón Francés de San Joaquín en la ciudad de México.

***José F. Vásquez escribió un Réquiem en la primavera de 1926. Esta misa de difuntos (completa) a cuatro voces, está dedicada por el autor <A la memoria de mis seres queridos>. Vásquez emplea aquí, además del coro mixto, una orquesta pequeña -aunque con todas sus secciones- ideal para ejercitar la nueva concepción de austeridad que opera en las obras de su madurez temprana.

Esta obra se suma a un repertorio poco ejecutado, en el cual figuran obras de gran interés artístico:

Missa de difuntos (ca.1836) de José María Bustamante (1777-1861)

Missa de réquiem (1836) de Antonio Valle (1825-1876)

Misa de réquiem (1917) de Arnulfo Miramontes (1882-1960)

Gran misa de réquiem (1930) de Alfredo Carrasco (1875-1945)

***(Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)


Un concierto de piano siempre interrumpido


4 de agosto de 2013

10.

Desde sus primeras notas al nacer, parece ser que al Concierto No. 2 para piano y orquesta en do menor le aguardaba un destino adverso, sin dejar de ser también curioso. Como si la intermitencia y los contratiempos le hubieran estado acechando por el camino desde entonces. Porque si ya dentro de la historia del archivo Vásquez, donde las calamidades han sido leitmotiv a lo largo de los años de extravío, búsqueda, localización y espera, lo que le ha ocurrido a esta obra puede ser considerada como la médula de la desventura.

Les cuento.   

Hacia 1922, y luego de que el estreno de su Primer concierto para piano y orquesta le valiera elogios de sus maestros, Carrillo, Campa o Meneses, mi padre decidió retomar el piano de nuevo en una forma concertante, para resolver numerosas inquietudes formales e instrumentales que conservaba como consecuencia de su primer concierto. 

No obstante, al concluir este su segundo concierto, bocetado mucho antes, a finales de 1920, a la edad de 24 años, consideró que era poco distinto de su antecedente inmediato, por lo que se abstuvo de darlo a conocer; en cambio trabajó en reformas parciales tanto en la orquestación como en la parte solista, durante los años siguientes, en especial a lo largo de la década de los treinta, hasta anunciar un trabajo definitivo, en 1943. 

Cuando uno lee en la biografía de cualquier artista, lo sucedido en casos como el de este concierto, es fácil darle vueltas a la cabeza en pos de respuesta a tal discontinuidad. En el caso de de mi padre, la explicación es diversa y cabe abordarla desde varios ángulos: 

Uno, su afán perfeccionista como consecuencia de su presta evolución musical. 

Dos, la multiplicidad de sus ideas y proyectos enfocados a iniciativas y acciones hacia una nueva realidad más promisoria para la cultura musical en México, y de acuerdo a sus sueños.

Tres, su creciente madurez como creador capaz de iniciar varias obras durante una misma temporada, y de ir avanzando en ellas hasta su culminación. 

Cuatro, su innata pluralidad como individuo necesitado de fluir a la vez en sus diferentes roles; como compositor, como director, como docente y como un agente del cambio.

Durante ese largo periodo de tiempo de poco más de veinte años, el Concierto No. 2 para piano y orquesta durmió en su cajón, acaso a la espera de una floración perfecta, mientras él se vio enfrascado en asuntos prioritarios; los más relevantes lo llevaron a encabezar tres de sus grandes objetivos:

La fundación en 1920 de la Escuela Libre de Música, desde la concepción de un plan de estudios moderno y diferente, hasta la dirección de toda la organización. La administración de la escuela recayó en las amorosas manos de mi tía Enedina, La tía Nina. Una figura clave para el sostenimiento y buen desarrollo de ese centro privado de estudios musicales; hoy quizá el más antiguo del país.

En 1929, don José F. encabezó la escisión de un grupo de maestros del Conservatorio con los que se fundaría, ese mismo año, la Escuela Nacional de Música de la UNAM, no obstante la oposición oficial.

Asimismo, planeó y realizó la fundación de su mayor proyecto: la Orquesta Sinfónica de la Universidad (hoy OFUNAM) en 1936, junto con el maestro catalán José Rocabruna, y gracias al apoyo decidido de don Salvador Azuela, a la sazón Jefe del Departamento de Acción Social―luego Difusión Cultural―, de la Universidad.
Minimizada al máximo la escasez de fondos económicos disponibles, la puesta en marcha del proyecto fue todo un éxito. 

Por otro lado, en la intimidad de su labor compositiva a lo largo de esos 23 años, sus más fructíferos por cierto, compuso más de cuarenta obras diferentes, entre las que se cuentan cuatro de sus óperas, Citlali, El rajáh, El mandarín, y El último sueño, dos poemas sinfónicos, uno de ellos titulado: Acuarelas de viaje, las Sinfonías No.3 y No.4, la Misa de Réquiem, cuatro de las seis series de 10 lieder cada una, sus Miniaturas y sus Estudios para piano, 5 series de sus Impresiones para piano solo, las Romanzas para piano y violonchelo 2 y 3,  la Suite Romántica para instrumentos de arco, el Ave María para coro masculino, el Ballet azteca, La ofrenda, la Sinfonietta, y una buena parte de sus obras de cámara con diferentes dotaciones que incluyen partituras con arpa, violín, piano y violonchelo.

Toda una vida que a fuerza de vida fue dejando atrás el nacimiento del Concierto No. 2 para piano y orquesta. Hasta que al fin un buen día vio la luz y fue estrenado en el Palacio de Bellas Artes en 1944, (aunque no tengo la fecha exacta) por el director y pianista español, José Iturbi como solista, y la Orquesta Sinfónica de la Universidad bajo la batuta del maestro José Rocabruna.

Como dato significativo de aquel año, sabemos que después de ocho años de actividad de la orquesta universitaria, en esa temporada de 1944, la entrada a los conciertos de la orquesta dejó de ser gratuito, pasando a costar dos pesos el boleto.

No obstante todo lo acontecido, la suerte adversa del concierto no cesó tras verse estrenado, sino que continuó, primero con un prolongado silencio desde entonces y después con una gran decepción. 

69 años después, en el presente año de 2013, teniendo como escenario el magnífico Teatro de la Paz de la ciudad de San Luis Potosí en México, se volverían a escuchar las notas de este concierto, teniendo como solista de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí, al maestro Rodolfo Ritter, bajo la batuta del maestro José Miramontes Zapata. Concierto que además se habría de grabar en vivo; incluido también en esa grabación, su Preludio para cuarteto de violonchelos (1919).

En ese momento de regocijo pensé que la voluntad humana es una cadena de acciones al servicio de la inteligencia, pues en tal punto así lo sentía con la inminente grabación de la música de mi padre. Sin embargo, la cadena se rompió, y una vez más dando la espalda a esta obra. 

En la semana previa al evento recibí la noticia de que el concierto y en consecuencia la grabación, se cancelaban o se posponían sin tener ninguna fecha nueva a la vista. La versión que recibí apunta a la tragicomedia pero así fue. Las autoridades del teatro recibieron la orden de cancelar toda actividad durante el fin de semana elegido para el concierto, porque el candidato al gobierno estatal del partido por tantos años oficial, celebraría ahí mismo y en la misma fecha, un mitin de cierre de campaña. 

Reflexioné en las razones de la ruptura de la cadena de acciones, y así comprendí que en un país como México, todo empeño cultural está sujeto a la providencia y al mandato del absurdo. 

Una vez más, el Segundo concierto para piano y orquesta de José F. Vásquez se mantendría atado al silencio; y tras tantos años ahí, llegué a temer por su resurrección. De hecho, lo sigo sintiendo.

Quizá la explicación sea que la música clásica forma parte de un reino superior de la naturaleza, muy alejado de la brevedad humana, y que cuesta dos brevedades humanas o más, abrir una grieta en favor de su luz.

Y el tiempo no es oro; es vida.

-JJV-

*(Parte de esta información ha sido tomada del libro: José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)  

La fotografía superior corresponde al maestro José Iturbi, solista del estreno del Concierto No. 2 para piano y orquesta de José F. Vásquez.

La segunda fotografía muestra a la Orquesta Sinfónica de la Universidad, en su sede del Anfiteatro Bolívar, con el maestro José Rocabruna sobre el podio. 

La tercera corresponde a la carátula de la partitura orquestal del Concierto No. 2 para piano y orquesta (1925) de José F. Vásquez

Un pianista de igual apellido pero con dos zetas

18 de agosto de 2013

11. 

He tenido que cambiar la idea prevista para compartir aquí con todos ustedes, una triste noticia recién leída me ha orillado a ello.
Me acabo de enterar que Carlos Vázquez ha muerto el pasado día 14, y habiendo sido uno de los amigos y durante muchos tiempo, uno de los colaboradores y cómplices musicales de mi padre, rindo aquí un pequeño homenaje a él y a esa larga amistad de años fructíferos. Además porque de alguna forma, Carlos, es también parte de este rompecabezas entrañable de mi herencia.
Y ojalá tuviera yo una fotografía de ambos juntos, riendo, como los recuerdo, pero solamente soy capaz de guardarla en la memoria.

Hace unos años, con motivo de la recopilación de datos y testimonios para escribir su libro, Gabriel Pareyón lo entrevistó, y este es un fragmento de aquella reunión: 

***Me siento privilegiado de haber conocido a un músico como José F. Vásquez. Por cierto, aunque ambos somos jaliscienses, no era mi pariente; él firmaba la primera sílaba de su apellido con "s", y en mi caso las dos sílabas llevan "z".
Tuvimos una amistad muy cordial. Hacia 1952, cuando yo volví de Estados Unidos, luego de cursar estudios de perfeccionamiento pianístico, yo ya conocía al maestro Vásquez por su trayectoria profesional. Los primeros días fueron muy difíciles para mí, porque nadie me hacía caso en el medio musical mexicano: yo era un desconocido...
... Finalmente fui contratado como pianista acompañante de cantantes y como miembro de un cuarteto donde participaba como primer violín la maestra Gloria Torres de Vásquez. Desde el principio tuve una relación agradable con mi superior inmediato, el maestro Vásquez. Yo lo veía diariamente en el trabajo.
Tenía fama de tirano y déspota, pero conmigo jamás demostró ningún trato áspero. Nuestra convivencia musical se acrecentó y siempre le tuve admiración porque me di cuenta de que se trataba de un músico de amplísima preparación formal.

Sobre las disputas con Carlos Chávez, de donde tal vez proviene la fama de hosco del maestro Vásquez, hubo momentos de mucha tensión, pues mientras uno representaba a la Orquesta Sinfónica Nacional de México, y a su consiguiente élite artística, otro encarnaba la cultura universitaria, de mayor independencia institucional, con la Orquesta Sinfónica de la Universidad. Ambas eran las únicas orquestas sinfónicas de aquella época, y desde luego que había el ambiente propicio para que se diera una rivalidad constante.

Chávez era terrible como político. Yo lo sentía y me daba cuenta de ello. Supe reiteradas veces de su mal trato hacia Manuel M. Ponce, porque Chávez peleaba la primacía en el país para aparecer en los diccionarios de música del mundo, para figurar como la cabeza de los músicos mexicanos. Según su conveniencia personal, Chávez abanderó el nacionalismo y luego dijo que este "no servía", y que Ponce sólo escribía "piececitas de género chico, en un estilo anacrónico", lo cual es totalmente falso y fácilmente demostrable con el inmenso catálogo de Ponce, variado tanto en dotación instrumental como en estilo, según la época en que fue compuesta la música.

Del mismo modo, Chávez se interpuso en la difusión de la obra como director y compositor, de José F. Vásquez. Chávez poseía un apabullante belicismo en su trato con quienes no se enlistaban a su orden. Yo toqué varias veces bajo su batuta, y no quería hacerlo, sólo que fui obligado a tocar a través de la invitación de un mediador que era el doctor Pedro de Alva. El intérprete rara vez se sentía a gusto con la dictadura de Chávez en el podio. Esto nunca me sucedió con el maestro Vásquez, con quien, de hecho, jamás tuve ningún mal momento profesional; bajo su guía toqué varias veces el Concierto de piano y orquesta de Ponce, conciertos de Liszt y Chopin, y el Concierto No. 3 para piano y orquesta del propio Vásquez, y nunca observé ninguna clase de envidias baratas.

En cuanto a su calidad como músico, tengo la convicción de que el maestro Vásquez era un gran ejemplar. Aparte de su sabiduría en el terreno de la armonía, el contrapunto y la forma, como director era admirable y poseía el dominio completo de la técnica. Dirigió por más de 25 años la Orquesta Sinfónica de la Universidad, y tan hacía labor artística que en un mismo ciclo presentaba estrenos mundiales, programas conmemorativos de la obra de compositores consagrados y realizaba giras internacionales con algunas de las mejores orquestas del mundo. Su carrera cobró relieve porque destacó en una época en que la dirección orquestal no era estudiada como profesión en México. En el Conservatorio Nacional no se impartió esta materia sino hasta la gestión de Salvador Ordoñez, otra víctima del chavismo: él tenía eventual desempeño como crítico musical, y un día le llegaron a su despacho con un cheque extra en su nómina. Ordoñez preguntó, ¿y este cheque?... "ah, pues porque usted contribuye a la cultura de este país y éste es un regalo que le hace la Orquesta Sinfónica Nacional". Entonces Ordoñez escribió una nota valiente en contra de Chávez, y al poco tiempo fue destituido como cronista musical, y poco después como director del Conservatorio Nacional de Música.
Se necesitaba ser persistente y tener un carácter tesonero para enfrentar a Chávez, y José F. Vásquez lo tuvo... 

*** (Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)

Hoy que me entero de la partida del maestro Carlos Vázquez, viene a mi mente una gira que juntos hicieron a Arizona, Texas y Missouri, acompañados por la violinista Gloria Torres, mi madre. Por fortuna, los adultos decidieron ir con dos niños para que conocieran la nieve: mi hermana María Rosa, y yo. Y fue en la ciudad de Phoenix donde por primera vez lo pudimos hacer.  

Sin embargo hubo otra impresión que ha llegado hasta estos días entre mis recuerdos de aquella ciudad: el momento en que le dijeron a mi hermana que ella se quedaría en la casa de los anfitriones, (a quienes lamento haber olvidado) y que solo yo, por ser ya un niño grande, podría ir al concierto nocturno. Un gran escalón en mi vida y a la vez parte de mi banda sonora más entrañable, pues por vez primera yo habría de escuchar el Concierto No. 3 para piano y orquesta de mi padre.  

Ojala tuviera yo esa fotografía mental donde veo a los dos, a Vásquez y a Vázquez, entre carcajadas, escoltando a mi madre envuelta en su mink.
Por fortuna esa imagen permanece ahí, en el archivo de los pequeños olvidos que jamás se borran.
 
 

-JJV-

En la imagen superior se puede ver al maestro Carlos Vázquez junto a una fotografía de Manuel M. Ponce. 

En sus tiempos de estudiante, Vázquez conoció a Ponce y su prolongada amistad le permitió ser nombrado heredero y depositario legal, además de promotor de la obra del compositor zacatecano. 

En el año de 2010, cedió las siete mil creaciones para piano solo, guitarra, música de cámara, sinfónica y coral del compositor, a la Escuela Nacional de Música de la UNAM, para garantizar su preservación, investigación y difusión.

Carlos Vázquez obtuvo en 1993 la medalla José Clemente Orozco que entrega el gobierno del estado de Jalisco.

Como concertista de Bellas Artes, el pianista se despidió con una serie de presentaciones en el máximo recinto cultural del país, a los 91 años de edad.

 

El libro con una voz que a los oídos llega

1 de Septiembre de 2013

12.

Cada una de las fotografías de nuestra vida tiene detrás una historia. Y su existencia suele ser un símbolo y es ajena a reloj de los humanos.

Hace veinte años, en 1993, recibí una de las primeras grandes complicidades contra el olvido de José F. Vásquez, la de Gabriel Pareyón. Entonces un joven músico e investigador que por casualidad había encontrado información sobre mi padre, en su natal Guadalajara.
Luego de conocernos y de intercambiar nuestras ideas, decidimos conjuntar esfuerzos y con todo el camino que para entonces yo había recorrido, luego de la búsqueda y localización de la gran mayoría del archivo musical, Gabriel se dio a la tarea (nunca mejor aplicado el verbo dar) de profundizar en la investigación para después escribir un libro sobre don José F. Vásquez.

Tres años después, el joven Pareyón publicó: José F. Vásquez. "Una voz que a los oídos llega". El único libro que hasta hoy existe sobre la vida y la obra de mi padre. Editado por la Secretaría de Cultura del estado de Jalisco.
Esa preciada publicación fue acompañada de un par de conciertos de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, bajo la dirección y también gracias a la complicidad del maestro José Guadalupe Flores. El primero de ellos fue celebrado en el Teatro Degollado de Guadalajara, y otro en Arandas, la tierra natal de mi padre, y con el siguiente programa:
Ballet Azteca, "La ofrenda"
El poema sinfónico, "Tres acuarelas de viaje"
y la Sinfonía No.2 

Asimismo, la gran pianista mexicana Patricia García Torres, habría de dar un par de recitales con música de piano solo y lieder, junto a la soprano, la maestra Rosa María Partida.
El programa se completó con una conferencia del suscrito en Guadalajara, y con el acto de presentación del libro en la ciudad de México.
Y de ahí reaparecen las imágenes que comparto más adelante con todos ustedes.

A veinte años de distancia, echamos mucho de menos la presencia del maestro Arturo Azuela, (en la primera fotografía el último de izquierda a derecha), y la del maestro Juan José Osorio, padre de Jorge Federico, mi compañero de juegos infantiles, quien aparece segundo en el mismo orden y sentado a mi lado.
Ambos no están ya entre nosotros y yo lo lamento mucho, pues me prestaron su ayuda en cuanto me puse en contacto con ellos, formando así parte de una de las escalas de esta aventura, más allá del pautado, más allá de mi búsqueda, en la conversación cercana que dio luz a nueva información que yo desconocía entonces sobre ese hombre de la música, que fue don José F.

Aquella noche el grupo lo completamos, el maestro José Antonio Robles Cahero, por entonces Director del CENIIDM, colocado al centro del grupo, y el querido Gabriel Pareyón, quien en esos momentos hacía uso de la palabra.

En aquella fecha, mirando al vacío, imaginé que pronto podría yo escuchar la música de José F. Vásquez, interpretada dentro de los repertorios de nuestras orquestas, en la voz de nuestros cantantes, y que para la UNAM finalmente sería un orgullo difundir la obra del fundador de su orquesta. Incluso sentí más cerca el momento en que el tratamiento formal hacia su figura, sería más próxima y menos impersonal de lo que hoy puede verse, por ejemplo en los programas de mano de la OFUNAM, donde apenas se dedican dos párrafos a los primeros 25 años de la historia de la orquesta, lo más duros sin duda, y en los que mi padre fue su director titular al lado del maestro Rocabruna. Llegué a imaginar que en esos textos reformados a partir de aquella presentación, aparecería un pronombre posesivo que sigo echando de menos: nuestro... Nuestro fundador. 

Han transcurrido dos décadas y esa asignatura sigue pendiente porque no ha habido aún oportunidad de incluir ese pronombre, como parte de la liturgia de la institución. 

Aunque el rumbo de los acontecimientos parece ser el correcto, y la marcha de las cosas se está acelerando, a la vista de la curiosidad cada vez más frecuente de jóvenes músicos en la obra de Vásquez, hace falta voluntad. Porque con esa herramienta puesta en acción con la mayor prontitud posible, las viejas partituras podrán ponerse a salvo del deterioro cuando se proceda a su total digitalización. 

Este es el primer paso a dar, que he solicitado ya de manera formal y varias veces, a las autoridades de la UNAM.

Esto es también el punto de inicio de mi petición al CONACULTA, para que medie con su intervención.

Alguien me dijo que eran como botellas lanzadas al mar, y quizá sea cierto, y tal vez sea porque intuyo que el vaivén marino suele devolvernos siempre la verdad mezclada con leyendas, y que lo hace hilando las cadencias de una y otra de sus resacas, hasta abrirnos los ojos.  

Ojala tengamos el tiempo suficiente para ver al menos el establecimiento de un arranque formal en las instituciones que él fundó, para que su memoria ingrese y enriquezca la historia oficial que él contribuyó a construir, pasando con ello a formar parte de la recuperación de la realidad.

Pues ya se sabe: Vita brevis, ars longa... y la obra de José F. Vásquez, creo yo, rebasará nuestra existencia. 

-JJV-

Las imágenes corresponden a la noche de la presentación del libro, José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega. La primera de ellas ya descrita. Y en el orden acostumbrado, luego aparece la portada del libro, El retrato de mi padre, y el libro sobre una mesita, al lado de Arturo Azuela, José J. Vásquez, y José Antonio Robles Cahero. En la siguiente, la mesa se vio completada con la presencia de la maestra Luz María Puente y un funcionario de la universidad. A continuación tres aspectos de la reunión, en uno de ellos, Arturo Azuela subraya la necesidad de llevar a cabo el rescate de la memoria y de la obra de José F. Vásquez. En la última foto, se aprecia la contraportada de la publicación.


Un director de orquesta en inglés

7 de septiembre de 2013

13.

Amanecí mirando al Mediterráneo sin mirarlo; ya saben cómo es eso de mirar a grandes distancias; mirar con los ojos cerrados, o eso de mirar lo que no se mira.
Es uno de esos verbos oblicuos sin un nombre definido, pero fácilmente detectable cuando sin avisar, de golpe, se te coloca entre ceja y ceja.

Quizá este despertar haya sido producto de las últimas palabras, y de las últimas imágenes de la oscarizada y multipremiada película italiana, La grande Bellezza, de Paolo Sorrentino.
Quizá también el resultado de un amasijo de sueños que, como suele ocurrir, nos tienen a su merced, y en diálogos intercalados con un tipo de vigilia, raro. 
Pero también puede haber sido simplemente el efecto de la inminencia de un cumpleaños. Un estado infrecuente de estar dentro del mismo cuerpo, con más tiempo dentro.
En fin...

El caso es que todo ese mirar sin mirar fue a dar a un folleto del archivo de mi padre, otro de esos objetos sin alas que pude recuperar, por casualidad o por causalidad.

Otro misterio de la sincronicidad; pero no quiero desviarme.

El folleto es uno de esos instrumentos que los representantes artísticos utilizan  para promocionar a su representado, pero para mí fue como un amanecer ese descubrimiento de informaciones de un señor mucho más allá de tu casa; del recuerdo suyo en la infancia, y lejos de las fronteras donde por aquella época, era un personaje importante. Y como todos esos hechos ocurrieron con bastante anterioridad a mi nacimiento, la sorpresa fue aún mayor, al imaginar tantísima vida suya anterior, en comparación a los diez años que me tocaron vivir a su lado.  

En el impreso se nos muestra que su manager principal con sede en París, fue René Klopfenstein, músico de origen suizo que trabajó con mi padre, sobre todo en la década de los años 50. Y a pesar de saber que todo ese material original sobrevivió en casa de una antigua secretaria suya, no fue posible rescatarlo a tiempo; un factor determinante en este tipo de investigaciones. Pues hubiera sido todavía más interesante tenerlo hoy en mano. 

De cualquier modo se hizo un seguimiento cronológico de sus giras cotejando las fechas con las apariciones en prensa de los opiniones que nos ofrece aquí monsieur Klopfenstein que reproducen el extracto de opiniones publicadas en diversos periódicos del mundo, dando fe de la labor de José F. Vásquez sobre el podio, en las noches exitosas de su vida, al frente de determinada orquesta dirigida por él a lo largo de su larga carrera como director  orquestal huésped. Pues por aquellos años ningún otro director mexicano dirigió tantas orquesta alrededor del mundo, como él.

Todas estas opiniones fueron impresas y algunas traducidas al inglés para su mejor y más amplia promoción internacional, y en algún caso se llega a plasmar algún elogio a su obra como compositor.  

Stockholm: "In an exquisite composition, perfect in form, piquant and strong, M Vásquez gave us great artistic satisfaction. He demonstrated that he is not only an eminent conductor but also a magnificente composer"

The Evening Star- Washington DC. " Mr Vásquez is, undoubtedly, a director of great emotional resource, who knows how to dominate the orchestra, from which he draws extraordinary results."

Le Peuple - Brussels: "México has sent us his best ambassador, José F. Vásquez, who has showed us the breadth his talent as a director of orchestras, and his profound understanding of this real and demanding science."

Paris Soir: "The execution of the First Symphony of Sibelius, full of emotion, demonstrated the great talent of this conductor from the other side of the ocean, who, though he comes from a country so far away, knows how to understand and draw forth the emotion of the work of Nordic composers."

La Razón-Montevideo: "Yesterday's concert was, in all, a very select one which gave us the opportunity of admiring the art of the Mexican musician Vásquez, who is a vigorous leader of the orchestra and undoubtedly the best American director our public has heard."

Morgenavisen- Bergen: "The execution of the First Symphony of Tchaikovsky demonstrated that José F. Vásquez is a conductor of deep understanding, who knows all the secrets of dynamics, and makes all the themes and motifs sound with great perfection. He interpreted this well-known work with great emotion and rhythmic precision. He may considered a great interpreter." 

Indianapolis Sun-Indianapolis, Ind: "The aztec composer demonstrated in last night's concert, that he don't only lives in his own time as a great conductor, that he must ranked among the great of all time." 

Politica-Belgrade: "An energetic leader with a profound understanding of orchestral conducting has been sent us by his distant country. His interpretation of  the First Symphony of Brahms was simply marvellous."

El Comercio-Lima: "The program ended with the Tchaikowsky symphony, a miracle of poetry and enchantment in the hands of Vásquez, who, though he had gained the admiration of the public in previous works, quite carry them away with his reading of the symphony of the muscovite." 

Gráfico-México D.F : " Maestro Vásquez offered last night the most vigorous and poetic execution of "Death and transfiguration" that we had heard in 17 years of concert-going."

Opera-Paris: "Yesterday we listened to a serie of compositions of Mexican composers, thanks to Director Vásquez, who was revealed to us as a conductor of the very first rank."

Buenos Aires Times: "The conductor Vásquez is possessor of a strong personality which  places him among the greatest virtuosi of the baton." 

El Imparcial-Guatemala: "México should be proud of counting among its musicians, a Director and Composer of the stature of  José F. Vásquez."                   

Todas palabras emanadas del trabajo de un espíritu entregado a la pasión por su trabajo, pero tal vez ajeno al futuro de silencio injusto que se le vendría encima, a raíz de su muerte.

Me he pasado al menos tres décadas intentando romper esa resistencia, enfocado en la continuidad de aquellas palabras de la prensa internacional, de los años 40 y 50 del Siglo XX, para enlazarlas con el tren de la realidad actual, pero no ha sido nada fácil, y los avances del presente rescate son aún demasiado magros como para mirar mirando, y despertar contemplando al Mediterráneo, sin dejar de pensar en el silencio que permanece en derredor de la figura de ese mismo admirado y triunfante director, a los ojos de la prensa extranjera de su tiempo, que, por cierto, escribía correctamente su apellido.

Me parece necesario que las obras del archivo Vásquez se pongan a salvo, que se editen y que se escuchen antes de que alguien se vea obligado a escribir una de esas crónicas curiosas, sobre lo irremediable de haber encontrado las partituras de un compositor mexicano del Siglo XX, destruidas por el polvo, por la erosión natural, pero más que otra cosa, por la indiferencia que conlleva el olvido. 

-JJV-

Un optimista es un pesimista mal informado


6 de octubre de 2013

14.

En la página de un músico de quien se habría celebrado su cumpleaños número 117, como mi padre, quizá debiera aparecer alguna nueva obra grabada para pero todavía no la hay.
Hoy solamente puedo ofrecerles, una sonrisa.
Leve y tranquila.
Es la sonrisa de don José F.
Y quizá se deba a que hoy todo gira, de nuevo, alrededor de una palabra: Ojalá.

Ojalá. Porque debo dar fe de haber recibido un mensaje personal del Licenciado Rafael Tovar y de Teresa, Presidente de CONACULTA, donde ofrece una disculpa por la demora en contestar y expresa su voluntad de sumarse al rescate de la obra musical de don José F.

Ha sido apenas un primer paso que desde luego me satisface muchísimo, pues confirma la certeza de la ruta que emprendí a través de esta página contra el olvido, y confirma la importancia del trabajo artístico de mi padre.
Y todo ha ocurrido el mismo día 4 de octubre, su cumpleaños.
De tal forma, quizá estemos ante un gran regalo de cumpleaños; ojala.

Ojalá que esta vez la fuerza motriz de este proyecto no sea sólo un cúmulo de deseos y de acciones de un hijo acompañado de la complicidad de sus amigos, incluso de sus nuevos amigos aparecidos gracias a Internet. Sino la serie de procedimientos del Estado Mexicano, a partir del convencimiento en la necesidad de preservar un archivo musical; una más de las células de nuestro cuerpo cultural como nación. Confirmando así que que el rescate y la preservación del patrimonio artístico es un deber de todos, de cara a las generaciones del futuro.
Ojalá fuera yo más optimista. Lo sé. 
Pero me he dado cuenta de mi condición de pesimista bien informado.

De hecho estoy siendo un poco más que hace dos años, cuando mi padre cumplió 50 años de haber muerto y con esa insignia me lancé a escribir y luego a llamar por teléfono de continente a continente, hasta que conseguí entablar comunicación con la administración anterior de CONACULTA, que luego de varias conversaciones no tuvo la atención de ofrecer alguna explicación al silencio absoluto venido tras la promesa de un gran homenaje nacional.
Visto lo visto, he caído en cuenta que mi pesimismo bien informado me ha empujado a ser mucho más esperanzado que a lo largo de los casi 20 años de antesalas y decepciones.
Pero menos que en aquellos lejanos días en que fui recopilando partituras; alguna en un bazar de la Lagunilla, alguna en el garaje de un director muy famoso, alguna de manos de antiguos alumnos... Hasta que pude localizar la gran mayoría de la obra, desclasificada y empolvándose entre anaqueles de dos bibliotecas.
En esos años me sentí muy optimista; demasiado.
Quizá era la ingenuidad propia de la juventud o la simple felicidad de haber localizado las partituras...
No lo sé.
Hoy siento al optimismo hablarme de modo diferente, y es un diálogo que me encanta porque el tiempo me ha retribuido el verdadero valor de su significado en el momento en que de modo fortuito, recuperé esta fotografía de mi padre, donde como se ve, su aspecto es de todo un hombre optimista en el centro de su entorno.

Con lo que no contó él y que jamás pudo imaginar su optimismo es con la información de pesimista que yo he ido apilando desde su primera muerte; la física. Porque con la segunda me encuentro en disputa.

Porque mientras dure esta segunda muerte de José F. Vásquez, causada por un tipo extraño de olvido institucional, el optimismo solo tiene cabida cuando los hechos se presenten ya visibles en el umbral, y no antes.

Y es que la orfandad me fue enseñando a no coquetear con la esperanza sino a trabajar cada día por ella como una disciplina, y en eso me mantengo.  

Y la reaparición de esta foto donde mi padre sonríe, me ha demostrado sin mucha explicación, la fidelidad de la ley causa-efecto cuando la esperanza es motriz y alcanza maridaje con el significado de esa palabra que tanto me gusta: ojalá.

-JJV-

En la fotografía superior captada aproximadamente en 1955, aparece José F. Vásquez.  


Las mujeres de la familia Vásquez

19 de octubre de 2013

15.

La hermana mayor de mi padre, Enedina, quien vive en mi recuerdo como la Tía Nina, fue una de las piezas clave en la vida de su hermano menor, José Francisco, mi padre. Gracias a ella él pudo dedicar las horas suficientes al estudio de la música, y luego consagrar toda su vida a ella, bien como director o gestor cultural, bien como compositor o docente.

Vaya con estas líneas, un pequeño reconocimiento a María Enedina Vásquez Cano, uno de esos personajes que, velados detrás de la historia de un músico podrían aparentar poca importancia y entonces permanecer relegados como un dato marginal. Sin embargo, en el caso de mis antepasados, su papel es clave fundamental para comprender el universo musical de mi padre, desde su niñez. 

Todo habría de tener inicio cuando el matrimonio formado por mis abuelos, Gabino, y Bárbara, decidió abandonar en el año de 1901, la ciudad de Guadalajara donde residían, en busca de un mejor futuro en la capital, pensando en sus tres hijos: Jesús, María Enedina, y José Francisco.

Un piano como inicio de un futuro luminoso le aguardaba al niño menor de aquella familia, quien por entonces tenía solamente 5 años. 

*** La hermana mayor, Enedina, pudo ingresar al Conservatorio Nacional de Música al poco tiempo de residir en la capital del país; sus estudios de piano, realizados bajo la guía de su madre, habían sido lo suficientemente efectivos como para ubicarla en un nivel avanzado dentro del plantel oficial, entonces dirigido por el violinista José Rivas Mercado. Habría de recibir instrucción por parte de César del Castillo y Julián Carrillo, en materias de piano y armonía, respectivamente. Graduada como pianista concertista, su carrera se vio limitada al cuidado de su hermano menor, luego de la repentina muerte de la madre, acaecida hacia 1908.
María Enedina inició al pequeño José Francisco en lectura musical y en ejecución de piano, estudios que alternaba con los de la instrucción primaria, cursada entre 1902 y 1908. La pasión del hermano por el teclado derivó en una dedicación excesiva al instrumento; el padre decidió, en el invierno de 1906, vender el piano de casa para tratar de alejar a José Francisco del arte.
Al respecto el musicólogo e historiador Gabriel Saldívar es elocuente: "Aficionado a la música desde pequeño, sus padres tuvieron que vender el piano en que estudiaba con ahínco horas y horas diariamente, con la pretensión de desviarlo de estas aficiones y hacerlo que siguiera una carrera de las llamadas liberales".


En la historia de la familia Vásquez, las mujeres han sido las visionarias, representando con sus iniciativas el pensamiento más lumínico, y en el caso de la tía Nina, salvando para la música, a un músico.

Algo que parece y debiera ser simple. Igual que salvar un biólogo para la biología o a un astrónomo para que interprete los misterios del firmamento que, dicen algunos, es capaz de reseñar el destino.
Y acaso en alguna de esas estrellas, el entonces pequeño José F., alcanzó a ver el suyo, gracias a su empeño pero también a la guía y a la amorosa dedicación de su hermana mayor.
Una paradoja, quizá. Ya que por un lado se perdió a una concertista y a cambio se ganó a un compositor que hoy da origen a esta página levantada contra su olvido. Una vez más en la historia del arte, una mujer que sacrifica su futuro en aras del porvenir de un miembro de su familia; de ahí que nunca sabremos lo que pudo ser y hacer María Enedina Vásquez Cano en el mundo de los pautados, y de algún modo es lamentable.

Como suele ocurrir dentro de una familia, la influencia de un hermano puede modificar toda la historia hacia el futuro del otro, porque en el fondo de los hechos, en su origen, todo depende de un sí o de un no. Y en mi caso, la rectificación del rumbo enfocado en el rescate de la obra musical de nuestro padre, cuando el no me rondaba los ánimos a causa del cansancio de tantos años infructuosos, vino a surgir, tristemente, cuando a mi hermana le quedaban unas semanas de vida. 

Les cuento. 

Hace poco más de un año, a fines de febrero de 2012, viaje con urgencia a la ciudad Roma, donde hacía más de 30 años que María Rosa, mi única hermana, vivía. 

La encontré ya ingresada en una clínica de cuidados paliativos donde me esperaba impaciente. Y desde el primer día me preguntó por los avances en mi lucha contra el olvido de nuestro padre y de su obra musical.  

Durante esas últimas semanas de su vida, en aquella clínica para enfermos terminales de cáncer, tuvimos muchísimas horas para repasar esta maravillosa aventura vital, en la que ella con frecuencia resaltó pasajes vividos en común, en la "dorada infancia", como ella le llamaba a la primera década de nuestras vidas, compartida en su brevedad y en su riqueza, desde nuestros ojos de los niños felices que por entonces fuimos dentro de una familia alejada de la ortodoxia, y extraordinaria, en la que una orquesta se convirtió en tema, recurso, visita habitual, y motivo de nuestros juegos.

Después la orfandad y el caos; y luego otro después, que hoy parece demasiado breve.
Un después en que la vida nos dio más proximidad, a cambio de la distancia geográfica que desde entonces nos separó. 

Antes de irse, y viendo que yo daba signos de rendición ante el olvido de don José, F., María Rosa me hizo prometer seguir en la lucha y no rendirme, porque debía aprovechar mi oficio y reescribir la historia de una familia desaparecida en tan solo diez años. Primero por ausencia; después, detrás de una bruma muy gruesa y en apariencia demasiado tenaz, tejida a partir del olvido: la familia Vásquez Torres. El primer apellido escrito así, con s y z, porque a través de la rebambaramba de los años, no ha faltado ocasión en la que perdimos hasta su correcta escritura, y es que ya sea por error o por costumbre, la pérdida de la s y de la z, parecía haber sido parte del expolio sufrido cuando todos los adultos de aquella casa, desaparecieron.

Y esto nos divertía, igual que un sinnúmero de anécdotas propias de nuestra fraternidad siempre interrumpida a fuerza de vida, y que allí, entre las paredes de una "casa de reposo" decorada en grises y en añiles de suelos y paredes donde la obra de Botero paliaba un poco la monotonía y la decadencia en derredor, estaba a punto de concluir de modo irremediable. 

Fue ahí donde fui capaz de descubrir que ninguno de los personajes del pintor colombiano es capaz de sonreír. Y hasta esos días supe por qué. Y aún hoy lo siento en la garganta.

Nosotros, los hermanos de la s y de la z en el apellido paterno sí pudimos sonreír ahí, y hacerlo muchas veces, haciendo planes e imaginando un final feliz para la música de nuestro padre. María Rosa me había convencido a proseguir y a transmitir todo lo ocurrido , es necesario decirlo porque sin su insistencia quizá este sitio virtual no existiría.

Este día, yo quisiera poner aquí una foto de la tía Nina, o de María Rosa quien hubiese cumplido años, pero no es posible. De la tía no existe ninguna en mi poder, y de mi hermana todavía no puedo.

Hoy prefiero que sea la imagen de mis acompañantes de aquellos días y aquellas noches tan largas en la casa de reposo, quienes alrededor se su pianista y con sus miradas muertas, aparezcan en este sitio, donde la sonrisa, no obstante el tono y el tempo de Botero, fluye hacia la luz.

Gracias, Tía Nina. Gracias, María Rosa.
Las llevaremos siempre en el corazón y en cada una de las notas musicales que se vayan recuperando, escritas hace un olvido, por el niño menor de la familia Vásquez Cano.

-JJV-
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*** (Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)


La orquesta (1991) - Fernando Botero. 

Un director sin batuta

3 de noviembre de 2013

16.

Una de las tantas facetas de mi padre fue la de director de orquesta, y su recuerdo sobre el podio es una de esas imágenes recurrentes que alimentan mi sonrisa.
Ahí lo veo aún hoy, ligeramente encorvado, señalando con la mano quizá el pasaje de algún adagio... Y es que él no usaba batuta; no al menos en los últimos años de su vida que fueron los que a mí me tocaron vivir a su lado, es decir, menos de una década.

Ignoro por qué no las usaba porque en casa recuerdo haber visto alguna de aspecto muy fino, quizá de marfil, dentro de un elegante estuche de piel forrado por dentro de terciopelo azul rey, y otra más delgada, tal vez más corta, creo recordar, de de un pequeño estuche cilíndrico también de piel, y esta era mi favorita a la hora de jugar al concierto, supongo que por su tamaño. Con ella varias veces me puse al frente de una orquesta integrada por las muñecas y peluches de mi hermana, por mis títeres y marionetas del teatrino que me inventé, y por una que otra de las pequeñas figuras de mármol que adornaban la sala de mi casa, porque la inspiración provenía del concierto del domingo anterior al que nos llevaban, a mi hermana y a mí. 

En realidad esa silueta de mi padre dirigiendo la orquesta es la que se instala en mi recuerdo cada vez que por alguna razón estoy teniendo una conversación sobre José F. Vásquez. o en los momentos en que hablo de él.  

Una instantánea que fácilmente se grabó en la mente del niño que fui a los 6 o quizá 7 años, cuando por primera vez contemplé impactado, el poder de la música bajo la gobierno del mismo señor que solía limpiarme la boca llena de helado, o del mismo señor que me leía el Quijote o libros de historia; o que me daba clases de piano en el viejo Rosenkranz que había pertenecido a mis abuelos maternos.

Así que verlo ahí bajo los reflectores del gran teatro, se tradujo en mi mente infantil como un acto casi mágico y descomunal para mis ojos emocionados.
Un acto amoroso que me conectaba con él al final del concierto, mientras se escuchaban los aplausos generalizados del público, y que yo sentía como parte del contorno de mi cuerpo estremecido de orgullo en el instante del clímax, cuando ese niño gritaba: ¡Es mi papá, es mi papá!, y luego miraba en derredor para ver quién me había escuchado.
Ustedes ya saben cómo eran, cómo son, y cómo seguirán siendo los niños... Por eso creo yo, cuando en 1959, teniendo ya 8 años, me emocionó tanto escuchar el tema de Cielito lindo (Tema mexicano) de su Tercer concierto para piano y orquesta, además interpretado por Carlos Vázquez, "mi cuate", como me decía él... Era la proximidad con quienes hacían posible la música y mi identificación con ese tema, lo que me hizo llorar de emoción. ¿Acaso mi primera vez?, seguramente... Y es que se recuerdan más fácilmente los momentos de la vida que han sido llenados por un sentimiento. Como aquel. Porque confieso no haber recordado la fecha ni el resto del programa de aquella mañana en Bellas Artes, sino hasta que por fortuna encontré el dato: 

 Junio 14

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Haydn: Sinfonía "Los adioses" / Vásquez: Tercer concierto para piano. Solista: Carlos Vázquez / Frescobaldi: Toccata / Strauss: Don Juan.  

Y esa es la imagen preferida de mis ojos cuando se cierran pensando en José F. Vásquez. 

El director de las orquestas que pude ver, y el de todas esas otras que él había ya dirigido por todo el mundo, antes de que yo naciera. 

Esta es la vertiente más conocida de su carrera como músico, a pesar de la diversidad de sus actividades dentro del mundo cultural de la primera mitad del Siglo XX, mayormente entregada a la Universidad Autónoma de México, destacándose aquellos 25 años como Director Titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad.; casi la mitad de su vida.

Y que hasta hoy le han valido solamente el olvido.

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Las giras internacionales.
***...Entre 1943 y 1944 actuó en los principales teatros de América del Sur, como director de orquesta y de ópera; en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile, La Paz, Lima y Bogotá, recibió condecoraciones por su trabajo de intercambio cultural. Aquí dio a conocer las obras más representativas de Carrillo, Ayala, Ponce, Moncayo, y las propias.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial actuó en Europa, invitado por el gobierno de De Gaulle para dirigir, como huésped -en tres ocasiones-, la Orquesta de la Radio Nacional de Francia.
También dirigió en calidad de invitado las orquestas Pasdeloups también en París, y la de la Radio Nacional Belga -en cinco ocasiones-; y fue el primer director mexicano que apareció al frente de la orquesta Sinfónica de la BBC de Londres y de la Orquesta de Cámara de la Radio holandesa (1948-1949).
En España dirigió las orquestas sinfónicas de Asturias, Oviedo y Palma de Mallorca; en Alemania, las sinfónicas de Frankfurt am Main, Hannover y Bremen; en Suecia las de Estocolmo y Gotemburgo; en Noruega la de Bergen, y en la nueva Yugoslavia de Broz Tito, las orquestas sinfónicas de Belgrado, Zagreb y Ljubljana.
Entre 1946 y 1958 fue director huésped de las orquestas sinfónicas de Nueva York, Erie, Washington, Jersey City, Baltimore, Carolina del Norte, Indianápolis, Austin, Dallas, Corpus Christi, Phoenix, San José (California), Los Ángeles y Denver.
Visitó por segunda vez América Central en 1947 y 1948, como director huésped de las orquestas sinfónicas de Guatemala y El Salvador; en 1954 actuó con la Orquesta Sinfónica Nacional de Panamá, de la cual recibió la condecoración de Director Huésped Permanente Honorario.
En Japón fue el primer director invitado, extranjero, que actuó con al orquesta Sinfónica de la Radio Imperial, de la ciudad de Tokyo, y con las sinfónicas de Osaka y de Kioto, en los primeros meses de 1959.
En México, gracias a la amistad con Daniel Ayala, dirigió varias veces la Orquesta Sinfónica de Yucatán (1944-1952). Fue también batuta huésped, entre 1946 y 1956, de orquestas de Guadalajara, Morelia y Xalapa...
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Aquí entre nos les confieso que hoy, cada vez que acudo a un concierto y contemplo un podio vacío, pienso en él, en ese director que fue mi padre, y casi puedo ver esa su misma figura. Imagino a su antigua orquesta afinando para recibirlo, cuando en verdad es otra en la realidad presente, la que afina y aguarda a su director, durante esos largos instantes previos al inicio de una obra. 

Luego, al terminar el concierto, y cuando soy parte de un mar de aplausos, transformo aquel grito infantil en una gran sonrisa porque la música ha permanecido todos estos años dentro de mí, y porque tengo el privilegio de continuar llenando mi vida con ella, en las salas de concierto que, por fortuna, he ido recorriendo a lo largo de mi vida, hasta esta mi feliz abuelidad.
Y de ese modo siento la plenitud, porque todo fluye.

-JJV-

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*** (Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)
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La fotografía superior, fue conseguida antes del inicio de un concierto de la presente temporada 2013 de la Orquestra Simfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya,  en L' Auditori de Barcelona.

La afinación de los presagios

8 de diciembre de 2013

17.

Es en los periódicos donde parece que el mundo se retrata cada día. Y son nuestras vivencias reflejadas ahí lo que va escribiendo la Historia, a base de sumar pequeñas historias individuales con apenas cara, con nombres contradictoriamente anónimos, con apellidos fácilmente olvidables, y con las nimias hazañas y desgracias, entre las que se hace la andadura cotidiana desde un territorio tras bambalinas; casi siempre invisible para esos mismo periódicos.
El de la vida común a ras de suelo y sin héroes.
Sin embargo, cuando somos niños fabricamos esos héroes, y los vamos puliendo con el tiempo; los protegemos con el deseo de preservar alguna de sus acciones en el núcleo de nuestra fuerza motriz.
Y de manera irrefutable, ese es mi caso.

Ese señor que ustedes han ido conociendo gracias a esta página contra su olvido, me dejó capítulos memorables abajo del podio, lejos del piano o de las partituras, de entre los cuales, hoy se me ocurre compartir uno, quizá por la influencia de la partida de uno de esos héroes, antes villanos, que acaba de irse: Nelson Mandela.

Por fortuna su cambio de rol se ha precipitado a base de pequeñas historias que ya hoy forman parte de la Historia, muy a pesar de quienes hasta hace no mucho lo consideraron un peligro para el sistema, o de quienes hoy dicen lamentar su muerte, mientras actúan exactamente al contrario que él.
Y esto es algo que toda la vida he intentado evitar, desde aquel día...

Si bien no puedo precisar la fecha, sé que corría la temporada de 1958 de la OSU en un día de ensayo en el Anfiteatro Bolívar, adonde mi padre acudía casi a diario a trabajar desde el podio o desde su oficina, y yo, de vez en cuando, a babosear los murales, a espiar desde las ventanas, a vagar entre las butacas o a incomodar a los músicos, tarareando lo que ellos iban a tocar.

Aquella mañana mi atención se fijó un momento al oír a mi padre dando indicaciones a la orquesta; se ensayaba un tríptico sinfónico de su autoría y de pronto alcancé a escuchar una palabra desconocida para mí: Presagios... Siempre fui curioso y sigo siéndolo, así que agucé la oreja para seguir aquello pero no pude, mi ubicación en las últimas filas del anfiteatro me obligaron a quedarme con la duda.

Pasaron muchos años para que yo comprendiera que el ensayo había sido de Acuarelas de viaje, (1928) y que la primera de esas acuarelas fue titulada por mi padre con esa palabra rara que yo conocí aquella mañana en el Anfiteatro Bolívar, con un significado que me fue revelado por mi padre mientras salíamos del recinto, pasábamos por su oficina un momento, y conforme nos fuimos encaminando hacia el cumplimiento de una promesa... 

-Presagio es como un hormigueo en la panza.... -Y para qué sirve?... -Te avisa, pero no siempre lo entiendes... -¿Y por qué?... Por tarugo...

Yo salí pensativo con eso de tarugo, una palabrita que hacía poco había conocido. Iba de su mano al tiempo que nos despedíamos de músicos de la orquesta o de personas que yo no conocía; cruzamos la calle hacia la promesa: la muy célebre tortería de enfrente, la favorita de la tropa filarmónica, donde convergían los comentarios del ensayo entre mordidas de torta y tragos de jugo.

Pero la irrupción del maestro Vásquez, (supongo) hacía girar un poco las charlas... Ya saben...
Y ese día, por alguna razón que no recuerdo, mi madre no había estado en su atril lo que propició nuestra fuga para comer a deshoras.

En mitad de aquel ambiente, de improviso hubo gritos, insultos y voces afuera a media calle; yo acaba de aprender más palabras nuevas...
Dos tipos peleaban y mi adrenalina infantil se disparó al ver ese espectáculo tan terrible, donde en cuestión de segundos, uno de los dos rivales pateaba al otro que ya indefenso, derribado y hecho un ovillo de sangre, rodaba inerme.
El tránsito se detuvo, la gente rodeó aquella escena enmarcada de mudos, como yo.
De pronto mi padre se quitó los lentes y se interpuso entre los dos hombres; él no era alto ni fuerte, tampoco un guardián de la ley, y su autoridad, obviamente, terminaba en la orquesta.
Al principio nadie más lo siguió, pero de algún modo se las arregló para detener aquella pelea tan desigual con la ayuda de más gente.

Más tarde, mientras íbamos en el coche lo miré, y ante la insistencia de mis ojos por el espejo retrovisor me guiñó el ojo. Y mentiría si dijera que recuerdo toda nuestra conversación. Pero hubo algo que nunca se me olvidó:
-No se debe dejar que un fuerte le pegue a un débil, ¿eh?... Eso se llama injusticia, y es como una enfermedad...-me dijo.
Tenía una pequeña protuberancia en el pómulo, y en sus ojos, más luz.
Entonces ese niño que fui sintió algo raro en el vientre, un presagio quizá, e hizo un registro mental enfocado hasta el día de hoy.

Lo que yo no podía saber en aquellos momentos, es que José F. Vásquez había tenido ya, mucho antes de que yo naciera, encuentros contra la injusticia, como aquel, en 1917, cuando su rabiosa intervención impidió que los restos de Ernesto Elorduy se enterraran en la fosa común del Cementerio del Tepeyac. Su movilización ante las autoridades con el apoyo de sus amigos con influencia, logró salvar esa situación tan indigna de un compositor como Elorduy. Mi padre tenía entonces 21 años. 

También se sabe que como resultado de una iniciativa suya, fue colocada una placa conmemorativa en la casa de la calle de Héroes, en la ciudad de México, lugar donde murió Ricardo Castro.

Pero todo eso yo lo ignoraba en aquel día, y tuvieron que nacer y morir un sinnúmero de eventos y circunstancias, detrás de mi afanosa persecución de rastros de información paterna, para que yo pudiera corroborar esa necesidad que él tuvo, de interponerse cuando  un débil parecía estar perdido; como esa vez a media calle. 

Había sido pues un día fértil de lingüística aplicada, pese a que el aprendizaje semántico habría de correr a cargo de la edad y de los años de investigación enfocada en obras de mi padre, como las Acuarelas de viaje, partitura escrita en Guatemala durante una gira de su compañía de ópera mexicana, tras sufrir una gran decepción; acaso después de un mal presagio... Al final la lección quedó plasmada en el papel pautado: crear contra y a pesar de...    

Y en efecto, situado ya en la feliz abuelidad hoy sigo pensando como mi padre. 

Que hay enfermedades crónicas contra las que uno no se puede resignar como la injusticia, Que asimismo es ventajoso hacer caso a los avisos cuerpo adentro con nombre de presagio. Y que de las pequeñas historias anónimas e inexistentes en los periódicos, también se nutre la sustancia de la Historia, donde no siempre están todos quienes la han edificado.

Pero más que otra cosa, aprendí que la creación debe ser imbatible.

A lo mejor todo esto es una cuestión de afinación entre la mente y el corazón, y que entonces los hechos futuros estén sujetos al momento en que cada quien descubra su oboe personal, y afine su orquesta desde el espíritu, anticipando con ello un gran concierto.

-JJV-

Las primeras dos imágenes presentan la fachada principal del Antiguo Colegio de San Ildefonso, ayer y hoy. Las dos siguientes muestran el interior del Anfiteatro Bolívar, ayer y hoy.

Una amistad entre círculos 

11 de enero de 2014

18.

Hemos creado frases redundantes, quizá para encontrar menos dudas o para de algún modo consumar su disimulo.
"Un amigo verdadero", es una de ellas, creo yo. Porque el adjetivo, sobra.
Y este es uno de los valores que mi padre me ha enseñando, conforme he ido, no sólo recordando, sino también descubriendo su vida; los hechos que sumados lo retratan con claridad.
Les cuento...

Tener una amigo durante 21 años, no es fácil.
Tener un amigo y un aliado (que no es lo mismo), es aún más difícil.
Tener un amigo, que sea tu aliado, y además, tu compañero de trabajo, ya puede catalogarse casi como una excepción. Porque hemos y estamos viviendo dentro de un sistema que se basa en una premisa muy simple: O tú o yo.

Así que tener un amigo, aliado, compañero de trabajo, confidente y guardián, es un milagro de la disciplina amorosa basada en el respeto, en la generosidad, y en la madurez de dos seres que, luego de haberse encontrado, deciden defender ese vínculo, y hacerlo de cualquier manera y ante todo. Incluyendo los propios vicios de carácter.

Todo un círculo virtuoso que se abre pero que no siempre se cierra de igual manera.

Esto me viene a la mente cada vez que pienso en el lazo que unió a mi padre, con el Maestro José Rocabruna y Valdivieso (Barcelona, 1879 -México, D.F., 1957).
Quien junto con él fue fundador y también director de la hoy OFUNAM, desde 1936 hasta su muerte. Aunque conviene señalar que la amistad entre ellos inició años antes, desde los años del Conservatorio, donde ambos impartían sus cátedras. Así que nuestra cuenta de 21 años de amistad, antes establecida, no es completa pero si aclaratoria. 

Pero, ¿quién fue Josep Rocabruna i Valdivieso?

Tras recibir las primeras nociones de música en la escolanía de la Merced de Barcelona, estudió en el conservatorio del Liceu con Domingo Sánchez y Deyà . Enseñó violín en el Conservatorio del liceo (1895) y formó parte de la orquesta del Liceu como concertino de violín y, en 1897, formó parte del Cuarteto Crickboom, junto con Pau Casals al violonchelo, Mathieu Crickboom y Rafael Gálvez a la viola. Poco después, en 1901, fue de gira en América con el conjunto musical Octeto Español, y Rocabruna actuó y triunfó como concertino en el Metropolitan Opera House de Nueva York. 

Al año siguiente el octeto se traslada a México, donde hizo varias actuaciones, pero tres de los músicos decidieron establecerse en el país: Rocabruna, el pianista Joan Roure y el violonchelista Guillermo Ferrer. Posteriormente, con el también catalán Lluís G. Jordán, fundó el Quinteto Jordán-Rocabruna.

Entre sus discípulos más ilustres, se cuentan los futuros músicos Daniel Ayala, Federico Baena, Benjamín Cuervo, Luis Meneses, Armando Montiel, Salvador Pérez Márquez, Silvestre Revueltas, Arturo Romero, Luis Sandi, Ezequiel Sierra, Lauro Urangas, y Gloria Torres, mi madre.
Y acaso el maestro Rocabruna haya sido el instrumento del destino para que quien escribe esto, exista, ya que gracias a una iniciativa suya, Gloria Torres, por entonces una jovencísima alumna suya de 18 años, haya sido llevada en el año de 1940, a la entonces también joven Orquesta de la Universidad, donde se incorporó a la sección de violines segundos. 
Y como se dice: lo demás es historia... Una historia iniciada entre atriles y murales de Diego Rivera en el Anfiteatro Bolívar. Una sede que curiosamente cerró su círculo con el homenaje que ella como su viuda, le organizó con el apoyo de los músicos de la orquesta que en esa noche llevó el nombre del desaparecido José F. Vásquez, en diciembre de 1962; a un año de su muerte, y en el que brillaron por su ausencia las entonces autoridades universitarias.

Hace años, desde que me vine a residir a Cataluña, tenía la inquietud de conocer la Casa Museo de Pau Casals, en su pueblo natal, El Vendrell, situado a media hora de la ciudad donde yo vivo.
Hoy ese magnífico lugar es una visita obligada, cada vez que tengo como invitado a alguno de mis amigos músicos. Y en cada ocasión y con especial atención, guardo un instante más largo de silencio y reflexión, frente al retrato donde a un lado del genio violonchelista, aparece el maestro don Josep Rocabruna.
A quien le digo, siempre en voz baja:
- Des del meu cor, moltes gràcies, mestre Rocabruna.
Moltes gràcies... por lo que me toca. Y porque no deja de ser curioso que yo esté en su tierra, y que él descanse para siempre en la mía. Probablemente yo también cerraré este otro círculo acá, cuando sea el momento.

Pero más le agradezco haber sido un ejemplo de amistad y de fidelidad junto con mi padre. Un buen ejemplo de círculo virtuoso.
Porque debe haber en el mundo alguna orquesta sinfónica donde dos directores hayan permanecido juntos trabajando por ella, durante 21 años, pero yo no la conozco.

Por el contrario, me vienen a la mente innumerables rostros que creo yo, serían absolutamente incapaces de compartir una oficina, menos aún, el podio, anteponiendo con ello el objetivo mutuo, la misión profesional, y la amistad, sobre las patologías del ego. 

Porque es muy agradable ser importante, pero es más importante ser agradable; algo nada fácil para algunos cuando visten de esmoquin frente a una orquesta. 

Yo confío en que en algún lugar exista el mismo ejemplo, que así haya sido o esté siendo, porque la amistad es una disciplina amorosa capaz de sobrevivir a todo, y los Josés, Rocabruna y Vásquez, nos han dejado un magnífico ejemplo.

De ahí que yo insista en que: Amigo verdadero, sea una expresión redundante. Y la redundancia, un buen motivo de reflexión.

-JJV-

La imagen a la izquierda nos presenta a un joven Josep Rocabruna, con su violín, en los años previos a su vida en México. 

La segunda corresponde al anuncio que la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad, hizo de la Temporada de Conciertos de 1948, encabezada por sus directores titulares, José Rocabruna y José F. Vásquez; la última nos muestra al maestro Rocabruna en el podio de la OSU, durante un concierto al aire libre en Ciudad Universitaria. 

La matemática de la causalidad

18 de enero de 2014

19.

La vida me ha ido enseñando que la causalidad de lo que llamamos, sorpresa, es también parte de la generosidad de sus señales, y que no sólo su aparición forma parte de la tragedia que nos va moldeando, sino que como las dos caras del dios Jano, son puertas que se abren hacia afuera o hacia dentro.

Con esto en la mente me he levantado gracias a que de nuevo, la sorpresa amorosa, en la forma aparente de una casualidad, ha saltado en mitad de mi camino.
Para ello debo contarles las prolegómenos tributarios que han desembocado en este día, con este pensamiento.
Les cuento.

Un domingo de 1988, acudí en familia al concierto de la OFUNAM; cada visita mía como un melómano más perdido entre el público de esa orquesta, siempre significó un cúmulo de sentimientos dispares. Por un lado sentía la dicha de conocer la vieja historia cautiva en esos atriles. Por otro lado sentía un tipo de nostalgia avejentada, diría yo, que a ratos iba a la deriva hasta sentir tristeza. Pero a veces la emoción me corría por todo el cuerpo, en algún pasaje de la obra que se estuviera tocando. Pero después de todo era difícil apartar mis preguntas de siempre ante el olvido agravado de mi padre, al ver que esto seguía viniendo desde la orquesta por él fundada y dirigida por cinco lustros. 

Mi rol de incógnito era como usar un biombo para las emociones, que convertidas en pensamientos terminaban siendo eficaces, y a larga, ya se verá, provechosas .

Si bien tal carga emotiva estuvo siempre presente en tono de letargo, nunca dejó de estar conmigo desde el momento de entrar al gran hall de la Sala Nezahualcóyotl, donde poco tiempo antes y gracias a mi insistencia, conseguí que las autoridades universitarias en turno, finalmente colocaran una placa de reconocimiento a los fundadores de la hoy OFUNAM; primer punto de mis peticiones hasta hoy desoídas. Sin embargo, hubiera sido mejor aún que ahí mismo se pudiera leer la ardua aventura de los primeros 25 años de la orquesta,  que tampoco son ni someramente señalados dentro de la información contenida en los programas de mano del concierto de cada fin de semana. 

Era como leer un currículum vitae a sabiendas incompleto. 

Con toda esa carga presente cada domingo y luego de pasar frente a la placa, mi respiración prosperaba con la alegría de saberme en mitad de la búsqueda de mis objetivos, sin pausa y todavía sin prisa; en movimiento. Y así me dirigía a mi butaca de primer piso a disfrutar cerrando los ojos y abriendo el alma, para que la energía del cronos circulara ad libitum. Por todo eso, cada concierto, hizo que mi silencio feliz valiera mucho más cuerpo adentro.

Aquel domingo se tocó el Concierto de violín de Beethoven y la Quinta Sinfonía de Chaikovski. Llegado el final y fascinado por el trabajo del director, a quien yo no conocía, fuimos al camerino a felicitarle. Seguramente yo disfrutaba sentir el ambiente tras bambalinas, como cuando fui niño. Y me gustaba que mi hijo, pequeño por entonces, palpara ese mundillo imposible de manifestarse en ningún otro sitio. 

Recuerdo que ese mañana había mucha gente; fruto del éxito alcanzado. Y que estuvimos a punto de irnos ante la imposibilidad de saludar al maestro Collura, sin embargo, esperamos.
Ya estando frente a él, saqué a la conversación a mi padre; el hombre se interesó por mi síntesis y sin darnos cuenta el tiempo pasó. Tanto que todo el mundo se había ido, y su servicio de transporte al hotel, también.
Tampoco crean ustedes que hablo de una hora, no. Seguramente hablamos unos 15 minutos, quizá un poco más; el caso de mi padre le sorprendió bastante. Y mientras él y yo charlamos en aquel camerino, alguien había olvidado llevar a su hotel al director huésped. Ante tal situación le ofrecí llevarlo pero antes invitarlo a comer.

Gracias a aquel olvido del personal de la orquesta nació un amistad. Y Frank Collura, el director italo norteamericano y el suscrito, terminamos siendo amigos por más de un día. Porque el abrazo de despedida al dejarlo en su hotel, pareció una promesa.

Al día siguiente él voló de vuelta a su casa, y yo me olvidé del asunto.
Más de un año después, un día Franck, o Franco, como también la gustaba que le llamara cuando masticábamos el italiano, me llamó por teléfono desde su casa en Pennsylvania, para preguntar si yo tenía la partitura de alguna obra breve, porque lo habían invitado a dirigir la Orquesta Sinfónica de Minería, y él quería incluir algo de mi padre.

Así que como resultado de aquel olvido de la OFUNAM, se precipitó la resurrección de una obra de mi padre, breve pero muy hermosa, y que hacía muchísimos años no se tocaba. 

La elección fue en favor del Intermezzo de la ópera, El Mandarín, y yo creí ver en la colocación de las partituras en los atriles de aquella orquesta, un fenómeno sanador para mis ansias acumuladas hasta entonces.

Los conciertos se efectuaron el 25 y 26 de agosto de 1990, bajo la batuta de un director extranjero, como secuela de un descuido accidental, y por la suerte de haber conservado la calma de esperar para con eso permitir el encuentro con él, a tiempo; como en cualquier partitura de la vida. Y la maravillosa Sala Nezahualcóyotl fue el escenario más que soñado para su cristalización. Una sala soñada desde los años de la vieja orquesta en la que a veces faltaban fondos para el sueldo de los músicos. Un recinto magnífico sin duda soñado incluso por el mismo José F. Vásquez.

Un pequeño olvido a favor ante tanto silencio en contra, no estuvo mal...

El fruto de aquel evento memorable de la primera vez que yo escuché el Intermezzo del Mandarín, fue una grabación hecha en una de esas viejas grabadoras portátiles Sony de casette, que conseguí hacer durante el ensayo general de Frank Collura, en la sala Neza, en aquel año de 1990.

Al término de esa primera ejecución todavía puedo ver y oír a Frank en mangas de camisa, girando para encontrar mi alegría, gritando desde el podio con efusividad: 

Your father was a genius!... 

Cinco palabras en inglés que sonaron como un mensaje codificado solamente para mí, que en esencia, fueron un gran alimento para proseguir adelante hasta el día de hoy.   

El resultado de la grabación es muy deficiente, quizá demasiado, pero guarda todo el significado maravilloso que la sorpresa tiene dentro de la vida humana, y es, por supuesto, una pequeña pieza del rompecabezas. Una prueba de existencia que hasta que la obra no sea grabada de manera profesional, mantendrá su rango de carácter detectivesco.

Si no se está atento a la señal puede parecer que las acciones trascendentes son insustanciales, y entonces la sinapsis de los hechos se diluye porque la posible conexión exitosa se pierde, tal vez para siempre. Y a lo largo de la investigación Vásquez, este tipo de hechos como cifras actuantes se han producido de modo repetido; quizá el control de esa posible energía encadenada no sea fruto de la casualidad, sino de la matemática de la causalidad. Y como en este prolongado camino de rastreo y persistencia nada debe ser desechable, esto ha sido una herramienta más para el ánimo y un tipo de lenguaje de contrapunto íntimo y en tempo allegro, con el causante de toda esta misión.

Toda esa energía benévola, puede haber fraguado un colofón perfecto, surgido hace dos días, cuando un prestigiado y magnífico músico, director titular de una de nuestras orquestas mexicanas, me escribió para decirme que quiere incluir el Intermezzo en un próximo concierto de autores mexicanos, que celebrará con su orquesta.

Así que si la voluntad avanza y se abre paso a pesar de todo, la matemática de la causalidad habrá justificado una vez más su enigmática tarea.

-JJV-  

Las imágenes de arriba corresponden a una fotografía del maestro Frank Collura, A una copia del programa de mano de aquellos dos conciertos de agosto de 1990, y la tercera, a la carátula de una reproducción digital de la partitura de violín primero de la obra. 

La grabación casera de aquel ensayo está disponible en el apartado de grabaciones de esta misma página.  

Una vocación con voz

25 de enero de 2014

20.

La temprana orfandad es un escenario de obscuros y faltantes, de huecos de información y de silencios, sin mencionar la vinculación amorosa que se trunca, claro está.
También es una suerte de representación teatral, que exige del actor, intuición y confianza en la voz interior que contiene todas las informaciones genéticas requeridas, para avanzar en la acción.
Algo inmanente que subyace aun antes de cualquier conocimiento aprendido. Y como la vida es en buena parte, improvisación, la orfandad se convierte en una representación pública, sin director, y a veces, como ha sido en mi caso, sin texto.

Cuando ya siendo un adulto supe que mi padre había sido también un huérfano precoz, fui comprendiendo mejor su filosofía y la naturaleza de sus acciones no solo dentro de la música, sino los rasgos de carácter que lo definieron más allá, de acuerdo a los testimonios que fui recabando. Y uno de los aspectos con los que más me fui identificando, fue con su perfil como docente; estricto, trabajador y de palabras muy claras a la hora de transmitir no solo el conocimiento sino también su verdad.

Aquí reproduzco su respuesta dentro de una entrevista recopilada en su tesis por la maestra Rosa María Partida, al ser preguntado por las diferentes facetas de su vida como hombre de la música: 

*****... "La actividad docente es una de las más nobles que puede ejercer un músico al volcar en los jóvenes, la experiencia que haya sabido acumular.

Nuestros sistemas de enseñanza hacen de ésta una labor ardua y estéril. El ideal verdadero maestro será convivir con sus disciplinas y vigilar su trabajo. 

En la cruda realidad, el maestro se ajusta a un horario estricto para presenciar los esfuerzos de unos pocos dotados para el estudio de la música, obstaculizados por el lastre que forman los estudiantes sin vocación y sin interés, que sólo asisten a los cursos para cumplir con un programa. La falta de selección en la etapa inicial de sus estudios es la razón de tal estado, tan deficiente.

No puede existir un músico completo, si no es capaz de comprender los mensajes de otros aspectos del arte, puesto que todas las expresiones artísticas están profundamente vinculadas, cualesquiera que sean sus medios de comunicación.

Mi consejo a los jóvenes estudiantes de música es que cualquiera que sea su circunstancia personal y las dificultades que encuentre durante su carrera, en lugar de desanimarles, les sirvan de nuevo acicate para perseverar y llegar a la meta propuesta; pues no hay empresa vital que llegue a triunfar, si no es a través de sufrimientos y obstáculos en la vía de la superación"... 

Los testimonios recopilados entre sus antiguos alumnos, definen los puntos más visibles de su personalidad en el aula y de sus aportaciones a la enseñanza de la música en aquellos años.

En Palabras de la soprano Victoria Zúñiga:  El maestro Vásquez era un excelente pedagogo, poseedor de un sistema único, exclusivo y muy propio, que proporcionó a sus alumnos las raíces para llegar a ser grandes solfistas en toda la extensión de la palabra, tanto en la música selecta como en la música popular, pues a él acudían en busca de sus sabios consejos y enseñanzas, músicos de todos los géneros. 

Dentro de su clase era de lo más exigente, no admitía indisciplinas de ninguna especie. Sus alumnos le consideraban temible, pero fuera de las aulas era un gran amigo. 

Y fue entonces que yo recordé con nitidez mis clases de piano, sentado ahí, en el viejo Rosenkranz que había pertenecido a mis abuelos maternos, intentando dar bien la clase frente al riguroso maestro que con su habano en la boca me miraba fijamente, haciendo correcciones con una severidad que yo desconocía en el padre cariñoso de siempre. Era como vivir una transformación sometida a la supremacía de su devoción por la música. Por eso yo prefería que antes de mi clase fuera mi hermana menor, María Rosa, quien diera la suya, porque ella era su niña consentida, y el gran final de cada una de sus clases marcaba en la partitura, una breve dosis de mimos y arrumacos que yo de alguna forma aprovechaba para heredar un maestro un poco más benévolo con mis errores.

Por aquellos años, José F. Vásquez daba clase en su Escuela Libre de Música, en la Escuela Nacional de Música, y en el Conservatorio Nacional de Música, en todas ellas impartía las cátedras de, Contrapunto, Solfeo, Armonía y sus clases eran muy solicitadas, pero además, se daba tiempo para que dos veces por semana, sus hijos de 5 y 8 años, recibieran clase de piano y de solfeo. 

Me viene a la mente la opinión del maestro Luis Herrera de la Fuente quien formó parte de la orquesta de la Universidad por varios años, y antes, de la Compañía Mexicana de Ópera (Compañía de Ópera Mexicana S. C. L., Pro Arte Nacional) fundada por mi padre, Un alumno que por tanto convivió con mi padre en la trinchera del día a día. Una descripción vertida como parte de una entrevista concedida a Gabriel Pareyón, y que ilustra el tren de vida de José F. Vásquez, y al que me refiero desde el enfoque del niño que fui en los momentos de ser su alumno.

*** Si me pidieran dar una rápida descripción del maestro Vásquez, diría que era un hombre muy ocupado. Me daba la impresión de que estaba siempre de prisa: Llegaba a la orquesta, a la escuela, a la radio, y despachaba sus asuntos de inmediato y salía pronto para continuar sus actividades. Es una cosa que siempre me llamó la atención, y ahora que se da el momento, me viene a la memoria inevitablemente.

No recuerdo-por ejemplo- sesiones largas de conversación con él, sino que siempre daba la apariencia de dirigirse a resolver el asunto que tocaba, sin reparar en aspectos secundarios. Iba a lo que iba. Si llegaba a dar una clase teórica, era el momento de la clase teórica; si debía tratar un asunto de administración, trataba de administración... en fin. De las clases que a mí me dio, yo recuerdo una cátedra estrictamente académica. Nunca platicamos sobre rumbos de la música o inclinaciones escolásticas. La parte académica era muy concienzuda. Él tenía su música muy bien fundamentada y aprendida en la escuela clásica.

Así fueron las horas de los años del Beyer y del Hanon, con un tempo presto pero allegro, en los que mi padre sembró una semilla que yo habría de asimilar poco a poco y a fuerza de vida, no obstante su pronta ausencia. Un conocimiento que luego transporté a mis aulas, en las que por igual me aboqué a transmitir los valores de mayor utilidad basados en la disciplina: Entrega dentro del aula, y Amistad fuera de ella. Y hoy, a tantos años de distancia de aquella mi feliz época como docente, gozo de sus gratos efectos en ambos sentidos. 

Cada nota tiene un lugar, una misión y una muerte dentro de la partitura. Una lección indispensable de solfeo, venida de los maestros que jamás se olvidan; esos que entreabren la puerta hacia uno mismo y hacia el conocimiento. Porque en el fondo solo hay dos formas de ver la vida, con miedo o con curiosidad.

-JJV-  

Howard Hendricks: "La enseñanza que deja huella, no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino la que se hace de corazón a corazón"

***** La maestra Rosa María Partida presentó su tesis profesional para obtener su título de Maestra de canto, en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, en el año de 1980, con el título: José Francisco Vásquez Cano (El músico olvidado)

*** El maestro Luis Herrera de la Fuente fue entrevistado por Gabriel Pareyón durante la investigación previa a la publicación de su libro: José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega" - Secretaría de Cultura Gobierno de Jalisco - 1986. 

La última foto corresponde a la fachada del Conservatorio Nacional de Música, aproximadamente en los años 50.  

Reencuentro en el mercado de la Lagunilla


2 de febrero de 2014

21.

Aparte del día en que nacemos, creo yo hay otro día fundamental en la vida, y es aquel cuando se nos es revelado, desde algún astro, o desde alguno de los rincones de nuestras células, para qué hemos nacido.

"Todos estamos de visita en este lugar. Sólo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa"...
Dice este proverbio aborigen australiano, que da luz al tema.

Sin embargo, y con la venia de los aborígenes australianos, yo agrego: buscar... entre los verbos enlistados en su idea original, para ser conjugados.
Verán...

Primero de niños buscamos abrigo y alimento, y jugar a que nuestro juego es el más importante del universo, el mejor y el más entretenido, aunque tal éxtasis no dure más allá de un rato.
Más delante inicia la búsqueda exponencial enfocada en hallar la respuesta a todo lo que se ocupa de nuestros sentidos, y es en la voz de nuestros padres donde aparecen las primeras respuestas; esas que creemos útiles porque perfilan la ubicación del espacio que ocupamos.

Así seguimos buscando y rebuscando, porque al hacerlo es probable que algo encontremos, y que al mismo tiempo, que nos encontremos a nosotros mismos, porque con los años fui aprendiendo que la búsqueda inicia y culmina en nosotros mismos.
Y de alguna manera, este es mi caso.
Les cuento...

Hacía un par de años que yo buscaba las partituras extraviadas de mi padre, piezas faltantes de mi rompecabezas. Y en tal empeño, un día fui a dar al mercado de la Lagunilla de la ciudad de México. Uno de esos mercados típicos y tradicionales como los hay por todo el mundo, en donde entran y salen las mercancía más inusitadas. 

Son espacios consagrados de generación en generación, al depósito transitorio de bienes, objetos y reliquias o cachivaches nimios, conectados con la andadura humana. De ahí que la sobrevivencia de un desecho no tenga explicación hasta transcurrida la espera que acaba por convertirlo en un premio para alguien. Por ende, su historia forma parte del azar ligado a la tragicomedia humana y su curso natural debe seguir de mano en mano, porque tienen un relato previo con su familia anterior, y ni siquiera tienen que cambiar de apellido para continuar vivos. Solamente necesitan a un buscador afortunado y a la matemática de la causalidad. 

Todo ocurrió cuando un querido amigo me alertó de que en uno de los tantos bazares característicos de ese inmenso mercado, podría haber alguna obra de mi padre, dentro de un archivo musical de un lote de mercancías llegado ahí, quién sabe cómo, quién sabe cuándo, y llevado quién sabe por quién.

Un sábado temprano me apersoné en ese lugar siguiendo una pista como las tantas que tantas veces antes había explorado, urgido a comprobar el rastro con una nueva respuesta.
Todo esto formó parte de una larga dinámica detectivesca ingrata las más de las veces, por la plaga de decepciones y huellas falsas que aparecen de pronto como un espejismo. A contramano debo decir que hubo días de hallazgos muy felices; los menos pero con la suficiencia del amor de por medio. Porque es difícil describir la emoción del hallazgo de lo tuyo detrás de vericuetos; tanto que quizá merecería un vocablo aparte. 

Sin duda una forma muy curiosa de recuperar tu herencia.

Todavía me veo allí, entrando a ese lugar mal iluminado y de pasillos angostos, atestado de muebles, discos, juguetes, libros y leyendas en potencia; un foco de olores antiguos y humedad, de mercancías polvosas atiborradas y en desorden.
En cuanto pregunté por partituras, el encargado me señaló un rincón al fondo en el que se veían montones de papeles apilados entre telarañas y mugre. Me sorprendió su cantidad y el desafecto que los había condenado a tal purgatorio.
Dentro de aquellos montículos me puse a buscar, partitura por partitura, hoja por hoja, moviendo cada uno de los montones, y al hacerlo sentía tristeza por su abandono al que también yo me unía. Hasta que debajo de un juego de partituras orquestales en apariencia completas, apareció la letra de mi padre y leí su lema: Crear-amar.

 De nuevo se precipitó mi mudez. Un tipo de mareo con pasmo placentero y sed; pero estaba solo, y es en esas circunstancias cuando se aprende el valor que tiene un abrazo. 

El día se había salvado.
Yo tenía en mis manos los estudios para piano No. 4 y No. 5, datados en 1929, de José F. Vásquez.

Lo curioso de aquel día, 7 de septiembre de 1991, como todo lo que rodea esta investigación, es que me vi obligado a comprar no sólo las obras de mi padre, sino también el resto del lote con todo y particellas, porque solo así estaba a la venta.

De pronto Enesco y su rapsodia rumana, Mozart y su Sinfonía Praga, Haydn y su Sinfonía Militar, y ya no recuerdo cuántas partituras más, pasaron a formar parte de mi archivo de manera forzosa, si bien breve, pues cinco años después regalé todo ese material al bibliotecario de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, aprovechando la relación surgida con la orquesta para la celebración de un concierto homenaje que dirigió el maestro José Guadalupe Flores en el Teatro Degollado de Guadalajara, donde por primera vez pude escuchar otras dos piezas del rompecabezas Vásquez: la Sinfonía No. 2, y el Ballet azteca, La Ofrenda. 

Se preguntan ustedes ¿cómo fueron a dar esas partituras a ese bazar?

Yo también.

Porque formaban parte de la biblioteca de mi padre.
Pero los expolios operan así; forman parte del mecanismo de la frialdad, y como en este caso, de la ignorancia y de la desconsideración por el arte.  

Pero si algo valioso se quiere recuperar no queda más opción que buscar en los desguaces de la sociedad, en las fosas comunes de los objetos, donde todo tiene precio y es recuperable.
Porque el que busca encuentra, como yo.
Y al hacerlo he ido respondiendo viejas preguntas y conociendo nuevas; de eso van las búsquedas por los caminos. Pero si tienes un por qué no es difícil intuir el para qué; solo requieres capturar un buen cuándo y un dónde. Y secundar a los aborígenes australianos con los verbos sugeridos, ejercitando su conjugación de ser posible en tempo allegro, hasta que finalice la sinfonía y sea el momento de volver a casa.

-JJV-

La foto superior nos muestra una imagen antigua del popular mercado de la Lagunilla, en el centro de la ciudad de México. 

El tempo allegro del mundo bicolor del que venimos

9 de febrero de 2014

22.

Ha llegado a mis ojos la copia digital de un documento relacionado con mi padre, datado el 16 de febrero de 1937, es decir, que el mundo aquel vigente al momento de su expedición ha de cumplir hoy 77 años de haber muerto. Y tal cantidad de tiempo podría equivaler a un existencia humana, por demás generosa, pues en esencia somos un proyecto amoroso (quiero suponer) mensurable en tiempo.

Pero la supervivencia de nuestros hechos plasmados, antes en papel hoy en medios digitales, hablan de lo que hicimos y por tanto de lo que fuimos. Tal vez por eso será bueno cuidar cada letra en cada documento, si queremos que las generaciones del futuro puedan descodificarnos con la cabalidad que hoy cada uno queremos, a la hora de escribir un documento que como nosotros, pierda su presente y corra el riesgo no poder asegurar la calidad de su futuro.

Y es que la memoria escrita termina siendo interpretada por alguien que quizá hoy ni siquiera ha nacido. Algo parecido al destino de una partitura.

El manifiesto en cuestión es una convocatoria expedida por el Departamento de Acción Social de la Universidad Nacional Autónoma de México, enfocada en un concurso abierto para encontrar un violinista que interprete el Concierto para violín y orquesta de Beethoven, todo un reto diría yo. Y el premio ofrecido dentro del cuerpo de aquella comunicación, ascendía a 250 pesos.

*** Aquel año de 1937, el segundo en la vida de la joven Orquesta Sinfónica de la Universidad, el proyecto cultural universitario avanzaba con vigor y fue orientado al público popular, de ahí que la temporada haya ofrecido su primer concierto al aire libre, el 24 de enero en el hemiciclo Juventino Rosas del parque de Chapultepec, en el que se incluyeron obras de Felipe Villanueva y Ricardo Castro entre los autores mexicanos.

El segundo tuvo lugar el 10 de febrero en el Teatro del Pueblo, y un tercero se presentó en el Teatro al aire libre Lindbergh, del parque San Martín, e incluyó una obra de Julián Carrillo.
Luego vendría un ciclo de conciertos populares de la entonces sinfónica universitaria, entre junio y noviembre, efectuados en su sede oficial: el Anfiteatro Bolívar.

Un dato digno de mención es que durante la celebración de este ciclo habría de inaugurarse Radio Universidad, el 14 de junio de ese mismo, año de 1937, por demás significativo e icónico dentro de la historia de la cultura universitaria.

El primer concierto transmitido al aire por la radiodifusora universitaria, estuvo integrado por Fragmentos de Las bodas de Fígaro de Mozart, la Sinfonía Inconclusa de Schubert, y por los Preludios Sinfónicos de Franz Liszt. Desde esa fecha los conciertos oficiales de la orquesta, realizados desde su sede, habrían de ser transmitidos por Radio Universidad.

Los directores de aquellas temporadas fueron, José Rocabruna, y José F. Vásquez, titulares de la orquesta, y el primer director huésped de la agrupación, fue Manuel M. Ponce.***

Después de leer el documento con la grata sensación de avizorar un hecho en el que intervino mi padre, me quedé pensando en la cantidad de personas y de acciones de cada una de ellas, para que hoy, 77 años después, seamos nosotros quienes podamos constatar que su convocatoria significó un ladrillo de la gran catedral, y que desde la nada se inventaron una orquesta, una radiodifusora, y con ello, fuentes de trabajo que hoy siguen siendo parte del tejido social de la cultura en México. 

Sin duda, toda estructura creada al servicio de la cultura y en cualquier parte del mundo, más aún en México, es primordial para poner a salvo el éxtasis y la ternura, la pasión y la razón de ser de un colectivo espiritual necesitado de arte para poder sobrellevar un poco la realidad.
Porque tal vez el arte no cambie nada o muy poco, pero sí creo que cambie a los individuos. Una suerte de mutandis mutandi en favor de todos, y de esos todos que han de venir a ver todo lo que hicimos y dejamos de hacer.

"Por primera vez en la historia, la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano"...

Eso decía Erich Fromm, y cuando lo dijo había otra realidad y era otro tiempo, pero ya se ve que nada o muy poco se ha modificado en la necesidad incesante de cambio.
¿O será que la lucha entre luz e ignorancia sea tan natural como el vaivén del oleaje marino?
Eso tendría mucho sentido.

El documento es el número 22246; esto quiere decir que antes hubo 22245 hechos o iniciativas venidas de otras tantas ideas, individuales o colectivas, pero tal parece que siempre enfocadas desde el núcleo de Acción Social, hacia la difusión de la cultura.
¿En cuántas acciones como esta, habrá estado involucrado don José F. Vásquez?
¿En cuántas otras habrá alzado la voz o llevado la iniciativa?
¿Por cuántas más habrá tenido que luchar para que no murieran en un documento, en un anaquel, o en los pantanos de la burocracia?

Yo por mi parte celebro que haya encontrado los recovecos donde mana el universo y apetece soltar todas las amarras para imaginar, como imaginó, no sólo sus óperas o sus sinfonías y sus lieder, sino además las aulas y una orquesta que, como podemos ver, un año después de ser fundada se puso a buscar talento para continuar su proyecto.

Quizá sería bueno imaginar que nada nos necesita tanto como el bien inexistente que debemos generar en derredor.
Y que nada será igual si no estamos dispuestos a ser necesarios y dejaríamos perder una historia y con ella tal vez nuestro rostro, nuestro apellido y nuestra intención.
Y que acaso llegue a borrarse la nimia representación de lo que fuimos, y sea entonces que para siempre se haya perdido la partitura de lo felices que pudimos ser, y no quisimos, o no pudimos.
Porque todo es un sí, o un no.
Para que algo no pase a ser una brizna de la nada incrustada en la nada, y nada más que un punto en la geometría del peso muerto de la historia, que ya se sabe, se va llenando de pequeñas historias que fueron o que pudieron ser y no se lograron.

¿Alguien leerá lo que fuimos y lo que hicimos para serlo, dentro de 77 años?
Tal vez.

Y ojala nos miren con indulgencia y gratitud. Igual que hoy veo yo a todos esos obreros del idealismo como mi padre, porque aunque no lo recuerde ni lo reconozca, su orquesta vive y se nutre hacia el futuro.

¿Qué hará falta para que esa orquesta mire en su pasado con gratitud activa, y dispuesta a inventarse un remedio contra el olvido de uno de sus fundadores?
Que no se diga que esta generación quiso pero no pudo, o pudo pero no quiso.
Quizá todo dependa, como dijo Fromm, de un cambio radical del corazón humano...

-JJV-
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*** Extracto del libro: José F. Vásquez. Una voz que a los oídos llega - Gabriel Pareyón - 1996)
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La primera foto arriba a la izquierda, es una copia digitalizada de las bases del concurso de violín, convocado por el Departamento de Acción Social de la Universidad Nacional de México, encabezada entonces por el licenciado Salvador Azuela. 

La siguiente fotografía a la derecha muestra la imagen del maestro Manuel M. Ponce, primer director huésped en la historia de la Orquesta Sinfónica de la Universidad

A continuación se muestran dos aspectos, uno de la entrada al conjunto cultural sede del Teatro del Pueblo, y otro, moderno, del interior del teatro; sede del segundo concierto ofrecido por la OSU en su historia, el 10 de febrero de 1937.  

La primera imagen de la segunda fila, corresponde al Hemiciclo Juventino Rosas, en el parque de Chapultepec, lugar donde se presentó por primera vez la orquesta, el 24 de enero del mismo año de 1937, tal y como lo certifica la foto de la placa colocada en último lugar. 

Las últimas dos son una fotografía y un anuncio del Parque Lindbergh, inaugurado en 1927 con motivo de la visita del famoso aviador a la ciudad de México. 

Gloria

22 de febrero de 2014

23.

Hoy día 22 de febrero, Gloria Torres viuda de Vásquez, mi madre, hubiera cumplido 92 años, sin embargo el conteo de sus días se invirtió hace mucho. Así que nunca podré reproducir su imagen más allá de los casi 43 años que tenía cuando se fue. Y cada vez que me topo con la imagen de un violín, es muy fácil suspirar.

Sigo teniendo la sensación de que si ella viviera, aún hoy estaría haciendo gala de su osadía, de su buen humor, y muy probablemente seguiría cantando boleros de Federico Baena, su compañero en la cátedra del maestro Rocabruna, o de Agustín Lara, o de María Grever, con quien por cierto le unía un lejano parentesco paterno. Su disciplina del tarareo de canciones o de pasajes sinfónicos enfocados en el instrumento de su vida, era pertinaz y contagiosa.

En este momento la recuerdo frente al espejo de su coche, terminando el maquillaje matinal, con el tarareo de la Sinfonía Española de Lalo, que habría de tocar como solista por aquellos días, mientras yo miraba su destreza desde el asiento trasero de su Ford Fairlane Crown Victoria, 1956, una belleza de coche; mi preferido de todos cuantos pasaron por mi casa en aquella época feliz, porque su techo de cristal me permitía babosear el cielo.

Gloria fue una mujer audaz, dueña de un carácter, vital melodioso y efervescente. Su vida giró alrededor de la música y por lo que sé, desde niña se decidió por el violín. Muy joven ingresó al Conservatorio Nacional de Música, donde todos sus compañeros eran mayores que ella. Y tal parece que desde aquellos años, Gloria era capaz de echarse al bolsillo a cualquiera.

 También la recuerdo ensayando por su cuenta en casa mientras vigilaba a sus hijos. Una vez interrumpió su estudio y vino a poner paz entre nosotros, y para conseguirlo nos llevó con ella y nos sentó frente al atril para que diéramos nuestra opinión sobre un Mozart que hasta mucho tiempo después pude identificar. 

Por razones obvias, mis recuerdos más claros pertenecen a su etapa de viudez, en la que llevada por las circunstancias, multiplicó sus fuentes de trabajo. Por un lado, había sido liquidada de la Orquesta de la Universidad en cuanto murió mi padre, aunque continuó formando parte de la Orquesta de la Ópera, y recuerdo haberla visto in situ, sentado yo detrás de los contrabajos, durante el desarrollo del Ballet Coppelia de Delibes. Y hasta que cayó enferma y mientras tuvo fuerzas, siguió tocando con el Cuarteto Clásico de la ciudad de México, en huesos, como ella decía, que salían en misas o pequeños conciertos de cámara.  

Pero su actividad violinística saltó barreras como un imperativo de la situación, hasta convertirla en una todoterreno que llegó a incursionar en orquestas como la de Chucho Ferrer o Chucho Zarzosa, de ahí la oportunidad que tuvo de acompañar a figuras tan populares como Toña la Negra, Pedro Vargas o Lucho Gatica, y a estrellas del jazz que por entonces visitaron el país, como Nat King Cole o Eartha Kitt por citar dos nombres que hoy recuerdo. Alguna vez la vimos en la tele dentro de una de esas orquestas y mi hermana María Rosa preguntó por qué su mamá salía en la tele...  

Pero en esos tres años que ella sobrevivió a su marido, Gloria no fue sólo la viuda de Vásquez, sino la violinista Gloria Torres, capaz de incursionar en grabaciones de la balada popular de la época, con  cantantes como Enrique Guzmán o Ricardo Roca, ¿recuerdan el solo de violín de, "Granito de arena?... Seguramente los jóvenes no; han pasado muchos años... Demasiados.

Gloria fue feliz y yo mirando que lo era. Sin embargo, un día me fijé en una cicatriz que tenía, como cualquier violinista, debajo de la mandíbula izquierda. Una mácula que me impresionó y que me parecía fuera de lugar, ilógica para el rostro de una mujer hermosa y más porque era mi madre.  

―No te preocupes hijo; no me duele, al contrario. Es un callo que me ha salido como consecuencia de mi trabajo, y me encanta.
―Pero se ve feo...
La risa de mi madre era muy contagiosa y en ese momento se me grabó para siempre.
―Mira hijo, cuando seas grande, un día te vas acordar de esto. Escúchame bien... Hace muchos años decidí tocar el violín, más o menos a tu edad, y desde entonces fui feliz. Y como recordatorio de lo que me hace feliz y me ha costado mucho esfuerzo, mi cuerpo inventó este callo. Así que no importa si se ve feo; yo sé lo que significa y por eso lo veo muy pero muy bonito... 
Y claro, desde entonces dejé de pensar en eso y en que se veía feo... 

Porque sí, ella fue feliz en todos esos territorios desconocidos, y ojalá esto hubiera aligerado su responsabilidad en solitario, pero lo hizo menos de lo que todos hubiéramos querido. Y no fue hasta después de que se marchara, cuando una tarde, frente a su abandonado violín,  supe por qué sus tarareos habían ido desapareciendo poco a poco de nuestra casa. 

Ella habría de enfermar de modo súbito e irremediable a mediados de 1964, y partió  el jueves 14 de enero de 1965.

Con mi madre yo aprendí que la pereza, enferma, que el miedo, mata, y que lo hacen de modo inexorable y con una lentitud que engaña. Asimismo comprendí que conviene no dejar nada por hacer en una próxima vez que, ya se sabe, puede no repetirse, porque el valor de una excepción como es cualquier vida, solamente se explica con verbos de acción.

Viene a mi mente una anécdota que creo yo la pinta como era. Alegre y jovial, decidida y con prisa por vivir. Vivir a toda máquina, y su valentía le ayudó a cumplir sus deseos como cuando se ponía al volante del Ford. 

-Manejas como un hombre... -le dijo alguna vez su mejor amiga, y todos nos reímos. Yo el primero, imaginándola con pantalón y corbata, como mi padre, y al igual que él, fumando un puro. Gloria le había contado a su amiga, que  acababa de ganar a Pepe, (mi padre) lanzando una moneda al aire. El perdedor de aquella apuesta se llevaría a los niños en avión, en el primer vuelo de su vida a Acapulco. El ganador, en este caso la feliz narradora de la anécdota, se iría en el coche, para luego regresar todos juntos. No me pregunten ustedes los porqués de tal diseño de vacaciones, pero así fue. Por lo que Gloria hizo el trayecto carretero, sola, y según contó, repasando mentalmente la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, una de sus favoritas. -Así la carretera te la comes en dos patadas- Una expresión muy suya que luego remataba con una carcajada.

En el camino de regreso vio un viejo tronco erosionado por el viento o por el mar, o por la vida que en aquel paraje nos contempló felices yendo de vuelta a casa, y no obstante la oposición de mi padre, Gloria consiguió que entre todos subiéramos el tronco al Ford Fairlane Crown Victoria, porque ella había decidido usarlo como base de una mesa de centro que con un grueso cristal encima, pasó a ser una pieza consentida en la decoración de nuestra casa. Ese día, la resistencia de don José F. Vásquez se esfumó en el instante en que Gloria le dio un besito y le guiñó el ojo.

La historia de la mesa fue contada varias veces a los amigos que nos visitaron y al menos la cantante Luz Nardi quiso cambiarla por uno de sus óleos. Mi madre se opuso pero al final, su pintura "Las Sílfides" terminó colgada en esa misma sala, a un lado del pleyel de caoba traído desde Francia. 

Hoy todos esos objetos itinerados por el tiempo, son fragmentos de un mosaico amorfo detrás de la vida de una familia. Y es difícil saber cuál fue su destino pero ninguno se conservó. Ni la casa, ni la mesa, ni el Ford. Ni siquiera la vieja película en 16mm que todos juntos vimos una tarde para evocar aquel viaje, en la pantalla nacarada del proyector Bell & Howell traído de Nueva York por mi padre, quizá con la idea de preservar en la memoria los chapoteos familiares en la playa de Caleta, las penalidades para mover el tronco, que sin la ayuda de un campesino local hubiera sido imposible subir al coche; o a Gloria, recostada en un camastro bajo el ala de un gran sombrero de paja y bebiendo un coco recién cortado. 

Y a pesar de que todo eso ocurrió detrás del olvido, parece que no sucedió. Porque no existe si la oralidad no es capaz de labrar su rescate de algún modo.

No es difícil explicar por qué nada fue conservado. Y es que los significados de la vivencia de unos en los ojos de otros, son demasiado dispares, y el desafecto y la deslealtad seguirán siendo materias de reflexión histórica. Porque los objetos de valor cambian de mano como las monedas, pero el resto, que es la esencia de la aventura humana,  es injusto que termine siendo pasto de algún bazar. Como pasó con dos partituras de mi padre.

Sin embargo lo más valioso se conserva. 

Y en mi calidad de último actor de esa antigua filmación en Acapulco, estoy aquí para mover el eco y las sombras, hoy recordando a una mujer que hubiera cumplido años ayer. Que le dio dos hijos a José F. Vásquez, y que repasaba a Shostakóvich al volante de su coche, mientras devoraba una carretera que un día la llevó a Acapulco, y a su destino.

Pero, ¿cómo hubiese sido en su vejez?
Como yo no nunca me he sentido capaz de imaginarla con 92 años de edad, me ha entrado la curiosidad de observar a los ancianos mayores. Y por fortuna ayer recordé un fragmento de uno de los cuentos de Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta, que leí hace muchos años, pero que hoy ha vuelto a la memoria por fortuna justo a tiempo, para sacarme del atolladero:

"Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos - le dijo -. Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo. Quién sabe lo que habrá que enfrentar allá"

-JJV-

En las imágenes superiores aparece la maestra Gloria Margarita Torres González, (22 de febrero de 1922 - 14 de enero de 1965) y un coche Ford Fairlane Crown Victoria de 1956, citado en el relato. 

La última imagen a al izquierda muestra el programa del 28 de agosto de 1949, cuando Gloria fue la solista de la Sinfonía Española para violín y orquesta de Lalo, acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Universidad, bajo la dirección de su marido, José F. Vásquez.  

En el prólogo de lo que somos

2 de marzo de 2014

24.

De vuelta de una de mis exploraciones a través del túnel del tiempo, gracias a otro documento muy relacionado por cierto, con el compartido aquí hace dos semanas.

En este caso se trata de un artículo escrito en inglés que nos presenta su crónica enfocada en un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad bajo la batuta de José F. Vásquez, y esto de la batuta es un decir, puesto que mi padre prefería usar las manos a la hora de capitanear su nave.

El documento aparece sin datar, no obstante es sencillo saber que fue escrito en 1940, dentro de la celebración del Festival Tchaikovsky, creado a propósito del centenario del natalicio del genio nacido en la pequeña ciudad de Vótkinsk, en tiempos de la Rusia Imperial.

El texto dice que el director de la orquesta del concierto (primero de dos), "justly popular and well loved José F. Vásquez, whose warmly sympathetic rendering of the scores, evoked a genuinely sincere and enthusiastic response" (el muy popular y amado José F Vásquez, cuya cálida comprensión de las partituras, evocó una respuesta genuinamente sincera y entusiasta).

Eso de los adjetivos cariñosos, como su hijo, me gusta, pero en la distancia de melómano curioso me proporciona, según creo, nuevas pistas del músico.
Más adelante el texto señala que sería difícil encontrar un mejor director de Tchaikowsky, dando a continuación datos muy someros, tanto de su biografía musical como de su obra hasta esa fecha.

El programa de aquel concierto nos es revelado a continuación, y gracias a esto podemos enterarnos que se integró con la Obertura Romeo y Julieta, la Sinfonía No. 5 en mi menor, y el Concierto para violín y orquesta en re mayor.
Todo un banquete, diría yo.
Y aunque el orden debió cerrar con la sinfonía, el artículo deja al final el relato del concierto de violín, "played admirably by Benjamín Cuervo, a young artist, student of José Rocabruna.  "Cuervo was the soloist as winner of third violin competition established by Vásquez" (Cuervo fue el solista como ganador de la concurso de violín establecido por Vásquez)

Gracias a este nuevo hallazgo, podemos afirmar que la convocatoria del concurso de violín de los 250 pesos de premio, de la que di cuenta aquí mismo hace un par de semanas, al menos tuvo tres años de vida, y que al igual que en 1937, en ese año de 1940 cumplió su cometido proporcionando a una orquesta con pocos recursos, un digno solista que al menos por esta crónica, triunfó.
Y al hacerlo hizo triunfar nuevamente una idea y a todo el esfuerzo conjunto de dos instituciones universitarias, la entonces OSU, y la entonces ENM, en su labor de no sólo educar sino además de promover el nuevo talento mexicano.

La verdad ignoro si la hoy OFUNAM y la hoy Facultad de Música tengan algún plan similar, pero me parecería magnífico que lo hicieran, y no sólo con los violinistas, por supuesto, pues los jóvenes talentosos, creo yo, abundan en toda disciplina, y parte de la responsabilidad de cada generación es esa, dando salida a través de concursos que vinculen al gran desconocido con el escaparate, y en esto, también, nuestra querida universidad tiene en la Sala Neza, el mejor escenario posible.

Volviendo sobre la reflexión provocada por el anciano documento de 74 años de edad, es justo mencionar el éxito de la relación personal respetuosa y propositiva de mi padre con el maestro Rocabruna, por un lado compartiendo la dirección de la orquesta durante 21 años, algo bastante difícil, creo yo, y que habla de la madurez de ambos y de su prioritario amor por la música y por la universidad.

Una dupla exitosa frente a los embates anti universitarios que amenazaron con obstinación la existencia de la orquesta, pero que se sostuvo hasta la muerte de ese gran violinista catalán, compañero de atril de Pau Casals, y formador de violinistas de renombre como: Daniel Ayala, Federico Baena, Benjamín Cuervo, Armando Montiel, Salvador Pérez Márquez, Silvestre Revueltas, Luis Sandi, Ezequiel Sierra, Lauro Urangas y Gloria Torres, mi madre. 

La crónica, hoy enferma de amarillo, sigue relatando los aspectos biográficos del compositor ruso, con la intervención del compositor y musicólogo español don Jesús Bal y Gay. Y acaba con el anuncio del siguiente programa dentro de la misma pauta, sólo que con el ganador del concurso de piano: Carlos Rivero. 

Me llama la atención el dato anterior que nos habla del énfasis didáctico de los conciertos de la agrupación universitaria, enfocada mayormente en los jóvenes que acudían al Anfiteatro Bolívar a escuchar la orquesta de su alma mater.
¿Habrá sido este otro rasgo ideológico del director de la OSU? 

Parece que gracias a la crónica del crítico norteamericano, (pero nacido en Monterrey) Charles Poore, quien por casi 40 años trabajó para el NY Times, se nos han revelado informaciones útiles para la reconstrucción del personaje.

Qué útil es poder conocer elementos de la fórmula que sostuvo a una orquesta en pie durante sus primeros 25 años y contracorriente, y hacerlo asomados detrás de un puñado de letras como testigo de acciones emprendidas casi sin recursos para conseguirlo; y que hoy, a ojos de este mundo tan materializado pueden parecer solamente cicatrices indescifrables o recetas anticuadas.

Sin embargo, son el testimonio que nos permite sentir el material que construyó los basamentos estructurales de la hoy OFUNAM. Y esto debe no solo ser de utilidad para quienes hoy llevan su timón, sino que también deben alegrarnos a todos quienes hemos visto etapas de su trayectoria, jamás exenta de sinuosidades.

A mí me alegra mucho el saber.
Me alegra mucho el saber más.
Pero me alegra mucho saber más de mi padre.

Porque no sólo ha inspirado mi vida el rescate de su obra tan olvidada, sino que también  por estas pruebas documentales puedo ver cómo pensó, como deseó, cómo hizo, y puedo entonces intuir que a partir de una idea, en plena inexistencia y sin muchas expectativas personales, se puede construir un mundo futuro.

Y me han de perdonar pero me emociona sentir el contraste de aquellos años, al ver hoy la consecuencia viva y magnífica de sus esfuerzos y de muchos otros universitarios que han seguido el rastro aquel, aunque aquejados de amnesia 

A propósito de concursos, me acabo de enterar de la existencia del Premio Internacional de Dirección de Orquesta OFUNAM, y de nuevo tengo una sentimiento paradójico. 

Por un lado, como melómano confeso me alegro y mucho.  

Por el otro, pienso en voz alta:

¿No será posible que dentro de alguno de estos concursos se pudiera iniciar el rescate de la memoria de su fundador, y antiguo organizador de concursos, similares, pero hace 77 años?

¿Será mucho pedir que alguno de los concursos, bien de composición o de dirección, llevara el nombre del fundador de la orquesta, y compositor de casi 200 partituras entre óperas, sinfonías, conciertos para piano y para violin, misas, cantatas, lieder y un largo etcétera?
¿No será posible, por útil, por edificante y por lógico, reintegrar esos primeros cinco lustros de la orquesta, a la realidad presente y a la liturgia oficial?

Pues como dijo Shakespeare, "El pasado es un prólogo", y de acuerdo a la intrahistoria de la institución, aquella etapa romántica, diría yo, fue una empresa enfrentada a todo tipo de adversidades y por tanto un orgullo para el presente, pero además, fue el prólogo más digo para una orquesta como la OFUNAM. 

Su pleno reconocimiento y su reivindicación, abrirían una grieta más a la luz que come sombra, y de esa forma, tal vez sería posible escuchar mejor la voz cabal del espíritu que ya desde entonces, hablaba por esta raza. 

-JJV-

Arriba a la izquierda, José F. Vásquez aparece dirigiendo el Concierto para piano y orquesta No. 1 de Tchaikovsky, con Carlos Rivero, ganador del Concurso para piano de la OSU, como solista. En la imagen derecha podemos ver la crónica en inglés de Charles Poore, crítico musical del NY Times. 

En aquel hoy lejano año de 1940, José F. Vásquez se presentó el domingo 26 de mayo en el Palacio de Bellas Artes, dirigiendo el Concierto en Do mayor para dos pianos y orquesta de Bach. Los solistas fueron: György Sándor ( de quien corresponde la fotografía superior de la izquierda) y Esther Pallares.


Wolfie y la fe

9 de marzo de 2014

25. 

Hoy les cuento que mi nuevo descubrimiento documental me ha permitido expandir el conocimiento de mi apego por la obra de Mozart. Algo nada raro entre melómanos, lo sé, e incluso algo frecuente entre personas que nunca han escuchado una obra completa de él, pero que sin embargo son capaces de tararear frases de la Pequeña Serenata (K 525), por poner un ejemplo asombroso de lo que ocurre con la música de Wolfie.

Con esto en la cabeza y tras leer y releer varias veces este nuevo hallazgo relacionado con mi padre, con mi madre, y con Wolfie, he terminado con una sonrisa muy amplia, pues puedo intuir con el sabor de la certeza, que antes de nacer y estando ya en el vientre materno, las notas mozartianas tuvieron ya mi preferencia entre todo ese desfile de conciertos, ensayos, clases, reuniones musicales, audiciones por la radio, grabaciones y quién sabe cuántos medios más, que a través de los oídos de Gloria llegaron hasta los míos.

Hace unos años, seguramente me hubiesen tildado de chiflado si yo hubiera puesto sobre la mesa tal hipótesis, pero hoy, gracias al avance de la ciencia, mi teoría se avala en pruebas de que la información genética nos ha ido revelando rasgos fundamentales de cómo somos, de por qué somos, y quizá pronto tengamos respuestas parecidas a la hora de preguntarnos: para qué somos como somos, y cómo es que hemos llegado a ser lo que somos, con esa marca registrada.

De vuelta con mis padres y con Wolfie, miro el documento, echo mano de la lupa digital y releo el artículo:

"Ante una enorme cantidad de público que invadía escaleras, pasillos y cuanto lugar permitía la permanencia en el Anfiteatro Bolívar, se verificó el Segundo Festival Mozart, organizado por la Dirección de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, para conmemorar el 150 aniversario de la muerte del célebre compositor salzburgués: festival que debe considerarse con justicia, como el suceso artístico más importante del año en nuestro medio, si se tienen en cuenta los factores que en él concurrieron"...

Con este primer párrafo, podemos concluir que el artículo fue datado en 1941. Y que por lo tanto la orquesta universitaria cumplía 5 años desde su fundación. Que el entusiasmo del joven público universitario fue capaz de atiborrar no sólo la hermosa butaquería del foro, sino también todo espacio capaz de prestar ayuda a la necesidad que aquellos jóvenes de entonces, sentían por la música y acaso en especial por Mozart.

Asimismo, en este inicio de crónica, el escribiente nos deja ver la condescendencia de las autoridades frente a tal entusiasmo del público, a razón, supongo, de considerar a la transmisión de la cultura como prioritaria sobre otros factores.

A continuación el relato nos señala que el programa estuvo integrado por la Sinfonía No. 39 en mi bemol (K 543), La Serenata (o Divertimento) para cuerdas (K 136). el Concierto para dos pianos (K 365), y la Obertura de La Flauta Mágica (K 620). Cuatro de las gemas de la obra mozartiana.

Al seguir nos ofrece una elogiosa visión de la actuación de la orquesta que me serviría para pulir un poco el ego de la familia, no obstante prefiero reservar tal ejercicio, enfocándome en el siguiente párrafo:

"En estas condiciones, no obstante el mérito indiscutible del maestro Vásquez, (el apellido correctamente escrito, por cierto, no así en el pie de la foto) y las inolvidables interpretaciones a que nos tiene acostumbrados, nos encaminamos al Anfiteatro Bolívar con cierto temor, pues no es un secreto que por las circunstancias económicas con que esta orquesta vive, no todos sus ejecutantes son de primer orden, pero, una vez más, Vásquez realizó el milagro. Bastó observar en su semblante esa tranquilidad que sólo da la fe total en sí mismo y en su orquesta y en los primeros compases de la Sinfonía, para que nos la transmitiera, conduciéndonos después con la magia de su dirección a ese mundo ideal en que se expresa la música mozartiana..."

El cronista hace luego hincapié en las características y dificultades de cada uno de los movimientos de la obra, para decir que en la Serenata, "Vásquez se superó a sí mismo, obteniendo una interpretación UNICA (sic)" Y sigue y nos habla del prolongado aplauso recibido al final.

Menciona además que en ese mismo plano de superación se interpretó el Concierto para dos pianos, con los maestros Carlos del Castillo (bisabuelo de Alberto Ángel, el Cuervo y un músico notable, también olvidado) y José María Luján como solistas.

José María Sosa, firmante del artículo, establece hacia el final de su reseña que esa noche mi padre dirigió todo el concierto de memoria y que bajo su visión, "este director no sólo debe ser un orgullo para todo mexicano, sino que debemos considerarlo como uno de los grandes directores de América", señalando su personalidad de altura, a la hora de interpretar desde Wagner hasta el susodicho Mozart.

Y se cierra lo visible de mi hallazgo, con la mención de la intervención final in situ del eminente crítico musical argentino, Don Mariano Antonio Barrenechea quien terminó de ilustrar al público sobre la figura de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart​:
dato que confirma la preocupación didáctica alrededor de esta orquesta de universitarios para universitarios.

Qué bueno hubiera sido recuperar y reconstruir el resto del documento para obtener más información útil que nos permitiera empatizar, un poco más, con sus letras dirigidas al concierto de aquella orquesta de aquella noche con aquél director que fue mi padre, y que como ya se ve, me hizo heredar su serena adoración por Wolfie.

De todo lo anterior destaco la referencia plasmada en la crónica, y por tanto una realidad del conocimiento público, sobre las dificultades económicas sufridas por la orquesta por aquel entonces, como ya he dicho aquí. Aquellos primeros 25 años de empeños al máximo para evitar su desaparición, que hoy merecen una justa reivindicación y el rescate de su memoria, junto con la obra musical de aquél director de aquella noche, quien desde ese lejano año de 1941, siguió encabezando la resistencia contra la muerte de lo que hoy es la OFUNAM.

Si creemos en las palabras de Gandhi cuando dijo que "El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino", podemos establecer que Vásquez tuvo entonces éxito en su prolongado cometido al igual que su orquesta (y perdonen ustedes el posesivo).
No obstante la ecuación cambia en el presente, porque todo mundo conoce el éxito actual de la orquesta, (a pesar de todo) pero nadie o casi nadie, incluyendo la mayoría de los instrumentistas de la agrupación, sabe quién fue José F. Vásquez; qué hizo, cómo lo hizo, por qué lo hizo, y para qué hizo lo que hizo.

Tal vez ni siquiera se han puesto a pensar por qué les gusta y para qué tocan la música de Mozart, (solemos hacer cosas sin saber por qué) tanto como lo hizo aquél director de aquella noche. Y se fían del árido texto del programa de mano actual, donde la amnesia del amanuense se ahorra 25 años de historia por dictamen, por ignorancia o por falta de empatía con quienes crearon su fuente de trabajo, en aquellos años asomados aquí, en una crónica similar a las que hoy son vertidas sobre los protagonistas del presente.

¿Ya vieron la foto de José F. Vásquez en el artículo?

Creo que el señor Sosa fue un buen observador de la gestualidad humana, amén de conocedor de la música, pues me parece que su descripción del director de aquella noche, fue acertada:"Bastó observar en su semblante esa tranquilidad que sólo da la fe total en sí mismo y en su orquesta"...

Gracias, señor Sosa. Ya se ve que don José F. tuvo una fe total en sí mismo, pero no contó con los estragos que hace el olvido en quienes no tienen la misma fe en lo que dio origen a su realidad presente.

Un asunto de desmemoria que tal vez pronto la ciencia corrija, logrando que las orquestas hereden la gratitud por información genética, mientras ejecutan la amada obra de Mozart. 

-JJV-


La primera imagen más abajo, nos enseña la reconstrucción del artículo periodístico: Un Mozart extraordinario, firmado en 1941 por José María Sosa, dando cuenta de su relato de uno de los conciertos del Segundo Festival Mozart, ofrecido por la OSU en el Anfiteatro Bolívar.

Al final de ese mismo año de 1941, cuando la guerra en Europa parecía una causa perdida para los aliados, el 4 de diciembre, en el Palacio de Bellas Artes, José F. Vásquez presentó un programa enfocado en la obra de autores judíos perseguidos por el Tercer Reich. En aquel momento, uno de ellos, Antoni Szalowski, vivía escondido en algún lugar de la Varsovia ocupada; el otro, Julius Chajes, acababa de exiliarse en los Estados Unidos, tras huir de la Viena anexionada por Hitler en 1938.

Así se anunció este programa extraordinario fuera de temporada: 

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Antoni Szalowski: Obertura para orquesta sinfónica (1936) * / Julius Chajes: Salmo para coro y orquesta* Coro Bach *Estreno en México.

A continuación se muestran fotografías de Antoni Szalowski y Julius Chajes respectivamente.

La última es la reproducción de un anuncio de la Temporada de 1956, de la Orquesta Sinfónica de la Universidad que muestra una vez más la celebración del Festival conmemorativo de Wolfgang Amadeus Mozart.

La Creación de Haydn según Vásquez 

16 de marzo de 2014

26.

Buscar y rebuscar a través del túnel del tiempo, entre los vericuetos y falsos biombos que la desmemoria va colocando por costumbre y por inacción, a causa de la ignorancia, (raíz de todos los males, decía Buda) siempre ofrece dividendos, algunos muy interesantes.

El documento del mundo amarillento que hoy comparto, vuelve a encomiar los esfuerzos ocurridos durante los primeros años de la hoy OFUNAM, reitera el éxito del proyecto iniciado en julio de 1936 con su fundación, y nos refresca el escenario de uno de los conciertos de 1938, dedicado a La Creación de Franz Joseph Haydn, uno de los ejemplos favoritos de mi padre, como músico y como hombre.

La primera sorpresa del texto es el nombre de quien lo firma: Antonio Gomezanda, (1894-1961) un pianista y músico en general de gran importancia en la docencia y en la composición, injustamente colocado detrás de uno de esos biombos del olvido, y al señalar esto me vienen a la mente otros ejemplos de abandono, indignos de un país como México, pues la obra de músicos como José Rolón (1883-1945), Arnulfo Miramontes (1882-1960), Miguel Bernal Jiménez (1910-1956) Salvador Contreras (1910-1982) Daniel Ayala (1906-1975), por citar los que me han venido a la mente, debieran formar parte con asiduidad del repertorio de nuestras orquestas, y no solo aparecer de vez en cuando en programas del mes de septiembre, gracias a una racha de patriotismo superficial de marketing; lo dicho antes: por costumbre.

En su relato, el maestro Gomezanda nos dice al inicio que "en los momentos en que los hombres de toda la Tierra tratan de hacer surgir un mundo nuevo a la fuerza de inquietudes y dolores, sacrificando millares de seres humanos con la esperanza de que surja una nueva luz, aunque esta sea roja, por la sangre que se ha derramado"... 

Gomezanda refleja el sentimiento de un artista en ese año de 1938, frente al desarrollo de la Guerra Civil Española, y de cara a la inminencia de otra gran guerra. Luego nos describe el significado que para él tiene la obra y la oportunidad de su presentación en el Anfiteatro Bolívar, catalogando como proeza el esfuerzo de la Universidad y de José F. Vásquez, para presentarla ante su público, quizá pensando en el valor de la música como refugio contra la realidad en derredor, "mientras la barbarie destruye, un valiente grupo de artistas mexicanos nos presenta la genial obra de Haydn"...

Nuestro cómplice relator sigue y nos desvela aspectos biográficos del autor, elogiando la persistencia de su alegría frente a las miserias del inicio de su carrera. Un rasgo de carácter compartido en el que por fortuna creyó mi padre por largo tiempo.

Después el maestro Gomezanda describe y analiza el transcurso del concierto y hasta comparte un chiste muy mexicano, para reforzar su tesis a favor de la alegría... "y es que tiene que ser alegre el mundo creado por un anciano que hace cantar a los pájaros con los ángeles, las nubes, las aguas de los mares, y las voces amorosas de la pareja original"

Luego de leerlo, yo diría que Gomezanda manifiesta su humanidad como reflejo de su espíritu creador, señalando además la importancia de la alegría como la fuerza motriz fundamental del quehacer humano. Y es entonces que lo vuelvo a imaginar riendo, porque es así como lo recuerdo en mitad de una charla con mi padre.

Quizá sea cierto que los biógrafos suelen descubrir en los escritos del investigado, el color de su alma y el tempo predominante de su andadura.
Hoy en mi feliz abuelidad descubro la alegría de un hombre y me dejo contagiar a través de sus letras.
La sorpresa me sirve, me nutre y me da un poco más de luz de lo que fue un mundo en guerra, y del milagro que la música obra en la fugacidad humana que, ya se ve, no termina de crecer más que su barbarie.
Por tanto termino con una sonrisa por haber buscado y hallado con éxito, sorpresa incluida, un poco más de luz comiendo sombra, en favor del trabajo de aquellos primeros guerrilleros del prólogo de los primeros 25 años de una orquesta.

Gomezanda nos deja un apunte enfocado en la guerra en España, que brilla sobre todo lo demás, creo yo: 

"Mientras la barbarie destruye, un valiente grupo de artistas mexicanos nos presenta la obra genial de Haydn, concebida hace dos siglos, pero siempre oportuna y fragante, construyendo un mundo con sonidos que cantan la gloria de Dios" 

En referencia a Papá Haydn, don Antonio nos dice: "de origen humilde, siendo croata, por su educación también es austríaco, alemán y magyar: hoy es universal... Nació con el don divino de la alegría..."  

Y parece que todos estos hallazgos dependen de la alegría ingénita de la curiosidad como hipótesis. De la voluntad como herramienta de búsqueda para que la sorpresa irrumpa al servicio de la felicidad. Pero también de una amoroso rigor, diría yo, en favor del abatimiento de biombos mentales y aprendizajes sesgados, para con ello curar un poco la miopía de tantos años de desmemoria; falsa frontera que separa lo que fuimos antes de ser lo que hoy somos, y del camino hacia lo que merecemos ser cada uno, como partículas elementales del amor a la cultura.

Quién sabe, a lo mejor pronto podría haber una sorpresa que permita a los pájaros cantar con los ángeles, o escuchar la obra musical de los que apenas asoman con un nombre y con un apellido, y que tal vez igual que José F. Vásquez, hayan acaso firmado sus partituras con una declaración de alegría, como lo hizo él.
Pues cada vez que veo cualesquiera de ellas, me alegra leer al final su lema: Crear, amar.

Escrito con su puño y letra, junto a su firma.
Por eso lo veo feliz detrás de mis averiguaciones, en apariencia poco útiles e inefectivas. Pero es que en palabras de Sancho Panza, "Que no nos quiten la gloria del intento"...
Y en esas ando.
Y en esas sigo.
Lo demás lo pongo en manos de la sorpresa y así me busco. Porque la curiosidad no mató al gato; lo hizo evolucionar...

Con un poco de suerte y mucha curiosidad, me completo a mí mismo, cuando menos me lo espere.

-JJV-
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Rabindranath Tagore: "La vida es la constante sorpresa de saber que existo"

Las imágenes corresponden, a la izquierda, la crónica en prensa de marzo de 1938, "La creación del mundo", y a la derecha la fotografía de su autor, un joven maestro Antonio Gomezanda. (3 de septiembre de 1894, Lagos de Moreno, México - 24 de marzo de 1961, Ciudad de México, México) 

El riesgo de la gratitud ajena

23 de marzo de 2014

27.

"El admirable caso del maestro José F. Vázquez"...
Y no obstante estar mal escrito el apellido, usando doble zeta, este titular me ha hecho pensar muchísimo en el poder que suelen tener los presagios fallidos.
A ver si también alguien más vislumbra esto que alcanzo a ver en el contenido de este artículo venido del mundo amarillo del prólogo de lo que somos, la OFUNAM incluida.

"Cuando llegue el momento de hacer balance de la labor desarrollada por el Departamento de Acción Social de la Universidad Autónoma de México, en los últimos dos años, en el sentido de fomentar la buena música y propagar el gusto por ella entre los estudiantes y entre ciertos sectores del público en general, el "Haber" de la Universidad resultará en verdad considerable. Por entre todos los aspectos meritorios de esta labor, destacará uno que deberá llenar a los funcionarios de la Casa de Estudios no sólo con satisfacción sino con legítimo orgullo. Es el caso del maestro José F. Vásquez"

Qué arriesgado es escribir sobre la gratitud ajena, creo yo, y es que con su vaticinio promisorio para mi padre, este musicólogo del pasado hoy convertido en uno más de los fantasma del presente, se atrevió a desafiar la tenaz labor del olvido humano con su testimonio in situ; un atrevimiento fallido, ahora lo sabemos, porque todos olvidamos, es verdad; sin embargo la memoria de una institución debiera ser una prioridad tan importante como en su momento fue para aquella orquesta, el fomento y la propagación de la buena música. Tal vez estemos conviviendo aún con la tercera o cuarta generación de frutos de aquella siembra.

Si volvemos al texto sin datar que probablemente vio luz en 1944, pero del que no puedo ofrecer el nombre del autor, podemos palpar su conocimiento del medio musical de aquellos años y su júbilo ante el entusiasmo del público juvenil que colmaba el Anfiteatro Bolívar, tan desacostumbrado entonces.

"Por toda una serie de causas y circunstancias, que no es el lugar para analizar en detalle y que son inherentes al medio psicológico en el que desarrollan las actividades musicales en esta ciudad, la presencia del destacado talento de José F. Vásquez, en el arte de la dirección de orquestas sinfónicas, pasaba totalmente inadvertida, sino de parte de los músicos por lo menos de parte del público. De vez en cuando, en alguna audición ocasional de alumnos, subía el maestro Vásquez al podio para dirigir una pequeña orquesta encargada de acompañar al sustentante en la ejecución de una obra para piano y orquesta. En semejantes ocasiones se daba uno desde luego cuenta que no solo era el señor Vásquez un consumado maestro en el arte de acompañar, presto a adivinar al vuelo las intenciones del ejecutante y adaptar instantáneamente a su conjunto de instrumentistas a los deseos del solista, sino de algo más: que en los pasajes puramente orquestales de las respectivas obras, este director hacía a sus músicos tocar no a base de rutina sino inyectándoles inusitado entusiasmo y juvenil frescura de conceptos. Ya entonces notaba uno en este director una admirable técnica muy suya, una perfecta cuadratura estética de movimiento y gesto, excepcional precisión rítmica y, sobre todo, un excepcional don de detallar y matizar, sin dejar sin dejar por un solo momento de vista la imagen de la obra interpretada como cosa integral".     

A lo largo de su artículo nos describe la exitosa labor del entonces director de la Sinfónica de la Universidad, a quien augura no sólo la continuidad de tales resultados en el podio, sino el reconocimiento de la propia universidad. 

¿Qué pensaría hoy aquél buen hombre, si pudiera ver lo los efectos del olvido sobre el nombre y sobre la obra del elogiado director que por esos años tantos aplaudieron conmovidos y emocionados?

¿Creerían hoy aquellos jóvenes de entonces, el estado de marginalidad actual en el que se mantiene al director que les ayudó a descubrir la buena música?
Me vienen a la mente preguntas varias, pero todas son ideas tributarias en contra de la desmemoria que resiste, y a tal punto todas quedan en la esencia de cualquier interrogación: ¿Por qué?

Pero hay otro párrafo perturbador, diría yo...

"El honor y la satisfacción de brindarle al maestro Vásquez esta oportunidad (refiriendo su nombramiento para fundar la OSU) le tocó a la Universidad. Fue ella la que "descubrió" a este director, del que, en vista de lo ya realizado por él en la serie de conciertos históricos de música sinfónica, que se van realizando bajo los auspicios de la misma Universidad, afirmamos que junto con Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, forma actualmente la Trinidad de representativos directores de orquesta en México"

Una afirmación subjetiva; como todo; sin embargo calificada y sustentada en la observación desde la trinchera de la crítica musical, pues a continuación nuestro cómplice y testigo presencial, enumera actuaciones de don José F., dirigiendo Wagner, Schumann, Beethoven o Lizt. Y en otras crónicas compartidas aquí mismo, hemos leído textos en el mismo sentido pero enfocadas en conciertos con obras mexicanas, o de Mozart, Haendel o Tchaikovsky por citar los últimos ejemplos.

Al menos podemos concluir que ese músico que fue mi padre, fue un buen director de orquesta. Que fue uno de los compositores sinfónicos y operísticos más prolíficos de la primera mitad del Siglo XX, a la vez que un gestor incansable de la música dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México, y un docente innovador y reconocido. Y que de aquella Trinidad de directores más importantes del México de la primera mitad del Siglo XX, es el único desaparecido detrás de un olvido demasiado desproporcionado si se le quiere ver como accidental.

Aunque el caso Vásquez autentifica la segunda acepción que según la RAE tiene el adjetivo Admirable: Que causa admiración... o sorpresa. Porque sorpresa sí causa.  

El repaso anterior parece pertinente para elaborar otras preguntas, casi en recitativo, y con respuesta:

¿Existe alguna escuela oficial o universitaria que lleve su nombre?... No.

¿Exista una orquesta oficial o universitaria que se llame José F. Vásquez?... No

¿Existe alguna sala o recinto, al menos un aula universitaria donde con su nombre se le recuerde con gratitud por sus casi 40 años al servicio de organismos musicales dentro de la UNAM?... No.

¿Hay alguna agrupación orquestal de cámara o algún coro o ensamble con su nombre?... No.

¿Hay algún premio de dirección orquestal, composición o docencia, dentro de la UNAM, que conmemore su labor?... No.

En su calidad de fundador y universitario ilustre, ¿se programa con regularidad alguna de sus casi 200 partituras, dentro de alguna de las agrupaciones universitarias?... No.

¿Hay interés en que lo hagan, al menos por curiosidad y fidelidad universitaria?... No; todo indica que no.

¿Se le reconoce como el primer Jefe del departamento de Radio de la universidad?... No.

¿No serán demasiados noes?
Y seguro que hay otros que a lo mejor no aparecen desde mi perspectiva.

Y cómo rige la máxima de que únicamente somos lo que hacemos o dejamos de hacer, el único sí; el único hecho con el que se recuerda a los fundadores de la hoy OFUNAM, amén de un párrafo dentro del programa de mano actual, fue la develación de una placa alusiva, colocada en el vestíbulo de la Sala Neza, como resultado a mi insistencia. Todo lo demás que entonces pedí sigue siendo parte de la inacción que puebla la realidad de los noes, como leitmotiv de la relación de José F. Vásquez con las instituciones que fundó o dirigió dentro de la UNAM, y en las que invirtió casi toda su vida laboral.

Por eso al distanciarme de los hechos, el panorama final acaba en la gran síntesis que subyace debajo de cualquier interrogación: ¿Por qué?

¿Por qué cuando se le incluye dentro de la historia de la orquesta, no se usa la calidez y la justa utilización de un pronombre posesivo a la hora de mencionar, de un plumazo, a uno de sus fundadores?

¿Por qué cuando se lee esto aparece: el fundador, y no... nuestro fundador? De hecho, los programas actuales, de modo fugaz mencionan que en su fundación, la Orquesta de la Universidad... estuvo a cargo de José F. Vásquez y de José Rocabruna... y entonces los 25 años de aquella intrincada primera etapa de la institución terminan. discreta y marginalmente mencionados en el mismo párrafo. En ninguna publicación que se sepa, son reconocidos como nuestros fundadores. Y si si nos da por mirar la historia de otras orquestas en casi cualquier lugar del mundo, este reconocimiento es de lo más natural. Como si viéramos un árbol genealógico.   

¿Hay alguna diferencia entre decir: el abuelo, a decir: nuestro abuelo?

¿Se estará olvidando el buen uso de los pronombres posesivos dentro de familias, como la universitaria?

No cabe duda que Einstein tenía razón al afirmar que el tiempo es una ilusión persistente... y tal vez con ella dentro vivió aquél hombre que fue mi padre, luego de haber leído esta crónica aparecida en aquel tiempo que, hoy, está colmado de fantasmas y de olvido.

De ahí que como efecto de una causa incomprensible, al menos para mí, deje yo aquí para el final, la repetición del fallido augurio leído en ese diario de ese mundo de ese tiempo, que parece demasiado distante y totalmente sepultado debajo del polvo que oculta la raíz de aquél espíritu que por aquel feliz entonces, hablaba por la raza:

"Cuando llegue el momento de hacer balance de la labor desarrollada por el Departamento de Acción Social de la Universidad Autónoma de México, en los últimos dos años, en el sentido de fomentar la buena música y propagar el gusto por ella entre los estudiantes y entre ciertos sectores del público en general, el "Haber" de la Universidad resultará en verdad considerable. Por entre todos los aspectos meritorios de esta labor, destacará uno que deberá llenar a los funcionarios de la Casa de Estudios no sólo con satisfacción sino con legítimo orgullo. Es el caso del maestro José F. Vásquez"

Una última cuestión:
¿Hay algún plan para responder afirmativamente alguna de estas preguntas?

-JJV-

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VOLTAIRE: "La Historia es la mentira a la que se llega de común acuerdo"

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La reproducción digital nos ofrece el artículo de prensa titulado: El admirable caso de José F. Vásquez, aparecido probablemente en 1944, pero del que no se puede ofrecer el nombre del firmante. 


Un feligrés del pianoforte

21 de abril de 2014

28. 

Todo apunta a que el tan esperado advenimiento de esta primavera, podría deparar nuevas complicidades con tres jóvenes músicos que de manera individual han coincidido al escribirme, interesados en esta labor contra el olvido de José F. Vásquez, y a favor de la resurrección de su obra; una suerte de floración que genera un paso más hacia el objetivo fundamental de esta página.
De ahí que lo primero será celebrar la idea que cada uno ha tenido por su lado, y como se trata de músicos de diferentes disciplinas, un pianista, un cantante y un violinista, he de abocarme a compartir la información pertinente, sabiendo el grado tan extendido de desconocimiento que existe y que se resiste, alrededor del José F. Vásquez, en su cualidad de compositor.

Con esta idea en la cabeza hoy dejo a un lado su vida como director, gestor cultural o docente, y me enfoco sobre la vasta obra para piano que escribió quien a los 14 años de edad, en 1910, había ya ganado el Concurso Nacional, recibiendo el premio de manos del entonces Presidente, Porfirio Díaz.
De ahí sin duda su devoción por el instrumento al que dedicó, junto con su obra para la voz, la mayor parte de una producción musical que comprende casi 200 partituras; la gran mayoría inéditas o desaparecidas del repertorio mexicano, tanto sinfónico, como camerístico u operístico; y de las que sólo se guarda memoria gracias a los testimonios escritos de cuando fueron tocadas. Y en casi su totalidad no se volvieron a interpretar desde al menos alrededor de 80 años, como promedio.

El caso de mi padre es demasiado común entre numerosos compositores relegados detrás del biombo mental del hábito fácil en la programación, de la desinformación, pero sobre todo de la burocracia y la falta de compromiso con todos esos hombres ilustres, algunos todavía menospreciados, que rubrican el prólogo de lo que hoy somos.

A continuación enumero en orden cronológico y de forma muy simple, una lista de las partituras para piano escritas por José F. Vásquez, la primera a la edad de 14 años.

Es fácil apreciar a lo largo de este listado, que aún a esta fecha algunas obras seriadas siguen extraviadas; ojala que no sea de modo permanente, y que su recuperación sea posible, y deseablemente pronto.

1) Sueño de amor 0p.3 (1910) Fantasía para piano en un sólo movimiento (extraviada).
2) Appassionato 0p4. (1910) Fantasía para piano en un sólo movimiento.
3) Suite bailable para piano No.4 (1914) Pieza para piano solo.
4) La oración de la tarde (1914) Pieza para piano solo.
5) Dos mazurkas (1916) Piezas para piano solo.
6) Caprice para piano y acompañamiento de orquesta (1919) Obra concertante en un sólo movimiento.
7) Concierto No.1 en do menor, para piano y orquesta (1920).
8) Concierto No.2 para piano y orquesta (1920-1943) Esta obra se estrenó en 1944 en el Palacio de Bellas Artes, con José Iturbi como solista, y José Rocabruna como director de la OSU.
9) Melodía para piano (1921) Pieza breve para piano solo.
10) Impresiones (Primera serie) (1922) Tres trozos para piano solo.
11) Preludio para piano (1923) Pieza para piano solo.
12) Impresiones (Segunda serie) (1924) Tres trozos para piano.
13) Impresiones (Tercera serie) (1924) Tres trozos a piano.
14) Trío en mi menor (1924) Dotaciön: piano/violín/violoncello.
15) Romanza No2 para cello y piano (1925) Pieza breve para violoncello y piano.
16) Romanza No.3 para cello y piano (1925) Pieza breve para violoncello y piano. Estas dos últimas obras fueron grabadas en 1987 por Ignacio Mariscal y Carlos Alberto Pecero.
17) Estudios para piano Nos. 1, 2, y 3 (1925) Estudios de concierto para piano solo. (extraviados)
18) Preludio para piano No.1 (1926) Pieza para piano solo.
19) Impresiones (Cuarta serie) (1926) Tres trozos para piano.
20) Impresiones (Quinta serie) (1927) Tres tozos para piano.
21) Lieder No.1 (1928) Pieza breve para canto, piano y orquesta de cuerdas.
22) Romanza para violín y dos pianos (1928) Dotación: 2 pianos/violín.
23) Estudios para piano Nos. 4, 5, y 6 (1929) Estudios de concierto.
24) Diez lieder para canto y orquesta (1928-1929) Diez piezas para soprano (tenor) Dotación: Orquesta de cuerdas y solista y existe la versión para piano y solista.
25) Miniaturas para piano (1929) Diez piezas para piano solo.
26) Sonata para violín y piano (1932) Dotación: Violín y piano.
27) Preludio para piano No.3 (1933) Pieza para piano solo.
28) Concierto No.3 para piano y orquesta (1936-1940) Esta obra fue grabada en 2005 por Arturo Nieto como solista y José Guadalupe Flores al frente de la OFQ.
29) Arietta (1937) Dúo para violín y piano en un movimiento.
30) Preludio para piano No.6 (1954) Pieza en un solo movimiento.
31) Pequeña suite para piano (1959)

Las partituras extraviadas todavía, cuyos datos se desconocen son:

1) Suites para piano Nos. 1 a 3 (1921) Piezas para piano solo.
2) Romanza para cello y piano No.1 (1925) Pieza breve.
3) Estudios para piano No.1, 2, y 3. (1926) Estudios de concierto para piano solo.
4) Preludios para piano Nos. 2,4,5,7,8,9, y 10 (1928) Piezas para piano solo. De esta serie podría caber la posibilidad de que se hayan escrito más, quizá hasta 19.

Aparte de este conjunto de mermas, repito, espero que no de forma permanente, también se debe contar su primera obra mencionada arriba: Sueño de amor (1910) Op3. la que parece haber sido extraviada mucho antes de su muerte.  

Quiero imaginar al pianista que en su juventud llegó a tocar piano y pianola en salas de cine mudo o en teatros de revista, a cambio de unas monedas, en los años de esplendor del Teatro de Carpa, rodeado de lentejuelas y sátiras políticas sobre el escenario donde emergieron figuras que luego serían muy populares como Resortes, Tin Tan, Cantinflas o el rey de las carpas: Palillo, siempre incómodo para el poder establecido y quizá por tanto también olvidado, por citar  ejemplos reconocibles con facilidad. 

Ahí, en medio de ese ambiente popular, tal vez en el corazón de la mente de aquel estudiante de música se fraguaban ya las notas de sus primeras partituras. Y no dejo de pensar que tanto la primera como la última de sus obras, se refieren al amor. Esa energía de la que Dante escribió en el último verso de la Divina Commedia:
«...l'amor che move il sole e l'altre stelle»
Una forma de voluntad consciente al servicio del arte mexicano, que esperemos tenga el calado suficiente para cubrir con luz la sombra que sigue ocultando la labor creadora que aquel pianista quinceañero de carpa, quiso dejar como fruto de su paso por la vida.  

Me llama la atención que de su extensa actividad creadora, tan variopinta y tan extendida por sus 5 décadas de tarea compositiva, las circunstancias lo hayan llevado a ver que la primera obra suya presentada haya sido: Sueño de amor; y la ópera, El último sueño, la terminal.

Un dato curioso que su vida profesional como compositor haya fluido entre dos sueños, distantes 51 años entre sí.

En palabras de Edgar Allan Poe: "Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche"

Por eso más vale sentirse adscrito al sueño diurno; como lo hago yo cada vez que surge en el horizonte una nueva posibilidad en favor de su obra.

Pues acaso y gracias a estas nuevas complicidades, nuestra indefensión frente a los sueños pueda verse recompensada pronto en favor de José F. Vásquez, con la reposición de alguno de sus conciertos para piano y orquesta. Y que entonces sus obras de piano inicien un largo recorrido desde el olvido hasta las salas de conciertos y los estudios de grabación.
¿Será este 2014 un año promisorio para este acervo musical?

Todas las partituras están localizadas y sigo luchando porque sean digitalizadas a la brevedad. Y esas partituras empolvadas parecen ser mariposas necesitadas de una feliz metamorfosis y de alas para volar, desde  los aplausos de un público antiguo, muy parecido al de nuestros días.
Que así sea.

-JJV-

La primera imagen  nos muestra la carátula del Preludio No. 3 para piano, (1933) Dedicado de su puño y letra por el autor, a la maestra Soledad Martínez Baca. 

Las dos siguientes nos permiten ver aspectos de dos Carpas en diferentes épocas entre finales de los años 20 y hasta los años 30 del Siglo XX, en la ciudad de México.  

Al servicio de la voz humana

28 de abril de 2014

29.

Si hace una semana compartí con ustedes una recopilación muy sencilla de la obra para piano de mi padre, hoy enfoco el texto en un breve repaso de la obra para voz; otra de sus prioridades y de sus pasiones a lo largo de su vida, desde la creación de la opereta, Los compañeros de la hoja, (1911), a la edad de 15 años.

En la bitácora de vida todo nos indica el gran interés de José F. Vásquez por la voz humana, y su necesidad no sólo de escribir a lo largo de su vida una obra diversa y vasta, sino de abrir los espacios necesarios dentro de las temporadas de la OSU, enfocados en la inclusión de obras corales. Y es imprescindible recordar su apuesta decidida en favor de la ópera mexicana, primero al fundar la Compañía Mexicana de Ópera en 1926, siendo esta la primera compañía en presentar una ópera en el Teatro Nacional (hoy Palacio de Bellas Artes) el 16 de septiembre de 1928, al llevar a escena la Atzimba de Ricardo Castro. Años después la compañía desaparecería luego de sufrir un desfalco, no obstante haber cosechado éxitos artísticos.

En su libro, José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega", Secretaría del Gobierno de Jalisco (1996), Gabriel Pareyón nos relata capítulos primordiales de las andaduras de aquél músico apasionado por el género, justo antes del proyecto que culminaría con la fundación de lo que hoy es la OFUNAM.  

*** 1933 fue un año complicado para los cantantes de ópera mexicanos, y para Vásquez también; él era ya uno de los principales promotores del género y en esa época el Teatro Arbeu contrató compañías españolas de comedia; otros teatros dejaron de producir ópera por considerarla incosteable, y sólo hubo algunas representaciones en el Teatro Iris.
Entonces él intervino y montó óperas mexicanas entre la común programación italiana, e intentó realizar un ciclo no sólo que obtuviera triunfos artísticos resonantes, como dio buena cuenta la prensa de entonces, sino que además dejara dividendos capaces de prolongar la gestión de la compañía; algo en lo que lamentablemente no tuvo éxito debido a la falta de público. Apenas pudo llevar a escena, Due amori de Rafael J. Tello.
Sin embargo al año siguiente de 1934, y con alumnos de su Escuela Libre de Música, logró financiar el montaje de Tabaré de Heliodoro Oceguera, y Citlali, El Rajah, El Mandarín, y El Último sueño, de su propia autoría.

El año de 1935, fue el último de una primera etapa dedicado a la ópera, al formar parte del grupo de directores invitados a las primeras temporadas del nuevo Palacio de Bellas Artes, junto con Umberto Mugnai y Alberto Flachebba entre otros. Para ese entonces, don José F. ya había dirigido a los cantantes mexicanos más célebres de la época, como: Consuelo Escobar, María Teresa Santillán, Carmen Ruiz Esparza, Flora Islas, Eva Magaña, Carlos Mejía, Manuel Romero Malpica, Ricardo C. Lara, y Ángel R. Esquivel.
En aquella temporada de 1935 se repuso su ópera El Mandarín y también dirigió Fedora, La Gioconda, La Bohemia, y La Sonámbula.
A principios de 1936, y ante la inminencia de la creación de la nueva orquesta de la UNAM, accedió a dirigir temporalmente la orquesta de la XEW, hasta que la preparación minuciosa de la fundación de la OSU se lo permitió.

A partir de ser nombrado al frente de la nueva agrupación universitaria, junto con el maestro José Rocabruna, Vásquez decidió consagrar su vida laboral a la orquesta, y a desarrollar con amplitud y minuciosidad cada una de las iniciativas que fueron naciendo para acompañar una empresa de tal envergadura, y lo hizo durante 25 años. No obstante y a lo largo de sus cinco lustros en el podio de la OSU, y a pesar de sus continuas giras como director huésped por el extranjero, consagró algunos espacios de su tiempo a la creación de obras para la voz; 20 lieder, 2 cantatas y otras obras corales que integran el segundo grupo más copioso de su producción, solamente después de la obra pianística.

Estas son sus obras:
1) Los compañeros de la hoja, (1911) Opereta.
2) Los mineros, (1916) Ópera.
3) Monna Vanna (1917) Ópera.
4) Citlali (1922) Ópera.
5) El mandarín (1923) Ópera.
6) El Rajáh (1923) Ópera.
7) Misa de réquiem (1926) Misa de difuntos a cuatro voces.
8) Lieder 1 Pieza breve para canto, piano y/o orquesta de cuerdas.
9) El último sueño (1928) Ópera.
10) Avemaría (1928) Para coro masculino. T/1/T2/Bar/B/Org/arcos.
11) Diez lieder para canto y orquesta (soprano o tenor) (1ra. Serie - 1929)
12) Diez lieder para canto y orquesta (soprano o tenor) (2da. Serie - 1930)
13) Diez lieder para canto y orquesta (soprano o tenor) (3ra. Serie - 1932)
14) Diez lieder para canto y orquesta (soprano o tenor) (4ta. Serie - 1934)
15) Diez lieder para canto y orquesta (soprano o tenor) (5ta. Serie - 1939)
16) Cantata conmemorativa del IV Centenario de la UNAM (Coro mixto y orquesta) (1951)
17) Diez lieder para canto y orquesta (soprano o tenor) (6ta. Serie - 1952-1960)
18) Liberación, subtitulada Sinfonía mímica - Cantata para orquesta sinfónica, solistas y coro mixto (1959)
19) Don Vasco Nuñez de Balboa (1961) Ópera.

Esta es la última obra de mi padre; inconclusa, pues a pesar de que él concluyó un boceto para piano, ya no tuvo tiempo de realizar la orquestación.

Leo y releo la lista y trató de imaginar sus motivaciones siempre latentes para escribir para la voz humana; un instrumento privilegiado en los amores de mi padre, tanto del joven quinceañero, curioso y lleno de ambiciones, como del sexagenario enfermo, entristecido, muy fatigado y a punto de morir.

Y esto forma parte de uno de mis recuerdos cuando cierro los ojos y veo a ese hombre debilitado sentado al piano, con los restos de un puro siempre apagado, a raíz de la prohibición expresa de su cardiólogo, consecuencia de su primer infarto durante su última gira por el Lejano Oriente. 

Un hombre empeñado en seguir creando para legar una herencia, con la imaginación de un corazón enfermo, tal vez pensando no sólo qué sería de sus hijos, sino también qué sería de su obra; y seguramente no sólo de esta última.

¿Qué habrá pensado cuando los presentimientos finales se presentaron?
Porque yo lo recuerdo siendo llevado hasta su cama, obligado por mi madre, quizá en el penúltimo día de su vida; hoy dudo si fue así. Quizá fue el mismo día de su muerte por la mañana. Y es que las vacaciones escolares navideñas nos estaban permitiendo, a mi hermana y a mí, estar cerca de él en esas sus últimas horas, y puedo aún ver a mi hermana mostrándole nuestras cartas para Santa Claus, que habría de llegar ese próximo domingo. Lo recuerdo hablando por teléfono con alguien que le preguntó cómo estaba, y por su respuesta, puedo imaginar hoy que el tema de entonces había sido su última partitura.

¿La orquesta? Mi madre le había aconsejado evitar el tema con cualquiera que le llamara. Y lo recuerdo anunciando que cuando pasaran las vacaciones regresaríamos a nuestras clases de piano con él, ...ahora que tengo más tiempo... Antes de que se fuera, la madrugada del 19 de diciembre de 1961; un martes.

¿Qué habrá pensado ese hombre enseñado a culminar los proyectos fundamentales de su vida, al no haber podido terminar y firmar su ópera, como todas sus partituras: crear, amar...?

A lo mejor en el último de sus sueños reeditó en su mente aquellos montajes en el Arbeu o en Bellas Artes, o aquella gira ruinosa por Centroamérica, donde el pagador dejó tirada a la compañía llevándose la caja recaudada, y dejándolo con una gran deuda.

Tal vez a lo largo de sus horas terminales sólo quiso recordar alguna de las arias que un día cantaron, un incipiente Plácido Domingo o una consagrada Consuelo Escobar...
Tal vez con la marea de sus partituras en mente y como una premonición de su futuro olvido, haya vuelto a la frase: "Una voz que a los oídos llega", del libreto de El último sueño.
Tal vez...

Hoy es útil ir contra la olvidanza inútil y fluir con la intuición; leer entre líneas... y hallazgos.

Por accidente apareció un texto hallado entre sus papeles personales. Un apunte relacionado con la cantata Liberación, que en 1959 inauguró el teatro al aire libre Venustiano Carranza, con motivo del centenario natal del constituyente, y en la que tomaron parte 2,500 personas, incluyendo todas las bandas de la ciudad y los coros de la entonces Escuela Nacional de Música.
Un año, por cierto, en que el Presidente Adolfo López Mateos lo habría de condecorar por su labor musical.
El texto de la nota es alusivo a la injusticia humana, y dice:
"¿No hay reos en la cárcel que purgan penas que no cometieron?"

¿Acaso la desmemoria es menos injusta?, pregunto yo...
Probablemente José F. Vásquez es el autor de lieder y de ópera más prolífico de la música mexicana. Pero sus partituras parecen purgar una condena de olvido interminable a la sombra de la inacción, y es que probablemente a cualquier posible interés le falte conocimiento, consciencia, y una buena dosis de gratitud; una misión generacional acaso en vías de ser descubierta, al menos en este caso.
Ojala.
Porque la palabra: Liberación, es muy hermosa, y la dignidad debería ser una costumbre invencible.

-JJV-

La primera fotografía a la izquierda, nos muestra a José F. Vásquez junto al elenco de su ópera El Rajáh, estrenada el 14 de junio de 1931, en el desaparecido Teatro Arbeu de la ciudad de México mostrado en la siguiente imagen. Las otras dos imágenes digitales, a la derecha, corresponden a la carátula y a la firma de la partitura de la 4a. Serie de lieder, escrita durante el verano de 1934.   

Lágrimas en las escalinatas del Anfiteatro Bolívar

  25 de mayo de 2014

30.

"¿No sería posible que la Universidad (UNAM) cobrara aunque fuera una modesta suma por los conciertos de su organismo musical, ya que la exagerada aglomeración de gente muchas veces no permite escuchar las obras con la atención y recogimiento que ellas merecen?"

Tal pregunta se nos aparece aquí, venida desde el tiempo amarillo del prólogo de lo que fuimos nosotros como lectores melómanos, pero también de la hoy OFUNAM. 

Una pregunta sin datar que me ha puesto a reflexionar en lo que fue aquel mundillo universitario anterior a 1938, y de cómo fue sembrado el público entonces, en su mayoría integrado por jóvenes curiosos, acaso primerizos y novatos frente a una orquesta sinfónica; un fenómeno por muchos considerado elitista que los había mantenido distantes y ajenos al fenómeno musical, hasta que fue fundada esta orquesta.

Porque aquellos auditorios colmados cada domingo por el entusiasmo juvenil de los estudiantes, debió transmitir una multiplicidad de sensaciones yendo y viniendo dentro de los muros del Anfiteatro Bolívar, sede de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, y sobre habrá aglomerado toda su curiosidad para escuchar, así, entre tanta gente, a su organismo musical, tal y como lo califica nuestro cómplice cronista, por desgracia anónimo, cuando describe la naturaleza de la agrupación. Y con este éxito de asistencia, el primer objetivo marcado en los orígenes de esta orquesta, ya se ve, estaba lográndose.

Y es con la primera acepción del término, según la RAE, con la que quiero quedarme pues me transmite vida:
Un organismo... (1. m. Conjunto de órganos del cuerpo animal o vegetal y de las leyes por que se rige)
Y ya se sabe que la vida se desarrolla y hereda; deja tras de sí un código semivelado de informaciones genéticas al servicio de quienes vienen detrás. Y una de esas huellas que yace bajo el polvo del camino, es el retrato de las emociones vividas in situ, hoy legibles entrelíneas, y sólo si le damos crédito a nuestra curiosidad.

"... pudimos escuchar las magníficas, las formidables interpretaciones que de la 5a. y de la 6a. sinfonía hiciera el maestro Vásquez, baste recordar las lágrimas que se pudieron ver en muchas personas del público y aun de la misma orquesta en esa memorable velada..."

Leo y releo este párrafo, cierro los ojos e intento sentir el retrato de vida de aquel concierto, e intento explicar lo que no se explica, porque el lenguaje sensitivo suele ser bien una alegoría bien una parábola, y lo dicho, un código secreto íntimo sujeto a veces a los fenómenos en derredor, como en este caso. Y si sabemos que ha sido provocado a un alma joven por la música, creo que merece la renovación de nuestra fe en el poder del arte.

Lágrimas del público, y aun en la misma orquesta (dice la crónica) que, no lo olvidemos, por aquellas fechas estaba también integrada mayoritariamente por alumnos o graduados recientes, tanto del Conservatorio Nacional de Música, como de la Escuela Libre de Música fundada también por mi padre; es decir: jóvenes.

Cuando leemos documentos antiguos es útil rescatar el sentimiento que está detrás de la letra, porque así nos es posible desplegar con amplitud un mapa mejor integrado del hecho humano. Porque agazapado por ahí se queda el sentimiento, y en casos relacionados con el arte, siempre o casi siempre es el amor. Tanto de quien sirve de cronista como de quienes son descritos o mencionados allí, como partes actuantes del fenómeno retratado.

"Considero que, cuando un artista es capaz de despertar (nunca mejor dicho) emociones de esa magnitud es sencillamente porque se encuentra uno frente a un gran director".

Un fragmento sin duda halagador para cualquier hijo de un músico como José F. Vásquez, sin embargo, la carga simbólica es mayor si nos introducimos en el tejido de los significados de los hechos que se narran, y en mi larga vida como asistente a conciertos en salas de un buen número de países que he visitado, muy pocas veces fui testigo de algo similar.

Hoy recuerdo uno en el Concertgebouw de Amsterdam, a cargo del gran Riccardo Chailly, en su deslumbrante versión de la 5a. Sinfonía de Mahler, que en su famoso adagio consiguió el mismo resultado en mis ojos y en los de casi todos los cómplices de aquella vez, sentados en la misma fila.
Ignoro si algún cronista holandés, al día siguiente, dio fe de tales hechos, pero si lo hizo, seguramente logró emocionar a sus lectores porque según la ciencia, nuestras células espejo asaltan el poder de nuestro cuerpo a la hora de empatizar con alguien que expresa, sin reservas, un éxtasis así. Y esto me ha ocurrido hoy luego de imaginar los ojos vidriosos de aquella juventud frente a Tchaikowsky, gracias a su orquesta.

Aquellos jóvenes preparatorianos de los años primeros de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, habían descubierto un nuevo mundo interior, sentados ahí en aquellas butacas de madera y en las escaleras de piedra del Anfiteatro Bolívar, conmovidos por las notas de la Sexta Sinfonía, Patética de don Piotr Ilich, bajo la dirección de un señor músico que fue mi padre.

"Debe la Universidad sentirse satisfecha, tanto de su esfuerzo a favor de los jóvenes artistas mexicanos, como de su ya meritísima orquesta..." 

Agrega el cronista y a continuación abunda en los merecimientos de dos jóvenes solistas de aquel ciclo Tchaikowskyano, Benjamín Cuervo, violín, y Carlos Rivero, piano, ganadores de los concurso organizados de los que hace semanas, aquí mismo hablamos, como parte de las obligaciones que por aquél entonces fueron delineadas como prioridades dentro de la vida de la institución. Una forma de hallar y promover el talento fresco al lado de la orquesta.

¿No sería posible que la OFUNAM indagara un poco en el origen de estas, y de algunas otras lágrimas de entonces?

Lo anterior tal vez también lo diría nuestro anónimo cómplice habitante del mundo amarillo entre letras... "De ese reino del fragmento", como decía Saramago, al referirse al pasado. 

En el que la vida era tan compleja como la nuestra, porque tal vez hablamos de una generación menos protegida que la nuestra menos cómoda aunque eso sí, menos automatizada y más proclive al encuentro con el arte, al menos dentro del cuerpo estudiantil de aquellos años. Un colectivo fresco en pleno desarrollo del cómo de un porqué y de un para qué, desconocidos hasta tal punto de sus vida.

A lo mejor un día lejano todavía, alguien que nos haya observado adueñados de una butaca de la sala de conciertos y no de un hueco en las escalinatas, luego se vaya para su casa y reflexione, acaso entre tragos lentos de café, si ha de intentar cómo no pasar de largo en su crónica su apreciación del duelo de la música contra los hábitos, o no. Como lo hizo nuestro cronista anónimo del mundo amarillento, que fue más allá con tal de involucrarnos con los sentimientos de aquellos fantasmas juveniles. 

Porque es verdad que la música desabrocha las formas y la frialdad de los automatismos modernos y comunes de públicos que aplauden por aplaudir, que tosen porque sí, que miran priorizando algún encuentro interesante dentro de la sala, y que tienen más prisa por escudriñar en su teléfono móvil mientras la orquesta desarrolla el tema principal de una sinfonía, o que en mitad de los intermedios o aún antes de que se agote la ovación del final del concierto, está ya poniéndose en marcha de vuelta a la realidad, porque la prisa manda.  

Pero en el mundillo aquel de aquella noche, la palabra escrita del relator fue asaltada por el entusiasmo presenciado, y sus letras han cruzado el tiempo bajo la insignia del público universitario que aceptó a Tchaikovsky cuerpo adentro, como parte de la claridad gradual que la música consigue sembrar hacia el futuro. 

Sin embargo, es difícil hallar indicios firmes de que sea la floración que corresponde al trabajo y cultivo de aquellos años de prólogo, y hasta parece difícil comprobar que sea la misma cepa que llegó feliz hasta nuestros días. 

Pero ¿qué es lo que ocurrió?, si de acuerdo a una de las acepciones de Cultivo, según la RAE, es: Fomento, mantenimiento y desarrollo de una capacidad, sentimiento o relación... 

¿Se interrumpió el fomento, el mantenimiento o el desarrollo de alguna capacidad?

¿O hubo la ruptura de algún sentimiento o de alguna relación, o de ambas cosas? 

Tal vez pronto los amanuenses contemporáneos aplaudan a la orquesta de aquellos fantasmas, hoy sin rostro ni nombre; y no haya necesidad de lágrimas sino de orgullo porque se les ha reincorporado desde el olvido.

Quizá solamente haga falta volver a escuchar La Patética, y mucha voluntad en tempo allegro andante. 

Yo aporto un recuerdo colectivo; pequeño y de ojos salinos; sólo eso.

-JJV-

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JEAN PAUL SARTRE: "El recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados"
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La copia digital inferior de autor no identificado, corresponde a la crónica del concierto que incluyó la Sinfonía No. 6, "Patética" de Tschaikowsky. Dentro de los festivales dedicados al compositor ruso. Probablemente el artículo haya sido datado en 1942.

La copia digital de una fotografía del maestro Benjamín Cuervo, aparece en segundo lugar; en la tercera imagen se muestra al maestro Luis Sandi.

En ese mismo año de 1942, tuvo lugar un prograna extraordinario de la OSU en el Palacio de Bellas Artes, anunciado por el INBA de la siguiente manera:

Octubre 26

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director, Luis Sandi, coros

Rafael J. Tello: Sonata trágica / Tríptico mexicano / Obertura de la ópera Nicolás Bravo / Preludio / Intermezzo

Arturo Romero, violín; Juan D. Tercero y José Ordóñez, pianistas

Coro de Madrigalistas.

Aulas para la ópera mexicana

15 de junio de 2014

31.

Esta vez he de compartir aquí una entrevista que sin estar datada puedo decir que proviene del año 1934, es decir, apenas de hace 80 años. Y al decirlo así no pretendo ser irónico ya que dentro de los hechos históricos de la música clásica mexicana, toda esta pequeña historia de un músico entre tantos, a veces parece más pertenecer a la simple anécdota y no al prólogo de lo que hoy son las instituciones que él ideó y fundó, o esas otras en las participó en aquellos tiempos de su génesis, para que hoy sean parte nodal de la realidad.

Así que la anécdota es la entrevista publicada y no sus méritos profesionales.

A pesar de que la imagen no ayuda mucho dada su baja calidad, es posible leerla casi por completo; yo he de centrarme hoy en los párrafos donde se habló del papel que mi padre tuvo como gran promotor de la ópera mexicana, tan menospreciada en aquellos tiempos; tal vez más aún que hoy, y esto nos da la medida de la dificultad encarada con tal de hacer escuchar la obra nacional.

¿Les suena como un asunto recurrente y familiar?...

Para quienes no puedan leer la primera parte de la entrevista, les cuento que ahí mi padre responde y explica el método que había implantado dentro de la Escuela Libre de Música, que él mismo había fundado y financiado en 1920.

Habla de su independencia en su funcionamiento, condicionado únicamente al pago de cuotas del alumnado, pero desmenuza también el método que creó e implantó, podría definirse como personalizado, basado en las diversas capacidades artísticas que cada aspirante posee, abatiendo de ese modo el esquema educativo antiguo que José F. Vásquez modificó, pensando en que ni el tiempo ni la capacidad individual deben ser los factores reguladores del aprendizaje, sino lo que por razón natural él mismo señala en el texto, como la prioridad: la capacidad artística de cada individuo.

La segunda parte de la entrevista fluye hacia el siguiente objetivo, la organización de una compañía de ópera en cuyo repertorio sólo figuraron autores mexicanos... "El decorado y los vestuarios fueron costeados exclusivamente por esta Escuela"...
Aclaró así entonce mi padre, y nuestro cómplice, el entrevistador, hoy sin haber podido ser identificado, reiteraba el funcionamiento de la ELM, entre paréntesis: (sostenida solamente por las cuotas del alumnado)...

Una pequeña reflexión nos bastará hoy para imaginar la dificultad que suelen tener los proyectos así, cuando la voluntad los lleva contra viento y marea hasta su culminación.

A continuación, don José F. compartió, supongo que con orgullo, una lista de óperas que por entonces llevaron a escena; alguna de ellas, ya se sabe, jamás ha vuelto a recuperar su vida en el escenario. Y los augurios no son optimistas, según me han contado, debido a las cada vez más exiguas partidas presupuestales en favor de la cultura operística, pero sobre todo, por la invalidez volitiva de quienes miran hacia otro lado cuando se trata de programar una ópera mexicana.

No obstante, en aquel distante año de 1934, con su pequeña escuela particular de música, JFV logró estrenar Atzimba de Ricardo Castro. Representada en el Teatro Nacional (Palacio de Bellas Artes). Due amori de Rafael J. Tello, presentada en el Teatro Arbeu y en algunos teatros de los estados. Citlali, El Rajah, El Mandarín y El Último sueño, de su propia autoría. Además, decía don José F. Vásquez: ... "Tenemos montadas La Leyenda de Rudel, también de Ricardo Castro y Nicolás Bravo asimismo del maestro Rafael J. Tello".

El entrevistado además señaló que en la casi totalidad de sus conciertos, la escuela programaba obras de autores mexicanos, tanto de los consagrados como de los nuevos valores de aquél entonces. Y si recordamos que esto ocurría dos años antes de la fundación de la hoy OFUNAM, podemos así mismo imaginar la necesidad íntima expandiéndose en el corazón y en la mente de don José F., para tener una orquesta sinfónica mayormente al servicio de este objetivo enfocado en la difusión de la obra mexicana.

Hacia el final del artículo, mi padre recuerda que su labor escolar finalizó aquél año de 1934, organizando un ciclo de conferencias sobre "nuestros grandes desaparecidos"...
Y debo decir que me encanta el adjetivo posesivo que usó entonces mi padre, para evocar la figura de los músicos mexicanos muertos, en riesgo (yo supongo) ante los biombos mentales y la burocracia siempre activa en contra de la memoria histórica, más aún si se trata de artistas no populares, y más todavía si el caso alude a personas ajenas al poder establecido.

No puedo saber si en ese renglón de la entrevista, José F. Vásquez pudo presentir algo, es difícil aventurarlo, pero no deja de ser ingrato que hoy, las instituciones que él erigió y las orquestas que él fundó, no lo incluyan en los adjetivos posesivos que tanto bien hacen, tanto a la dignidad de las mismas como a la preservación de la verdad de los hechos que nos explican mejor por qué somos lo que hoy somos.

No quiero olvidar que aquellas conferencias fueron ilustradas por la obra de los recordados, y presididas (sic) por sus familiares. Un rasgo de respeto a los herederos que por desgracia no siempre se consuma.

Y el hecho de que la Secretaría de Relaciones Exteriores de entonces, haya pedido los textos de las mismas, con objeto de hacerlas figurar en la propaganda cultural en el extranjero, también nos dibuja todo un perfil de la época.

Cuando lo mejor de la entrevista parecía venir detrás de una última pregunta, el ángulo del escaneo no nos deja ver por escrito lo que José F. Vásquez tenía en la mente; el recurso para saberlo es la vida que nos permite vivir hoy frente al efecto de aquella causa, luego de haber pasado por el futuro cercano donde él prosiguió la construcción de sus ideas.
Y así, desde su perspectiva, hoy estamos colocados en el lejano futuro, donde podemos atisbar su pensamiento y su obra por medio de la tecnología que nos responde lo que él hubiera querido saber.

Dos años después de aquella entrevista, él habría de concretar un sueño: la fundación de una orquesta dentro de un magno proyecto de la UNAM, la Orquesta Sinfónica de la Universidad, (hoy OFUNAM) que habría de dirigir durante 25 años. Y como hemos visto en las últimas semanas aquí mismo, ahí organizó concursos de composición, piano o violín, y conciertos didácticos al aire libre o en foros populares, entre otras iniciativas en pos del público juvenil.

Tres años después, en 1937, habría de encabezar los brotes verdes de una radiodifusora cultural dentro de la universidad, Radio UNAM. Algo que también hemos podido leer en este rinconcito virtual.

Visto lo visto y ante los hechos que hoy con toda comodidad sí podemos contemplar, ya no es tan necesario recuperar el resto del artículo extraviado en ese mundo amarillo, hoy puesto aquí dentro de un borroso color sepia, para conocer la respuesta, porque por su espíritu habla su labor.

Hoy me viene a la memoria una charla celebrada en Chetumal, durante un congreso de escritores en lenguas indígenas, al que fui amablemente invitado. Y aunque eso fue hace casi 20 años, aún recuerdo a un poeta en lengua tzotzil que me asombró cuando me contó que en su lengua hay pronombres posesivos que se usan sólo en plural, cuando refieren valores fundamentales, y a la Naturaleza, de ahí que no sea raro que al momento de mencionar el cielo, una orquídea o una mazorca de maíz, se diga: nuestro cielo, nuestra orquídea, nuestro maíz... Dando así un sentido más entrañable, más respetuoso y más comprometido, creo yo, donde se transparenta otra cosmovisión y otro espíritu.

¿Cómo es mejor... el cielo, o nuestro cielo?
¿Ese pirul, o nuestro pirul?
¿Esa dalia, o nuestra dalia?

¿Sería algo así como nuestra bandera, nuestra familia, nuestro universo, nuestra raza, nuestro espíritu, o nuestro fundador...?

Un chispazo de conciencia que nos impregna de un enfoque inclusivo y responsable; amoroso. Donde el olvido sería de todos, pero la memoria también.

-¿Podría usted decirnos, maestro Vásquez, qué proyectos tiene para el siguiente año escolar?

Eso le preguntaron aquél día a ese músico que fue mi padre, y como pueden ver ustedes, la respuesta se extravió durante la resurrección a manos del escáner. Por eso, en mi calidad de su heredero me atrevo a contestar con la ventaja de saber lo que ha ocurrido con la reseña de la aventura humana de José F. Vásquez, encubierta por el biombo mental de la omisión.

Quizá aquél hombre, por entonces en plena floración intelectual, enfocado por un momento en el inevitable crepúsculo vital diría:

-Ustedes, quienes algún día me han de espiar desde el futuro, tengan a bien incluir mi nombre, mi obra musical y mi lucha universitaria, dentro de sus pronombres posesivos, porque mis frutos en su totalidad les han de pertenecer algún día... Y por favor háganlo sin un renglón de más, sin adjetivos pomposos pero sin cicaterías; como si hicieran la fotografía de un edificio y nada más.

Aquí pongo, 80 años después, unos puntos suspensivos...
Y lo hago sostenido por la razón y en el conocimiento de que la nobleza obliga , y porque al final el arte es capaz de sobrevivir a la vida, solamente cuando se le antepone un pronombre posesivo y plural, capaz de incluirlo y defenderlo, como a nuestra vida.

-JJV-
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ROBERT BURNS: "La historia es cuestión de supervivencia. Si no tuviéramos pasado, estaríamos desprovistos de la impresión que define a nuestro ser"

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La primera reproducción digital superior es de una una entrevista concedida por José F. Vásquez en 1934, sobre el tema de las nuevas enseñanzas musicales en México y de su compromiso con la ópera de autores nacionales. El documento digital fue recuperado gracias a la generosidad del licenciado Pável Granados. 

A continuación aparece uno de los programas que la Escuela Libre de Música publicó en aquel año de 1934, con objeto de anunciar la Conferencia del maestro Manuel M. Ponce, celebrada el 11 de noviembre en la antigua y primera sede de la escuela, en la calle de Belisario Domínguez No. 11, dentro del Ciclo de Audiciones - Conferencias, impartidas dentro del plantel. 

La tercera fotografía corresponde al viejo edificio que albergó a la Escuela Libre de Música, en el Centro de la ciudad de México; la última nos muestra la fachada lateral de la sede actual de la escuela. Gracias al ángulo de la foto, la rama de un árbol oculta el error recurrente que se comete al escribir el apellido de la familia Vásquez.    

Cien años después volvió a nacer

28 de junio de 2014

32.

Hacia noviembre de 1996, cerca del centenario de su natalicio, José F. Vásquez fue rescatado del silencio, gracias al amoroso empeño de Gabriel Pareyón, quien logró organizar un homenaje a mi padre, en su tierra: Jalisco.

Para ello tuvo que sortear todas esas instancias de la burocracia que parecen existir para obstaculizar las metas del hombre; pero bienvenidas sean porque cuando al final es conseguido el objetivo, la autenticidad de la satisfacción es mayor. Y esa fue la sensación que alcanzamos todos los presentes, en cuanto sonó la orquesta.

Por ese entonces, José Guadalupe Flores era el director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, y se convirtió en cómplice inmediato de la empresa, en cuanto supo que él compartía con don José, F., la tierra de origen: Arandas.

Con el entusiasmo de por medio se programó un concierto íntegro con la música Vasqueziana, y yo lo estuve esperando, día con día, desde que fui informado de su celebración. Mi espera venía añejándose por años; desde el inicio de la búsqueda detectivesca en pos de sus partituras extraviadas. La espera de mi padre, era aún más antigua.

El programa elegido fue:

1) Tres acuarelas para gran orquesta, también conocida como Acuarelas de viaje

2) Sinfonía No. 2

3) Ballet azteca, La Ofrenda.

El hermoso Teatro Degollado, en Guadalajara, el día 15 de aquel mes, y el Auditorio del Club de Leones, en Arandas, dos días después, el día 17, acogieron la voz del autor a través de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, creando un ambiente muy emotivo para la familia y en los amigos que nos acompañaron en aquel fin de semana irrepetible, pero de gran sorpresa para el público en general conforme la música se fue adueñando del día.

¿Quién era José F. Vásquez?

Unos días antes, fui invitado a dar una conferencia para desvelar parte de tal misterio, porque para la opinión pública local mi padre era un completo desconocido. Una gran paradoja no obstante común, destinada a la memoria de los artistas fuera del mundillo del arte popular. Y para un Hijo Predilecto del estado de Jalisco, tal vez lo era aún más. 

Sin embargo, si hablamos del conocimiento del público en general, tal misterio era comprensible, sabiendo que José F. Vásquez fraguó toda su carrera en la capital, al frente de su amada Orquesta de la Universidad, (hoy OFUNAM) de la que fue su fundador y director a lo largo de 25 años, de la Escuela Libre de Música que también fundó y dirigió 41 años hasta su muerte, o  en el Conservatorio Nacional de Música y de la Escuela Nacional de Música, en donde labró un prestigio como docente por casi tres décadas. Pero lo que sí me llamó la atención de todo esto, fue sin duda el mismo grado de desconocimiento entre los músicos y la crítica local especializada.

"Mi padre nació dos veces"... titulé mi exposición, aludiendo su aparente resurrección musical, porque como ahora sabemos, han tenido que pasar otros 18 años y todavía existe demasiada sombra que la luz debe comer, para rescatar sus partituras.

Por esos días se celebraron también, la presentación del libro de Gabriel Pareyón, "José F. Vásquez, Una voz que a los oídos llega", un estudio fundamental para responder con amplitud a esa misma pregunta, de quién fue José F. Vásquez, y un concierto de música de cámara, en el que la soprano Rosa María Partida, y la gran pianista Patricia García Torres, interpretaron algunos de los lieder, parte de la cuantiosa producción en seis series de diez canciones cada una, que mi padre dedicó a ese género.

Gracias a Patricia, hoy he podido recuperar la imagen que acompaña el texto, que da fe a esta celebración que aún vibra en la memoria de los Vásquez, y que muy difícilmente se podrá repetir; en México a los compositores nacionales, olvidados, se les llega a programar, muy patriotamente en el mes de septiembre, como parte del marketing tricolor, pero si tienen suerte, luego se dosifica la presentación de sus obras dentro de las temporadas regulares,  como parte del enigma que rodea nuestra idiosincrasia, digno del Laberinto de la soledad.

Existe la idea caminando rumbo a ser proyecto de que en este año de 2014, dos de estas tres obras sinfónicas sean grabadas, 18 años después de aquél homenaje, y 118 años después del nacimiento del autor. Pero si algo me ha enseñado la orfandad precoz, es a no coquetear con las expectativas, y como hasta hoy el resultado de mis peticiones, antesalas y gestiones ante las autoridades, administradores y directivos en turno, no han obtenido sino palabras de aliento y promesas incumplidas, seré calmo. Mientras espero que la resistencia se rompa frente a la necesidad; porque eso es lo que significa un cambio; en el fondo todo estás sometido a la puesta en marcha de voluntad humana; verbigracia el homenaje en cuestión. Así que si la voluntad es suficiente, tendremos la grabación como parece.    

Si así fuera, tendré que ir escribiendo un texto plagado de dicha, tal vez  titulado: "Mi padre se ha convertido en música" 

Quizá lo que a él le guste, a pesar de mi impaciencia, sea eso. 

-JJV-

Las imágenes de arriba corresponden al cartel del homenaje a José F. Vásquez, en Jalisco. La segunda fotografía nos muestra al maestro Gabriel Pareyón, organizador del evento y figura clave dentro del rescate de la memoria del compositor. La tercera es una fotografía de la pianista, maestra Patricia García Torres. La última por la derecha, es la del maestro José Guadalupe Flores, por aquellos años Director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco.

José F. Vásquez, un proyecto de vida útil, y feliz

julio de 2014

33

Eso de leer el periódico con 79 años de atraso, no tengo duda, tiene su dosis especial de magia, y una vez más lo acabo de corroborar luego de leer y releer este binomio de testimonios, aparecidos en la prensa de aquel entonces; uno, ya se ve en Novedades, con fecha 2 de diciembre de 1939. Días de guerra en Europa y de avance en el proyecto de la hoy OFUNAM, y el otro, destinado a permanecer a su lado, sin que podamos saber muy bien en qué otro diario nacional apareció, creo yo, unos meses después.

Pero vayamos al primero.

En aquel año de 1939 don José F. y el maestro José Rocabruna, instituyeron el Primer Concurso Universitario de Composición, donde por cierto el triunfador fue Carlos Pérez Márquez. Y también en ese año, mi padre compone su cuarta serie de Lieder para canto y orquesta.

El proyecto de vida llamado José F. Vásquez seguía evolucionando y por lo que se lee aquí en los artículos, el resultado era de agradecerse, sobre todo si reflexionamos un poco, y nos situamos en el seno de la comunidad universitaria que gracias a la fundación de esta orquesta, casi tres años antes, tuvo a su alcance y de forma gratuita, la música de los grandes autores de cualquier época. Y así, el Anfiteatro Bolívar terminó siendo un recinto frecuentado y de modo entusiasta, por los jóvenes universitarios de aquellos años.

El texto de Novedades, firmado por Alfredo Gutiérrez Salas, nos dice: "Si se formara una terna con los mejores directores de orquestas sinfónicas mexicanas, José F. Vásquez tendría que figurar forzosamente en ella"

Después afirma que de acuerdo al seguimiento paso a paso que ha venido haciendo a la Orquesta Universitaria, su progreso es muy notable, y califica de espléndida, la labor del director Vásquez (bien escrito el apellido, por cierto) "Quien dotado de un magnetismo personal, hace que desde su aparición en el podio hace que el público se impresione favorablemente; esto se confirma con su innata elegancia para dirigir, así como por la ductilidad y dominio verdaderamente notable para dirigir, así como en la interpretación de obras de diversas tendencias y épocas que le permiten conseguir efectos de sonoridad y fraseo bellísimo"

El crítico musical sigue dando ejemplos de obras presentadas en anteriores temporadas, haciendo énfasis en la airosa y detallada interpretación de la Primera Sinfonía de Brahms. Por lo que de acuerdo a sus ojos, lo dicho: el proyecto de vida llamado: José F. Vásquez evolucionaba de manera grata y siendo útil a los demás.

Dos objetivos fundamentales en la vida, creo yo; ser feliz y ser útil.

El artículo que comparte contigüidad en este plano, y que he elegido con objeto de ilustrar con pocas letras aquel fin de temporada de una joven orquesta dentro de aquella época de guerra en el mundo, está firmado por Víctor Manuel Guillermo y pudo haber aparecido en El Universal, días después, a fines de ese mismo año de 1939, y nos relata sus impresiones del panorama de actividades de la orquesta, que en ese momento tuvo como director huésped al maestro belga Jean Kumps, residente en México y profesor del Conservatorio Nacional de Música.

De aquellos hechos me parece justo y necesario destacar el impacto negativo que tiene la desmemoria cuando ha caído, además del caso de mi padre, en otro músico mexicano: Rafael J. Tello. De quien en esa fecha se interpretó el Tríptico Mexicano, un poema sinfónico del que hoy, a tantos años de distancia sólo podemos saber que es una obra hermosa e inspiradísima (sic), pues hasta donde yo he rastreado, nunca más fue ejecutada y mucho menos se sabe de que alguien la haya grabado. Una pieza que, "desde hace tiempo esperaba con muy altos merecimientos, una consagración como la que recibió en el último concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad"... nos dice el cronista. Y nos deja pensando, o al menos a mí, ¿qué ha tenido que ocurrir, y cuántas voluntades han dejado de operar, para que partituras así permanezcan en la inexistencia?

¿No es posible buscar y rebuscar hasta recuperar y digitalizar esta música?

¿Cuánto puede costar esto?

¿Cuánto vale la satisfacción de esta generación, de cumplir con su deber?

De vuelta a la magia del mundo amarillento tiempo atrás, también es necesario señalar que en ese concierto hubo un director por cada obra: Rocabruna dirigió la Cuarta Sinfonía de Johann Christian Bach, el mencionado maestro Kumps, condujo la obra del mencionado maestro Tello, y don José F., subió al podio para dirigir en primer término su Primer Concierto para piano y orquesta, con Carmen Azuela de Domínguez como solista, y a continuación, Tanhausser de Richard, Wagner. Un programa que ratifica la ductilidad de la orquesta, ya referida.

A estas alturas de la lectura vuelvo a pensar que el proyecto de vida nominado a cargo de mi padre, proseguía su curso, y no dudo que de acuerdo a sus planes. Que primero soñó una orquesta. Que luego levantó desde la nada esa idea. Y que a esas alturas de la trayectoria, tal orquesta era una institución querida por el público, respetada por la crítica musical y sobre todo, amada por quienes por aquel entonces veían que el trabajo en pro de la cultura, sí puede rendir frutos hacia un futuro en el que, 79 años después, alguien puede corroborarlo, asomándose al mundo amarillento y letrado que nos dice lo que fuimos, antes de ser lo que somos.

Nuestro relator del pasado cierra su texto y nos dice: "En próximos artículos nos referiremos a Vásquez compositor, ya que la ejecución de sus tres conciertos para piano y orquesta merecen un estudio aparte.

"Ojalá que en un futuro próximo las autoridades universitarias, en vista d ella meritoria labor que realiza esta orquesta, de la cual debe sentirse legítimamente orgullosa, pueda darle un impulso todavía mayor, en bien del arte musical de nuestra patria, con la seguridad de que a sus esfuerzos corresponderá con creces ese esforzado grupo de paladines del arte que forman la Orquesta Sinfónica de la Universidad, capitaneados por sus dos directores: Vásquez y Rocabruna."

Después el punto final del artículo nos deja un largo silencio en la partitura de las reflexiones...

Un dato curioso de la matemática de la existencia: Mi padre habría de morir el 19 de diciembre de 1961. Rafael J. Tello, uno de sus mentores, partiría al día siguiente, el 20 de diciembre del mismo año.

¿Acaso fue una cita compartida camino al olvido?

Eso parece, y ojala pronto deje de serlo. Las partituras de ambos merecen oportunidades, y nosotros como melómanos y como mexicanos, también.

Lo último. Es también tan justo y tan necesario evocar aquí y ahora, la figura del principal cómplice de los sueños, tanto de mi padre como de José Rocabruna: Don Salvador Azuela. Por aquellos años Secretario General del Departamento de Acción Social de la UNAM y brazo ejecutor del gran proyecto de lo que hoy se llama OFUNAM. Un insigne humanista y académico que entre otros cargos se desempeñó como Director de la Facultad de Filosofía y Letras, como Jefe del Departamento de Difusión Cultural, y fue el fundador de la Revista Universidad, además de Director del Fondo de Cultura Económica, entre otros cargos siempre al servicio de la cultura en México.

Otro dato curioso de la misma matemática: Azuela nació un 4 de septiembre; Tello un 5 de septiembre.

Yo debo decir que a don Salvador apenas lo recuerdo frente a un micrófono en el Anfiteatro Bolívar; ese escenario entrañable para todos estos queridos fantasmas detrás del mundo amarillento desde el que intentan contarnos la historia de un triunfo que hoy usufructuamos quienes tuvimos simplemente, la suerte de nacer después. Y lo evoco en ese sitio, el 19 de diciembre de 1962, en medio de un breve y sentido discurso, dentro del homenaje que se organizó a un año de la muerte de mi padre.

Ese día se tocaron obras suyas de las que otro día les contaré algo. Sin embargo una copia parcial del discurso hallada fortuitamente, como tantas cosas relacionadas con esta investigación, ha querido recuperar un momento con la emoción de don Salvador Azuela, conmemorando su existencia ahí, en el corazón donde floreció la orquesta a pesar de todo y no obstante la férrea oposición oficial, y por tanto en contra de todos los pronósticos que le auguraron una corta vida.

-Gracias a la única fugacidad tangible e inexorable a la que se somete la vida de quienes inventan sueños de la nada, dijo Don Salvador, y emocionado y casi deletreando, pronunció el nombre de José F. Vásquez... A quien hoy venimos a recordar aquí, entre las paredes que atestiguaron sus éxitos...

Luego recuerdo mi emoción al verme envuelto por la ovación y por un lloroso abrazo de mi hermana María Rosa, ambos sentados en la segunda fila; vestidos de gala y absortos; ateridos, pero de alguna extraña forma, felices.

Quizá sea que la conmemoración de la muerte nos dejó esa noche entre las manos mucha vida por vivir, y un mundo memorial necesitado de ser rescatado. Un sueño a realizar desde la nada; a pesar de todo, no obstante la oposición, y contra los pronósticos de los ajenos, que me auguraron una vida similar a la suya, sin memoria.

-JJV-

La imagen a la izquierda nos muestra los dos artículos de prensa, uno de 1939, (El Director Vásquez) y el otro de 1949 (Vida musical). 

La fotografía de la derecha corresponde a un aspecto del público durante el homenaje al compositor, realizado a un año de su muerte, en el Anfiteatro Bolívar de la ciudad de México; en la segunda fila asoman los rostros de sus hijos José Jesús y María Rosa, entonces con 10 y 7 años de edad, respectivamente.

La tercera reproducción corresponde a la carátula de la partitura orquestal del Concierto No.1 para piano y orquesta (1920) de José F. Vásquez.  

La Historia es una elección pero no es toda la historia

26 de julio de 2014

34.

Mis caminatas por el campo al amanecer, me hacen ver lo feliz que se puede ser mirando llegar la luz, escuchando los coros animales de las primeras horas, o aspirando a todo pulmón la sinfonía de aromas húmedos que va dejando la muerte de la noche.
Pero de manera especial disfruto con gratitud, el perfil de mi sombra a contrasol. Y he de decir que de quien he aprendido simplezas tales, es de Roma, mi perra boxer. De hecho puedo sacar esa conclusión a lo largo de mi vida, pues han sido ellos, los perros de mi vida, los mejores instructores y guías hacia esa forma de felicidad continua, a la que los humanos creemos identificar a través de la zoncera.

Sin embargo fue Gloria, mi madre, el primer modelo de risa fácil con el que se topó aquél niño que fui. Y lo fue a tal grado que puedo recordarla reír hasta las lágrimas, en momentos variopintos de la cotidianidad familiar, pero además e incluso, durante aquellos meses largos de dolor frente a la prolongada agonía de las últimas semanas de su vida, tarareando a Rachmaninoff en un momento en que se vio liberada de la mascarilla de oxígeno.
―¿Cual concierto es este, hijo?
El tema viene a cuento como efecto del pensamiento pernicioso tan expandido en derredor nuestro, creo yo, porque el miedo parece haberse apostado en las coyunturas clave de nuestra aventura humana.
Y es entonces que las enseñanzas de mis amados cánidos, y las disciplinadas risas de mi madre en días aciagos, han sido el contraste feliz que ha decantado mis pasos. Pues parece que gracias al negror es más sencillo distinguir la luz, y como un girasol, seguirla por necesidad vital.

Hoy veo a Roma y es fácil sentir contagio.
Hoy recuerdo a Gloria y es también muy fácil sonreír, porque sin saber cómo, en uno de esos días, desde la conciencia, conseguí un decreto en favor de mi sombra a contraluz, de mis pies a contracorriente, y de un estatus paralelo a la realidad en el que suelo funcionar mejor. sabiendo el buen uso que se le puede dar a la alegría ajena; y sólo basta ver a Roma correr hacia la luz que llega, con el instinto por delante, a modo de ratificación diaria.

Quizá la alegría fue en algún momento el estado natural del ser humano.
Quizá lo pueda volver a ser.
Quizá incluso lo sea hasta que los miedos aprendidos hablan, para desaconsejar el riesgo de ver al mundo con curiosidad cuando no se tiene el permiso de los gobiernos, de los líderes religiosos o de la policía.

Por favor perdonen ustedes esta divagación, pero cuando vuelvo del campo y me quito las botas llenas de barro, ya estoy pensando en una taza de café que cuando bebo con los ojos en el Mediterráneo, creo haber comenzado a delinear entre tanta vereda de los recuerdos, las letras que voy a compartir aquí, en este rinconcito virtual dedicado a un músico que como algunos ya saben, no dejó de firmar todas sus casi 200 partituras, con el lema: Crear, amar...

Toda una declaración de felicidad interior o al menos de paz y una sensación devuelta hoy a mi mente, recordando su tono pausado en la voz o su predisposición para jugar conmigo; un registro diferente que se apropió de él en los meses posteriores a su forzada jubilación de la orquesta, tras 25 años de andanzas sobre el podio. 

Tengo la impresión de que fue durante los paseos vespertinos que él hacía al borde del crepúsculo, por recomendación de su cardiólogo, donde acabo de descubrir algo. Y fueron mis pasos de niño una sola vez, su escolta. Porque sólo puedo recordar una de esas caminatas juntos; una más corta por mis distracciones, según dijo él después.
Pese a lo cual su descubrimiento durante aquella ocasión, y el eco de esa revelación ante mis ojos, es hoy probablemente uno de los componentes de mis caminatas por el campo.
Algo que comencé a saber aquella tarde, cuando al volver a casa nos topamos con Cristián Caballero, un buen amigo suyo que les esperaba en el estudio, a quien abrazó diciendo...

-Don Cristián, perdone usted la demora, pero hoy la caminata me ha dado una buena idea para la ópera... ya sabe usted que el camina avanza...

Don José F., se refería a Vasco Nuñez de Balboa, la partitura que habría de ser la última de su producción. Al parecer bocetada para piano pero inconclusa, y que hoy, a pesar de mis esfuerzos, está ubicada pero sin haber sido posible reintegrarla a su origen... todavía. 

Yo recuerdo la figura singular, enjuta, del maestro Caballero: cabello largo, barba muy aseada y bigote, y un tono de voz muy popular como resultado de sus años al aire por la sintonía de la desaparecida XELA..."Buena música desde la Ciudad de México",  una emisora de radio comercial que difundió música clásica entre 1940 Y 2002.
 Y aunque volví a verlo en el homenaje efectuado a un año de la muerte de mi padre, celebrado en el Anfiteatro Bolívar, es un acto fácil ese recuerdo por la elegancia de su atavío con esmoquin, como maestro de ceremonias.

Pero es todavía más fácil verlo abrazado a mi padre aquella tarde en la gran biblioteca de mi casa , y a éste disculpándose por el sudor en su frente, debido a la caminata con el hijo...

-Que ya sabe usted cómo es esto de salir a pasear con estos... y mi niño, es el más curioso del mundo y todo lo quiere saber... y pregunta y pregunta...
-No se preocupe, maestro, con suerte Pepito será descubridor o cosmonauta...

Tal vez estuve a punto de preguntar qué era un cosmonauta, pero por una vez me callé, pues no recuerdo una explicación. Luego la reproducción mental se interrumpe, como si los fotogramas se hubiesen saltado. Pero los recuerdo frente al piano, mi padre tocando y Cristián Caballero leyendo la partitura. 

Son evocaciones de una ilustración con banda sonora. Y si cierro los ojos, también puedo sentir la caricia complaciente de mi padre.
¿Y saben que es lo que más me gusta de la estampa?... eso de: mi niño..

Su niño terminó por no ser cosmonauta aunque sí descubridor recurrente de los pequeños mundos del mundo, gracias al teatro y a las letras. Y aquel día probablemente haya sido el origen de los ecos que hoy me acompañan cada mañana por el campo, junto con Roma.
Pero todo lo que vino después en ese día, está detrás de mi memoria: la hora de la merienda, la tele y el pijama o el cuento de las buenas noches... 

De la ópera solamente se conoce su malograda existencia; probablemente pase a ser parte el peso muerto de la historia, una suerte de desguace intelectual a donde se dice que van a parar todas las obras humanas jamás terminadas.
No obstante en su título creo que guarda un significado, por lo menos curioso, más allá de la inspiración que pudo haber despertado en mi padre, la vida del ilustre explorador extremeño. Porque yo me pregunto: ¿por qué estando ya enfermo le atrajo la figura de este personaje y no la de otro? 

Si bien él había visitado Panamá para dirigir la orquesta sinfónica local, eso había sido en 1942 y es probable que durante su estancia haya conocido más de cerca la vida del famoso explorador extremeño, el primer europeo en divisar el Océano Pacífico, pero habían transcurrido muchos años guardando una idea en la cabeza, pero no deja de ser una probabilidad.

De cualquier modo debo decir que intuyo en todo esto la existencia de una metáfora inquietante... 

 Vasco Núñez de Balboa fue un personaje de gran importancia en su tiempo, figura relevante entre sus contemporáneos, quien a pesar de todo eso, como pago a su ardua vida comprometida con la lucha, conquista y fundación de nuevos enclaves en nombre de la Corona Española, fue primero calumniado,  despreciado, y al final decapitado por los suyos.

Después su vida pasó desapercibida durante muchas generaciones; la falta de interés y el olvido oficial le mantuvieron desaparecido. Y sólo como efecto de la labor del tiempo y de la mano de los historiadores, al menos cuatro siglos después, se fue recuperando el relato de la memoria con objetividad, donde sus acciones y su legado histórico, finalmente hablan por él.

La pregunta se repite: ¿Por qué fue inspiración de mi padre este personaje?

La historia es ante todo una elección, y los límites de esa elección.

Pero esa elección nunca es toda la historia.

-JJV-

En la fotografía del lado izquierdo se puede ver al maestro Cristian Caballero (1912 - 1986) al micrófono, en su papel de conductor de la ceremonia en homenaje a José F. Vásquez, un año después de su muerte.

La ilustración colocada a la derecha corresponde a una imagen de don Vasco Núñez de Balboa, (1475 - 1519) explorador, gobernante y conquistador español. Fue el primer europeo en divisar el océano Pacífico, y el primero también en haber fundado una ciudad estable en solares continentales del Nuevo Mundo.

La tercera fotografía es una copia del inicio del Tercer acto en la partitura de la ópera.

La vertiginosa vida cotidiana de 1938

9 de agosto de 2014

35. 

Hoy nos volvemos a asomar al tiempo amarillo, usando uno de los portillos enfocados en aquel microcosmos pretérito, y lo hacemos gracias a la prensa escrita que nos vuelve a dar una respuesta de eso que hoy somos, gracias a lo que fuimos, con otro testimonio in situ de uno de esos cómplices que como nosotros, aman a la música y a lo que hoy es la OFUNAM.

Hoy emergen letras y emociones expresadas en ese entonces, por un joven muy prometedor que habría de convertirse en uno de los más notables hombres de la música, dicho así con toda amplitud, de quien es toda una institución dentro de la cultura en México, el maestro Luis Herrera de la Fuente.

En aquellas impresiones escritas por él en 1938, descubrimos una bien cimentada admiración por quien por aquellos días estaba al frente de la la Orquesta Sinfónica de la universidad, y de los brotes verdes de la naciente radiodifusora universitaria.

Debo decir que el hallazgo de las letras del maestro Herrera de la Fuente, se suman a las de Antonio Gomezanda, otro gran músico mexicano de la época, compartido aquí mismo hace unas semanas; ambas crónicas son un dibujo del escenario en derredor de los primeros años del prólogo de lo que hoy son dos instituciones nodales, no sólo dentro de la UNAM, sino a nivel nacional: La OFUNAM y Radio Universidad.
Y no puedo evitar sentir el entusiasmo de las generaciones de jóvenes músicos de la época, plasmado en diversos artículos de prensa que nos transmiten, creo yo, un seguimiento cercano y acucioso de las actividades culturales universitarias, así como su voz idealista y sin compromiso.

Quizá sea posible respirar el fervor juvenil de aquellos aires, cuando el Anfiteatro Bolívar fue capaz de atropar la savia joven de preparatorianos y universitarios, colmando con su curiosidad, hasta los escalones del recinto para escuchar a su orquesta. Y si podemos imaginar quienes formaron parte del público entonces, no es difícil pensar que sin duda muchos de ellos habrían de ocupar poco más adelante, puestos capitales en el México que se construía por aquellos años en las aulas de la UNAM.

Hoy comienzo por el último párrafo escrito por ese joven Luis Herrera de la Fuente, que nos da su enfoque individual permeado por la energía que arriba he señalado:
"Nos proponemos hacer de esta "tira" un rincón a la pureza musical en todos sus aspectos; un predio de desnudeces, tanto de la veracidad como de la falsedad. Nuestra mejor recompensa será lograrlo desapasionadamente"
Toda una declaración de intenciones...

El testimonio del futuro maestro nos habla de las condiciones adversas enfrentadas en ese momento para levantar el proyecto de presentar por primera vez en México, "La creación del Mundo" de Joseph Haydn, uno de los oratorios fundamentales en la historia de la música. Y nos lo dice con claridad:
"Muchos problemas de organización y ejecución hubo que solucionar para dar a conocer al público esta obra. Se necesitaba una mano firme y un corazón grande que no cupiera en los estrechos límites pecuniarios del presupuesto del presupuesto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad. José F. Vásquez fue el hombre; (con el apellido mal transcrito, por cierto) y la realización correspondió brillantemente al esfuerzo, el saber y el entusiasmo que en ella puso"

El párrafo anterior nos pinta el escenario de austeridad monetaria que sufría la orquesta, y que habría de ser leitmotiv a lo largo de al menos los primeros cinco lustros en la vida de la sinfónica universitaria; 25 años que se dicen muy rápido, por cierto, y que si las cosas no han cambiado, apenas se mencionan hoy en los programas de mano de la temporada, ignorando que en ellos está cautivo el férreo carácter de de los líderes de aquellos tiempos, capaces de sostener viva la naturaleza del compromiso universitario con la difusión de la cultura, no obstante y a pesar de las presiones políticas de los adversarios de la UNAM. Algunos de ellos, cabe destacar, acabaron siendo quienes prestan su nombre en frontispicios, auditorios y orquestas de la actualidad. Una paradoja perfecta de lo que suele ocurrir en México.

De vuelta al siguiente párrafo del futuro maestro Herrera, nos dice:
"Es tiempo ya de que nuestros melómanos se detengan a seleccionar sus verdaderos valores. El dinero puede comprar la popularidad pero no el prestigio; puede pagar la adulación pero no el respeto; porque respeto y prestigio forman un edificio cuyo arquitecto, en el caso presente, es la capacidad artística innata del hombre, y cuyos materiales son el estudio y el tiempo. José F. Vásquez (he decidido escribirlo correctamente) reúne talento y experiencia, y enriquece esas cualidades con indómita energía que lo lleva a empresas como la que motivó estas líneas"

Más adelante y abundando en la figura de mi padre, Luis Herrera de la Fuente nos revela un rasgo peculiar probablemente ignorado por muchos:
"Él ha realizado al frente de la Sinfónica de la Universidad, obra fecunda. Ha enseñado a los hombres de mañana a amar la música como manifestación de alta cultura, por ella misma, al margen del esnobismo y pedantería de quienes van a lucir sus vestuarios en los intermedios; muy lejos de las damas disfrazadas de piñatas, tan ignorantes como burguesas o adineradas. Ha hecho llegar muchos momentos de arte sonoro a los humildes y sencillos que pasan todas las incomodidades para disfrutar una hora de música. Bienaventurados ellos, porque de los sencillos será el reino de la belleza"

Los años transcurrieron, y un día pedí cita para ver al maestro, por entonces Director Titular de la Orquesta Sinfónica de Minería; en aquel entonces yo ignoraba todo lo escrito por él en el año 1938, unos 50 años antes de nuestra reunión. Años en que yo estaba en la búsqueda de las partituras extraviadas de la obra musical de mi padre. Y acudí a él como resultado de la intervención de Franck Collura, un director italo-norteamericano que por un azar del destino que otro día he de contar aquí, había quedado prendado del Intermezzo de la ópera el Mandarín, tanto que le propuso al maestro Herrera, interpretarlo en su visita como huésped de la orquesta.
Como la obra se tocó y fue muy bien recibida por el público, unas semanas después, el entusiasmo y la gratitud me llevaron hasta la oficina de Herrera de la Fuente, pero también con la intención de que me ayudara a programar alguna otra cosa, entre la vasta obra orquestal de mi padre.

La visita fue formal pero grata, no así el resultado de mi expectativa que se frustró al no conseguir lo que yo quería, ni a corto ni a largo plazo. La programación de la orquesta estaba en manos de un comité de notables y no en sus manos, me dijo, y agregó que si tenía éxito en su gestión me lo haría saber.

Yo creo haber sido entonces uno de esos "sencillos destinados a la bienaventuranza"... que él auguró 50 años antes en su texto; un ansioso también por escuchar arte sonoro, como decía él, de un músico que fue mi padre y del que por esos años menos aún se sabía. Pero no fue posible, y sólo ha quedado aquella fortuita programación del Intermezzo, como vínculo único entre la música de Vásquez, y una más de las grandes orquestas del país.

"Todo esto a propósito de un acontecimiento de arte que pasó rozando nuestros sentidos sin que nos detuvieramos en nuestra vertiginosa vida cotidiana a contemplar y valorar su mérito..."

Así abrió el texto el joven Herrera de la Fuente, con rumbo al elogioso relato del año 38, arriba desmenuzado, y me deja un pensamiento.
Quizá cinco décadas antes, en la entretela de su texto, aquél joven relator musical sin él mismo saberlo, le dio destino al elogio enfocado en José F. Vásquez, por un lado al... "contemplar y valorar su mérito"...
Pero también por el otro, tal vez aquellas viejas letras hoy en manos del tiempo amarillo, presagiaron el mal de "la vertiginosa vida cotidiana" de un director al frente de una gran orquesta en los años 80, que saturado de trabajo, acotado quizá en sus decisiones, al confesarme que al ser una obra tan desconocida sería muy difícil que el comité lo aprobara.

Recuerdo que al salir pensé que si la obra no se toca seguiría siendo desconocida, por aquello de qué fue primero si la gallina o el huevo...

Y así fue cómo no se pudo repetir nada de su obra en esa orquesta.
Ninguna de las sinfonías o de los conciertos o poemas sinfónicos o misas del viejo maestro que... "ha enseñado a los hombres de mañana a amar la música como manifestación de alta cultura"...

Un mérito insuficiente frente al olvido institucional, más allá del maestro Herrera. Y acaso también un texto con el don del resumen de un augurio encapsulado en las tripas de aquel texto del joven entusiasta, cuando dijo que la labor de don José F., "pasó rozando sin que nos detuviéramos en nuestra vertiginosa vida cotidiana, a contemplar y valorar su mérito..."
un estatus que muy a mi pesar continúa vigente.

Ojala que la luz persista y siga comiendo sombra para que la suerte cambie hasta llegar el día en que se detenga y no solo lo roce, sino que lo mire y lo envuelva completo y de frente.

-JJV-

La primera imagen a la izquierda, corresponde a la crónica musical aparecida en prensa en 1938, firmada por quien aparece a continuación del lado derecho: el joven maestro Luis Herrera de la Fuente, (Ciudad de México - 25 de abril de 1916).  

Dos prólogos y un solo relato de una radiodifusora cultural 

23 de agosto de 2014

36.

Emulando un poco mis antiguas cátedra de análisis de texto, hoy me pongo a reflexionar y a terciar un artículo de prensa sin datar, pero que seguramente apareció al final de la temporada de conciertos de 1938. Dos años después de la fundación de la hoy OFUNAM, y apenas meses después de que la hoy Radio UNAM saliera al aire:

"Una radiodifusora cultural en que su director es absoluto y no tiene ligas de ninguna especie con los "influyentes" de la esfera oficial, resulta ser un campo propicio para hacer arte y difundir cultura a través del espacio"

En su párrafo inaugural, el cronista denota certeza en su conocimiento del medio; un estatus que ya se ve no tiene época y una ratificación de que la luz convive con la sombra, siempre.
¿O no suele ser esta una situación frecuente para un soldado de la cultura?
Después el periodista nos da las claves que a su entender caracterizan el rol de mi padre como funcionario:

"El señor profesor José F. Vásquez, Jefe del Servicio de Radio de la Universidad Nacional Autónoma de México, es un elemento ampliamente identificado con el arte, y sus actuaciones como director de orquesta han sido brillantísimas. Reconocemos que tiene por delante un gran porvenir no obstante que críticos y público le han consagrado ya como director y como artista. De todo esto: su temperamento, sus conocimientos, y la ausencia de "influyentes" que le "inviten" a hacer determinada "cosa", resulta su acierto al dirigir los destinos de la Radio-Universidad, que entre paréntesis diremos: cumple ampliamente con su cometido de estación cultural al hacer ARTE y difundir CULTURA...

Esto nos ubica dentro de la cronografía personal de don José F., por entonces en auge y desarrollo, de acuerdo a las apreciaciones de quien firma esto. Y su testimonio, debo decir, me gusta pues concatena con el perfil fundamental que yo como hijo tengo de mi padre; más aún, a estas alturas de mi vida creo apreciar con nitidez el significado de su lucha contra corriente y con el único apoyo de la institución a la que se entregó por casi 40 años. Algo que se dice pronto pero que conviene deletrear pensando en toda vivencia contenida en esos años, que para él representaron el 70% de su vida.

Ahora bien, las mayúsculas que usa nuestro cómplice de aquel entonces, para cerrar el párrafo, hablan de lo prioritario que tenía para ese hombre el ejercicio polinizador del arte y la cultura, sobre todo en los jóvenes, y en el entusiasmo y en la curiosidad con el que llenaban el Anfiteatro Bolívar para escuchar a "su" orquesta.
Dos energías humanas naturales y complementarias.

Al final utiliza puntos suspensivos y esto también me gusta porque es un enlace común que yo uso, quizá a veces en exceso, pero es que no dejo de pensar que los puntos suspensivos nos representan muy bien, pues siempre existe la posibilidad de dejar algo inconcluso; bien un beso, una taza de café, un viaje, un atardecer, los zapatos a medio uso, un poema equivocado, una idea jamás implementada, y claro está, la vida misma. Y es que estamos expuestos al silencioso acecho de los puntos suspensivos en nuestra bitácora.
Por eso me gusta usarlos.

Los puntos suspensivos que correspondieron a José F. Vásquez, no afloraron hasta su muerte en diciembre de 1961, arrojados sobre el valioso texto de sus logros, no obstante frágil en demasía frente a la desmemoria humana, pero en los que yo me he empeñado en trabajar para conseguir su rescate, y con ello, el de su vida y su obra. Y lo hago con la mira puesta en mis propios puntos suspensivos que un día se anticiparán a mi firma...

De vuelta en el artículo, este buen hombre del que no he podido averiguar su nombre, nos deja ver lo que siente frente a la pausa. Lo que piensa al ver venir un silencio en la partitura de su entusiasmo por esta orquesta:

"La Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de México. tuvo un ciclo brillantísimo de audiciones que fueron transmitidas por los micrófonos de XEXX, y verdaderamente sentimos que hayan llegado a su término, que aunque feliz, nos trae la angustia de una nueva espera..."

Y no se puede pasar por alto que use dos palabras simbólicas de su momento de teclear el texto: feliz, y angustia...

Dejo ahí los suspensivos a modo de espacio para reflexionar imaginando a nuestro cómplice intemporal, ahí, sentado frente a su hoy vieja máquina de escribir, quizá rememorando aún algún pasaje de polen bachiano, mozartiano o con suerte hasta vasqueziano, que la orquesta haya transportado hasta el oído de su espíritu, ya que resulta difícil leer una reseña tan emocional, y tan afectuosa hacia un colectivo orquestal.

Por todo lo anterior me he quedado pensando en la muy probable juventud del escribano, dada la vehemencia en sus letras, el idealismo a flor de piel y su declaración contra el poder establecido, en el entendido de que todo esto no fue más que un puñado de impresiones a partir de la música recibida de una buena orquesta apenas en ciernes, mal pagada y en riesgo latente de disolución, como hemos leído en este y en testimonios anteriores, desde "el tiempo amarillo de una fotografía", como decía Miguel Hernández, de aquellos tiempos tan difíciles de la hoy OFUNAM, si bien acometidos con inspiración, temperamento y conocimientos, como él mismo señala, pero que hoy, igual que unas viejas partituras también enfermas de amarillo, están expuestas al deterioro natural y caducifolio de la memoria humana.

Pues crónicas como esta, nos revelan la existencia y resistencia de un plano superficial en el que sólo se miran las flores y no la raíz.
¿O es que siempre fuimos lo que somos? 

Y claro, a mí me da por preguntar: 

¿Por qué no sabemos lo que fuimos? 

¿Cuándo, dónde y por qué se rompió el relato original de una orquesta pero también de una radiodifusora?

¿Quién ordenó tal deriva?

Aquí caben muy bien de nuevo y para terminar, unos puntos suspensivos ligados a esa desmemoria caliginosa e inane que nos separa de aquellos queridos fantasmas, inspiradores de pasión y entusiasmo en el público, y de uno que otro sueño también, a lo largo del dilatado prólogo de lo que hoy somos, como consecuencia de lo que ellos...

Pues a pesar de todo, estos fantasmas en bicolor, hablan por sus espíritus.

-JJV-

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MIGUEL HERNÁNDEZ: "Sigue, pues, sigue cuchillo, volando, hiriendo. Algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía"

La primera imagen a la izquierda, reproduce el articulo de prensa publicado, presuntamente en 1938. La fotografía central corresponde a la noche de la inauguración de Radio UNAM, la noche del 14 de junio de 1937. Las dos últimas a la derecha, muestran un aspecto de las antiguas instalaciones de la radiodifusora y un anuncio publicado en la Gaceta Universitaria en ese mismo año de 1937.

En la fila inferior se muestra el Directorio de la UNAM del mes de junio de 1939, publicado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. 

Del cabaret a la sala de conciertos

13 de septiembre de 2014.

37.

Con frecuencia los frutos de la investigación maduran gracias al azar, y si bien conviene enfocar el resultado desde la causalidad, para lograr una interpretación más objetiva, conviene dejarlos sustanciar de acuerdo a sus propias valencias, sin considerar lo que falta como el núcleo del hallazgo, aunque bien pudiera serlo.

Eso lo he ido aprendiendo a base de quebraderos de cabeza y de angustia por no haber podido completar algún rompecabezas en turno. Pero todo es así de imperfecto.

Y a pesar de ser verdadero el saborcito amargo del regusto frente al saldo final, es necesario seguir adelante pensando que tal vez en la próxima escala de los hallazgos reaparezca la explicación, pero a su tiempo y a su ritmo.

Este es el caso del curioso testimonio de uno de nuestros fantasmas anónimos que a través de sus letras nos ha dejado sus ojos para mirar una escena de la vida de José F. Vásquez, pero desde otro ángulo semioculto, y como un reflejo suyo en la vida de un pianista. Hoy extraviado también detrás del olvido.

"Había yo visto muchas veces pasar cerca de mí, en los pasillos de la "W", a un muchacho alto de pelo atractivamente gris en las sienes, ojos claros, sinceros, y muy pocas palabras. Después le vi sentado al piano en diferentes orquestas. Nada de esto era  extraordinario. Pero hace unos días asistí a un concierto en que con la Orquesta Sinfónica de la Universidad, iba a ejecutarse el Cuarto concierto de Beethoven para piano y orquesta. Obra bellísima. De verdadera prueba para el solista. Me gusta la música buena. 

Cuando llegó el respectivo turno, vi salir y sentarse al piano al muchacho alto, de pelo atractivamente gris en las sienes etcétera, etcétera...

¡Esto sí que tenía mucho de extraordinario! 

Porque estamos acostumbrados a escuchar en la radio acompañantes hábiles, pero pianistas, no. Y Edmundo Méndez es pianista en la más alta expresión de la palabra.

Entonces sentí el deseo de charlar con él y le busqué para ello. 

Su sencillez corre pareja con su talento. Ni una palabra de vanidad. Ni una sol mención de éxito. Habla con voz ligeramente apagada, tierna, cuando se refiere a su maestro; apasionada cuando piensa en el porvenir...

Yo le abordo.

-Me ha llamado la atención que, tocando programas de radio, interprete usted a Beethoven en obras de positiva dificultad y haya sido elegido por el maestro José F. Vásquez, cuya delicadeza conozco, para el concierto que escuché en el Anfiteatro Bolívar...

-Sí, puede parecer un poco extraño... También he tocado en cabarets, hace quince años poco más o menos, cuando las piezas se le pedían al pianista a tiros... Mi carrera ha tenido variantes curiosas...

Preso en los recuerdos, Edmundo va contando a saltos su vida de estudios que comenzó cuando tenía trece años de edad. Lo inició en el piano su propia madre. Cuatro años después encontró a quien iba a ser su guía y ejemplo y por quien él siente una veneración sin límites: el maestro José F. Vásquez. Con él estudió poco menos de tres años, al cabo d elos cuales tuvo que abandonarle porque el trabajo del cabaret le absorbía. Había que pelearle a al vida. No fue sino hasta mucho después, en 1936, que volvió, entonces con mayor anhelo que nunca, a estudiar con su mismo maestro; pero esta vez para no dejarlo ya. Trabajaba en la radio; pero estudiaba enérgicamente. Tres años después hacía su presentación como concertista interpretando los estudios sinfónicos de Schumann, Scriabin, Debussy, Ravel y otros autores. Aquello fue el alfilerazo definitivo que le hizo aferrarse a su idea más aún.

-Nuevamente, en 1940, en el concierto inaugural de la temporada sinfónica de la universidad, actué, esa vez tocando el concierto de Bortkiewicz: y últimamente, ya Beethoven. En la actualidad preparo dos conciertos de piano solo a base de Schumann y Chopin, uno, y otro con autores contemporáneos: Stravinsky, Prokofiev, Bela Bartok... A veces en la radio puede uno interpretar buena música, los programas de la casa Steel me lo han permitido; pero eso es poco corriente. De todas maneras sigo preparándome con entusiasmo y soñando con llegar a ser un verdadero concertista, para dedicarme a la música que amo. Cuanto he logrado lo debo a mi maestro, para quien no tengo sino una gratitud inmensa, que jamás llegaré a demostrarle suficientemente ya que no solo sus enseñanzas me ofrece, sino la generosidad de un cariño, que es lo que más me anima y que por nada del mundo querría yo defraudar. Si llego alguna vez a lo que sueño, todo lo habrá hecho mi maestro. Ya ve usted, del cabaret pasé a la radio y de allí a la sala de conciertos. Este milagro solo tiene para mí un nombre: José F. Vásquez...

Reproduzco las palabras de Edmundo, a sabiendas de que ellas tocarán el corazón de mi respetado amigo, el maestro,y que han de proporcionarle una alegría por demás merecida: porque, ¡Señor, hay tantos alumnos ingratos por ahí!... Tantos de los que, pese a todo esfuerzo, no se logra nada... Y ya que ser un creador, formador y director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad no da sino dolores de cabeza, ¿que menos que enterarse, aunque sea en letras de molde..."

Y así, inacabadas y truncas, como una metáfora igual al de los quehaceres humanos que suelen interrumpirse por alguna de las formas de muerte, incluida el olvido, estas letras integradas dentro del cuerpo de un texto de gratitud y excepción. 

Hoy, apenas luego de leerlas, tendríamos que intuir su final y el desenlace también de la historia del protagonista, asimismo difuminado, detrás de un anonimato incapaz de proteger su pequeña historia de la riada que va erosionando la vida de los otros, y alguna vez, la propia.

-JJV-  

La primera imagen es una reproducción digital del recorte de prensa donde se muestra la entrevista al maestro Edmundo Méndez, aunque no ha sido posible precisar al autor de la misma. 

La segunda, al centro, reproduce un ejemplar de la propaganda de la Temporada Popular de conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, publicada en la Gaceta Universitaria del mes de noviembre de 1961, un mes antes del fallecimiento del maestro Vásquez, dentro de la que se aprecia la participación del maestro Méndez como uno de los solistas anunciados.

La tercera imagen corresponde a un aspecto de la entrevista de prensa con la fotografía de los protagonistas de la misma.  

Una fotografía en japonés

7 de septiembre de 2014

38.

La práctica de recorrer la historia a través de imágenes y de todo lo que hay detrás, adentro y más allá de ellas, siempre fue algo muy atractivo para quien les escribe; hoy, instalado en la feliz abuelidad, esta gimnasia mental parece haberse acomodado mejor como parte de las horas de curiosidad útil que he venido acumulando a lo largo de mi andadura humana.

Pero si además mi enfoque apunta en la historia de mi familia, este ejercicio adquiere un rango nutriente de mayor calidad, porque desde la temprana orfandad, se me fue convirtiendo en una necesidad el rellenado de un rompecabezas de piezas perdidas que, en el corazón de las células, es energía pura.

Así que ahora, en esos huecos que puede uno ir cavando entre la realidad tan exigente en derredor, y el trabajo que uno ha elegido hacia la felicidad, suelo dedicar algún tiempo a buscar; ya saben lo curioso que soy, y créanme, a estas alturas del partido, es necesario conservar dos cosas como fuerza motriz rumbo al futuro: la curiosidad, y el estado de alerta frente a las insinuaciones oníricas; esas señales que no tienen explicación pero que sirven como nada, para encontrar la respuesta y la nueva pregunta que nos seguirá obligando a seguir a remolque, ese llenado del rompecabezas.

Porque siempre hay algo más allá de las imágenes; mucho más de lo que puede en sí transmitir una fotografía, y que parece estar relacionado con la energía amorosa cautiva en la instántanea, y con los hechos que en ese momento rodeaban a quienes protagonizan el blanco y negro. Y es que también parece que las fotos en blanco y negro son más fuertes y resisten mejor al tiempo, a la desgracia, y al peor de todos los agentes destructores del amor: el olvido.

Todo esto para contarles que buscando buscando acabo de toparme con una fotografía de don José F., que cumple con todos estos requisitos.

Una imagen suya dentro de un catálogo de directores de orquesta. Un blanco y negro que sin ser un nuevo elemento en mi exigua colección, es nueva por el ángulo elegido, y certifica un momento importante de su vida, donde se fue fraguando el principio de su enfermedad cardíaca, que como ya saben ustedes, le causó la muerte a los 65 años. Una edad que pronto he de alcanzar, y que me he puesto a reflexionar, inútilmente, ya lo sé, en el misterio donde las líneas de la edad y del tiempo, después de tanto vadeo a fuerza de vida, abandonan su paralelidad y deciden confluir en el río para continuar juntas rumbo al estuario, y así cerrar la pequeña historia del protagonista.

Un clic que cambia todo en un instante oblicuo en apariencia.

Un clic emparentado con el ruidito de la cámara que ajena a todo lo venidero, certifica de ese modo la perpetuación del momento. Hablando de perpetuación, claro está, en términos humanos, y por tanto sin dejar de considerar nuestra fugacidad ingénita.

Lo curioso de mi hallazgo es que la foto en cuestión del catálogo señalado, donde aparece José F. Vásquez, y que tal vez por lógica debiera haberse emitido en su propia patria, tal vez en su ciudad natal o en la de su fallecimiento; una foto que deseablemente pudiera haberse publicado por su orquesta; la que él fundó junto con el maestro José Rocabruna; la que él dirigió a lo largo de 25 años...

Una foto que pudiera haber sido agregada al collage conmemorativo de la inauguración del Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México, por supuesto. Sobre todo si en el momento de tomar la decisión de seleccionar los rostros que ahí aparecerían, se hubiera considerado un dato, quizá trascendente:

José F. Vásquez fue el primer director de orquesta en dirigir en ese recinto, aún antes de la inauguración oficial.

Una foto junto a otros grandes artistas embajadores del país donde hoy hace falta esa misma foto que yo he hallado en Japón.

¿Curioso, no les parece?

Pero todo tiene su explicación más allá de la imagen porque así es siempre la vida de cualquier fotografía.

Era el año de 1959, José F. Vásquez por entonces Director Titular de la Sinfónica de la Universidad, (hoy OFUNAM), fue invitado por la Tokyo Phillamonic Orchestra en calidad de director huésped.

Aquél año, la temporada de la orquesta había celebrado el Festival Beethoven, que incluyó los conciertos 2 y 5, y la Fantasía para piano, coro y orquesta, teniendo como solista al gran Alfred Brendel. Además se interpretaron la Sinfonietta de Schöenthal, el Concierto de viola de Bartok, la Sinfonía no. 2 de Kabalevsky, el Poema Sinfónico Benito Juárez de Higinio Velázquez, el Prólogo y epílogo de Bugaku, de Matsudaira, el Concierto de Aranjuez, con Alirio Díaz como solista, y el Concierto No.2 de Rachmaninoff, en la versión magnífica de Luz María Puente, madre, como todos ustedes saben de Jorge Federico Osorio.

Los directores fueron, además de mi padre, los maestros: Juan D. Tercero, Angel Muñiz Toca, y Kazuo Yamada.

Probablemente don José F., al momento de subir al avión que tras una largúisima jornada le habría de llevar a Japón, o tal vez durante esa largura de horas que pasó a bordo, haya pensado en la temporada recien terminada, su vigésima tercera en ese podio.

Acaso recordó algún concierto en especial, alguno movimiento, y alguno de los compases ejecutados por su orquesta.

Quizá también al momento del despegue de aquella aeronave modernísima para su tiempo, capaz de cruzar el Oceáno Pacífico, José F. Vásquez pensó en Gloria, su mujer, o en sus hijos; no lo podemos saber. No existe foto alguna que lo compruebe, pero tampoco abundan las fotografías contenedoras de una capacidad así para reflejar en un instante, lo que sentimos más allá de lo que somos en el preciso instante del clic, en el que sin saber sonreímos disciplinadamente.

Quizá sea en un afán de transmitir la felicidad de estar ahí, de sentir algo, y de ni siquiera imaginar quién o quienes en el futuro podrán invertir un instante de sus vidas, a contemplar nuestro intento y nuestra insinuación en blanco y negro.

Mucho menos podemos imaginar que en vez de ser los nuestros y los cercanos, los más próximos y los deudos, o los legatarios de nuestro trabajo, sean los absoluta y totalmente desconocidos, los sin nombre, los ajenos al esfuerzo que hicimos a lo largo de la vida para poder aparecer en esa foto, sean quienes hayan decidido incluir nuestra fotografía, a modo de testimonio y homenaje a nuestro paso fugaz por sus tierras.

Como una reverencia...

Quién sabe cuántas cosas habrá llevado mi padre en mente en su ruta hacia el Lejano Oriente. Incluso tal vez la emoción le impidiera saber que al hacerlo, sería el primer director de orquesta mexicano en ocupar un podio en aquél continente.

Mi padre decidió llevar a Japón la música mexicana; y en un período de tres semanas dirigió dos conciertos en Tokio, dos en Kioto, uno más en Osaka y uno más especialmente transmitido por la radio a nivel nacional.

Por vez primera, los japoneses habría de escuchar: Chapultepec de Ponce, el Huapango de Moncayo, y la Sinfonietta de Vásquez.

Toda una selección de imágenes sonoras de un país desconocido, que de ese modo habrá permanecido en la memoria del público nipón, como una fotografía, sin duda sonriente, de nuestro país.

Un país donde creo yo hacen falta algunas fotos de don José F. Testimonios no necesariamente fotográficos; pero de algún modo reivindicativos de su existencia, de su trabajo y de su paso por esta aventura humana.

Hasta donde yo sé y sin mucha búsqueda, hoy existe el Coro Juan D. Tercero en México, el Centro Musical y la calle Angel Muñiz Toca, en Asturias, el Concurso de Guitarra Alirio Díaz, también Kazuo Yamada fue nombrado en su momento Director Honorario Permanente de la orquesta de su vida, la Tokyo Philharmonic Orchestra, y Alfred Brendel, miembro honorario de la Vienna Philharmonic. Esto por señalar las fotos vitales que sus beneficiarios y sus cercanos, supongo, decidieron preservar para que la memoria y la obra de su fotografiado en blanco y negro, nunca se enfermara del amarillo que aqueja a las fotos enfermas de olvido.

Todavía no existe ningún coro, ningún ensamble mucho menos una orquesta que lleve el nombre de José F. Vásquez. Ni siquiera un salón de clase o algún concurso. Y que yo sepa, la OFUNAM, nunca nombró Director Honorario a quienes fueron sus fundadores.

Quizá todo se deba a que la gratitud y el reconocimiento sean un par de costumbres japonesas, similares a la reverencia como saludo, y que hoy recuerdo trajo mi padre de aquellas tierras, como uno de los gratos recuerdos de sus anfitriones y del público en Japón, y que a mí, con apenas 10 años de edad encima, me hizo mucha gracia.

Mucho tiempo habría de pasar, y sobre todo, mucha vida, para que yo me diera cuenta del valor de aquella forma de saludar a quienes son merecedores de respeto; un valor superior y más duradero que la vida de aquél tren eléctrico venido como regalo de ese viaje, que hoy nadie sabe dónde acabó, y del yo en mi inconsciencia, jamás fotografié.

Aquí debajo en las dos primera imágenes, aparece la Galería de Directores de Orquesta que han dirigido a la Tokyo Philharmonic Orchestra, a lo largo de su historia. 

Ellos preservan este testimonio hasta nuestros días, como un pequeño homenaje de respeto y gratitud, a los artistas de paso fugaz que no obstante forman parte de su historia.

Tal vez la foto que corresponde al fundador de aulas, orquestas, y puestos de trabajo aún vigentes dentro del mundo cultural mexicano, pueda parecer una fotografía en japonés que, traducida signifique algo más allá de la simple imagen.

¿O que acaso represente un acertijo escrito en kanji?... 

 メキシコの私は誰ですか? - ( Mekishiko no watashihadaredesu ka? )

-JJV-

Las dos primeras imágenes muestran un reproducción actualizada de la página web de la Tokyo Philharmonic donde aún aparece la fotografía de José F. Vásquez. La tercera y cuarta fotografías de izquierda a derecha, muestran al maestro Kazuo Yamada, por aquel entonces Director Titular de la Tokyo Philharmonic, y al maestro Ángel Muñiz Toca, Director Titular de la Orquesta Sinfónica de Asturias, quienes en ese mismo año fueron huéspedes de la Orquesta Sinfónica de la Universidad para la temporada de 1959.

Abajo en la segunda fila aparecen las fotografías de Luz María Puente, Alirio Díaz y William Primrose, respectivamente, tres de los solistas más destacados de aquella temporada. Y por último se aprecia la imagen de la portada del folleto de propaganda de la misma. 

Un palacio octogenario que nació seis años antes

28 de septiembre de 2014.

39.

Hay imágenes de un significado más profundo que otras, todo depende de los códigos individuales asimilados a base de vida, aplicables en el lenguaje de las interpretaciones. Porque somos lo que hemos aprendido a ver, para ser. Sin importar lo que otros deseaban que viéramos para que fuéramos otros, y con frecuencia muy en contra de las apariencias que dictan las verdades acordadas.

Así, la imagen de un mosaico de rostros memorables me parece incompleta, aun presumiendo que ahí, detrás, entre las sombras de una fachada magnífica yazca alguno que no vislumbro. E incluso sabiendo que su marginalidad se deba a ese factor humano del que somos cómplices involuntarios cada día y cada noche, cuando cerramos los ojos para dejar atrás gran parte de lo que vimos, de lo que otros quisieron que viéramos o de lo que por casualidad miramos sin mirar.

Y es así qyue detrás de los párpados se acumula eso que fuimos o que no pudimos ser, a causa de nuestras decisiones, pero a veces también como parte del saldo caducifolio de la memoria humana.

Dentro de dos días se han de cumplir 80 años de que el Palacio de Bellas Artes haya sido inaugurado oficialmente, es decir, de haberse celebrado la liturgia correspondiente.

Sin embargo, antes de aquel acto, el 16 de septiembre de 1928, alguien estuvo ahí, (entonces Teatro Nacional) llevando una orquesta y una compañía de ópera, para presentar Atzimba, de Ricardo Castro, inaugurando así la ruptura del silencio con las notas de una partitura que se transformó en voces y en sonidos orquestales, por vez primera en la historia de esa sala, que 6 años y 14 días después, abriría sus puertas con algún discurso, alfombra roja y brindis de champán, luego de haber cortado el listón, supongo, de manera oficial.

Pero el nacimiento sonoro de aquel recinto había sido antes organizado por un joven de 31 años, director de orquesta, que por aquellos años había fundado la Compañía de Ópera Mexicana, sufragando con sus propios ahorros aquella primera puesta en escena, como eslabón inicial de una temporada operística mexicana que, por cierto, no se pudo prolongar por, como se dice en estos casos, problemas ajenos a la voluntad del productor-empresario-director, debido, parece ser, a un conflicto interno del Sindicato de Filarmónicos.

Por esa fecha, el joven director en cuestión había también presentado ya, a las autoridades de la UNAM, el proyecto para fundar la Orquesta Sinfónica de la Universidad. Una idea que había comenzado a bullir en su mente desde 1926, estando al frente de una orquesta de cámara compuesta por colegas profesores de la Escuela Nacional de Música. Hasta que en los primeros meses de 1936, 10 años después, pudo transformarse en parte de la realidad que todavía atestiguamos hoy, cada vez que suena la hoy OFUNAM.

Ese rompedor del silencio de la sala principal del Palacio Bellas Artes, ese director-productor-empresario, ese visionario...

(De visión. 1. adj. Dicho de una persona: Que, por su fantasía exaltada, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas. U. t. c. s. 2. adj. Que se adelanta a su tiempo o tiene visión de futuro. Apl. a pers., u. t. c. s.)

...una definición que me encanta... Más aún porque dentro de ella puedo acomodar el nombre de José F. Vásquez, mi padre.

El inaugurador extraoficial o primer amor sonoro de la sala.

¿Habrá alguien cruzado el Canal de Suez, antes de ser inaugurado administrativamente?...

¿Habrá alguien descubierto América, antes de Colón?

¿Habrá alguien nacido antes de lo que aparece en su acta de nacimiento?

Se me vienen a la mente preguntas similares, pero son ideas oblicuas al tema de este domingo.

Así que hoy, 28 de septiembre de 2014, conforme fui mirando esa imagen fruto de un juego de luces y sombras, y retrato de la realidad oficial actuante, mis ojos comenzaron a visionar por ahí, en alguno de los resquicios que separan los dos universos y los múltiples mundos cuánticos, un rostro.

Un rostro que al no existir ahí, existe.

Igual que existe su primera llamada de atención a la orquesta ese 16 de septiembre de 1928.

Igual que existen las primeras notas de aquella Atzimba de Ricardo Castro, de quien por entonces José F. Vásquez era depositario legal de su obra, por voluntad de los herederos de Castro.

Igual que existe la irrupción de la luz escénica en los movimientos preliminares de los cantantes sobre el escenario; o las primeras respiraciones de emoción de un conjunto de artistas que aún sin formar parte de la ceremonia posterior de inauguración administrativa de la sala, permanecen ahí mismo, por efecto de la energía transformada que su sudor, quizá muy dulce, les habrá dejado dentro de la felicidad irreversible de haber sido los primeros sobre aquel escenario.

Porque si Lavoisier tiene razón, "la materia y la energía no se crean, ni se destruyen, sólo se transforman"

Así que aunque hoy parezcan ser fantasmas vueltos sombras en el hermoso collage colorido de este magnífico monumento, están ahí.

Y están gracias a ese otro descubrimiento: E=mc2, que antes de salir a la luz estuvo detrás, entre sombras de la ignorancia humana.

Como todo lo que todavía hoy no vemos ni sabemos.

Lo demás es parte de los acuerdos de la realidad que, como todo lo realizado por la mano humana, es fugaz, imperfecto, y cambia, porque aloja historias detrás de la Historia y de sus borrones, y son un trozo del claroscuro, tan nuestro.

Recordando mis tiempos escolares, con mi cuaderno adormilado de física y su fórmula del E=mc2, mientras a bordo de un tranvía yo solucionaba un crucigrama, o las 7 diferencias entre dos imágenes en apariencia idénticas, les pongo aquí, queridos Allegros re allegros, un par de fotografías, para que si les apetece, jueguen a encontrar las diferencias.

Y les ayudo: hay luces que provienen del 30 de septiembre de 1934 y sombras ocultas desde el 16 de septiembre de 1928.

Cosas que aún no vemos ni sabemos, hasta que la luz llegue.

Ya saben, el claroscuro es tan nuestro...

El violín peregrino

28 de febrero de 2015

40.

Allegros Re allegros, queridos todos; una semana más en el encuentro al que nos vinculan, la voluntad, y las letras.

En estos últimos dos días, he querido observar con atención los rostros, los aspectos y las actitudes de los ancianos más mayores, esos seres que de una u otra forma han logrado recorrer toda la aventura humana, no obstante lo ingrata que suele ser, no obstante su crudeza, no obstante los procesos en los que se enfrenta al dolor, a la pérdida y al vacío de las ausencias, no obstante la reiteración de absurdos de la realidad que hemos creado en derredor, y a pesar de la intermitencia de fe en la misión que nos corresponde y que suele desequilibrarnos puntualmente.

Quizá su longevidad se deba simplemente a lo maravilloso que es vivir, y de hacerlo sabiendo para qué. Porque si envejecer es obligatorio, crecer es absolutamente opcional.

Estas observaciones han venido a mi mente pensando en Gloria, mi madre. Pues la muerte ha sido demasiado prolongada, comparada con su vida tan breve de menos de 43 años; un soplo entre los tiempos, un parpadeo en forma de pequeña historia que ella protagonizó como en un sueño, diría el poeta.

Ella lo supo, acaso lo sabe; yo también.

Y así, entre suspiro y suspiro, fue inevitable reflexionar a cuenta de que el pasado día 22 de febrero, ella hubiera cumplido 93 años.

¿Cómo hubiera sido su vida si la esperanza contemporánea se hubiera cumplido?

¿Cómo hubiera evolucionado como mujer, como violinista y como madre, abuela, y bisabuela?

Ustedes me han de perdonar este ejercicio en apariencia inútil, que sin embargo me hace comprender los ángulos impensados que ha tenido mi propio camino, y que hoy en plena abuelidad feliz me refuerzan, renovando así mis gratitudes fundamentales con respuestas.

En palabras de Jung: "La vida es el punto de apoyo para la verdad del espíritu".

Y doña Gloria Margarita Torres, viuda de Vásquez, fue un grato primer ejemplo invicto de ello.

Quizá sea por eso que yo la recuerdo más como viuda, imbuida en su alegre resistencia contra las serias adversidades desencadenadas luego de la muerte del entonces respetado e importante maestro Vásquez, jefe de una familia acostumbrada a un tren de vida exigente, donde la felicidad y la música habían sido su fuerza motriz. Y que de pronto, sola, con dos hijos de 7 y 10 años, tuvo que afrontar el mundo aquel en que la falocracia destinaba para la mujer, un papel aún más discriminatorio que hoy en día; en roles, salarios, derechos y todos los etcéteras que todavía hoy encara la mujer de nuestros días.

Gloria amanecía tarareando canciones o pasajes sinfónicos para ir y venir, siempre con prisa, del mundo laboral que había cambiado radicalmente desde su despido de la orquesta, de la que formó parte desde el año 1940, cuando ella tenía 18 años y era la más joven de los músicos y una de las dos únicas mujeres. Tal y como nos lo demuestra la fotografía que a pesar de anunciar el programa inaugural, no corresponde al primer concierto de la orquesta celebrado en la fecha que se anuncia.

Sin embargo ella nos contempla desde ahí, sentada en la tercera fila de violines, (hacia el centro de la orquesta) hoy borrosa y aquejada de olvido. Como casi todo aquel mundo inicial de la orquesta.

Un día dejó de ir a los ensayos, a los conciertos, y aquél niño que fui lo supo, sin saber por qué algo tan raro había ocurrido. Y es que nuestra sorpresiva ausencia del palco de Bellas Artes se hizo asidua, y me decía algo.

Así entonces ese niño supo que los horarios de aquella violinista habían cambiado y que también era llamada como suplente a otras orquestas como había ocurrido en su juventud; a grabaciones o presentaciones de conjuntos de música popular, muy conocidos entonces, como las orquestas de Chucho Ferrer, o a de Chucho Zarzosa, por ejemplo. Y es que Gloria llegó a grabar con las estrellas rockeras del momento, como Cesar Costa o, Alberto Vázquez, y de lo que yo recuerdo hay un pequeño solo dentro de una canción de Ricardo Roca: Granito de arena.

La recuerdo un día desayunado con nosotros, mostrando un LP autografiado por Nat King Cole, a quien había acompañado la noche anterior en el Señorial. Uno de esos cabarés para grandes, al que Gloria acudió feliz luciendo sus mejores galas y porque además la paga era mejor.

Por aquellos años se intensificó también su actividad con el Cuarteto Clásico de la Ciudad, con quienes llegó a ensayar en nuestra casa ante la inminencia de algún compromiso importante, más allá de las misas o "huesos" en general que solía buscar a veces sin mucha suerte.

La vida de viuda le había cambiado el proyecto de vida que sin duda había imaginado poco antes. Y yo, en mi calidad de hermano mayor, debía cuidar más de mi hermana... (si mi santa madre hubiera sabido...)

Como todo cambio vital trajo asimismo experiencias inéditas para aquél niño, quien por primera vez tuvo la oportunidad de acompañar a su madre y de portarse bien, de acuerdo a sus instrucciones, sentadito entre los contrabajos... mirando parcialmente desde el foso, la primera Madama Butterfly de su vida, y de acudir también más o menos de la misma forma, al primer Lago de los Cisnes, en el Auditorio Nacional.

De todas esas maneras, Gloria se mantuvo en la aventura humana en esa su etapa de joven viuda, y de madre amiga que yo fui descubriendo cuando sin que nadie lo sospechara, le quedaba poco más de un año de vida.

¿Cómo hubiese sido en su vejez?

Como yo no nunca me he sentido capaz de imaginarla con 96 años de edad, me ha entrado la curiosidad de observar a los ancianos mayores. Y por fortuna ayer recordé un fragmento de uno de los cuentos de Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta. Un libro muy hermoso que leí hace muchos años, pero que hoy ha vuelto a la memoria por fortuna justo a tiempo, para sacarme del atolladero:

"Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos - le dijo -. Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo. Quién sabe lo que habrá que enfrentar allá"

Con mi madre yo aprendí además que la pereza, enferma, que el miedo, mata, y que lo hacen de modo inexorable y con una lentitud que engaña. Asimismo comprendí que conviene no dejar nada por hacer en una próxima vez que, ya se sabe, puede no repetirse, porque el valor de una excepción como es cualquier vida, solamente se explica con verbos de acción.

Por eso, queridos Allegros, un puñado de letras asomadas por una grieta virtual del universo del anonimato, conmemoran hoy que los ausentes que no alcanzaron la vejez, como ella, quizá hayan hallado al final del camino la esperanza en depositar todo eso que fueron, en la memoria; no sólo de quienes les amaron; tal vez también alcanzaron a creer que otros, a quienes precedieron dentro de la realización de un proyecto colectivo tan valioso para un país, como es una orquesta sinfónica, tampoco relegarían su nombre y su quehacer a una simple aparición fugaz y casi fantasmal de su rostro, dentro del mundo amarillento de una fotografía borrosa, donde parece que todo lo muerto, siempre lo estuvo.

Pero no es así.

La vida anterior también tuvo sudor y lágrimas, y risas; porque también fue vida.

Y acaso los primeros 25 años de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, hayan sido tan arduos pero a la vez tan dichosos, que hoy podamos ver que las arrugas de la hoy OFUNAM se dibujen hacia arriba y no hacia abajo.

Y este es mi caso, gracias a las primeras carcajadas que aprendí de Gloria Torres; toda una especialista del tema.

Espero, queridos Allegros re allegros, que mi breve introspectiva no haya sido demasiado cursi para sus ojos; si acaso apenas en la dosis en que el amor hace explicable la suficiencia de lo irreparable, y lo digno de la gratitud.

Gloria Margarita Torres viuda de Vásquez (22 de febrero de 1922 - 14 de enero de 1965); mujer, madre, esposa, violinista, docente y cómplice de un prólogo entrañable dentro de la memoria de la hoy OFUNAM.

Su vida fue demasiado breve; ella lo supo; yo también.

Quizá hoy en su papel de bisabuela, hubiera seguido tarareando "Auttum leaves", o algún pasaje de sus conciertos como solista. Y como evidencia victoriosa, seguramente sus arrugas apuntarían al cielo.

-JJV-

Las imágenes de arriba nos muestran aspectos del recorrido profesional de la maestra Gloria Torres. Como estudiante de violín, como atrilista en conciertos dirigidos por Julián Carrillo, Arnulfo Miramontes, Juan D. Tercero y por su marido, José F. Vásquez, respectivamente. Aparece después la carátula de un LP de Nat King Cole mencionado en el texto. La última fotografía le fue hecha poco antes de su muerte, a la edad de 42 años.

Un olvido recobrado en 1949

30 de agosto de 2015

41.

He comprobado de nuevo que el olvido es un archivo eficaz, puntual, y muy sorprendente, algo así como la página en blanco del día a día.

En su interior la inmediatez de pronto funciona gracias a una conectividad, primero velada, luego inquietante, con un boceto previo al recuerdo mismo; como una acuarela en proceso. Después emergen floraciones vagas de lo ocurrido en busca de su sincronía con la verdad que desde antes sabíamos, pero que por algún contagio mental involuntario, fue a dar al trastero de algún momento anónimo de uno de esos días inanes.

En el caso siguiente, todo se debe a una conversación entre risas que el niño que fui habría escuchado, seguramente en mitad de algún juego en turno. Allá, a lo lejos... En el mundo hablante de los grandes. Donde todo parecía siempre más serio y más formal, excepto en boca de Gloria Torres, mi madre, atenta siempre a la rendija por donde podría caber una risa.

Y así la recuerdo hasta en los últimos días de su vida.

En cama; sentenciada ya por la enfermedad que yo ingenuamente creí o quería creer que la respetaría en sus casi 43 años de edad, por entonces prontos a cumplirse.

Fue la época en que me acostumbré a jugar en su habitación, a un lado del tanque de oxígeno.

Anda, pon a Lalo...

Alguien trajo el pequeño tocadisco portátil de cubierta de cuero, como un maletín, francés, modernísimo, comprado por mi padre no sé dónde.

Luego del ruido inicial del giro del aparato, seguido por roce de la aguja inaugurando su ciclo sobre el vinilo, y hasta la primera nota, había sido tiempo del silencio, hasta que la música ocupó la escena y así, la voz caediza de mi madre cambió su entoncación...

Cómo me gusta el Intermezzo...

Aquél niño que fui siguió con su juego y apenas logró capturar una que otra palabra de la conversación adulta. Sin emabrgo, la emoción del suspiro de Gloria luego de escuchar la obra, y los bravos... casi musitados, fueron a depositarse ahí, en el archivo del olvido que hoy me lo ha devuelto, justo cuando yo lo requería; era necesario explicar esta conectividad con mi empeño en pos de un hallazgo visual que avalara ese conocimiento casi fantasma, alojado más allá de la memoria.

Y el hallazgo apareció al fin hoy en Internet, y una vez más, como ha sucedido con cada opieza de este rompecabezas familiar, me ha hecho sonreír y respirar con profundidad.

De aquella escena vespertina en mi casa de infancia, a fines de 1964, nada permaneció vigente, ni la casa, ni la amiga visitante de aquella tarde, mucho menos los vacíos de la conversación que someramente habré captado; nada, ni siquiera la obra de Lalo, pues lo que a la lraga acaparó la vagueza de mi recuerdo, fue el ritmo andante de las burbujas del oxígeno.

Sin embargo, la maquinaria completa donde se guarda el olvido funciona a pesar nuestro aunque detrás del biombo, como una suerte de sueño translúcido, pues desde aquella tarde, cada vez que la Sinfonía Española se dejaba escuchar, algo se me removía por dentro reacomodando los cristalitos del caleidoscopio.

Yo sabía sin saber y sin tener comprobación, que mi madre había interpretado esa obra alguna vez en alguna sala de conciertos, pero como eso había pasado antes de mi nacimiento, esa idea llegó a ser una hipótesis vada vez más débil, colocada justo en la línea limítrofe entre la realidad y el mal llamado olvido; y así, los años se fueron yendo.

Hasta esta mañana...

El hallazgo documental ha sido luminoso, y más allá del mucho o del poco valor que pueda tener como tal, se ha convertido, de golpe, en una pieza más del rompecabezas de la historia de esta familia. Todo un laberinto que por fortuna decidí recorrer sin más brújula que una amorosa curiosidad.

Corría la XII temporada desde la fundación de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, que a pesar de haber sido en 1936, se comenzó a contar desde 1937; no sé por qué.

Es el domingo 28 de agosto de 1949.

Son las 11: 15 horas.

El Palacio de Bellas Artes es el escenario.

Y como fue un recinto que decenas de veces visité, hoy puedo aún imaginarlo con facilidad con la gente caminando por los pasillos hasta su butaca, mientras los músicos han ido entrando para pulsar su instrumento.

Casi puedo escuchar ese rumor de notas hasta la irrupción del oboe para que la orquesta afine entre el bisbiseo del público. Y esa duce tensión que precede la entrada del director, casi puedo sentirla si cierro los ojos.

El programa ofrece, en primer lugar. La Sinfonía No 2 en sí menor de Aleksandr Borodin, que por primera vez será escuchada en México.

A continuación, se presenta la Sinfonía española de Édouard Lalo, una sinfonía concertante o concierto para violín y orquesta.

Luego del intermedio, la orquesta ejecutará la suite El gallo de oro de Nicolai Rimsky-Korsakov.

Y ustedes han de perdonar que vaya yo a reservar para el desenlace, una información que debiera anteceder o bien haber sido intercalada en el cuerpo del programa.

Y es que no deja de ser curioso que lo que prima en la vida sean los hechos, es verdad, pero que sea en la perspectiva con que se les mira, donde se finque la diferencia de su alcance. Y es que con cada uno de estos significados íntimos, vamos alimentando el relato vital cuerpo adentro y les atribuimos el papel de esencia que nutre o debilita lo vivido, pero que además a la larga nos define.

Porque al final, mucho de lo bueno que podemos ser con nuestros semejantes, lo hemos fundamentado en un amasijo así de aprendizajes contenidos como rasgos de carácter.

Así que el programa de un concierto en cualquier sala del mundo, es un hermoso acto convergente de artistas y de amantes de la buena música; una convocatoria para pausar la vida, que, no obstante y al mismo tiempo, puede no pasar de ser un anuncio marginal ininteligible, colocado en algún muro de la prisa citadina, o hasta ser un mensaje incomprensible y elitista plagado de términos raros y extranjeros.

Pues el programa de un concierto dirigido a melómanos puede no ser ni contener nada sino un trozo de indiferencia común y corriente.

Todo depende de la incapacidad creadora de nuestros días, tan poderosa como la capacidad contraria empeñada en seguir.

Aunque, créanme, su significado bien puede vertebrar la letra rota en el apellido de alguien...

Porque a veces da la impresión de que la Historia oficial importa menos cuando se ajusta el zoom y se le ve con atención bajo la luz de una buena linterna puesta de cara a las pequeñas historias que la conforman, pues es allí donde la vida pierde galones y títulos o maquillaje, con tal de ganar o de recuperar alguna verdad oculta.

Y como ya se sabe que estamos aquí para crear poco a poco nuestra verdad, para creerla y recrearla, y para llevarla por todas las calles de la vida, hasta que se agote el reloj, aquí doy fe de un capítulo yacido detrás del olvido utilizado por casi todos los demás.

Gracias al programa de un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, durante la aspereza continuada de sus primeros 25 años de existencia, hoy apenas mencionados de manera oficial mas que de un plumazo, surgió una pequeña luz comiendo sombra.

Ahí detrás, en uno de sus días de luz en Bellas Artes, tan llenos de Borodin y de Rimsky Korsakov, existió un Lalo imposible de ser reeditado, y que hoy en esta casa se parece mucho al amanecer de uno de mis tantos olvidos, en tempo allegro ma non troppo.

En el programa de aquel domingo se leía:

Director: José F. Vásquez

Solista: Gloria Torres de Vásquez

Una pequeña historia sabida quién sabe cómo, recobrada como efecto del olvido puntual de toda una vida relacionada con un violín, que cada vez que ha sonado, sabe Gloria.

-JJV-  

La primera imagen corresponde a una reproducción del programa del concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, del domingo 28 de agosto de 1949, en el Palacio de Bellas Artes.

La imagen de la derecha muestra una fotografía de la maestra Gloria Torres por entonces ya viuda de Vásquez, el año anterior de su fallecimiento, el 14 de enero de 1965. 

La curiosidad no mató al gato; lo hizo evolucionar...

Septiembre 18 de 2016

42.

Es fácil recordar aquellas recomendaciones de no hablar con extraños, de no jugar con objetos filosos y de portarse bien, yo la verdad no recuerdo quién del mundo adulto de mi distante infancia, habrá sido conductor y responsable de que tal dosis de miedo, acaso por precaución, me rondara por algún tiempo; de hecho ahora, en plena y feliz abuelidad, veo con claridad que fueron múltiples sus apariciones en mi camino.

Ese tipo de advertencia amorosa venida de nuestros adultos, ya se sabe que refleja un temor propio, interior, que aparece verbalizado con la intención de ahorrar riesgos a los niños y como cumplimiento de un eslabón generacional más al servicio de aquello de que... la curiosidad mató al gato...

Pero como ya he contado, desde entonces era yo un futuro gran fisgón en potencia, y por una o por otra, la curiosidad predominó las más de las veces dando como resultado que la curiosidad no mató a ningún gato sino que lo ayudó a evolucionar...

Quizá en el fondo, como en el mito de la caverna de Platón, yo veía sombras e intuía algo más ahí afuera, así que con tal impulso fui escalando hasta la salida del miedo por sistema, hacia un punto de partida más sólido, más divertido o más decepcionante, pero tangible, respirable a todo pulmón y por fortuna memorable tanto en el debe como en el haber.

De mis tiempos de docente recuerdo que un poco en broma, finalizaba yo mi clase diciendo: Pórtense como se necesite y hablen con extraños si la voz interior lo acepta... Lo de jugar con objetos filosos sabía yo que era ya entonces una etapa superada.

Todo esto me viene a la cabeza cada vez que en mi Facebook aparece la solicitud de una persona extraña. Lo primero que pienso es que si en efecto es extraño es porque no lo conozco. Y recuerdo que cuando niño bastaba llegar a un parque y preguntarle a otro niño: ¿Jugamos?, para rellenar felizmente un intervalo inmediato de la vida, mayoritariamente intrascendente pero de alguna forma, grato.

Ya sé que esto de las redes sociales parece a ratos un cosmos aún más oscuro y pleno de banalidades, sin embargo, para conseguir los buenos encuentros, los útiles, los actuantes en favor de las dinámicas que nos mueven, es requisito, "hablar con extraños", y será una asunto de suerte y mucho de intuición, pero gracias a este mi casting de coctelera he puesto en marcha varias comunicaciones provechosas, en favor de los objetivos planteados en este rinconcito virtual contra el olvido de José F. Vásquez; llámese difusión o interés en primera instancia, ideas o intentos de algo, o hasta la concreción de proyectos que han respondido a la razón de su apertura aquí en el Caralibro.

Pero además de estos avances, (menos de los que yo quisiera, es verdad) para que la luz prosiga comiendo sombra, repetidamente he sido sorprendido por la pequeñez del mundo actual, y como ejemplo tres apariciones amorosas del azar, diría yo, como la recuperación de dos partituras de mi padre, desconocidas hasta ese momento; una opereta en Argentina, y un preludio para laúdes, acá, en España, pero además la aparición del todo sorprendente de una coincidencia con esta fecha, allá en México.

De ahí que yo sostenga que la curiosidad no mató al gato sino que le ayudó a evolucionar.

Gracias sin límite al maestro Lucio Videla, en Buenos Aires, y a la maestra Ester Casado, en Madrid, y a un preciado anónimo, por haber contribuido tres veces al reforzamiento de mi tesis, en un mundo en el que con frecuencia se constata el predominio del miedo a la otredad.

¿Vale entonces la pena hablar con extraños, en un mundo donde casi todos lo somos?

Si hemos visto a miles de extraños plantarse de cara a la tragedia, con tal de salvar a otro... extraño; peor aún, con tal de poner a salvo el cuerpo inerte de quien fue un extraño de historia desconocida, con quien sólo podrán escribir su punto final por haber extraído sus restos de los escombros, ¿no es algo para pensar, eso de no hablar con extraños?

¿Merece la pena?... ¿o hasta merece ser un trozo de la alegría?... De esa que nutre en el alma y cuerpo adentro...

Muchos de ustedes lo son para mí y lo son entre ustedes, y es probable que eso no cambie ya que nuestras cercanías son virtuales y por tanto volátiles. Sin embargo, llegan a ser afectuosas, gracias a la empatía; efecto, dicen los científicos, de nuestras células espejo.

Y yo lo celebro.

Celebro el buen uso y el aprovechamiento que nos damos recíprocamente, gracias a las letras, al lenguaje en su calidad de mapa de la cultura humana, y de puente simbólico de amistad sostenida sobre los significados; un templo, diría Wendell Holmes, en el que está encerrada el alma del que escribe... sí, pero también la de quien como en este caso, lee; diría yo.

Con esta carga energética de alegría, comparto con ustedes, queridos allegros, el último capítulo de las sorpresas donde un extraño aparece para avisar que otro extraño, ignoro muy bien por qué, se interesó un día en José F. Vásquez, y puso su talento a trabajar, abriendo un postigo más en favor de su recuperación y contra su olvido.

¿Cómo no seguir apostando por mi tesis de hablar con extraños, a pesar de ir en contra de los miedos de la tradición que sirven para ahuyentar la bondad, la inteligencia, y en peores casos, al amor?

¿Cómo no creer que conforme esto se mueve habrá menos extraños?

Aquí sólo resta agradecer a mis queridos y recién llegados extraños, por formar parte del mecanismo perfecto de la sincronicidad, en beneficio del reciente cumpleañero: José F, Vásquez.

La imagen que coloco aquí debajo, obra de Alejandro Rodríguez, fue expuesta casual o causalmente en la fecha del natalicio de mi padre, con esta leyenda:

"Mi pintura para la exposición en la Cámara de Diputados, es un pequeño homenaje a José F. Vásquez Cano. Incluí de fondo en mi pintura la Sala Nezahualcóyotl. Hoy, a 120 años de su natalicio, todos debemos conocer parte de la historia de este gran compositor y músico nacido en Arandas"

¿Cómo no seguir animando al gato en su curiosidad?

Y es que la vida es un encuentro de soledades abiertas a la oportunidad casual, o causal (¿cómo saberlo?), de obtener más respuestas fundamentales contra los aprendizajes erróneos, a partir del único enemigo temible: el miedo.

Porque como reza el lema de mi libro Letras Cuánticas, Hay dos formas de ver la vida, con miedo o con curiosidad.

Y ese músico que fue mi padre me enseñó el placer de la búsqueda a partir de una primera pregunta: ¿Por qué?

-JJV-  

"José F. Vásquez" - Óleo de Alejandro Rodriguez Horton, expuesto en la sede de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en la ciudad de México, en octubre de 2016. 

Mientras ocurre la anagnórisis

Octubre 9 de 2016

43.

Gracias al email recibido ayer, de parte de un amiga de toda la vida, es probable que las letras que siguen puedan contener una carga de los ecos de mi agradecimiento por la preocupación que tiene sobre mi salud. Sabiendo los efectos que todo esto ha tenido en mí, como resultado de esta labor sostenida contra la desmemoria de mi padre, desde hace más de 30 años.

Les cuento.

Ella me ha escrito indignada por la escasez de frutos contra el olvido institucional de mi padre, tras haber escuchado el Concierto No. 3 para piano y orquesta, una de las pocas obras grabadas de José F. Vásquez. Y a todo lo largo de su discurso escrito, transmite amor; en primer lugar al arte, a la música valiosa que no se escucha y que ella cree es mayoría en el universo de la creación humana. Además ella sostiene que la única forma efectiva de trasmisión de cultura en general, es proporcional a la necesidad que cada individuo tiene de reconfortar su realidad, con el alimento de la creación de los grandes espíritus humanos que, incluso contracorriente, alcanzaron a salvar, en muchos casos penosamente, esa necesidad primaria ligada con el principio de la vida, como es la creación, a pesar de la miseria de su propia realidad.

Sus letras me pusieron a reflexionar porque me parecen ser siluetas de las mías frente a un espejo.

Eso pienso.

Eso creo.

Eso intuyo, y eso persigo.

Y fue entonces que se me apreció Albert Camus, con aquello de que... "Los tristes tienen dos motivos para estarlo, ignoran o esperan", como una contracara de mi, inexplicable alegría, porque yo no ignoro y poco es lo que espero si no es por mi propio esfuerzo.

Una lección de la orfandad que hace mucho sé, es una profesora muy exigente.

A mi regreso del paseo por el campo de esta mañana, mi cansancio era menor y sereno. Pues no obstante la insuficiencia de mis logros contra la desmemoria de don José F., prevalece en mi ánimo un ritmo allegro, a ratos maestoso, inscrito en la conciencia de saber que al igual que ocurre en la aventura de vivir, lo importante es el camino, es decir y en términos musicales: tocar hasta que la batuta lo indique.

¿O acaso la existencia de la raíz depende sólo de sus frutos?

También es útil mantener el tempo andante dentro del conjunto de acuerdos que como realidad hemos creado, donde abunda la pequeñez de individuos que sirven de muy poco y ratos para nada, pero que están ahí, única y exclusivamente para evolucionar.

Si no, ¿para qué otra cosa estarían ahí, si no es para obligarnos a andar en su contra?

Al final, cambio es necesidad contra resistencia...

Porque contemplas los mundillos del mundo, y sabes que hay mucho por sentir para luego pensar y actuar en consecuencia.

De hecho se sabe que en esos otros mundos del mundo hay grandes tragedias sobrantes, y demasiado dolor, elaborado a veces concienzudamente.

Y cuando recuerdo una conversación telefónica de mi padre con un amigo desconocido para mí, en el invierno de 1960, a quién él confesó su temor ante la inminente desaparición de la orquesta, en un año tan terrible en el que se vieron orillados a organizar solamente el ciclo de conciertos al aire libre en CU, y a suspender la temporada regular de la orquesta en Bellas Artes; entonces, con eso en mente me animó aún más. Mucho más, pues mis motivos se renuevan.

Hace no mucho logré investigar que mi padre fue uno de los primeros directores en conseguir apoyos privados que cada año le dieron vida nueva a la orquesta, ante la sempiterna complejidad de una esperanza de presupuesto anual suficiente para continuar; de esa forma la necesidad le hizo desarrollar astucia suficiente para obtener patrocinios que impidieran la desaparición de la orquesta, en especial durante cada coyuntura sexenal.

La historia detrás de los reflectores de la misma orquesta que hoy resume, con 33 palabras en su programa de mano, aquellos primeros 25 años.

Una historia de motivos, no sólo de aplausos.

El reto de caminar detrás del rastro de la utopía, pues como decía Eduardo Galeano:

"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para caminar..."

Porque el movimiento es vida; sólo por eso.

Y aunque sé que no habrá en el corto plazo un plan oficial, serio, comprometido y ágil, enfocado en el rescate de la memoria de José F. Vásquez, menos aún de su vasto corpus musical, yo no dejo de caminar mirando el horizonte. Igual que hago cada mañana por el campo junto con Roma, mi perra bóxer, quien con el mismo espíritu persigue a los conejos, en apariencia, de manera inútil.

En el fondo sabemos que es difícil lidiar con las expectativas, cuando la desilusión parece ser la realidad y no la distancia entre ambas.

Y es que los humanos somos muy complejos en la esperanza, y demasiado breves en la generosidad para entendernos.

Roma, no.

Ella es más simple y carece de toda esperanza; es feliz cuando busca y cuando rebusca. Y parece feliz en el ejercicio de la búsqueda per sé, y yo, gracias a todos los perros que he tenido en la vida, a quienes enseñé banalidades, he aprendido de ellos las mejores lecciones de alegría para seguir por el gusto de seguir, y de sentir con gratitud el movimiento hacia nuestras prioridades, en el tempo que elegimos, y sostenidos por el motivo principal de la partitura.

Nunca se sabe.

El horizonte jamás abandona a nadie; los perros lo saben.

Un día cambia la suerte y se atrapa lo deseado, porque la luz continuamente avanza y come sombra.

La alegría, también.

Sin embargo, no dejan de insistir unas preguntas:

¿Cuándo dejará de ser folclore septembrino en nuestras orquestas, la programación de obras mexicanas olvidadas o desconocidas?

¿No sería útil programarlas regularmente como acto inherente al quehacer cultural, igual que se hace en otro países, con la suya?

¿Será posible innovar los moldes programáticos con más trabajo de investigación previa? 

Haría falta incorporar un sentido de responsabilidad activa frente al arte y no sólo de utilización comercial o populista.

Cuando visité Praga, en el metro me encantó sentir en los anuncios del sonido local, cómo se repite un preludio infinito: las primeras notas de El Moldava de Smetana...

Un tarareo que te puede durar todo el día.

Un nimio recordatorio de identidad; un vínculo poderoso; acción.

Y claro, yo imagino este fenómeno musical inductivo en los metros de cada ciudad, en las salas de espera de aeropuertos, hospitales, oficinas gubernamentales o de grandes multinacionales, y hasta en estadios deportivos...

Lo dicho: la pertinaz persecución de la utopía en el horizonte.

¿Viviremos el tiempo suficiente para volver a ver en México un programa educativo humanista, donde la voluntad y el trabajo de rescate y promoción de la cultura exista, como una prioridad?

¿Viviremos para ver una gran banco de datos con páginas web de cada uno de nuestros compositores, donde se preserve su vida, y sobre todo donde consultar y difundir su obra?

Al menos yo pienso hacer eso contra el olvido de José F. Vásquez, porque no ignoro ni espero y estoy trabajando no sólo para mí sino con miras más amplias... Ars longa vita brevis

Hace mucha falta el amor al arte como parte íntima de la conciencia colectiva y no como una conducta heroica e individual.

Y alegría, mientras ocurre la anagnórisis.

Entretanto en este mientras de los adioses, habrá que ejercer una pasión disciplinada para resistir, hasta que la dignidad se haga costumbre.

La mejor interpretación de los  sueños

Octubre 28 de 2016. 

44.

Allegros Re allegros, un sábado más... y qué bien verlo como suma y no como resta; aligera el despertar y pacífica el andar hacia el sueño, ese otro reino de la naturaleza donde inermes cogemos algún remo con la intención de cruzar a salvo hasta que la luz reaparezca, detrás del tiritar de nuestros párpados a punto del alba, porque la noche se ha ido sin ti.

Y es de sueños que hoy me ocupo, pues todo apunta a que mi padre les dio una gran importancia en su producción musical y también en su vida; acaso como el Segismundo de Calderón de la Barca, y que en algún punto del camino haya reflexionado con aquello de: "...estamos en un mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar..."

Una consideración que probablemente cruce los meridianos de algún pensamiento muy nuestro y más parecido a la esperanza de que nuestra andadura vital ha de salir bien, ha de ser útil para algo, para alguien, además de uno mismo.

Luego uno va comprendiendo que lo que en esencia da sentido es el andar en sí, y que el resultado final viene a ser la suma de los orígenes dentro de la operación perfecta del cosmos.

Esta idea mía sobre la voz del espíritu de mi padre, viene de la observación, y de la lectura de notas escritas a lo largo de su vida, porque un niño de 10 años no tiene jamás al alcance la dicha de la conversación, como tal, con ese hombre elegido para heredarle un apellido habitable, junto al universo de una información genética por descubrir.

En tal circunstancia, el tiempo apto entre un padre y su hijo es aún menor al conjunto de sueños de la vida; un largo parpadeo, si acaso, que cesa su existencia difuminado en los territorios de uno de esos sueños. Y con la convicción de ser resultado encarnado de uno de ellos.

Porque yo siento que todos mis ausentes me soñaron mucho antes de haber nacido; incluido mi padre, por supuesto.

Así pues, careciendo del testimonio personal de oralidad y de ejemplo cotidiano, es necesario tender un puente guiado por la intuición para ir sobre su estructura, y con los hechos documentados de su vida tan fructífera, bajo el brazo, para alimentar lo que sé de mi padre.

Veamos...

La primera obra de la que tenemos noticias dentro de su producción musical, es una fantasía para piano solo en un movimiento: Sueño de amor. Es la opus 3 y data de 1910, cuando él tenía 14 años de edad.

El mismo año en que recibió de manos del entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz, el premio como ganador del Concurso Nacional de piano. Y esto me hace pensar que ese era otro mundo en el que la máxima autoridad entregaba en persona los premios de piano, a los jóvenes artistas.

Hoy dudo mucho que esto pudiera repetirse pues la prioridad del poder establecido apunta por otro lado; y parece que a veces ni siquiera apunta.

Un año después, a los 15 años de edad, compondría su primera ópera: Los compañeros de la hoja, y ya no detendría su labor compositiva, no obstante los intervalos necesarios concedidos ante la exigencia de tiempo y dedicación, como fundador y director durante 25 años de la hoy OFUNAM, amén de su labor al frente de la Escuela Libre de Música, y de su docencia tanto en el Conservatorio Nacional de Música como en la hoy Facultad Nacional de Música de la UNAM.

Y esto sin contar las giras que como director hizo por medio mundo y a partir de 1941.

Sin embargo, parece que el sueño primario del joven abocado a la composición se mantuvo a lo largo de su vida mientras fue posible; entre tanta gira, concierto, clase y los etcéteras que aquél niño que fui veía, en la agitada vida de su padre.

Y así, siete meses antes de su muerte, el 28 de mayo de 1961, José F. Vásquez vio al fin la oportunidad de estrenar su ópera: El último sueño. Protagonizada en su reparto por Plácido Domingo, Marta Ornelas, Franco Iglesias, Lupita Solórzano y Rogelio Vargas.

Una carrera apasionada entre un sueño y otro, distantes 51 años uno de otro. Un frenesí entre un primer y un último sueño...

Acaso vinculados en el plano onírico referido por Calderón de la Barca, donde... "el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar"...

"¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son"

Y como en la dimensión del sueño la aseveración se disfraza de deseo, yo veo los efectos de aquellos deseos del José F. Vásquez de los 14 años de edad, en sus partituras, e intuyo como sonarán.

Luego, transformo lo leído en el sueño propio de un gran deseo. Y ¡voilà!... a surcar los aires con la complicidad del viento intemporal...

Veo la Sala Nezahualcóyotl repleta.

Veo un gran retrato sonriente de José F. Vásquez... Se conmemoran 120 años de su natalicio. 

Oigo los rumores previos al concierto.

Veo entrar sonriente a los músicos actuales de la orquesta, confundidos con los queridos fantasmas de atril de aquellos tiempos; todos ejecutan la sinfonía de las afinaciones que tanto me emociona.

Hay un gran lábaro auriazul con el escudo de la UNAM al centro.

Y hasta veo allí, debajo de su retrato, un rama de laurel y el lema de sus partituras: Crear, amar....

Luego aplaudo porque el director ha entrado y la orquesta se ha puesto en pie, pero además hay un pianista, un violinista, y un coro.

Y en un escenario paralelo están los cantantes con el vestuario de una de sus óperas...

Todo fluye...

La música ha ganado el día con su noche.

En las butacas en derredor está el resto de mis amados ausentes, y veo que la gente me mira a ojos cerrados por medio de la felicidad.

Es día de concierto; como entonces... y estoy a medio sueño.

Todo fluye...

El extenso programa, más que wagneriano, abarca toda la obra de mi padre, y yo me dispongo a escucharla mientras sigo envejeciendo con la felicidad muy dentro... Y es que...

... toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son...

Y ya se sabe, queridos allegros, cómo se aventura uno por esos lares desprovistos, indefensos, inquietos, y a ratos optimistas, ocultos de la ingrata realidad circundante, donde la involución parece haber sido puesta en marcha, a propósito.

Donde no importa que el fundador de una orquesta sólo exista más allá del silencio, como si la flor no fuera flor desde la raíz misma.  

De ahí que los sueños reparen o deban reparar.

Porque ahí la dicha puede ser gratis, la bondad, verosímil, y porque en cada una de sus letras escritas, el absoluto se reivindica por sí mismo como una sinfonía en tempo andante.

Además, ahí, es más equitativo el esfuerzo de lo difícil, más significativa la existencia de lo fácil, e intentar abrir a diario las ventanas para que la luz pueda seguir comiendo sombra, es un asunto de niños, porque resulta que los papalotes son ángeles.

Como entonces.

La partitura de Sueño de amor (1910), está extraviada. Las imágenes que aquí se ofrecen corresponden, las dos primeras, a la carátula y al interior del programa de mano del estreno de El último sueño. El 28 de mayo de 1961 en el Palacio de Bellas Artes, y fueron donadas gentilmente a esta página por el maestro Carlos Vidaurri. La tercera es una reproducción de la partitura de los cellos del Cuadro 1 de la ópera. La última a la derecha, corresponde a la portada del folleto publicado por el INBA en esa fecha.  

El espíritu que desde entonces, habla por esta raza  

Febrero 10 de 2018

45. 

Allegros Re allegros, queridos cómplices todos, de nuevo estoy de vuelta de una de mis exploraciones a través del túnel del tiempo, gracias a otro documento muy relacionado por cierto, con el compartido aquí la semana anterior.

En este caso un artículo escrito en inglés que nos presenta su crónica enfocada en un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, (hoy OFUNAM), bajo la batuta de José F. Vásquez, y esto de la batuta es un decir, puesto que mi padre prefería usar las manos a la hora de capitanear su nave.

El documento aparece sin datar, no obstante es sencillo saber que fue escrito en 1940, dentro de la celebración del Festival Tchaikovsky, creado a propósito del centenario del natalicio del genio nacido en la pequeña ciudad de Vótkinsk, en tiempos de la Rusia Imperial.

El texto dice que el director de la orquesta del concierto (primero de dos), "justly popular and well loved José F. Vásquez, whose warmly sympathetic rendering of the scores, evoked a genuinely sincere and enthusiastic response" (el muy popular y amado José F Vásquez, cuya cálida comprensión de las partituras, evocó una respuesta genuinamente sincera y entusiasta).

Eso de los adjetivos cariñosos, como su hijo, me gusta, pero en la distancia de melómano curioso me proporciona, según creo, nuevas pistas del músico.

Más adelante el texto señala que sería difícil encontrar un mejor director de Tchaikowsky, dando a continuación datos muy someros, tanto de su biografía musical como de su obra hasta esa fecha.

El programa de aquel concierto no es revelado a continuación, y gracias a esto podemos enterarnos que se integró con la Obertura Romeo y Julieta, la Sinfonía No. 5 en mi menor, y el Concierto para violín y orquesta en re mayor.

Todo un banquete, diría yo.

Y aunque el orden debió cerrar con la sinfonía, el artículo deja al final el relato del concierto de violín, "played admirably by Benjamín Cuervo, a young artist, student of José Rocabruna" (cofundador de la orquesta y a la sazón director de la Escuela Nacional de Música de la Universidad) "Cuervo was the soloist as winner of thr violin competition established by Vásquez" (Cuervo fue el solista como ganador de la concurso de violín establecido por Vásquez)

Gracias a este nuevo hallazgo, podemos afirmar que la convocatoria del concurso de violín de los 250 pesos de premio, de la que di cuenta aquí mismo hace una semana, al menos tuvo tres años de vida, y que igual que en 1937, en ese año de 1940 cumplió su cometido proporcionando a una orquesta con pocos recursos, un digno solista que al menos por esta crónica, triunfó.

Y con ello hizo triunfar nuevamente una idea y a todo el esfuerzo conjunto de dos instituciones universitarias, la entonces OSU, y la entonces ENM, en su labor de no sólo educar sino además de promover el nuevo talento mexicano.

La verdad ignoro si la hoy OFUNAM y la hoy FNM tengan algún plan similar, pero me parecería magnífico que lo hicieran, y no sólo con los violinistas, por supuesto, pues los jóvenes talentosos, creo yo, abundan en toda disciplina, y parte de la responsabilidad de cada generación es esa, dando salida a través de concursos que vinculen al gran desconocido con el escaparate, y en esto, también, nuestra querida universidad tiene en la Sala Neza, el mejor.

Volviendo sobre la reflexión provocada por el anciano documento de 78 años de edad, es justo mencionar el éxito de la relación personal respetuosa y propositiva de mi padre con el maestro Rocabruna, por un lado compartiendo la dirección de la orquesta durante 21 años, algo bastante difícil, creo yo, y que habla de la madurez de ambos y de su prioritario amor por la música y por la universidad.

Una dupla exitosa frente a los embates anti universitarios que amenazaron con obstinación la existencia de la orquesta, pero que se sostuvo hasta la muerte de ese gran violinista catalán, compañero de atril de Pau Casals, y formador de violinistas de renombre como: Daniel Ayala, Federico Baena, Benjamín Cuervo, Armando Montiel, Salvador Pérez Márquez, Silvestre Revueltas, Luis Sandi, Ezequiel Sierra, Lauro Urangas y Gloria Torres, mi madre.

La crónica, hoy enferma de amarillo, sigue relatando los aspectos biográficos del compositor ruso, con la intervención del compositor y musicólogo español don Jesús Bal y Gay. Y acaba con el anuncio del siguiente programa dentro de la misma pauta, sólo que con el ganador del concurso de piano: Carlos Rivero.

Me llama la atención el dato anterior que nos habla del énfasis didáctico de los conciertos de la agrupación universitaria, enfocada mayormente en los jóvenes que acudían al Anfiteatro Bolívar a escuchar la orquesta de su alma máter.

¿Habrá sido este otro rasgo ideológico del director de la OSU?

Parece que gracias a la crónica del crítico norteamericano, (pero nacido en Monterrey) Charles Poore, quien por casi 40 años trabajó para el NY Times, se nos han revelado informaciones útiles para la reconstrucción del personaje.

Y qué útil poder conocer elementos de la fórmula que sostuvo a una orquesta en pie durante sus primeros 25 años, y hacerlo asomados detrás de un puñado de letras como testigo de acciones emprendidas casi sin recursos para conseguirlo; y que hoy, a ojos de este mundo tan materializado, pueden parecer solamente cicatrices indescifrables o recetas anticuadas.

Sin embargo, son el testimonio que nos permite sentir el material que construyó los basamentos estructurales de la hoy OFUNAM. Y esto debe no solo ser de utilidad para quienes hoy llevan su timón, sino que también deben alegrarnos a todos quienes hemos visto etapas de su trayectoria, jamás exenta de sinuosidades.

A mí me alegra mucho saber.

Me alegra mucho saber más.

Me alegra mucho saber más de mi padre.

Porque no sólo ha inspirado mi vida el rescate de su obra tan olvidada, además, por estas pruebas documentales puedo ver cómo pensó, como deseó, cómo hizo, y puedo entonces intuir que a partir de una idea, en plena inexistencia y sin muchas expectativas personales, se puede construir un mundo futuro.

Y me han de perdonar pero me emociona sentir el contraste al ver hoy a la orquesta, consecuencia viva y magnífica de sus esfuerzos, que no obstante su progresión, haya alcanzado una espléndida madurez, pero aquejada de amnesia.

A propósito de concursos, me acabo de enterar de la existencia del Premio Internacional de Dirección de Orquesta OFUNAM, y de nuevo tengo un sentimiento paradójico. Por un lado como melómano confeso me alegro y mucho.

Por el otro, pienso en voz alta:

¿No será posible que dentro de alguno de estos concursos, se pudiera iniciar el rescate de la memoria de su fundador, y antiguo organizador de concursos, similares, pero hace 81 años, comenzando por vincularlo usando el pronombre: nuestro... en vez de referirse a él como quien se hizo cargo de la orquesta en sus inicios?

¿No será posible, por útil, por edificante y por lógico, reintegrar esos primeros 5 lustros de la orquesta, a la realidad presente, con otro enfoque más incluyente?

Pues como dijo Shakespeare, "El pasado es un prólogo", y de acuerdo a la intrahistoria de la institución, aquella etapa romántica, diría yo, fue una empresa contra corriente muy esforzada, y muy digna.

Su reivindicación aportaría una grieta más de luz que coma sombra, y así, tal vez sería posible escuchar, un poquito mejor, la misma voz del espíritu que desde entonces, habla por esta raza.  

La imagen superior nos muestra una reproducción digital de la nota en inglés firmada por el crítico musical, corresponsal del NY Times, Charles Poore.  

Entrevista con un fantasma

Marzo 24 de 2018

46.

Allegros Re allegros, queridos cómplices, ojala que para cuando estemos vinculados gracias a la lectura que ustedes hagan de mis letras, la primavera se haya manifestado ya formalmente por acá en Europa, pues parece que cada vez más el fechado que hemos inventado para el cambio de las estaciones, está perdiendo su eficacia como resultado, dicen los expertos, del cambio climático planetario, provocado, como no, por la misma mano del hombre.

Una vez más somos testigos de los efectos de las acciones precedentes que reflejan la premisa del sistema bajo el que nos ha tocado vivir esta vez: O tú o yo.

Y si somos capaces de alterar el clima del planeta, no es extraño ni novedoso que la historia de las instituciones humanas hayan corrido y aún corran también con tal suerte.

Dejo la reflexión sobre la mesa mientras miro una fotografía de mi padre, sentado en su despacho convertido transitoriamente en aula, donde don José F. ha interrumpido su clase para atender al entrevistador, firmante del texto: Rafael A. Pérez. A quien debo agradecer que con su introducción hoy podamas saber lo que ocurrió en ese lugar, justo antes de comenzar la charla, y esta minucia, creo yo, puede ser un indicio del ritmo presto que mi padre tenía por aquel entonces, como proyecto de vida, porque también don Rafael nos dice que en ese momento, mi padre era además de Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, Jefe del Departamento de Radio de la misma Universidad; es decir, los albores de la hoy Radio UNAM.

¿Conocerán ahí hoy esta información?

Parece que no porque hace unos años me escribieron de Radio UNAM, ante la duda de este dato que en algún momento señalé en este mismo espacio, como dije, hace tiempo. Y como no volví a saber nada de ellos, y como tampoco aparece mi padre como antiguo jefe o director de la radiodifusora, en aquel amanecer de instituciones universitarias, prólogo de lo que hoy es el conjunto de difusión de la cultura dentro de la UNAM, de nuevo tengo la impresión de que algún tipo de biombo desmemoriado, se interpone entre la realidad de entonces y la nuestra; uno más dentro de la vida de José F. Vásquez. Uno más que habrá que recolocar donde corresponde.

Hoy puedo reiterar la información que ofrecí entonces, avalado por la entrevista de don Rafael A. Pérez, que si bien no está datada, podríamos establecer que pudo ocurrir después del 14 de junio del año de 1937, fecha de la primera transmisión en vivo por la radio de un concierto de la OSU, y tomar en cuenta además que por su aspecto, don José F. debió tener por entonces alrededor de 40 años de edad. Y el despacho en cuestión estaba ubicado en Justo Sierra No.16, de donde yo recuerdo se tenía que bajar por unas largas escalinatas, y cruzar un patio hasta el Anfiteatro Bolívar, cada vez que había un ensayo.

Recurro a la página oficial de Radio UNAM, y este párrafo me ayuda en el rompecabezas:

"El ingeniero Ignacio Díaz, especialista en electrónica y nieto de Porfirio Díaz, montó la estación en el estudio de la calle de Justo Sierra 16, en dos cuartos del primer piso. "Uno de ellos servía básicamente para bodega y oficinas generales; en el otro se ubicaba la parte medular de la estación en cuanto a aparatos y estaba subdividido por una estructura más pequeña en tres zonas: una de ellas era la cabina de control, otra la cabina de locución y el resto un estudio pequeño, donde ejecutaban sus intervenciones los pequeños conjuntos musicales invitados"

Y es que en esas oficinas generales que se mencionan arriba, estaba el despacho-aula de mi padre.

Luego es más fácil reconfigurar aquellos escenarios en la mente, donde los amaneceres del corazón de la difusión de la cultura dentro de la UNAM, olían a polvo y a sudor; al menos así me ha venido al recuerdo por las veces que mi padre me llevó a algunos ensayos de la orquesta, luego de pasar por el despacho para hablar con su secretaria (Elena, si no mal recuerdo) o para recoger probablemente algún informe, o sencillamente para recoger las partituras del día.

La página de Radio UNAM nos describe aquél gran día de la inauguración, varias veces pospuesta por las limitaciones que por entonces enfrentaron todos esos exploradores de sueños, que levantaron el esqueleto cultural de la UNAM.

Y así, a lo largo del texto oficial desfilan los nombres y los apellidos de aquellos visionarios de corazón auriazul: Gómez Arias, Azuela, Rocabruna, Tercero...

"En esta forma, la Universidad hace oír nuevamente su voz de siglos, la labor de su cuerpo colegiado, de sus médicos, de sus abogados, de sus ingenieros, de todos sus catedráticos, de los que sirven al país del que la Universidad es esperanza y quiere ser un ejemplo".

"La Universidad Nacional aprovecha en esta ocasión, una de las maravillas de la técnica moderna: el radio, (sic) que no sabe de distancias, que no tiene bandera y que está al servicio de la humanidad"

Esto nos dice la página oficial en la copia de un párrafo, y agrega:

"Puntualizó que nuestra Alma máter "tenía un amplio programa de extensión cultural por medio del radio", no sólo para México, sino también para el extranjero, y envió un saludo a las comunidades universitarias de provincia. El auditorio en pleno se congratuló por "la palabra elegante, justa y breve del licenciado Gómez", por aquello de bueno y doblemente bueno, si es breve"

A continuación relata lo ocurrido en el concierto donde se menciona la exitosa intervención de José F. Vázquez (así, mal escrito) y nos pinta el panorama festivo, diría yo, del siguiente día en los medios de comunicación, que hablaron de un acontecimiento histórico no sólo para la UNAM sino para el país.

Remiro entonces la fotografía y me fijo en la parte final y reveladora del diálogo, donde mi padre señala el comportamiento de otros gobiernos frente a las radiodifusoras exclusivamente comerciales y nos dice:

-Pero desgraciadamente estamos lejos de ello. De Radio Universidad no debiera decir nada. Nuestro auditorio es el encargado de opinar a ese respecto y sus opiniones nos animan. ¡Pero estamos solos, y el resultado de nuestra labor puede ahogarse pese a nuestros esfuerzos!

-Entonces maestro, en concreto, ¿Qué opina usted de la radio?

-Que en México, y por ahora, es más perjudicial que benéfico para el pueblo y que debieran cuanto antes encauzarlo por mejor camino.

Toda una declaración de principios y de intenciones, que asimismo comprueba la pertenencia de José F. Vásquez, a ese prólogo de la radiodifusora universitaria de hoy. Un mundo hoy inimaginable, borroso e impreciso, según parece si nos centramos un poco en este otro párrafo de la página oficial vigente de Radio UNAM:

"La planta difusora se estableció en la antigua escuela de Ciencias Químicas, en Popotla, sobre unos tejados de lámina, rodeada de una arboleda espesa, lo cual hacía que la estación" tuviera dificultades en la captación. Además, la antena era un alambre que colgaba de un edificio a otro".

Así fue ese mundo bicolor al que podemos asomar gracias a sus imágenes hoy enfermas de amarillo; mundo del que ya se ve nos falta conocer muchas cosas y reconocer otras tantas que establezcan con cabalidad nuestra gratitud contemporánea, hacia los pioneros del sueño cultural de la UNAM, (incluyendo los que todavía son fantasmas) en medio de aquellos años en que la política y los celos profesionales de los adversarios y enemigos, continuamente intentaron detenerlos.

La paradoja mayor que existe como realidad de nuestros días, y que muchos ignoran, es que a nuestros pioneros de entonces, en general, se les ha destinado a un discreto olvido, detrás de uno de esos biombos espectaculares que ocultan los olores a polvo y sudor. Y en cambio, a los empoderados que por entonces descreían del proyecto universitario, y no sólo a nivel cultural, hoy se les rinde un pétreo tributo en frontispicios, o en escuelas y orquestas que llevan su nombre... ¿Por qué?

Porque "la historia no se escribe sino con el dictamen oficial, con la pose de la academia y la simpatía del amanuense"...

Como dice Gabriel Pareyón en su libro "José F. Vásquez, Una voz que a los oídos llega".

Y en el contenido de tal dictamen, en la pose o en la simpatía del amanuense, casi nunca tienen cabida los despachos polvosos que huelen a sudor, o los alambres colgados que como antena algún tiempo llevaron la voz de los fantasmas, como ese señor de la entrevista, cuando dice:

-¡Pero estamos solos, y el resultado de nuestra labor puede ahogarse pese a nuestros esfuerzos!

Y la verdad no sé si él se refería a su labor al frente de aquellos brotes verdes de la radiodifusión de la cultura en México, o bien si desde su mente habrá hablado su espíritu ese día, presintiendo su desenlace fantasmal como universitario.

Porque solos estamos; ya se sabe. Pero, ¿nacemos entonces para estar en manos ajenas y para desaparecer de la historia?

¿Cómo saberlo?

Me vienen a la mente las palabras del neurocirujano norteamericano David Eagleman, quien afirma que... hay tres muertes. La primera es cuando el cuerpo deja de funcionar. La segunda es cuando el cuerpo es arrojado a la tumba. La tercera es ese momento, en algún punto del futuro, cuando tu nombre es dicho por última vez...

Como no se puede andar contra las dos primeras, habrá que continuar con este empeño enfocado en impedir la más terrible y en este caso también la más injusta de todas, que es la tercera, nombrando, escribiendo y proclamando el nombre de un fantasma universitario y su gran legado a la música en México, así como del corpus musical que ha heredado a las generaciones del futuro en que vivimos; ese fantasma entrevistado ese día en aquel despacho-aula, en su calidad de Jefe del Departamento de Radio de la Universidad, antes de sus primeras dos muertes: José F. Vásquez.

Por cierto, y como cumplimiento a la advertencia que hace la página oficial de la Radio UNAM, en caso de publicar lo anterior y que dice:

"Este contenido fue tomado originalmente del sitio oficial de Radio UNAM. Puede ser replicado siempre que se cite la fuente. Radio UNAM"

Visto lo visto, todo lo contenido aquí a lo largo del texto tomado de una fotografía bicolor y enfermiza, y de sus letras fantasmales, también puede ser replicado, básicamente por dos supuestos:

1- En caso de que por alguna extraña razón fuera del interés de alguien curioso por saber la intrahistoria detrás del biombo de la realidad.

2- Si descubrirla, revelarla y comprobarla, en algo contribuyese a saber reconociendo todo lo que fuimos, con el objetivo real de saber ser lo que parece que somos.

-JJV-

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FRANTZ FANON: "Mientras que los políticos inscriben su acción en la realidad, los hombres de cultura se sitúan en el marco de la historia"

ROLAND BARTHES: "La historia es siempre y ante todo una elección y los límites de esa elección"

Reflexiones de una gira por Yugoslavia - 1950

Octubre 19 de 2020

47. 

Regresó el maestro Vásquez de Europa.

Con este encabezado apareció publicado en el Revista El músico, órgano de difusión del Sindicato Único de Trabajadores de la Música, probablemente a principios de 1951, una reseña sobre la gira del maestro Vásquez por Europa, aunque con el énfasis puesto en los conciertos dirigidos en la antigua Yugoslavia...

Dirigió dos conciertos en Yugoeslavia, y dos en París.- Sus planes para este año.- Estrenará música yugoslava.- Klemperer y Steinberg con la Sinfónica de la Universidad.

Nuestro anónimo cronista inicia la reseña con una opinión sobre el trabajo del maestro al frente de la OSU, hasta ese entonces a lo largo de 14 o 15 años, incluso con adjetivos relacionados con su personalidad que reflejan tal vez, el origen del éxito de su gestión..

La labor callada, pero tenaz y honrada, que el maestro José F. Vásquez ha estado desarrollando durante muchos años al frente de la Sinfónica de la Universidad, está dando ahora sus fecundos resultados: ha formado su público, que fielmente acude a sus llamados en las mañanas de los domingos, cuando se anuncia su temporada; ha subido notablemente el nivel artístico de la orquesta, que le permite invitar a grandes directores-huéspedes y solistas, y ha conquistado un sólido prestigio, gracias al cual es solicitado en varios países sudamericanos y europeos como uno de los pocos directores mexicanos, que se pueden enfrentar decorosamente con actuaciones fuera del país.

La última "aventura artística" de la que el maestro Vásquez acaba de regresar, cubierto de gloria y con la conquista permanente de magníficas críticas, fue la gira realizada por las tres principales ciudades de Yugoslavia. En cada una de ellas funcionan permanentemente un Teatro de la ópera del Estado, con su correspondiente orquesta, y una Sinfónica, también sostenida por el Gobierno, que el maestro dirigió.

Dio un total de seis conciertos en Belgrado, Zagreb y Liubiana. En todos estos lugares, las obras mexicanas, que figuraban en los programas: "Ferial" de Ponce, sus propias "Acuarelas" y "Sinfonietta", "El hombre maya" de Daniel Ayala, y los "Seis preludios de Ruth Schoenthal (mexicana por adopción) fueron escuchadas con enorme interés y comentadas, por cronistas y músicos profesionales, en términos francamente elogiosos.

Nuestro redactor cómplice nos recuerda el empeño de Vásquez por promover no sólo su propia obra sino la de su colegas mexicanos, cada vez que viajó a dirigir las orquestas extranjeras; una constante observada a todo lo largo de su trayectoria.

El maestro causó magnífica impresión como director consciente y competente en varias obras del gran repertorio sinfónico, como "La Primera de Brahms", La Quinta de Dvorak", que también figuraban en sus programas.

A continuación nos permite entrever las reflexiones que el maestro Vásquez ha venido haciendo desde su estancia en aquel país balcánico, del que puede ser deducido su beneplácito por la estructura, el funcionamiento y el respeto que por la cultura, seguramente hubiera deseado que fuera igual en México.

La impresión que el maestro se lleva del bello país del General "Tito" es inmejorable. Se trata de un gobierno que a través de su Ministerio de Cultura, cuida realmente el arte en todas sus manifestaciones. Durante todo el años los tres teatros de Ópera del Estado, ofrecen semanalmente dos funciones de ópera, otras dos, de ballet, y conciertos sinfónicos, y siempre se llenan los teatros de tope en tope de un público entusiasta y entendedor. Pero lo que más le impresionó es el hecho, de que en Yugoeslavia, y por obra misma del Gobierno, no prosperan las envidias ni las intrigas entre los compositores; no sólo los maestro consagrados como Jossip Slavenski y Stevan Hristic, sino hasta los jóvenes tienen oportunidad de estrenar siempre sus producciones que automáticamente se graban en discos de la Radio del Estado de Belgrado.

"Ningún compositor yugoeslavo ―dice al respecto el maestro, trabaja para el escritorio o depende de la buena voluntad de los directores para que se escuchen sus obras"

Toda una declaración de aplauso por el esquema recién conocido...

Como es natural, el maestro Vásquez dará a conocer en su próxima temporada, que se iniciará el 8 de julio, algunas de las obras de las que escuchó durante su estancia en tierras yugoeslavas y que más le gustaron; entre ellas figura una de Jossip Slavenski, y una suite de un ballet encantador, que vio representado, de Stevan Hristik. Además, tiene varias tiene varias sorpresas grandes reservadas a su público.

Tendremos el placer de escuchar nuevamente al pianista ruso Shura Cherkassy, que enloqueció al público en la pasada temporada. Además se hará escuchar la violonchelista Garbusova, Paul Loyonnet, (en el concierto II de Saint Saëns), la Señora Gloria Vásquez, y una joven pianista muy prometedora Luz María Puente (en "Las Variaciones Paganini de Rachmaninoff").

Y aunque el tiempo sea una ilusión persistente, de acuerdo a Einstein, el adjetivo de prometedora, vertido sobre la gran pianista mexicana Luz María Puente, nos permite recordar la brevedad humana frente al arte.

Luego nuestro amigo expone su enfoque entusiasta por la futura temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad...

La sensación de la temporada será la actuación de dos grandes maestros alemanes, que desde hace años no se han presentado aquí: Otto Klemperer, junto con Fürtwaengler, y Bruno Walter el más genial director de su país, y William Steinberg, ex director de la Ópera de Colonia y actualmente titular de la Sinfónica de Buffalo y director de la ópera de San Francisco, a quien recordamos por su inolvidable "Tristán", que nos brindó en una temporada de la ópera Nacional.

Después de terminar el ciclo sinfónico de este año, el maestro Vásquez regresará a Europa. Dirigirá de nuevo en Yugoeslavia, París, donde en su última visita brindó dos conciertos con la Radio Francesa, y por primera vez en Italia.

Con el último párrafo en su reseña, nuestro cómplice avista el futuro del maestro Vásquez, como resultado de aquella primera gira por Yugoslavia.

A París regresó al menos dos veces más a dirigir, y no sólo a la Orquesta de la Radio Francesa; sin embargo, el planteado viaje a Italia no pudo concretarse, (hasta donde hoy se sabe) quedando como una de las asignaturas pendientes en la prolongada carrera del maestro Vásquez sobre los podios internacionales más importantes,  

La primera fotografía, única por su carácter, corresponde a la figura del José F. Vásquez durante un ensayo en Belgrado, al frente de la Orquesta del Estado. A continuación aparece la reproducción de la reseña anónima aparecida en la Revista El Músico, del SUTM. 

Las siguientes dos imágenes muestran fotografías del maestro Otto Klemperer, el gran director alemán, y de la joven pianista Luz María Puente, anunciados ambos hacia la siguiente temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad.

Nota. La recuperación de las primeras dos imágenes se deben a una gentileza del maestro Emmanuel Pool.

José F. Vásquez y Cielito lindo

Octubre 27 de 2020.

48. 

Los nacidos en México tenemos la impresión de que no hay un mejor símbolo informal nuestro que la canción Cielito lindo; eso aprendimos, eso hemos oído (y cantado) a lo largo de la vida, y nos es muy fácil sonreír en cuanto comienza la melodía, estemos en el lugar donde estemos, haciendo lo que estemos haciendo; yendo por el camino que nos ha tocado en suerte emprender o estando en el país en el que hemos decidido vivir, como es mi caso. Cielito lindo ha sido quizá la melodía más abrigadora del alma mexicana y la sentimos nuestra, sólo nuestra y muy nuestra porque es nuestra. 

Sin embargo como saben yo soy muy curioso, y siempre he tenido una duda, digamos geográfica, sobre un asunto; aquello que dice: de la Sierra Morena, etcétera... Porque desde hace mucho aprendí que tal cordillera está ubicada en España, entre Extremadura y Andalucía, y que fue durante mucho tiempo la frontera con Granada, la última región árabe en la península ibérica hasta que fue conquistada por los Reyes Católicos de Castilla en 1492. Y saben, ese asunto me daba vueltas en la cabeza, aunque eso sí, cuando se trataba (y se trata) de cantarla, aun hoy la memoria geográfica desaparece de inmediato, quizá porque una melodía es asunto del alma, y la geografía no. ¿O sí?

Hemos aprendido sobre lo aprendido que antes otros aprendieron, porque esos lo hicieron de otros, y aquellos antiguos lo hicieron de otros, y así hasta las cavernas. De donde seguramente se salió gracias a la curiosidad que como siempre, al final suele vencer al miedo; será por eso que casi puedo ver a esos curiosos originales salir de su cuchitril, cantando, espantando los miedos que también habían aprendido de otros. 

Esto de verlos salir cantando, desde luego es una interpretación delirante muy mía, sin ningún sustento científico pero que a mí me alegra. Lo mismo que me ocurre cada vez que canto o escucho Cielito lindo. Porque les juro que puedo imaginarlos cantar alegrando sus corazones... y en marcha rumbo a la luz. En fin... 

La Wikipedia nos ofrece esta su versión: «Cielito lindo» es una canción tradicional mexicana, compuesta en 1882 por el mexicano Quirino Mendoza y Cortés, quien se inspiró en su esposa (a quien conoció en la sierra y poseía un lunar cerca de la boca). La canción, usualmente acompañada de mariachis, ha sido parte del repertorio de importantes figuras folklóricas como Pedro Vargas y Luis Aguilar. Esta canción es un símbolo informal de México, especialmente en el extranjero, donde grupos de mexicanos cantan para identificarse como tales (como ocurre, por ejemplo, durante las copas mundiales de fútbol o los juegos olímpicos). «Cielito lindo» ha sido interpretada por numerosos artistas, como Tito Guízar, Pedro Infante, Vicente Fernández, Ana Gabriel, Luciano Pavarotti, entre muchos otros. De acuerdo con la eminente filóloga, la maestra Margit Frenk Alatorre, parte de la canción está basada en una seguidilla de Lope de Vega, que dice: «Una flecha de oro / me tiró el amor: / ¡Ay, Jesús, que me ha dado en el corazón...», similar en «Cielito lindo» a: «Una flecha en el aire (cielito lindo) / tiró Cupido / él la tiró jugando (cielito lindo) / y a mí me ha herido». En la versión mexicana se modifica la métrica (por el pentasílabo agregado a la seguidilla) y se cambia el amor por el personaje imaginario que enamora: Cupido.Asimismo, la citada Sierra Morena podría referirse a la Sierra Morena en España (lo que decía), ubicada entre Extremadura y Andalucía, aunque también podría aludir a la Sierra Morones en el estado de Zacatecas, México, ya que el compositor tenía antecedentes familiares en ese estado; no obstante, el estribillo sobre dicha serranía española existe en las trovas populares desde antes de la composición... 

¿Tendríamos entonces que cantar nuestra mexicanidad, corrigiendo a: "de la Sierra Morones, Cielito lindo"?... 

Por otra parte, es posible que «ojitos negros» aluda a la sangre árabe o morisca presente en España, que pasó a Nueva España durante la colonización española de América y llevó consigo tradiciones como el uso de la guitarra que, junto con las costumbres locales, se convirtieron en parte de la cultura y folclore mexicanos... 

Y no le sigo porque al final es una fuente común la que nos ha dado de beber, y hemos sido nosotros y nuestros antecesores precedidos por los suyos (que también son nuestros) de acuerdo al reparto geográfico aleatorio que nos ha tocado, quienes hemos ido eligiendo y haciendo nuestro algo. Por supuesto incluidas nuestras canciones. Ese es uno de nuestros privilegios. Una de nuestras reivindicaciones de cara a la fugacidad que nos define, y que junto a la obligación de ser felices, es uno de los deberes primigenios a lo largo de nuestra aventura humana, porque, ya saben, las melodías son asuntos del alma. 

Cuando arriba se cita una lista de celebridades que han interpretado la canción, y supongo que sin ponerse a pensar en la geografía, como yo, nos falta alguien; José F. Vásquez. Uno de esos curiosos aún más atrevido que no sólo la habrá cantado como cualquier mexicano, o como quienes la han hecho suya en otros países. Como ejemplos cito, por un lado, el uso más lúdico que le dan los cariocas durante los bailes de carnestolendas, dentro de los nueve carnavales de Río en los que estuve durante mi juventud, y que hoy suspiro al recordar... Por el otro, también recuerdo haber escuchado la melodía cantada en serbio, durante un baile de fin de año al que asistí en Belgrado, en la antigua Yugoslavia, quién sabe cómo. Porque las melodías son asuntos del alma. Pero también son aprendizajes asimilados sobre lo cultivado que antes otros aprendieron... y modificaron, y arreglaron, y desarreglaron con tal de hacerlos más suyos, como una canción. 

Al final eso del cielo, y de acuerdo a la teología cristiana o al budismo, a la mitología griega o la cosmología prehispánica, en el fondo habrá el deseo de alcanzar el Ilhuícatl o las llanuras Eliseanas, el Nirvana o el Valhalla, donde la felicidad dicen es perfecta y eterna, sí, muy bien. Pero también pueda ser que simplemente y por vía de mientras, sólo se trate de regocijarnos al llamar cielito a quien amamos, y de cantar Cielito lindo como sea y donde sea. Creyéndola sólo nuestra.

Aquí reproduzco diversas voces contenidas en el libro: José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996, enfocadas en este concierto.  

El recientemente desaparecido pianista, Carlos Vázquez, dijo:*... Finalmente vino el estreno de la obra. Yo toqué con gran satisfacción en varias partes de México, en El Salvador y en California. El maestro Vásquez tenía la idea de llevarme a tocar esta obra -y quizá también el Concierto para piano, de Ponce- a Europa, pero por desgracia, murió. Es una obra de sorprendente envergadura técnica y expresiva, y sin duda un Concierto que merece figurar en el repertorio mexicano.

"Salomón Kahn dijo de esta versión del Concierto:"... Vásquez no fue devoto del nacionalismo musical; sin embargo, su Tercer concierto para piano y orquesta, dedicado a Carlos Vázquez, incluye el tema Cielito lindo..." Kahn menciona que esta obra fue solicitada por una casa editora de Estados Unidos (?) para su respectiva publicación, pero no se ha hallado más que el manuscrito original, la revisión autógrafa, la partitura del copista y las partes manuscritas.

Por su parte, José Iturbi dijo sobre esta obra: "Mi opinión es que el Tercer concierto para piano y orquesta, del maestro Vásquez, está perfectamente bien escrito para piano, y lejos de ser un concierto con austero acompañamiento orquestal, es un concierto para piano y orquesta donde la parte orquestal está concebida con gran destreza, y su participación es tan importante como la del piano... Debo agregar mi admiración personal por el maestro Vásquez". 

*Existen dos versiones de esta obra, la primera de 1936. Su estreno fue el 6 de diciembre de ese año, la solista fue Sara Caso acompañada por la OSU y bajo la dirección de Hans Kindler; la segunda versión data de 1954 y su estreno ocurrió el 27 de mayo en 1955 en San Salvador, con Carlos Vázquez al piano. Los pianistas que a lo largo de los años han interpretado esta obra, han sido: Sara Caso, Consuelo Villalón, José Iturbi, Sonia Finkel, Holda Zepeda y Carlos Vázquez, sin contar la versión más reciente a cargo de Arturo Nieto Dorantes.

A través del siguiente enlace comparto con ustedes la contribución de don José F., a esta interminable historia de traslapes y superposiciones, de arropamientos y juegos que vamos haciendo nuestros, olvidando que pertenecen a todos. Incluso desde antes de que nosotros creyéramos haber sido los primeros. 

Porque vivir es recordar y no hay nada nuevo bajo el cielo. Ni siquiera de nuestro Cielito lindo... 

Y porque cantando, se alegran los corazones... 

Mi padre enfocó su versión, en el 3er. movimiento de su Tercer Concierto para piano y orquesta. Y como toda su obra, la firmó: Crear, amar... 

La interpretación, magnífica como podrán comprobar, está a cargo del gran pianista mexicano Arturo Nieto y de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, (ya saben, la orquesta que mi padre fundó en 1936 y de la que fue su titular, nada más, 25 años) Todos bajo la batuta del maestro José Guadalupe Flores. 

¡Tercer llamada, tercera, el tarareo ha comnezado!...

https://www.youtube.com/watch?v=UpMqO7vIixk 

Las imágenes superiores, en el orden acostumbrado, corresponden a los maestros Arturo Nieto Dorantes y José Guadalupe Flores; la tercera nos muestra la carátula interior de la partitura del Concierto No. 3 para piano y orquesta de José F. Vásquez. La cuarta corresponde a una fotografía del maestro español José Iturbi, quien interpretó el mismo concierto en 1944.

La cicatriz de Gloria

Enero 14 de 2021.

49. 

 Gracias a este rinconcito virtual de complicidades contra el olvido de un músico, y a favor del arte, y de la disciplina enfocada en que la luz siga comiendoun poquito más de sombra, es posible sostener la vigencia de uno de los propósitos más elementales de la aventura humana: perseverar. 

Es entonces del todo oportuno reiterar los buenos deseos para que en este año nuevo, la vida fluya en nuestro favor, no obstante y a pesar de las circunstancias emergentes a las que nos enfrentamos de modo global. Es necesario y útil ser feliz a como dé lugar, y es arte un vínculo con la felicidad.

 Y hablando del arte, del proceso creativo; quizá hablemos del sano ejercicio de la libertad de un pensamiento expansivo desde el espíritu y contra la nada y la muerte, o acaso un taller donde se aprende a quitar lo superfluo hasta alcanzar llegar a la esencia. Pero quizá no sea más que un lenguaje de códigos en floración, en beneficio del género humano y de camino a eso que cada quien entiende por felicidad.

Y si lo centramos en la música, es probablemente además de todo lo anterior, y de muchas otras ideas que puedan venirnos a la mente, una compañía que inicia con las primeras nanas que nos cantan en la cuna, hasta la última nota de la última melodía que habremos de escuchar, antes de volver a casa.

Yo recuerdo el clásico a la rurru nene... cantado por mi abuela o por mi madre pero no para mí, por supuesto, sino para mi hermana, María Rosa, quién fue tres años menor que yo, y por desgracia, más impaciente para partir antes que yo, hace cinco años.

También me he puesto a pensar que Gloria, mi madre, nos ponía a hacer las primeras tareas escolares junto a ella, mientras ensayaba algo. Me gustaba ver su habilidad para abrir y colocar el atril, para afinar su violín, y me intrigaba el grado de su concentración luego de haber comenzado; yo la veía fascinado.

Tal vez de una forma similar a la llegué a ver en los ojos de don José F., el maestro Vásquez, tan importante en su época, mirando el ir y venir de su mujer.

Y fue uno de esos días en el que tuve una revelación tan poderosa, que aún soy capaz de cerrar los ojos para recuperarla, sin importar que aquel golpe de conciencia, ese día, me hubiese impactado directamente en el vientre.

Les cuento.

Estaba yo tirado sobre la alfombra roja del estudio, boca abajo con uno de mis cuadernos que hoy apenas recuerdo, sin embargo, me es fácil evocar a esa mujer tan vital como fue mi madre; risueña y bromista, casi por disciplina, diría yo, en mitad de una de esas tardes de trabajo santo, como decía mi abuela. Y la recuerdo esa vez tocar el violín y anotar algo sobre el pautado, cuando en un momento, el ángulo inferior que yo tenía, me permitió ver ese callo en su cuello, tan común en los violinistas.

Me levanté y con cierto recelo para no hacerle daño, lo rocé con un dedo...

―¿No te duele, Mami?...

La visión de aquello sobre su piel me conmocionó, pues mi cabeza de acelerado, ya desde entonces, me había llevado a temer algo... No supe entonces qué, pero hoy lo recuerdo así. Como la primera vez en que me fue revelada la naturaleza humana y frágil de mi madre.

Y es que a esas alturas de la vida, yo creía que mis padres o incluso todos los adultos que yo amaba, serían siempre eternos y así de fuertes como yo los veía. Jamás había pensado lo contrario hasta ese día.

La muerte sólo existía en mis libros de cuentos o en la tele, viendo a los buenos matar a los malos. Y como ella y todos mis queridos eran parte de los buenos, todo pintaba excelente.

Gloria reaccionó como de costumbre: con una carcajada...

Me dijo que no le dolía y que por el contrario estaba muy orgullosa de ese mi descubrimiento en su cuerpo.

―Cuando seas grande, tú también tendrás las marcas de la vida; no es malo tener alguna cicatriz por tu trabajo, al contrario, y algunas veces no podrás verlas pero seguro que las vas a sentir.

Luego pregunté qué era una cicatriz, y luego qué cómo eran las que no se ven, y ya no recuerdo sus respuestas pero sí su risa y su consejo para continuar cada quien con su tarea.

Miré entonces los dedos con los que yo sostenía mi lápiz amarillo para hacer las tareas, y para mi sorpresa no había ni marca ni cicatriz, y eso me decepcionó. Yo quería ya desde entonces compartir algo así con ella, para poder sentirme orgulloso de algo.

Muy pronto, como ya les he contado, comencé a recibir las visitas del dolor que precede a la muerte dentro de mi familia.

Primero mi abuela; un año y medio después, mi padre, y tres años más tarde aquella mujer del callo en el cuello, a quien yo vi reír tantas veces y canturrear tantas otras, porque se veía tan fuerte, tan sana y tan orgullosa de su cicatriz, que no la pude imaginar su vulnerabilidad.

Como todas las madres, tenía razón, y yo fui descubriendo mis cicatrices una por una, y todas esas producto de mi trabajo, es verdad, me han llenado de orgullo.

De muchas otras asimismo necesarias, tengo resúmenes diversos pero siempre desde la comprensión de su utilidad lumínica y en favor del bienhacer de mi andadura, porque al final cada uno de nosotros no dejamos de ser un experimento que el tiempo termina por justipreciar.

Estoy seguro que aquél niño que fui, está conforme con este efecto en marcha, en plena y feliz abuelidad.

Porque envejecer es obligatorio pero crecer es opcional.

Y eso, creo yo, depende precisamente del efecto que causan en nosotros esas marcas y esas cicatrices, como respuesta de mucho de lo que fuimos, de lo que no fuimos, y de lo que no pudimos o no quisimos ser para llegar a ser, exacta y nada más esto que hoy somos, luego de haber ido trenzando el vivir desde la curiosidad o desde el miedo.

Yo agradezco en conciencia haber tenido a Gloria Torres por madre, y por haber sido el primer ejemplo de risa fácil y de curiosidad ante la vida.

Quizá ella presentía de alguna manera su brevedad en la aventura humana. Y que en poco menos de 43 años de vida, apenas tendría el tiempo justo para encaminar sus pasos hacia la felicidad, desde la gratitud y desde el orgullo por sus cicatrices.

A 56 años de su partida, la recuerdo con un corazón en gratitud permanente, y con toda la fuerza del único vínculo capaz de explicar la existencia humana: el amor.

Porque en palabras de Mithc Albon: "La muerte termina con una vida, no con una relación" 

- Gloria Torres viuda de Vásquez - (22 de febrero de 1922 - 14 de enero de 1965)


Una convocatoria octogenaria y la primera transmisión por radio, Fromm de por medio

15 de febrero de 2021

50. 

Una vez más con exactitud asombrosa, ha llegado a mis ojos la copia digital de un documento relacionado con mi padre, datado el 16 de febrero de 1937, es decir que el mundo aquel vigente al momento de su expedición, ha de cumplir 84 años de haber muerto, mañana mismo. Y tal cantidad de tiempo podría equivaler a un existencia humana, por demás generosa, pues en esencia somos un proyecto amoroso (quiero suponer) mensurable en tiempo.

Pero la supervivencia de nuestros hechos plasmados, antes en papel hoy en medios digitales, hablan de lo que hicimos y por tanto de lo que fuimos. Tal vez por eso será bueno cuidar cada letra en cada documento, si queremos que las generaciones del futuro puedan interpretarnos con la cabalidad que hoy cada uno queremos, a la hora de escribir un documento que como nosotros, pierde su presente y corre el riesgo no poder asegurar la calidad de su futuro.

Y es que la memoria escrita termina siendo interpretada por alguien que quizá hoy ni siquiera ha nacido. Algo parecido al destino de una partitura.

El manifiesto en cuestión es una convocatoria expedida por el Departamento de Acción Social de la Universidad Nacional Autónoma de México, enfocada en un concurso abierto para encontrar un violinista que interprete el Concierto para violín y orquesta de Beethoven, todo un reto diría yo. Y el premio ofrecido dentro del cuerpo de aquella comunicación, ascendía a 250 pesos.

Aquel año de 1937, el segundo en la vida de la joven Orquesta Sinfónica de la Universidad, el proyecto cultural universitario avanzaba con vigor y fue orientado al público popular, de ahí que la temporada haya ofrecido su primer concierto al aire libre, el 24 de enero en el hemiciclo Juventino Rosas del parque de Chapultepec, en el que se incluyeron obras de Felipe Villanueva y Ricardo Castro entre los autores mexicanos.

El segundo tuvo lugar el 10 de febrero en el Teatro del Pueblo, y un tercero se presentó en el Teatro al aire libre Lindbergh, del parque San Martín, e incluyó una obra de Julián Carrillo.

Luego vendría un ciclo de conciertos populares de la entonces entre junio y noviembre, efectuados en su sede oficial: el Anfiteatro Bolívar.

Un dato digno de mención es que durante la celebración de este ciclo habría de inaugurarse Radio Universidad, el 14 de junio de ese mismo, año de 1937, por demás significativo e icónico dentro de la historia de la cultura universitaria.

El primer concierto trasmitido al aire por la radiodifusora universitaria, estuvo integrado por Fragmentos de Las bodas de Fígaro de Mozart, la Sinfonía Inconclusa de Schubert, y por los Preludios Sinfónicos de Liszt. Desde esa fecha los conciertos oficiales de la orquesta, realizados desde su sede, habrían de ser transmitidos por Radio Universidad.

Los directores de aquellas temporadas fueron, José Rocabruna, y José F. Vásquez, titulares de la orquesta, y el primer director huésped de la agrupación, fue Manuel M. Ponce.***

Después de leer el documento con la grata sensación de avizorar un hecho en el que intervino mi padre, me quedé pensando en la cantidad de personas y de acciones de cada una de ellas, para que hoy, 84 años después, seamos nosotros quienes podamos constatar que su convocatoria significó un ladrillo de la gran catedral, y que desde la nada se inventaron una orquesta, una radiodifusora, y con ello, fuentes de trabajo que hoy siguen siendo parte del tejido social de la cultura en México. Y sin duda, toda estructura creada al servicio de la cultura, en cualquier parte del mundo, más aún en México, es primordial para poner a salvo el éxtasis y la ternura, y la pasión y la razón de ser de un colectivo espiritual necesitado de arte para poder sobrellevar un poco la realidad.

Porque tal vez el arte no cambie nada o muy poco, pero sí creo que cambie a los individuos. Una suerte de mutandis mutandi en favor de todos, y de esos todos que han de venir a ver todo lo que hicimos y dejamos de hacer.

"Por primera vez en la historia, la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano"...

Eso decía Erich Fromm, y cuando lo dijo había otra realidad y era otro tiempo, pero ya se ve que nada o muy poco se ha modificado la necesidad incesante de cambio.

¿O será que quizá la lucha entre la luz y la ignorancia sea tan interminable y natural, como el oleaje marino?

Es muy probable...

El documento es el número 22246; esto quiere decir que antes hubo 22245 hechos o iniciativas venidas de otras tantas ideas, individuales o colectivas, pero tal parece que siempre enfocadas desde el núcleo de Acción Social, hacia la difusión de la cultura.

¿En cuántas acciones como esta habrá estado involucrado don José F. Vásquez?

¿En cuántas otras habrá alzado la voz o llevado la iniciativa?

¿Por cuántas más habrá tenido que luchar para que no murieran en un documento, en un anaquel, o en los pantanos de la burocracia?

Yo por mi parte celebro que haya encontrado los recovecos donde mana el universo y apetece soltar todas las amarras para imaginar, como imaginó, no sólo sus óperas o sus sinfonías y sus lieder, sino además las aulas y una orquesta que, como podemos ver, un año después de ser fundada se puso a buscar talento para continuar su proyecto.

Quizá sería bueno imaginar que nada nos necesita tanto como el bien inexistente que debemos generar en derredor.

Y que nada será igual si no estamos dispuestos a ser necesarios. Porque asimismo, se perdería una historia y con ella tal vez nuestro rostro, nuestro apellido y nuestra intención.

Y que acaso llegue a borrarse la nimia representación de lo que fuimos, y sea entonces que para siempre se haya perdido la partitura de lo felices que pudimos ser, y no quisimos, o no pudimos.

Porque todo es un sí, o un no.

Para que algo no pase a ser una brizna de la nada incrustada en la nada, y nada más que un punto en la geometría del peso muerto de la historia, que ya se sabe, se va llenando de pequeñas historias que fueron o que pudieron ser y no se lograron.

¿Alguien leerá lo que fuimos y lo que hicimos para serlo, dentro de 84 años?

Tal vez.

Y ojala nos miren con indulgencia y gratitud. Igual que hoy veo yo a todos esos obreros del idealismo como mi padre, porque su orquesta vive y se nutre hacia el futuro.

¿Qué hará falta para que esa orquesta mire en su pasado con gratitud activa y dispuesta a inventarse un remedio, contra el olvido de uno de sus fundadores?

Que no se diga que esta generación quiso pero no pudo, o pudo pero no quiso.

Quizá todo dependa, como dijo Fromm, de un cambio radical del corazón humano...

La primera imagen, arriba, nos muestra la convocatoria del concurso para violinistas, convocado en febrero de 1937, por el Departamento de Acción Social de la UNAM. 

La segunda corresponde a una fotografía de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, tomada en el Anfiteatro Bolívar, probablemente en el año de 1938. 

Una radiodifusora cultural apartada de la esfera oficial

20 de marzo de 2021

51.

Una semana más; santa para algunos, non sancta para otros pero tal vez absolutamente disfrutable por todos quienes de una u otra manera formamos parte de los pueblos con herencia judeo-cristiana de este planeta. El accidente geográfico, casting destinal, diría mi querido maestro Hugo Argüelles, nos colocó aquí y así, todo lo demás es aprendizaje y vivencia individual frente a la raíz cultural y de cara a las interpretaciones diversas de las franquicias de la fe.

Y a propósito de interpretar, y emulando un poco mi antigua y fugaz cátedra de análisis de texto en el CUT, hoy me pongo a reflexionar y a terciar un artículo de prensa sin datar, pero que seguramente apareció al final de la temporada de conciertos de 1939 o a principios de 1940. Tres o cuatro años después de la fundación de la hoy OFUNAM, y poco más de dos años después de que la hoy Radio UNAM saliera al aire:

"Una radiodifusora cultural en que su director es absoluto y no tiene ligas de ninguna especie con los "influyentes" de la esfera oficial, resulta ser un campo propicio para hacer arte y difundir cultura a través del espacio"

En su párrafo inaugural, el cronista muestra certeza en su conocimiento del medio; un estatus que ya se ve no tiene época y una ratificación de que la luz convive con la sombra, siempre.

¿O no suele ser esta una situación frecuente para un soldado de la cultura?

Después el periodista nos da las claves que a su entender caracterizan el rol de mi padre como funcionario:

"El señor profesor José F. Vásquez, Jefe del Servicio de Radio de la Universidad Nacional Autónoma de México, es un elemento ampliamente identificado con el arte, y sus actuaciones como director de orquesta han sido brillantísimas. Reconocemos que tiene por delante un gran provenir no obstante que críticos y público le han consagrado ya como director y como artista. De todo esto: su temperamento, sus conocimientos, y la ausencia de "influyentes" que le "inviten" a hacer determinada "cosa", resulta su acierto al dirigir los destinos de la Radio-Universidad, que entre paréntesis diremos: cumple ampliamente con su cometido de estación cultural al hacer ARTE y difundir CULTURA..."

Esto nos ubica dentro de la cronografía personal de don José F., por entonces en auge y desarrollo, de acuerdo a las apreciaciones de quien firma esto. Y su testimonio debo decir que me gusta pues concatena con el perfil fundamental que yo como hijo tengo de mi padre; más aún, a estas alturas de mi vida creo apreciar con nitidez el significado de su lucha contra corriente y con el único apoyo de la institución a la que se entregó por casi 40 años. Algo que se dice pronto pero que conviene deletrear pensando en toda vivencia contenida en esos años, que para él representaron el 70% de su vida.

Las mayúsculas que usa nuestro cómplice de aquel entonces, para cerrar el párrafo, hablan de lo prioritario que tenía para este hombre el ejercicio polinizador del arte y la cultura, sobre todo en los jóvenes, y en el entusiasmo y en la curiosidad con el que llenaban el Anfiteatro Bolívar para escuchar a "su" orquesta.

Dos energías humanas naturales y complementarias.

Al final utiliza puntos suspensivos y esto también me gusta porque es un enlace común que yo uso, quizá a veces en exceso, pero es que no dejo de pensar que los puntos suspensivos nos representan muy bien, pues siempre existe la posibilidad de dejar algo inconcluso; bien un beso, una taza de café, un viaje, un atardecer, los zapatos a medio uso, un poema equivocado, una idea jamás implementada, y claro está, la vida misma. Y es que estamos expuestos al silencioso acecho de los puntos suspensivos en nuestra bitácora.

Por eso me gusta usarlos.

Los puntos suspensivos que le correspondieron a José F. Vásquez, no aparecieron hasta su muerte en diciembre de 1961, cuando quedaron ahí sobre el texto valioso de sus logros, no obstante frágil en demasía frente a la desmemoria humana, pero en el que yo me he empeñado en trabajar para rescatar su vida y su obra, con la mira puesta en mis propios puntos suspensivos.

En esos que un día se anticiparán a mi firma...

De vuelta en el artículo, este buen hombre del que no he podido averiguar su nombre, nos deja ver lo que siente frente a la pausa. Lo que piensa al ver venir un silencio en la partitura de su entusiasmo por esta orquesta:

"La Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de México, tuvo un ciclo brillantísimo de audiciones que fueron transmitidas por los micrófonos de XEXX, y verdaderamente sentimos que hayan llegado a su término, que aunque feliz, nos trae la angustia de una nueva espera..."

Y no se puede pasar por alto que use dos palabras simbólicas de su momento de teclear el texto: feliz, y angustia...

Dejo ahí los suspensivos a modo de espacio para reflexionar, imaginando a nuestro cómplice intemporal, ahí, sentado frente a su hoy vieja máquina de escribir, quizá rememorando aún algún pasaje de polen bachiano, mozartiano o con suerte hasta vasqueziano, que la orquesta haya transportado hasta el oído de su espíritu, ya que resulta difícil leer una reseña tan emocional, y tan afectuosa hacia un colectivo orquestal.

Por todo lo anterior me he quedado pensando en la muy probable juventud del escribano, dada la vehemencia en sus letras, su idealismo a flor de piel y por su posición contra el poder establecido, en el entendido de que todo esto no fue mas que un puñado de impresiones a partir de la música recibida de una buena orquesta, apenas en ciernes, mal pagada, y en riesgo latente de desaparición, como hemos leído en este y en testimonios anteriores, desde "el tiempo amarillo de una fotografía", como decía Miguel Hernández, de aquellos tiempos tan difíciles de la hoy OFUNAM; que si bien fueron acometidos con inspiración, temperamento y conocimientos, como él mismo señala, pero que hoy su historia, igual que unas viejas partituras también enfermas de amarillo, están expuestas al deterioro natural y caducifolio de la memoria humana.

Un plano en el que sólo se miran las flores y no la raíz.

¿O es que siempre fuimos lo que somos?

Aquí caben muy bien de nuevo y para terminar, unos puntos suspensivos ligados a esa desmemoria caliginosa e inane, que nos separa de aquellos queridos fantasmas que no sólo provocaron pasión y entusiasmo en el público desde el podio y desde los atriles, o con la gestión inicial de una radiodifusora decididamente cultural, sino también sueños a largo plazo; durante el dilatado prólogo de lo que hoy somos...

Nota: Dedicado por entero tanto a los inicios de la OSU como a los de la radiodifusora universitaria, entre los años de 1939 a 1941, José F. Vásquez no compuso ninguna  de sus casi 200 obras.

-JJV-  

La primera imagen corresponde a la crónica de prensa de autor desconocido, arriba analizada.

La segunda nos muestra una fotografía de un repleto Anfiteatro Bolívar, durante un día de concierto.