Biografía

José Francisco Vásquez Cano

  Síntesis biográfica

José F. Vásquez nació el 4 de octubre de 1896 en la ciudad de Arandas, Jalisco, México. Se distinguió a temprana edad como pianista y ganó el concurso nacional de 1910. El premio le fue concedido por el presidente Porfirio Díaz.

Ingresó en el Conservatorio Nacional de Música a los 13 años de edad, estudió composición con Julián Carrillo y Rafael J. Tello, con César Del Castillo piano, y con Horacio Ávila el violonchelo; a los 14 años de edad compuso su primera obra, y un año después su primera opereta.

En 1917 fue miembro fundador del Conservatorio Libre de Música. Tal institución fue clausurada en 1921.

En 1920, gracias a un préstamo bancario aunado a préstamos particulares y a sus propios ahorros, funda la Escuela Libre de Música y Declamación que cambió su nombre posteriormente a Escuela Libre de Música, José F, Vásquez. Una escuela que en 1923 llegó a tener alrededor de 500 alumnos y que hoy, centenaria, continua sus actividades.

En 1926 fundó la Compañía Mexicana de Ópera, con la idea de presentar exclusivamente ópera nacional. Entre los compositores cuyas óperas dirigió deben mencionarse: Ricardo Castro, Heliodoro Oseguera, Rafael J. Tello, y sus propias óperas, como: El mandarín, El rajá y Citlali, premiada en el Concurso de Ópera de El Universal, en 1923.

En 1929 fue fundador de la hoy Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución en la que dio clases de composición, solfeo y contrapunto a lo largo de poco más de 30 años. También impartió las mismas cátedras durante dos décadas, en dos etapas separadas, en el Conservatorio Nacional de Música.

En 1936, junto con José Rocabruna, fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica Popular de la Universidad Nacional Autónoma de México, hoy Orquesta Filarmónica de la UNAM de la que fue su director durante veinticinco años y su Director Emérito hasta su muerte.

José F. Vásquez compuso casi 200 obras. Su catálogo incluye ocho óperas, cinco sinfonías, tres conciertos para piano y orquesta, dos conciertos para violín y orquesta, el tríptico sinfónico Tres acuarelas de viaje, la Sinfonietta, la Suite romántica para orquesta de cuerdas, una Misa de réquiem, el ballet La Ofrenda, la cantata IV Centenario de la UNAM, la cantata Liberación, una rica serie de 60 Lieder con textos en español y en latín, además de numerosos estudios para piano, tríos, sonatas, romanzas para cuerdas y piano, mazurcas y preludios para piano; todas ellas integrantes de un acervo recuperado tras un prolongado periodo de búsqueda y ardua investigación, debido al extravío de más de casi tres décadas.

Algunas partituras de José F. Vásquez fueron halladas en un bazar de la Lagunilla.

Hoy, todo ese material está ubicado, identificado, y parte del archivo, ya digitalizado, está disponible para ser interpretado.

Como director huésped se presentó con las orquestas más importantes de Norte, Centroamérica, Sudamérica y países en Europa como España, Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Suecia, Noruega, y Yugoslavia, por ejemplo, donde dio a conocer su obra y la de los compositores mexicanos Daniel Ayala, José Pablo Moncayo, Silvestre Revueltas, Julián Carrillo o Manuel M. Ponce entre otros.

Fue el primer mexicano en dirigir la Orquesta de la BBC en Londres, la Orquesta de Cámara de la Radio Holandesa, también se presentó en la Sala Pleyel de París, al frente de la Orquesta Filarmónica de Radio France; en Japón dirigió las orquestas sinfónicas de Kioto, Osaka, y la de la Radio Imperial de Tokio.

Y fue el primer director en ejecutar música sinfónica y de presentar ópera mexicana en el Palacio de Bellas Artes, incluso antes de su inauguración oficial de 1934. Pues el 18 de septiembre de 1928 presentó la ópera Atzimba de Ricardo Castro. Aquella fue en realidad la primera función operística realizada en el entonces Teatro Nacional.

Su ópera El último sueño, fue estrenada en el Palacio de Bellas Artes el 28 de mayo de 1961 por un elenco encabezado por Plácido Domingo y Marta Ornelas. Y dirigió a grandes solistas como Ruggiero Ricci, Henryk Szering, György Sándor, Micha Ellman, Alirio Díaz, José Iturbi, Higinio Ruvalcaba, Luz María Puente, José Kahan, Eloise Roessler, James Stagliano, Carlos Vázquez, Juan D. Tercero, Walter Hautzig, Raya Garbousova, Gloria Torres, Theo Bruins, María Bonilla, Consuelo Villalón, Luis García Renart, Shura Cherkassky, Enrique Serratos, Eugenia Rocabruna, Gaspar Cassadó, Michèle Auclair, Eric Landerer, Carmen Azuela, Daniel Ayala, Benno Moiseiwitsch, Rosa Rimoch, Eva María Heinitz, Miguel García Mora, William Primrose, Robert Goldsand, Stella Lechuga, María Elena Barrientos, Alfred Brendel, Socorro Salas, María Luisa Rangel, Domingo González, Rudolph Firkusny, Josefina Aguilar, Ann Schein,Zvi Zeitlin, Paul Loyonnet, Vida Chemowth, Sara Caso, Edmundo Méndez, Alexander Uninsky, Luis Herrera de la Fuente, Carlos del Castillo, Toni and Rosi Grunschlag, entre muchos otros.

En vida se le confirieron diversas preseas y títulos tanto en su país como en el extranjero, destacando entre ellos las de:Hijo Predilecto del Estado de Jalisco, la Condecoración José Clemente Orozco, y la Condecoración al Mérito, entregada por el Presidente Adolfo López Mateos en 1959.

En alguna época fue nombrado depositario legal de la obra de Ricardo Castro por los herederos de ese compositor. Y puso a salvo de la fosa común, los restos de Ernesto Elorduy.

A la muerte de Velino M. Preza, acaecida a fines de 1943, se convirtió en director titular y protector de la Banda de Música de la Policía y de la Banda de la Ciudad de México.

En 1951 fue nombrado por el maestro Jesús Corona, Director Artístico de la Orquesta Típica de la Ciudad de México.

Fue jefe de la sección de música del Gobierno del Distrito Federal, y en sus inicios, lo fue también de la Sección de Radio de la UNAM, hoy Radio UNAM, entre 1936 y 1939, nombrado por el entonces rector, Gustavo Baz.

José Francisco Vásquez Cano, murió en la ciudad de México el 19 de diciembre de 1961, a la edad de 65 años.

Abajo se muestra el enlace que da acceso a la cápsula biográfica del maestro Vásquez, en voz del maestro Theo Hernández, disponible en la FONOTECA NACIONAL.

https://www.ivoox.com/jose-f-vasquez-compositor-pedagogo-promotor-cultural-audios-mp3_rf_29095894_1.html?autoplay=true

 

La vida, la trayectoria, y la obra del maestro Vásquez, en 23 minutos.

Este video es un cortesía de Vic Villegas Villasana.

Muchas gracias, amigo.

El maestro José F. Vásquez, Director Fundador de la Orquesta Sinfónica de la Universidad.

"En la cabeza del maestro Vásquez, está logrado acertadamente el gesto severo del magistral intérprete de Wagner. La fisonomía se resuelve en unos cuantos rasgos característicos, pero lo que Gaviño fijó, por encima de la peculiaridad física, fue la personalidad superior del músico filósofo. La cabeza de Vásquez es la pasión contaminada de talento"

La fotografía de arriba muestra la escultura de la cabeza de José F. Vásquez. 

Autor: Ramiro S. Gaviño.

Esta obra está extraviada y en paradero desconocido, como resultado de una remodelación efectuada en la llamada Avenida de los Compositores del Parque Agua Azul, en Guadalajara, Jalisco, donde fue colocada en 1963. El texto entre comillas corresponde a la publicación en prensa aparecida al día siguiente de la ceremonia de su colocación, encabezada por el entonces gobernador del estado de Jalisco, el profesor Juan Gil Preciado. Abajo se muestran fotografías de la placa conmemorativa y del monumento ubicado como cabecera la desaparecida Avenida de los Compositores.


Aquí arriba se muestra una pequeña fotogalería de la vida profesional del autor.

José Francisco Vásquez Cano

 4 de octubre de 1896 - 4 de octubre de 2021

Aniversario natal del maestro

125 años son 1,500 meses y 45, 635 días a la vez; pero además son 1, 095,000 horas... Algo que parece ser demasiado territorio para un olvido, y sin embargo, no lo es.

Esta página ha sido creada para trabajar contra ese olvido... 

Índice de la Biografía

1- El primer director de orquesta mexicano en Japón

2- La gran escisión de 1929 que da origen a la Escuela Nacional de Música

3- Un joven director venido del podio de las bandas

4- Una ópera premiada con el olvido

5- Una voz y una orquesta en la radio

6- Un primer concepto de conciertos populares en CU, en 1954; año de estrenos y giras

7- Un ballet azteca

8- 1937... El primer año de una muy larga andadura contracorriente

9- El apoyo y la colaboración con la Orquesta Típica de la ciudad de México

10- La Temporada de 1951, año del Cuarto Centenario de la Universidad

11- Los orígenes de la hoy OFUNAM, en la voz de Salvador Azuela

12- Los primeros conciertos en la Ciudad Universitaria

13- Un director mexicano en Yugoslavia en 1950

14- La diversidad de 1953

15- Los premios y las condecoraciones

16- Suite para orquesta de cuerdas en Guadalajara

17- La temporada de 1958 caracterizada por estrenos

18- La calle José Francisco Vásquez Cano

19- La Orquesta Sinfónica de la Universidad en 1952

20- El inicio de los conciertos populares en Chapultepec

21- El Jefe del Servicio de Radio y Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, en el Directorio de la UNAM en 1939

22- 1955, año de gira por España, viaje a El Salvador, y de nueve estrenos en México

23- La Temporada de 1947 y un concierto a orillas del río Potomac

24- El viaje de 1949 a Europa, con honores al maestro Vásquez

25- Los cometidos del año 1957

26- La Cuarta Temporada de los conciertos populares en la explanada de Rectoría

27- La intensidad del año de 1956

28- La nutrida temporada de 1959 y el infarto en Japón

29- La Temporada de 1944 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad y la colaboración del maestro Vásquez como director al frente de la Orquesta Sinfónica de Yucatán 

30- La temporada de conciertos al aire libre de 1960

31- Las seis sinfonías de Tchaikovski en 1945

32- José F. Vásquez en los países de América del Sur

33) Sísifo en el podio de una orquesta

1)  El primer director de orquesta mexicano en Japón

... El maestro José F. Vásquez, director de la Orquesta Sinfónica de la UNAM, reconocido mundialmente como el mejor exponente de su género, acaba de llevar, por primera vez, la música mexicana a Japón.
Donde en tres semanas dirigió conciertos en Tokio, dos más en Kioto, otro en Osaka, y uno por radio. Y como director huésped, hizo su gira con la Orquesta Filarmónica y Sinfónica de Tokio.
En cada concierto presentó una obra mexicana. Las elegidas fueron, "Huapango", de Moncayo, "Chapultepec", de Ponce, y su renombrada "Sinfonietta". 

El programa radiofónico fue exclusivamente de obras mexicanas, repitiendo las nombradas con al Orquesta de la Radio Imperial.

-Es el primer contacto que tiene con la música mexicana- dijo el maestro Vásquez, y señaló que fue atendido con cortesías que llegaron al máximo.

El distinguido director y compositor mexicano, primero que va a Oriente, viene muy satisfecho de las reacciones del público. Quien que ha dirigido numerosas orquestas de Europa, dijo que las de Japón están a la altura, "son de primerísima categoría", enfatizó...

Extracto de una nota de El Universal Gráfico - Sábado 14 de febrero de 1959.

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2) La gran escisión de 1929 que da origen a la Escuela Nacional de Música

... Su participación en el I Congreso Nacional de Música (1926) había suscitado polémica, pues desde entonces se advertía su grave preocupación por los sistemas de enseñanza aplicados en el país.

Vásquez será una bomba de tiempo dentro de la trama burocrática del Conservatorio Nacional, y organiza una histórica escisión en 1929, apoyado por sus colaboradores Alba Herrera y Ogazón, y María Caso. Al proyecto se suman de inmediato Agustín C. Beltrán, Santos L. Carlos, Fausto Gaytán, Estanislao Mejía, Dolores Pedrozo y Miguel C. Meza, separados de los cambios del director Carlos Chávez, quien no daba a la música y sus mentores un sitio propicio en el Escuela de Música Teatro y Danza -así se convino llamar al Conservatorio Nacional durante la administración del general Álvaro Obregón- que pertenecía a la Universidad Nacional y que Chávez buscaba desincorporar.

La nueva institución protegida por la Universidad, tomó sede en una parte desocupada del Edificio Mascarones, en la Ribera de San Cosme 71, que alojaba la vieja Facultad de Filosofía y Letras. Así inició una relación cercana entre ambas facultades; el primer catedrático compartido por las dos escuelas fue el pianista Eugenio Navarro, quien había estudiado en el Conservatorio de Berlín con el maestro Krauze y había realizado también la carrera de filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México.

A Navarro, antigua amistad de Vásquez, Bermejo y Antonio Caso, se sumaron profesores de renombre en los años siguientes, entre ellos Juan D. Tercero, José Rocabruna, Luis G. Saloma, Manuel M. Ponce, Ramón Serratos, Pedro Menchaca y Angélica Morales.

Los numerosos contactos profesionales le dieron a Vásquez prestigio personal: Pedro Michaca lo invitó a formar parte del Ateneo de México; y Jesús Galindo lo incorporó a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. 

La Escuela Nacional de Música de la Universidad no sólo sobrevivió su primera época sino que creció de manera extraordinaria, hasta ser, con el Conservatorio Nacional de Música, la institución de enseñanza musical más importante del país, activa durante el siglo XX.

Vásquez, que había logrado la transición administrativa, no se interesó por ocupar nunca la dirección de la nueva escuela; en cambio, buscó los medios para formar una orquesta sinfónica en el seno de la Universidad, y ocupar en ella la dirección titular. 

Por otra parte, mantuvo con éxito las operaciones de su propia Escuela Libre, que estuvo bajo su responsabilidad durante 41 años; cuando murió, el instituto siguió en funciones dirigido por su hermana María Enedina.

(Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega", de Gabriel Pareyón - Sría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)

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La imagen superior muestra la antigua fachada del Edificio Mascarones, en la Ribera de San Cosme 71, en la ciudad de México, lugar donde fue fundada la Escuela Nacional de Música.

3) Un joven director venido del podio de las bandas


En el mes de septiembre de 1937, y pocos meses después de haber sido nombrado co director de la nueva Orquesta Sinfónica de la Universidad, en la Revista Mensual de Cultura Popular de la Universidad, apareció una semblanza de José F. Vásquez, enfocada en desvelar quién era ese joven director que por primera vez se había puesto al frente de una grande orquesta. 

LOS TRES DIRECTORES DEL CICLO MUSICAL

p o r  G A B R I E L  S A L D Í V A R

JOSE F. VASQUEZ

FECUNDO en enseñanzas ha venido siendo el ciclo histórico de música. La visión de conjunto de las grandes obras musicales que ha producido el Occidente) por si sola es bastante para aquilatar su gran valor, reconocido unánimemente por la crítica, y suficiente para justificar el esfuerzo desarrollado por las autoridades universitarias al llevarlo por el buen camino que sigue. y si estos méritos no fueran todo lo grande que muchos exigen. el sólo hecho de haber revelado la existencia de un director de orquesta de primera fila, es digno de los más cálidos elogios, es motivo para aplaudir a quienes dieron ,tal oportunidad y razón fundamental para aquella justificación.

El maestro José F. Vásquez, era desconocido frente a una grande orquesta sinfónica hasta venir él. situarse en el podio de la OSU del Departamento de Acción Social; pero no' por esto se crea' que' fue un iluminado' a quien el' destino le diera dotes excepcionales para ser director de orquesta de buenas a primeras. Antes de estas actuaciones en que ha sorprendido como intérprete admirable de grandes maestros, ha habido una larga, cuidadosa y sólida preparación. Aficionado a la música desde pequeño, sus padres tuvieron que vender el piano en que estudiaba con ahínco horas y horas diariamente, con la pretensión de desviarlo de estas aficiones y hacer que siguiera una carrera de las llamadas liberales.

No obstante las oposiciones constantes, principalmente de uno de los miembros de su familia, ingresó al Conservatorio Nacional de Música, dónde obtuvo triunfos brillantes y señalados, que culminaron con un primer premio en el concurso de Composición, el año de 1910, éxito que atrajo Ias simpatías del familiar reacio, aunque siguió colocado en la misma situación económica en que se creara, al rehusar toda pensión que aquellos le ofrecían, sosteniéndose con la remuneración de su trabajo en orquestas de teatros y salas de espectáculos, ora tocando el piano, bien dirigiendo pequeños conjuntos.

Terminada la carrera de Composición en 1913 y habiendo recibido las enseñanzas de los maestros Rafael J. Tello y Julián Carrillo, en esta rama de la música, se dedicó a ella y a dirigir algunos grupos, pues en el Conservatorio había adquirido cierta práctica con la orquesta del plantel, y en su ejercicio tuvo varias ocasiones bajo su batuta a las bandas de la Policía y Supremos Poderes y durante algún tiempo la de Artillería; posteriormente sus estudios y práctica de dirección fueron en conjuntos de ópera en diversas temporadas. Sus actividades como compositor se inician a los quince años de edad (nació en Guadalajara, JaL, el 4 de octubre de 1895), influído por la gente de teatro con quien trabajaba; su primera obra fue una zarzuela con libreto basado en la novela de lnclán "Los Hermanos de la Hoja", que no llegó a estrenarse y cuyo original se perdió.

Al 'mismo influjo y con la tendencia de. impulsar la ópera mexicana, ha escrito cinco obras de ese género, todas estrenadas y algunas con varias representaciones, en temporadas en que él mismo ha sido empresario, con la idea de fomentar el arte musical en México, obra que le ha costado varios fracasos, pero después de cada uno de ellos con más ánimos la ha reemprendido.

La primera vez el Sindicato de Filarmónicos echó por tierra su propósito de dar una serie de representaciones en el Teatro Nacional, cuando aún no estaba terminado, quedándose con los gastos hechos en el montaje y decorado de varias óperas.

En la segunda ocasión, después de algunos éxitos obtenidos en la capital, inició una gira por Centroamérica. el año de 1928, pero apenas llegados a Guatemala, el pagador se fugó con el dinero, dejándole deudas que le reportaron la pérdida de todos sus ahorros y. de las alhajas de su esposa; aunque seguido el viaje a El Salvador con algunos elementos de la compañía, obtuvo éxitos lisonjeros, que le permitieron regresar al país decorosamente.

Y la tercera fue en la temporada de ópera de 1933, con 'triunfos artísticos resonantes y fracaso económico. Otra· de sus tendencias dentro de la composición es la de hacer el lied mexicano, forma de la que tiene escritas, para canto y orquesta,' ochenta obras,

Además, es autor de tres conciertos para piano y orquesta, varias sonatas y grandes estudios.

Reposado al hablar, es dinámico en las obras. Siempre que se trata de hacer algo de provecho y sobre todo cuando lo que se pretende es en beneficio de la música y de la alta cultura en su Universidad Nacional Mexicana, ahí está el maestro Vásquez en primer término en opinar y el primero en la ejecución, pero lo que más le preocupa es la expansión de los conocimientos musicales, la preparación del público para la buena música, afán del que han brotado diversas y fructíferas fundaciones, ya trabajando al lado de otros luchadores, bien obrando solo,

En 1917 fue de los iniciadores del Conservatorio Libre de Música, que en 1920 cambió de nombre y desapareció años. después debido a. las diferencias de criterio de su personal y a la poca organización que siguió al separarse de allí el maestro Vásquez.

Desde 1920 dirige la Escuela Libre de Música, en la que año por año se inscribe gran número de alumnos.

Finalmente, en 1929, contribuyó con Alba Herrera y Ogazón y María Caso, al establecimiento de mayor trascendencia en los últimos tiempos, la Facultad de Música dependiente de nuestra Universidad, ahora Escuela Superior de Música. En todos ellos ha impartido sus conocimientos y día con día asiste a numerosos' discípulos en varias cátedras que sustenta.

Con la práctica adquirida en la enseñanza, la experiencia de empresario y el estudio de los grupos, lenta, pero seguramente ha llegado al conocimiento de cómo mandar y gobernar a un conglomerado de personas, que mucho le ha servido al dirigir la orquesta que se ha puesto bajo sus órdenes.

Si a esto agregamos su modo de ser, pulcro, delicado hasta ser exquisito, aunque enérgico y exigente, si bien la persuasión norma casi todas sus órdenes, se reúnen las cualidades necesarias en el hombre que' debe mandar un grupo, cualquiera que sea su naturaleza, pero indispensables en el que conduce un conjunto de artistas, individuos que por el hecho de serlo llevan en sí un espíritu libre, el cual sólo puede ser dominado por los que resuman las circunstancias y cualidades que caracterizan a los dotados para mandar. En esta situación la orquesta obedece a todos. sus impulsos, el menor movimiento de sus dedos, una señal o un gesto tienen su respuesta en los instrumentos, cual si se tratara de hilos invisibles, o de corrientes eléctricas que partieran de su cuerpo e hicieran el efecto deseado en el lugar exacto de la orquesta sobre el que se proyectan.

La actuación de Vásquez en lo que va del Ciclo Histórico ha sido polifásica y nunca ha dejado que desear, sus interpretaciones han sido las más brillantes de la orquesta, pero donde se ha destacado su figura como director con mayor claridad, es en las obras delicadas, dulces, suaves; en ellas no pierde un solo detalle y las entrega al público en toda su exquisitez. Y ha sido tal el entusiasmo que ha provocado en sus primeras audiciones, que el anuncio de su presencia en los siguientes conciertos será bastante para que la sala se vea pletórica. 

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Las primeras dos imágenes corresponden a la portada y al artículo firmado por Gabriel Saldivar, en la Revista Mensual de Cultura Popular de la Universidad, del mes de septiembre de 1937. Las dos fotografías muestran a los maestros Rafael J. Tello y Julián Carrillo, dos de los principales maestros de José F. Vásquez. 

4) Una ópera premiada con el olvido


En las postrimerías de 1922, cuando José F. Vásquez tenía 26 años, el diario El Universal, dirigido entonces por el ingeniero Félix F. Palavicini, convocó a un concurso de óperas en un acto, cuyo libreto debía basarse en un asunto mexicanista. 

-Vásquez y yo no hemos creído mucho en los concursos, cuyo resultado está previsto o prefijado casi siempre. Nos animó, empero, la circunstancia de que, si no salíamos premiados, nuestra labor no sería estéril, pues llevaríamos la obra a la escena con elementos de la escuela. Alentados con esa perspectiva, escribimos la ópera Citlali -yo el verso y Vásquez la música- obteniendo el premio por unanimidad y representándose la obra, primero en el Teatro Iris, y después en El Toreo, durante la inolvidable temporada del tenor español, Miguel Fleta.
Alentados por nuestro éxito escribimos y estrenamos después en diversas épocas, las óperas, El Mandarín, El Rajáh y El último sueño, el ballet azteca La Ofrenda; un poema sinfónico para orquesta y voces, y numerosos lieder...
De un modo indirecto, débase a la Escuela Libre de Música, fundada por José F. Vásquez, la organización de algunas temporadas de ópera; y al cumplir hoy sus 25 años de existencia, sin ninguna subvención oficial ni particular, sentimos como el mejor galardón de nuestras bodas de plata, la justificación de nuestro título de: Escuela Libre...

Manuel M. Bermejo - abril de 1945.
Texto publicado por Gerónimo Baqueiro Foster, en la Revista Musical Mexicana.

La fotografía superior corresponde a una noche de lleno en el interior del Teatro Esperanza Iris, de la ciudad de México. Las inferiores nos muestran la carátula del programa, así como la gran fachada y la entrada principal del teatro.

*Es la primera gran ópera de importancia histórica en el catálogo de José F. Vásquez, quien la escribió en un lapso de treinta días, en provecho de una convocatoria lanzada por El Universal, a mediados de ese mismo año. Obtuvo el primer lugar del certamen y quedó por encima de otras seis obras, entre las que estaba Anáhuac, de Arnulfo Miramontes.

La acción de este "poema lírico" en un acto se desarrolla en el seno aristocrático del imperio azteca, estilizado por el libretista Manuel M- Bermejo, en una atmósfera romántica-clásica, donde los nativos mexicanos tienen más proximidad de carácter con el modelo helénico, que con el indio virgen, aún palpable en la ciudad de México de los años veinte.

Citlali fue el inicio del tríptico exotista de óperas dentro del archivo Vásquez y fue estrenada la tarde del martes 19 de diciembre de 1922 en el teatro Esperanza Iris, con el reparto siguiente:

La princesa Citlali: Maria Luisa Escobar (soprano)  

Cualica, esclava de Citlali: Adda Paggi (mezzo)

Yoloxóchitl, doncella noble: Adela Reyes (soprano)

Chichiltzin, guerrero tlaxcalteca: Ruggiero Baldrich (tenor)

Cuauhiotzin, el gran sacerdote: Angel R. Esquivel (barítono)

El rey: Miguel Santacana (bajo)

Un sacerdote: Próspero Ponce (bajo)

La esencia dramática se sostiene de una historia amorosa frustrada por la mala hora de la invasión española; la muerte de las doncellas señala la culminación de la trama: "En la cumbre del Teuctli las nubes se encienden con los fulgores cárdenos del crepúsculo vespertino como si se tiñera con la sangre de la virgen; entre tules brota una flor del corazón (Yoloxóchitl) y en el cielo un estrella (Citlali)".

Es claramente perceptible el avance del compositor en la dirección de un lenguaje musical más propio, e incluso -en fragmentos aislados-moderno. Vásquez describe con inventiva el camino de los solistas, coro y grupo instrumental, en un equilibrio notable. Además imprime coherencia y unidad al conjunto formal, por medio de elementos melódicos repetidos y metamorfoseados.

Sobre el "tema de la muerte" gira gran parte del desarrollo de la ópera. David López Alonso, en un artículo publicado en el diario El Universal (19 de diciembre de 1964), señala acerca de este motivo:

"... Es curioso como Vásquez se mostró obsesivo con el "tema de la muerte", siendo que su ópera Citlali se estrenó en un martes 19 de diciembre, igual que el día (martes) en que murió, en 1961".  

*Extracto del libro de Gabriel Pareyón, José F. Vásquez, "una voz que a los oídos llega" Secretaría de Cultura del estado de Jalisco - (1996)

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Arriba se muestra una breve galería de imágenes de la prensa de la época, dando fe del exitoso estreno de Citlali. 


5) Una voz y una orquesta en la radio

Siendo ya el Director Titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad (hoy OFUNAM), y Jefe del Departamento de Radio (hoy Radio UNAM), José F. Vásquez atendió una entrevista  que le hizo Rafael A. Pérez, conocido periodista del ambiente cultural de fines de la década de los 30s y hasta fines de los 50s.

Aquí la transcripción de la entrevista que permite conocer el pensamiento y las preocupaciones de Vásquez por aquellos primeros años del proyecto cultural en la UNAM: 

La enorme cantidad de radioescuchas que a todas horas está pendiente de los programas que transmiten las difusoras de la capital nos anima a llevar a cabo esta encuesta, en la que iremos dando a conocer la opinión de personas destacadas en diversas actividades, sobre la radio.

La primera es la del maestro José F. Vásquez, Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional, y Jefe del Departamento de Radio en ese instituto de cultura.

La personalidad del maestro Vásquez como compositor -es autor de varias óperas, numerosos lieds y obras para orquesta-, director y profundo conocedor en la materia, nos pareció anticipadamente interesante, y el resultado de la plática no defraudó nuestras esperanzas.

Con el maestro

Le encontramos en su despacho, momentáneamente convertido en aula, y cuando el maestro da una clase. 

Nos recibe con su habitual cordialidad y suspende la clase para atendernos.

Lanzamos la pregunta y se nos queda mirando en son de guasa:

-No, no maestro, es cosa seria, vamos a publicar la opinión de usted

-¿Qué quiere que le diga? Tendría que opinar del asunto en forma que podría resultar molesta...

-No importa. Estamos obligados a publicar la opinión de usted.

-Pues mire usted, la inmensa posibilidad de la radio, debido al aspecto netamente comercial que tiene en México, ha desvirtuado lastimosamente los beneficios que pudiera prestar. Es claro que no podría pretenderse que todas las difusoras se dedicaran exclusivamente a la labor cultural, pero en otros países, amigo mío, los gobiernos obligan a las difusoras comerciales a incluir una determinada cuota de tiempo para esos menesteres tan fundamentales para el desarrollo de los pueblos... Pero desgraciadamente estamos lejos de ello. De Radio Universidad no debiera decir nada. Nuestro auditorio es el encargado de opinar a ese respecto y sus opiniones nos animan. ¡Pero estamos solos, y el resultado de nuestra labor puede ahogarse, pese a nuestros esfuerzos. 

-Entonces maestro, en concreto qué opina qué opina usted del radio?

-Que en México, y por ahora, es más perjudicial que benéfico para el pueblo y que debieran cuanto antes encauzarlo mejor.  

Aquí arriba se muestra el texto ilustrado de la entrevista concedida por José F. Vásquez, en sus tiempos de Jefe del Departamento de Radio de la Universidad Nacional Autónoma de México. 

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6) Un primer concepto de conciertos populares en CU en 1954; año de estrenos y giras 

A partir del domingo 7 de noviembre del año de 1954, la Orquesta Sinfónica de la Universidad decidió dar un nuevo comienzo a los llamados Conciertos Populares, antes celebrados en el Alcázar de Chapultepec, como parte de las celebraciones por el traslado de la Universidad Nacional Autónoma de México a sus nuevas instalaciones al sur de la ciudad de México, en la flamante y parcialmente aún en construcción, Ciudad Universitaria.

Con ello, una vez más prevalecía el ideario original de la institución enfocada en difundir y aproximar la música clásica al público juvenil universitario, revalidando de ese modo su compromiso con quienes habían venido siguiendo a lo largo de los años, y desde su fundación, los conciertos de su orquesta en su sede original: el Anfiteatro Bolívar.

La curiosidad que esto despertó entre los jóvenes repercutió en el éxito inmediato del proyecto, al que se sumaría la asistencia de familias de interesados en la buena música que aprovecharon la gratuidad de los conciertos de domingo al aire libre, en las nuevas instalaciones universitarias.

La primera sede que se eligió fue la Explanada de la Escuela Nacional de Medicina.

El primero de estos conciertos tuvo lugar a las 11:15 horas y la dirección de la orquesta estuvo a cargo del maestro José Rocabruna, uno de sus dos directores titulares.

El programa inicial de la serie se compuso de la obertura Egmont de Beethoven, el célebre Concierto en re menor, BWV 1052 de Bach, con el joven pianista Raúl Ulloa como solista, y tras un breve intermedio la orquesta presentó el Intermezzo de la ópera Atzimba, de Ricardo Castro, y la Sinfonía Mexicana, "Escenas de antaño", del compositor catalán , Luis G. Jordá.

La dirección del segundo programa fue encomendada al maestro salvadoreño Alejandro Muñoz Ciudad Real, quien de esa manera fue el primer director huésped que actuó en la Ciudad Universitaria al frente de la orquesta, y fue llevado a cabo una semana después, el 14 de noviembre, en la misma sede.

El programa fue el siguiente: La obertura La Gran Pascua Rusa de Nicolai Rimsky Korsakov, la Tocata y fuga en re menor de Bach, en la transcripción de Leopold Stokowski, y la Sinfonía en re menor de César Franck.

El tercer programa dio cuenta de la dirección del maestro José F. Vásquez, también director titular de la orquesta, quien encabezó la interpretación del programa siguiente: la hermosa Tocata de Frescobaldi en el arreglo de Hans Kindler, el Concierto para piano y orquesta de Manuel M. Ponce, con la interpretación de Carlos Vázquez como solista; a continuación se tocó el Intermezzo Sinfónico del propio maestro Vásquez, y fue el Capricho español de Rimsky Korsakov la obra que cerró el programa.

A partir de este ciclo de conciertos al aire libre en Ciudad Universitaria, la Orquesta Sinfónica de la Universidad acostumbró programar, además de la temporada formal en el Palacio de Bellas Artes, al principio integrada por 9 conciertos, este tipo de seriales de presentaciones populares enfocadas en el público juvenil, y que solamente irían cambiando su sede conforme transcurrieron los años.

La temporada regular de la orquesta sinfónica universitaria con sede en el Palacio de Bellas Artes, se realizó entre el 25 de junio y el 29 de agosto. Y además de las batutas titulares de la orquesta, se contó con la presentación de los maestros James Williams Sample, Angel Muñiz Toca, Carl Garaguly, y de un jovencísimo Jorge Mester que a la edad de 19 años completó la nómina de los prestigiados directores huéspedes de aquella temporada.

Como solistas la OSU recibió a los jóvenes valores, Arturo Romero en el violín y Fernando Puig en el piano, al aclamado pianista húngaro Giorgy Sandor, a las magníficas cantantes Guadalupe Muñoz, y Josefina La chacha Aguilar, al violinista japonés Toshiya Eto, y al renombrado violonchelista Joseph Schuster, solista en la Orquesta Filarmónica de Berlín con Furtwängler. La persona más joven en ocupar ese puesto.

Durante aquel ciclo de conciertos destacaron las primeras audiciones en México de el Adagio Op.11 para cuerdas, de Samuel Barber, la Sinfonía No. 4, de David Diamond, la Sinfonía en re bemol, de Randall Thompson, el

Poema sinfónico The pleasure dome of Kubla Kahn, de Charles Griffes, el Poema sinfónico con coros, El milagro del Tepeyac, de Cameron O´Day McPherson, la Sinfonía en re menor, del llamado Mozart español, Juan Crisóstomo Arriaga, y el Poema sinfónico para voz y orquesta, La quietud, de la compositora mexicana de origen español, María Teresa Prieto. Así como Carnaval en Paris, Svendsen, la Sinfonía Dolorosa, de Saeverud, la Rapsodia Delacarlia, de Alfven; toda una demostración del afán de presentar obras nuevas más allá del repertorio tradicional tan arraigado en las orquestas mexicanas.

Los conciertos dirigidos por el maestro Vásquez fueron únicamente dos, debido a su compromisos en el extranjero:

Julio 25

José F. Vásquez, director

Giorgy Sandor y Guadalupe Muñoz, solistas

Obertura Los maestros cantores de Nüremberg, de Richard Wagner

Concierto No. 1 para piano y orquesta, de Federico Chopin

Poema sinfónico con coros, El milagro del Tepeyac, de Cameron O´Day McPherson (1a. Audición en México) Colaboración de la Sociedad coral

Francesca da Rimini, de Piotr Ilich Tchaikovski: 

Agosto 29

José F. Vásquez, director 

Joseph Schuster, solista

Preludio a la siesta de un fauno, de Claude Debussy

Mama la oca, de Maurice Ravel

Concierto No.2 en re para violonchelo y orquesta, de Franz Joseph Haydn

Sinfonía No.3, de Camile Saint- Saëns - Juan D. Tercero al órgano y Carlos Vázquez y Consuelo Rodríguez pal piano.

En aquel año de 1954, el maestro Vásquez realizó dos viajes; uno, el tercero que hacía por El Salvador, así como una gira por España que lo llevó a dirigir dos conciertos en Mallorca y tres en Asturias.

De esta última ciudad se pudo rescatar el siguiente testimonio gráfico:

"Recuerdo de la estancia del insigne maestro José F. Vásquez en Oviedo, y de sus magistrales versiones al frente de la Orquesta Sinfónica de Asturias.

Con la admiración y el profundo afecto que su arte y caballerosidad nos han sabido conquistar"

Oviedo, 19 - II -1954, Angel Muñiz Toca..."

Así reza la dedicatoria contenida en un álbum fotográfico obsequio de la Orquesta Sinfónica de Asturias, firmado por su director titular y seguida de las rúbricas de los músicos integrantes de la orquesta ovetense.

Como consecuencia del incremento de conciertos de la OSU, y de sus viajes, su labor como compositor se vio más limitada, sin embargo, aquel año, el maestro Vásquez compuso sus Preludios 6, 7, y 8 para piano solo. 

A finales de 1954 se llevó a cabo una renovación de la Orquesta Sinfónica Nacional. Con tal fin se convocó a un concurso en el que tomaron parte unos doscientos músicos, que fueron juzgados por los maestros Franco Ferrari, Higinio Ruvalcaba, Jesús Durón, Luis Herrera de la Fuente, y el propio maestro José F. Vásquez.

En su vida personal, en octubre de ese año, el maestro y su esposa la violinista Gloria Torres, celebraron el nacimiento de su hija María Rosa.

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Las cinco primeras imágenes corresponden a diversos aspectos de aquella primera temporada de los Conciertos Populares ofrecidos por la OSU en Ciudad Universitaria. A continuación se muestran fotografías de dos de los directores huéspedes del ciclo de conciertos en Bellas Artes: el maestro húngaro Carl Garaguly, y el muy joven Jorge Mester que así se presentó en el podio universitario. Le siguen fotografías de los solistas: Giorgy Sandor, Josefina La chacha Aguilar, Toshiya Eto, y Joseph Schuster. Las siguientes imágenes son relativas a los conciertos dirigidos por el maestro Vásquez en Asturias. En la primera se le ve en un ensayo con la orquesta en Oviedo, y al fondo la figura del maestro Angel Muñiz Toca, su director titular. Completan este grupo las reproducciones de los programas de mano de aquella gira. La última reproducción da fe del jurado para la renovación de la Orquesta Sinfónica Nacional, efectuada en aquel año. 

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7) Un ballet azteca


No obstante la diversidad del catálogo Vásquez, la mayoría de su obra denota su predilección por el piano y por la voz humana, algo que quedó plasmado en su producción operística, en su numerosa creación de lieder, o en el réquiem y en las cantatas, el compositor incursionó en la creación de un ballet que no solo resalta por su singularidad sino además por el lenguaje musical utilizado.

*Escrito en el transcurso de 1931, este ballet -único en el catálogo de José F. Vásquez- está fundado en un texto de Manuel M. Bermejo, de exaltación azteca.
La acción se desarrolla en dieciséis partes.
La música compuesta por Vásquez para esta escena mítica no utiliza material indio. En su lugar aparecen efectos en percusiones y alientos, que aproximan al escucha a una atmósfera mágica, irreal, en vez de acercarles fieles impresiones arqueológicas o étnicas.
Se trata de una obra maestra tanto por el manejo orquestal y el subsecuente aprovechamiento de texturas, como por el esqueleto formal que le cohesiona. 

Junto con las sinfonías segunda y tercera, probablemente constituya la aportación orquestal más notoria de Vásquez a la música mexicana del siglo XX.

El compositor no pudo presenciar nunca esta partitura coreografiada, tal vez por la estrecha relación de los grupos modernos de ballet con el ámbito chavista.

La ofrenda, se estrenó el 18 de noviembre de 1937 en el teatro Abelardo L. Rodríguez, con la Orquesta Sinfónica de la Universidad, encabezada por el primer director huésped que actuara frente a este conjunto, Manuel M. Ponce.

*(Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996) 


Como parte del homenaje organizado a José F. Vásquez en Jalisco, en noviembre de 1996, por el maestro Pareyón, esta obra pudo al fin romper un prolongado silencio de 59 años desde aquella única vez que fue escuchada, al formar parte del programa que la Orquesta Filarmónica de Jalisco interpretó a mediados del mes de noviembre de 1996, bajo la batuta del maestro José Guadalupe Flores, con un programa dedicado enteramente a su música. Las obras elegidas fueron, El poema sinfónico Acuarelas de viaje, La Sinfonía No.2 y el ballet azteca, La ofrenda. Uno de esos conciertos se celebró en el Teatro Degollado de la ciudad de Guadalajara, y otro en el Club de Rotarios de la ciudad de Arandas, lugar de nacimiento del compositor. 

Años más tarde, gracias al interés del joven músico, Daniel Álamo, esta obra pudo romper una vez más el abandono al que ha sido sometida, convertida ahora en el tema de su tesis como aspirante a la maestría en música e interpretación que presentó en el mes de septiembre de 2015, en la hoy Facultad de Música de la UNAM, una de las instituciones en la que la intervención de José F. Vásquez fue decisiva para su fundación. 

La tutoría estuvo a cargo del Doctor Gabriel Pareyón.

El espléndido y amoroso empeño desarrollado por Álamo a lo largo de un minucioso proceso de trabajo de revisión, reconstrucción, digitalización, estudio y análisis crítico de la obra, fue aprobado por el jurado presidido por el maestro Sergio Ismael Cárdenas. 

Como punto culminante, Daniel Álamo se puso al frente de la Orquesta Sinfónica de la FNM, Estanislao Mejía, para interpretar el viernes 4 de septiembre del mismo año de 2015, en la Sala Xochipili, el Ballet azteca La ofrenda. 

Esta ha sido la última interpretación de esta obra tan singular dentro del archivo Vásquez.

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Las imágenes que se muestran arriba, corresponden a las distintas etapas continuadas durante el rescate de esta obra.

8) 1937... El primer año de una muy larga andadura contracorriente

La Orquesta Sinfónica de la Universidad, nacida unos meses antes y en plena crisis económica de la UNAM, estaba necesitada de triunfos que reflejaran el acierto de haberla fundado, y de haberla ideado pensando en primer lugar, como una herramienta vinculante entre la cultura musical y la población juvenil universitaria. Era un proyecto vigoroso e idealista de algún modo, pues las carencias materiales habían retrasado su nacimiento y estaban obstaculizando su accionar en sus primeros meses de vida.

Sin embargo, y sin haber podido zanjar la problemática de arranque, la Orquesta Popular del Departamento de Acción Social de la Universidad ofreció un primer concierto en el Anfiteatro Bolívar, el 15 de marzo de 1936, bajo la batuta del maestro José Rocabruna, y un segundo el 17 de abril. En ambos programas fueron incluidas obras de autores mexicanos, una constante que habría de regir el destino de la orquesta. El vals poético de Felipe Villanueva y la Barcarola de Ernesto Elorduy, en la primera fecha, y la Obertura de la ópera Nicolás Bravo de Rafael J. Tello, y el Intermezzo de la ópera Atzimba de Ricardo Castro, así como la Serenata para orquesta de Francisco Ignacio Taibo, y la Rapsodia mexicana de Fausto Gaitán pasaron a la historia como las primeras obras interpretadas por la Orquesta Sinfónica de la Universidad, como finalmente se decidió llamar a la naciente orquesta. 

El año de 1937 habría de ser, de facto, su primera temporada oficial en la sede que le fue designada: el Anfiteatro Simón Bolívar. Sin embargo, antes de hacerlo en ese recinto, la orquesta se había venido presentando en parques al aire libre y en el Teatro del Pueblo. 

Se sabe que su primer concierto se llevó a cabo el domingo 24 de enero de aquel año, en el hemiciclo Juventino Rosas del bosque de Chapultepec, ante una concurrencia numerosa y entusiasta. El programa incluyó obras de Felipe Villanueva y Ricardo Castro entre los autores mexicanos. A continuación, la novel orquesta universitaria se presentó el 10 de febrero en el Teatro del Pueblo; el tercer programa fue presentado en el Teatro Lindbergh, del parque San Martín, e incluyó una obra de Julián Carrillo.

Tras esas tres audiciones inaugurales, habría de celebrarse el primer ciclo de conciertos populares de la entonces sinfónica universitaria, entre junio y noviembre, ahora sí ya organizado en su sede oficial: el Anfiteatro Bolívar.

Dentro de este primer ciclo ocurrió otro hecho muy significativo para la vida cultural de la Universidad, como fue el nacimiento de su radiodifusora oficial. Pues Radio Universidad nacía el 14 de junio de ese mismo año de 1937, fortaleciendo así el proyecto de difusión cultural emprendido por la Universidad.

El primer concierto transmitido al aire por la radiodifusora universitaria, estuvo integrado por fragmentos de la ópera Las bodas de Fígaro de Mozart, la Sinfonía Inconclusa de Franz Schubert, y por los Preludios Sinfónicos de Franz Liszt. La dirección orquestal del evento estuvo a cargo de los maestros José Rocabruna y José F. Vásquez, sus directores titulares, quienes continuaron alternando el podio desde esa fecha, dentro de los conciertos oficiales de la programación de esa temporada; y a partir de entonces, todos los conciertos realizados desde su sede, habrían de ser transmitidos por Radio Universidad.

Seguramente motivada por el 110 aniversario luctuoso de Ludwig van Beethoven, la dirección de la orquesta decidió presentar varias de las obras más emblemáticas del gran autor universal, y relacionado con este enfoque ha llegado hasta nuestros días una detallada crónica del musicólogo y pedagogo mexicano de origen polaco, Salomón Kahan, uno de los críticos musicales más destacados de aquella época, quien fue colaborador de una diversidad de publicaciones, entre las que se cuentan la revista Tiempo, el diario Novedades, la Revista Panamericana de Música de la Organización de Estados Americanos (OEA) de Washington DC, Excélsior, el Universal y ocasionalmente el New York Times y un diario de Berlín, así como la revista Musical Americana, y la Mensual de Cultura Popular de la Universidad, donde apareció publicado lo siguiente:

El triunfante Director Vásquez.

Por Salomón Kahan

La noche del viernes pasado vivimos momentos de intensa emoción estética. Una obra maestra de la literatura musical nos fue revelada en todo el esplendor y en toda la majestuosidad de su imperecedera belleza. Presenciamos una elevación artística comparable a la que el año pasado palpitó en las memorables interpretaciones que Carlos Chávez dio, dirigiendo a la Sinfónica de México, de la Sinfonía "Patética" de Tchaikowsky, y de la "Novena" de Beethoven.

Pero en esta ocasión no se trataba precisamente de nuestra orquesta máxima, ni tampoco de su consagrado director. El excepcional acontecimiento artístico a que nos referimos, tuvo lugar en el tercer concierto del ciclo sinfónico histórico de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, y el director, triunfante, por haber sabido rendir un espléndido servicio "ad majorem musicae gloriam" fue José F. Vásquez.

La obra que sirvió de vehículo para que este joven maestro en el arte de dirección de orquestas sinfónicas, quien por su parte resultó un excelente conducto para la revelación del inagotable tesoro de sus ideas poéticas, fue una sinfonía que es una verdadera piedra de toque para un director, una sinfonía que no admite medias tintas, sino una personalidad vigorosa, dinámica, pujante y dotada de un incontrastable don de mando, más una poderosa imaginación musical: la Quinta Sinfonía de Beethoven.

Y por haber sucedido las cosas tal como sucedieron, es decir, por habernos hecho oír una interpretación de esta inigualado canto de combates, esperanzas, angustias y victoria final de una manera como solo dos veces nos fue dado a oír aquí en los últimos quince años, José F. Vásquez, como director de orquesta, es para nosotros, ya no una promesa, sino una brillante realidad. 

*** 

Subió el maestro Vásquez al podio, cuando la orquesta, propiamente dicho, no se encontraba ya en condiciones de dar un buen rendimiento, pues la ejecución de la "Quinta" siguió en turno a la de dos obras capaces de agotar las fuerzas físicas de cualquier conjunto sinfónico: la Séptima Sinfonía de Schubert, con sus "longitudes celestiales" que dijera Schumann, y el acompañamiento en el Concierto para violín, de Beethoven, que es en sí mismo una Sinfonía. En una palabra, dos monumentales obras que puede dejar exhaustos a los ejecutantes.

Pero desde los primeros acordes producidos por la Orquesta, respondiendo a las incisivas órdenes del maestro Vásquez, nos dimos cuenta de que se estaba realizando el milagro del arte que posee todo gran director : el de galvanizar a músicos aletargados, imbuyéndoles vitalidad, pujanza, entusiasmo. Difícilmente reconocería uno en los instrumentistas que, como en un arranque de éxtasis, proclamaban cada uno a través de su instrumento, la gloria de Beethoven, a los apáticos y rutinarios profesores de atril de antes del segundo intermedio. La diferencia entre la manera de tocar de ellos en las primeras dos obras del programa y la obra final fue la misma que existe entre el concepto estoico de la vida como deber, y el epicúreo de la vida como placer.

Aquello fue Beethoven a gran escala. El primer tiempo lo dirigió el maestro Vásquez a base de una gran tensión emocional, subrayada por una admirable y siempre pujante precisión rítmica. Fue tocado por la orquesta con "brío" y con brillo. El Andante fue cantado por los músicos a las órdenes de Vásquez con serena dignidad y vigoroso aplomo. El pasaje lleno de misteriosos presagios antes del "Crescendo" y el estallido triunfal de toda la orquesta, tuvieron toda la tenebrosa significación que debe caracterizarlo, y en el "Allegro final", llevó el director a su grey de músicos con toda felicidad ("descontando un pequeño incidente") hacia los acordes finales, con una convicción que dejó electrizados a los oyentes.

No recordamos una ovación más justamente rendida a un artista intérprete que la que el público que llenaba no solo los asientos sino también todos los pasillos del Anfiteatro de la Preparatoria, le dio a José F. Vásquez, al terminar éste su memorable dirección de la Quinta Sinfonía, que precisamente por haber sido un tan eficaz vehículo para la revelación, a través de la Orquesta, de toda la majestuosidad de la titánica música de Beethoven, ha revelado al director como una personalidad musical de primer orden en el arte de la batuta.

Un relato para tomar muy en cuenta, viniendo de una de las figuras indudables de la crónica y de la crítica en Hispanoamérica. Un pionero de la crítica cultural junto con periodistas como Mario Hernández Machain, Francisco Monterde, Luis Fernández de Castro, Juan S. Garrido, y Edelmira Zúñiga entre otros, y que un año después de haber publicado estas letras, en 1938, fundaría la Unión de Cronistas de Teatro y Música.

El enfoque original eminentemente didáctico para el accionar de la orquesta, se ve claramente reflejado en la siguiente nota que explica la iniciativa que se dio a conocer a principios del año 37, como: Servicio de Acción Estética: 

"En el presente mes de marzo, el Departamento de Acción Social de la Universidad Nacional de México inició el programa de educación musical para 1937, que comprende tres series de conciertos que abarcan las formas fundamentales de la música occidental: música de cámara, coral y sinfónica.

Las obras que en estos programas figuran han sido ordenadas de acuerdo con un criterio histórico, con el propósito de llevar al oyente a la conciencia de la evolución del arte musical de gran estilo, desde sus formas antiguas a las contemporáneas.

El Departamento de Acción Social espera que este cuadro sistemático, en donde aparecen los maestros de las diversas épocas, sea un medio útil para la educación de grupos más vastos que los que habitualmente asisten a esta clase de espectáculos.

Por otra parte, al establecer ciertos esquemas Clasicismo, Romanticismo, pretende fijar en la inteligencia y en la sensibilidad del pueblo aquellas referencias objetivas que lo conduzcan a la comprensión de las obras de estos conciertos. Al integrar los programas, se tuvo la idea de hacerlo con aquellos autores verdaderamente representativos, clásicos, de cada período histórico. Se persiguió, además, la creación de un todo orgánico, que es el fin con que la Universidad aborda todos y cada uno de los problemas de la cultura".

Los artistas participantes en aquel primer proyecto educativo plasmado en tres conciertos didácticos, fueron: El Trío Rameau, la soprano María Bonilla, la contralto Clementina G. Cossío, la Cantata Universitaria J.S. Bach, el chelista Francisco Reina, el flautista Marino H. Ferreiro, los violinistas Ezequiel Sierra y Luis Guzmán, y los directores José Rocabruna, José F. Vásquez y Juan D. Tercero. 

De ese modo y a pesar de los pronósticos pesimistas de sus detractores y de la estrechez presupuestal, la Orquesta Sinfónica de la Universidad conseguiría dar los primeros pasos firmes, con la vista puesta en una larga primera andadura a lo largo de 25 años, siempre contra corriente. 

El 18 de noviembre de ese mismo año, el maestro Vásquez presencia el estreno de la música de su ballet La ofrenda, también subtitulado La leyenda del Peñón, (1931) en el Teatro del Pueblo en los altos del Mercado Abelardo L. Rodríguez, por la Orquesta Sinfónica de la Universidad bajo la batuta del maestro Manuel M. Ponce.

*** La música compuesta por Vásquez para esta escena mítica, no utiliza material indio. En su lugar aparecen efectos en percusiones y alientos, que aproximan al escucha a una atmósfera mágica, irreal, en vez de acercarle fieles impresiones arqueológicas o étnicas.

Se trata de una obra maestra tanto por el manejo orquestal y el subsecuente aprovechamiento de texturas, como por el esqueleto formal que le cohesiona. Con las sinfonías Segunda y Tercera, probablemente constituya la aportación orquestal más notoria de Vásquez a la música mexicana del Siglo XX.

*** Fragmento del libro José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón Secretaría de Cultura, Estado de Jalisco, (1996)

Como compositor, durante 1937 el maestro termina Arietta, dúo para violín y piano en un movimiento, y continúa trabajando la partitura de su Tercer Concierto para piano y orquesta, en su primera versión. 

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Las imágenes superiores corresponden, en el orden acostumbrado, a la carátula de la Mensual de Cultura Popular del mes de septiembre de 1937 y a la fotografía del pedagogo y musicólogo Salomón Kahan, quien suscribe la crónica del concierto. A continuación aparece la reproducción de un folleto del Parque Lindbergh. Seguidamente se aprecian las fotografías de los maestros José Rocabruna y José F. Vásquez, directores titulares de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, y la del maestro Manuel M- Ponce, primer director huésped en la historia de la orquesta.

La última fotografía corresponde a la maestra soprano María Bonilla. 

9) El apoyo y la colaboración con la Orquesta Típica de la ciudad de México 

A través del testimonio de la mezzosoprano mexicana, Luz Nardi, es posible vislumbrar otros ángulos de José F. Vásquez, desde un enfoque muy particular.

***... Mi contacto con el maestro Vásquez data de cuando yo cantaba como titular en la Orquesta Típica de la Ciudad de México, al lado de María Luisa Rangel. Al contrario de lo que pudiera pensarse hoy, esa orquesta tenía un nivel artístico muy alto, y se ejecutaba el repertorio internacional más fino, según la tradición del fundador del grupo, Miguel Lerdo de Tejada.

Jesús Corona, director de esta orquesta en el época en que yo ingresé a ella (1954), había sucedido desde hacía muchos años (1929) a Lerdo de Tejada, sin que se diera un colapso o una decadencia en las actividades musicales. En cambio, Corona buscó fortalecer la agrupación contratando más y mejores músicos, y consiguiendo que el maestro Vásquez apoyara a la Orquesta Típica en calidad de "director artístico".

A muchos nos sorprendió el hecho de que un hombre con tanta estatura musical no tuviera prejuicios por tomar una causa como la nuestra; desde luego la Típica estaba conformada por músicos muy competentes, pero el maestro Vásquez estaba acostumbrado a encabezar orquestas europeas y estadounidenses de primer nivel, amén del trabajo heroico que había desempeñado con la Sinfónica de la Universidad Nacional.

Así pues, nos enriquecimos de sus amplios conocimientos y disfrutamos de su trabajo musical, siempre tan cierto y de buen gusto. De pronto yo llamé su atención, una vez que el maestro escuchó mi voz de mezzosoprano, tesitura rara. Entonces el maestro Vásquez me dio, para que estudiara, una serie de canciones suyas, magníficas, que se ejecutaron en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes entre octubre y noviembre de 1958. En este ciclo participamos Socorro Sala, María Luisa Rangel y yo, cada una con unas dieciocho piezas. Más tarde seguí participando como solista de la orquesta Típica en una innumerable cantidad de presentaciones, y eventualmente aparecí cantando partes operísticas en Ciudad Universitaria, con la orquesta en la cual era director titular el maestro Vásquez. Recuerdo que una ocasión el maestro me pidió que preparara Scherezade, de Ravel, proyecto que acogí con mucho entusiasmo; sin embargo, la muerte le sorprendió y aquella ilusión mía quedó truncada.
Era un hombre muy versado e inteligente, y un compositor de primera, que conocía su trabajo perfectamente; el señor era una enciclopedia de música, podría llamarse un musicólogo, dadas sus extraordinarias facultades para el análisis y el dominio pleno de la música en todas sus particularidades. Debo decir que tenía grandes cualidades como concertador: jamás lo vi histérico, ni demasiado histriónico.

Recuerdo bien su comportamiento, siempre ético, serio, no obstante que era un hombre de mucha calidez humana. Ojalá que las generaciones venideras pudieran sentir, a través de la extensa obra del maestro Vásquez, la generosidad de su carácter, reiterando su enorme fuerza musical.
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Luz Nardi Solís (ciudad de México 1928) Cantante, mezzosoprano. Inició sus estudios musicales con José Eduardo Pierson; luego prosiguió con Carlo Morelli, Fanny Anitúa y Ernesto Roemer, en el Conservatorio Nacional de la ciudad de México. Participó, como protagonista, en los estrenos nacionales de las óperas Dido y Eneas, de Henry Purcell, y Edipo Rey de Igor Stravinski.
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* (Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)

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La fotografía superior es una imagen de archivo de la Orquesta Típica de la ciudad de México en década de los años 20, todavía bajo la dirección del maestro Miguel Lerdo de Tejada.  

10) La Temporada de 1951, año del Cuarto Centenario de la Universidad

A iniciativa del rector Luis Garrido, la Universidad Nacional Autónoma de México se organizó para celebrar ampliamente su Cuarto Centenario, articulando un rico programa de actividades.

El programa de festejos:

El punto inicial de las conmemoraciones de 1951 fue constituir el Comité Central Directivo del IV Centenario, organismo que, posteriormente, se transformaría en el Comité Organizador de las festividades.

Este órgano contó con la presidencia honoraria del licenciado Miguel Alemán, presidente de la república, y con varios vicepresidentes honorarios: licenciados Ramón Beteta, Agustín García López, Manuel Gual Vidal y Antonio Martínez Báez. La presidencia del mismo recayó en el rector Luis Garrido, mientras que el licenciado Alejandro Quijano ocupó la presidencia ejecutiva; el secretario general y director de las ediciones del IV Centenario fue Agustín Yáñez; el tesorero, Alfonso Ramos Bilderbeck.

Para presidir la comisión organizadora del Congreso Científico que se llevaría a cabo dentro del marco de festejos fue electo Alfonso Caso, mientras que el doctor Silvio Zavala fungiría como presidente de la Comisión de Exposiciones. Las vocalías fueron ocupadas por los doctores Nabor Carrillo, Francisco Fernández del Castillo, Julio Jiménez Rueda, y Francisco Monterde; por el arquitecto Carlos Lazo; por los licenciados Alfonso Ortega y José María de los Reyes, además del profesor Francisco Savín. Es claro que el rector y probablemente el Ejecutivo de la nación tenían especial interés en que los actos conmemorativos fueran todo un éxito académico, cultural y político, pues entre sus organizadores figuraban algunas de las personalidades más destacadas de su tiempo, quienes supieron darle al evento el brillo y significación esperados.

Desde el inicio de la celebración se adoptó un lema en latín, posiblemente en recuerdo de la importancia de esta lengua en las instituciones educativas del pasado, el cual encabezaría la documentación de las diversas dependencias durante la celebración: Novi Lux Orbis Quatre Saecularis Anima Patriae. De acuerdo con la interpretación bastante flexible de la revista Universidad de México, tales palabras hacían referencia "a la misión desempeñada por la Universidad en nuestra patria desde el siglo XVI a nuestros días"

Como en otras ocasiones, esta conmemoración contó con un himno propio, cuya letra se debió a la pluma del doctor Alfonso Méndez Plancarte y la música al maestro José F. Vásquez.

Este himno aparece dentro del archivo Vásquez, como Cantata conmemorativa del IV Centenario de la Universidad Nacional Autónoma de México.

***(Titulada originalmente: Aclamaciones, esta cantata se forma por un conjunto de varias piezas individuales, de las cuales, cada una alude a un personaje sobresaliente de la historia de la Universidad. El texto se halla en latín y en castellano, y fue hecho ex profeso para esta conmemoración histórica.

*** Del libro: José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón. (Secretaría de Cultura, estado de Jalisco - 1996)

¡Exulta, oh Fértil Madre, que llevas cuatro siglos de engendrar y nutrir a la Patria!

Con esas palabras reza el inicio de la versión en castellano del himno oficial del Cuarto Centenario, cuyas actividades fueron muy diversas y a cual más interesantes; culminadas en la solemne velada oficial del Centenario, efectuada el 21 de septiembre en el Palacio de las Bellas Artes.

De acuerdo con la documentación y hemerografía consultadas, parece ser que la conmemoración de IV Centenario de la Universidad, impulsada por la administración del rector Luis Garrido, fue todo un éxito.

De ello da cuenta la copiosa representación de autoridades y académicos de diversas universidades que asistieron a la celebración, así como el abigarrado y variado programa de actividades que se preparó para la ocasión, en el que había un poco de todo y para todos.

* Reproducción parcial del artículo: El Centenario de la Universidad (1551-1951): una conmemoración inesperada de la Revista Iberoamericana de Educación (RIES) (Elsevier - María de Lourdes Alvarado-2014)

De modo paralelo, la orquesta prosiguió con su temporada regular de conciertos en el Palacio de las Bellas Artes, y a decir por los medios universitarios de comunicación que dieron fe de ello, lo hizo de manera exitosa.

Como en años anteriores, la temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad se efectuó en el Palacio de Bellas Artes con un éxito rotundo.

Se contó con la actuación de elementos de gran valía artística, los directores huéspedes Otto Schubert, Arturo Romero y Frieder Weissmann.

Actuaron en cada uno de sus conciertos solistas de fama internacional, como son Danielle de Fleurieu, una de las pianista que más han entusiasmado a la crítica internacional y a los compositores modernos, y que mereció altos honores en el Conservatorio de París. Ella debutó en América en el primer programa de la temporada, interpretando el 5to. Concierto para piano y orquesta, "El emperador" de Beethoven, bajo la batuta del maestro José Rocabruna; antes se escuchó el estreno de la suite sinfónica, Las impresiones de Italia,(1889) de Gustave Charpentier; y el concierto cerró con la ejecución de la 5ta. Sinfonía de Glazunov.

Asimismo, el elenco de solistas para este año lo completaron, la cantante Josefina Aguilar, los pianistas Paul Loyonnet, Shura Cherkassky, María Teresa Rodríguez, las hermanas Grushlang, Luz María Puente y con la presentación de los violonchelistas Antonio Janigro y Gaspar Cassadó. Para culminar la temporada el público tuvo la oportunidad de disfrutar el arte de la magnífica violoncelista soviética Raya Garbousova, como cierre de broche de oro de la temporada.

Además de la colaboración de los directores huéspedes, tuvo la atinada, y magnífica actuación de sus directores titulares, profesores José F. Vásquez y José Rocabruna.

Cabe mencionar que la temporada permitió presenciar varios estrenos, como acostumbraba la OSU, pues además de lo antes mencionado, entre las obras debutantes destacaron: El teniente Kije de Sergei Prokofieff, Francesca de Rimini y el Segundo Concierto para piano y orquesta de Tchaikowsky, ejecutado magistralmente por el asombroso Shura Cherkassky, la Suite del ballet La leyenda de Ohrid, del compositor serbio Esteban Hristic, y el Poema Sinfónico del compositor mexicano Alfonso de Elías.

El último concierto de la temporada, celebrado en el Palacio de las Bellas Artes el domingo 26 de agosto, se integró de la siguiente manera:

Suite del ballet, La leyenda de Ohrid, de Hristic. Las Variaciones sobre un tema rococó Op. 33, para violoncello y orquesta de Tchaikovski, llevando como solista a Raya Garbousova, y el estreno del antes señalado Poema sinfónico Cacahuamilpa (1949), del compositor mexicano Alfonso de Elías.

Al final de la crónica reproducida arriba se lee un rasgo aclaratorio del espíritu vigente en la orquesta por aquel entonces:

Debido a la labor exclusivamente cultural que persigue la Universidad Nacional Autónoma de México, 'los precios de las localidades durante toda la temporada fueron sumamente bajos, aparte de que se hizo un descuento considerable a todos los estudiantes que gustan de la buena música.

En el plano familiar, el maestro Vásquez y la maestra Gloria Torres, su esposa, festejaron el nacimiento de su primogénito, a quien nombraron: José Jesús. 

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En la fila superior aparecen las imágenes de José F. Vásquez al frente de la OSU, seguida de las fotografías de los pianistas, Luz María Puente, Paul Loyonnet y Shura Cherkassky. 

En la fila intermedia las imágenes corresponden a los violonchelistas, Antonio Janigro, Gaspar Cassadó Raya Garbousova, así como la reproducción de un programa de mano con la imagen de la soprano Josefina "la Chacha" Aguilar. 

En la fila inferior se muestra la fotografía del maestro Frieder Weissmann, uno de los directores huéspedes de la temporada; la reproducción de anuncio previo al ciclo, la letra del himno y la portada del cartel conmemorativo correspondiente al Cuarto Centenario de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuya música fue compuesta ex profeso en ese año, por el maestro José F. Vásquez. 

11) Los orígenes de la hoy OFUNAM, en la voz de Salvador Azuela


En una época de crisis como la nuestra, es útil revivir los hechos pretéritos surgidos como resultado de otra crisis; quizá son estas coyunturas de la vida humana los mejores momentos para crear o para recrear, y para mostrar a las generaciones futuras cuáles fueron las fórmulas empleadas en su momento.
Y eso es lo que nosotros hoy, con acciones y con omisiones, estamos haciendo.
Porque somos el resultado de nuestros deseos cumplidos o incumplidos, y nuestra realidad, su fiel reflejo.

Una entrevista a don Salvador Azuela, aparecida en el diario El Universal el día 27 de enero de 1963, nos da acceso a un enfoque de gran proximidad con la génesis de un magno proyecto en favor de la cultura, a mediados de la década de los años 30, dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México, así pues que el testimonio que a continuación se comparte aquí, nos da un poco más de luz sobre el perfil de uno de sus ejecutores 
Y las instituciones que don Salvador señala, nos muestran el resultado de los deseos de aquellos hombres, creadores de aulas y de atriles, y de oficinas bien remuneradas, a quienes hoy la UNAM, debe al menos agradecer parte de su luminoso presente.

La foto superior corresponde al homenaje que en 1962 se realizó en conmemoración del primer aniversario de la muerte de José F. Vásquez, en el que don Salvador Azuela tomó la palabra. La ceremonia tuvo lugar también sobre el escenario del Anfiteatro Bolívar. 

Aquí las palabras de uno de los ideólogos de la orquesta e impulsor fundamental del movimiento cultural universitario sembrado en aquellos años con más imaginación y trabajo que presupuesto. Un largo período contracorriente en el que aquellos precursores  consiguieron fijar los objetivos del presente que hoy vivimos y salir adelante a pesar de todo.

Una más de las figuras universitarias insignes, cuya existencia permanece velada detrás de un relato incompleto y por tanto, injusto.  

El año de 1936, la Universidad Nacional atravesaba por una de las crisis más graves de su vida. El presupuesto de que se disponía no permitía satisfacer las necesidades mínimas no solo por lo que respecta a servicios del orden al que respondió la Orquesta Sinfónica, sino los de tipo primario, es decir, los relativos a la "ausencia". 

En aquellas circunstancias impresionantes hubo de organizarse la difusión cultural llamada entonces "acción social"; y una orquesta de la Escuela de Música de la UNAM trabajaba integrada por alumnos y unos cuantos profesores, siendo así necesario organizarla porque el maestro Vásquez hacía a la Universidad el reproche de que realizaba una labor sin sentido de responsabilidad con el país, es decir, enclaustrada exclusivamente en sus planteles y en sus institutos de investigación.

La orquesta se constituyó en condiciones tales que los alumnos ganaban salarios que no llegaban a treinta pesos mensuales, y los profesores no cobraban más de cincuenta pesos. Llamamos al maestro Vásquez en compañía del emérito maestro Rocabruna, director de la Escuela de Música, y la orquesta empezó a trabajar en el anfiteatro de la preparatoria.

Hombre extraordinariamente modesto, Vásquez en cierto sentido, ha sido responsable de que no se le valore en lo que significó y realizó en la vida musical. Es más: buena parte de su producción musical en el orden de la composición, permanece inédita.

De formación clásica severa, discípulo de don Rafael J. Tello, de don Julián Carrillo, alumno ejemplar del Conservatorio, fue profesor también allá. Como fundador de la Escuela Libre de Música, y luego de la Escuela de la Universidad, gustaba de las situaciones difíciles: era un hombre hecho para el combate, no le amedrentaban las dificultades.

El temple de su carácter lo ayudaba; las críticas injustas e incomprensivas las contemplaba con la indulgencia del hombre que ha vivido y que ha sufrido.

El caso de Vásquez es un caso patético; todavía muerto se le ataca y se le niega, no se llega a reconocer que trabajó por la educación musical en México, en forma ilustre. 

No es sólo su figura la que le distingue: se requiere perfilar con precisión su identidad y nada mejor que la obra que compuso, tan variada, de carácter tan rico, con la importancia que su seriedad y su sentido responsable le imprimía.
Se trataba de un hombre que compuso como si hubiera oído la consigna del poeta romántico alemán:
"Con grandes penas compongo pequeñas canciones".
Obra hecha de dolor, de vida, de fuerza...
Salvado Azuela.
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Como consecuencia de aquella crisis de 1936 en la Universidad Nacional Autónoma de México, se fundó una de las principales orquestas de México, y se designó como sede el Anfiteatro Bolívar, ubicado dentro del antiguo Colegio de San Ildefonso que data del siglo XVIII.  Construido entre 1902 y 1910, el anfiteatro era ya entonces un sitio emblemático de la universidad, desde que fue elegido como sede del acto formal de inauguración de la Universidad Nacional, el 22 de septiembre de 1910, en el marco de la celebración del primer Centenario de la Independencia. 

Así pues, el nacimiento de la orquesta universitaria tuvo la misma ilustre cuna en la que el mural de Diego Rivera, "La creación", había sustituido en 1922, al viejo órgano de tubos preexistente que luego fue recolocado al centro. La obra de Rivera hace referencia a la creación científica y artística y alude temas sobre la formación de la raza mexicana. La figura central es el hombre que surge del árbol de la vida. Y entre otras alegorías, la mujer sentada a la izquierda está rodeada de figuras que representan las artes: Música, Baile, Canto y Comedia. Una sede perfecta para poner en marcha el proyecto más ambicioso por aquel entonces, en favor de la creación de cultura dentro de la universidad.

El 10 de julio de 1936, entre aquellos muros milenarios y a los pies del mural se pudo escuchar por primera vez a la Orquesta Sinfónica de la Universidad, interpretando el programa siguiente: Suite "Los naranjos" de Julián Carrillo, la Serenata para cuerdas de Tchaikovsky, La Sinfonía No. 3 de Saint Saens, y el Poema Sinfónico de José F. Vásquez quien fue también el director a cargo del concierto de inauguración. 

El trabajo tenaz y amoroso en ese podio, de José Rocabruna y de José F. Vásquez, apoyados decididamente por Salvador Azuela, a lo largo de 25 años, pudo salvar una institución que sufrió el riesgo de la desaparición varias veces. Siempre con exigüidad presupuestal y constantemente despreciada por el poder oficial.

Sin embargo, si hay voluntad siempre hay camino, y así fue posible vadear los obstáculos y preservar todos sus beneficios hacia el presente que hoy compartimos, esta generación en apariencia olvidadiza, incapaz de contemplar su pasado con justicia y con orgullo. Una generación que entonces sólo existía en la mente de aquellos ilustres universitarios, junto al sueño de tener una orquesta.

Y en estos tiempos de involución cultural, una orquesta es no sólo una fuente de empleo, sino además, y sobre todo, un deseo cumplido al servicio del bien.

Porque probablemente lo único que nos hará vencer cualquier crisis, será la ciencia de la voluntad, y el ejercicio  del arte.

-JJV-

Las imágenes de arriba muestran momentos y aspectos diversos del Anfiteatro Bolívar en la ciudad de México. Las primeras dos fotografías pertenecen al aspecto anterior a la creación del mural; en una tercera aparece la OSU a principio de los años 40. Después se muestra el dibujo del proyecto que precedió la instalación del mural; el resto son imágenes modernas del recinto. 

12) Los primeros conciertos en Ciudad Universitaria

A partir del domingo 7 de noviembre del año de 1954, la Orquesta Sinfónica de la Universidad decidió dar un nuevo comienzo a los llamados Conciertos Populares, antes celebrados en el Alcázar de Chapultepec, como parte de las celebraciones por el traslado de la Universidad Nacional Autónoma de México a sus nuevas instalaciones al sur de la ciudad de México, en la flamante y parcialmente aún en construcción, Ciudad Universitaria.

Con ello, una vez más prevalecía el ideario original de la institución enfocada en difundir y aproximar la música clásica al público juvenil universitario, revalidando de ese modo su compromiso con quienes habían venido siguiendo a lo largo de los años, y desde su fundación, los conciertos de su orquesta en su sede original: el Anfiteatro Bolívar.

La curiosidad que esto despertó entre los jóvenes repercutió en el éxito inmediato del proyecto, al que se sumaría la asistencia de familias de interesados en la buena música que aprovecharon la gratuidad de los conciertos de domingo al aire libre, en las nuevas instalaciones universitarias.

La primera sede que se eligió fue la Explanada de la Escuela Nacional de Medicina.

El primero de estos conciertos tuvo lugar a las 11:15 horas y la dirección de la orquesta estuvo a cargo del maestro José Rocabruna, uno de sus dos directores titulares.

El programa inicial de la serie se compuso de la obertura Egmont de Beethoven, el célebre Concierto en re menor, BWV 1052 de Bach, con el joven pianista Raúl Ulloa como solista, y tras un breve intermedio la orquesta presentó el Intermezzo de la ópera Atzimba, de Ricardo Castro, y la Sinfonía Mexicana, "Escenas de antaño", del compositor catalán , Luis G. Jordá.

La dirección del segundo programa fue encomendada al maestro salvadoreño Alejandro Muñoz Ciudad Real, quien de esa manera fue el primer director huésped que actuó en la Ciudad Universitaria al frente de la orquesta, y fue llevado a cabo una semana después, el 14 de noviembre, en la misma sede.

El programa fue el siguiente: La obertura La Gran Pascua Rusa de Nicolai Rimsky Korsakov, la Tocatta y fuga en re menor de Bach, en la transcripción de Leopold Stokowski, y la Sinfonía en re menor de César Franck.

El tercer programa dio cuenta de la dirección del maestro José F. Vásquez, también director titular de la orquesta, quien encabezó la interpretación del programa siguiente: la hermosa Tocata de Frescobaldi en el arreglo de Hans Kindler, el Concierto para piano y orquesta de Manuel M. Ponce, con la interpretación de Carlos Vázquez como solista; a continuación se tocó el Intermezzo Sinfónico del propio maestro Vásquez, y fue el Capricho español de Rimsky Korsakov la obra que cerró el programa.

A partir de este ciclo de conciertos al aire libre en Ciudad Universitaria, la Orquesta Sinfónica de la Universidad acostumbró programar, además de la temporada formal en el Palacio de Bellas Artes, al principio integrada por 9 conciertos, este tipo de seriales de presentaciones populares enfocadas en el público juvenil, y que solamente irían cambiando su sede conforme transcurrieron los años.

En aquel año de 1954, el maestro Vásquez realizó dos viajes; uno, el tercero que hacía por El Salvador, y una gira por España que lo llevó a Palma de Mallorca y a Oviedo.

De esta última ciudad se pudo rescatar el siguiente testimonio gráfico:

"Recuerdo de la estancia del insigne maestro José F. Vásquez en Oviedo, y de sus magistrales versiones al frente de la Orquesta Sinfónica de Asturias.

Con la admiración y el profundo afecto que su arte y caballerosidad nos han sabido conquistar"

Oviedo, 19 - II -1954, Angel Muñiz Toca..."

Así reza la dedicatoria contenida en un álbum fotográfico obsequio de la Orquesta Sinfónica de Asturias, firmado por su director titular y seguida de las rúbricas de los músicos integrantes de la orquesta ovetense, quienes tuvieron la oportunidad de interpretar las obras que el maestro Vásquez acostumbró llevar por todo el mundo que recorrió: Chapultepec de Ponce, el Huapango de Moncayo, y la Sinfonietta de su propia inspiración. 

Como consecuencia del incremento de conciertos de la OSU, y de sus viajes, su labor como compositor se vio más limitada, sin embargo, aquel año, el maestro Vásquez compuso sus Preludios 6, 7, y 8 para piano solo. 

En su vida personal, en octubre de ese año, el maestro celebró el nacimiento de su hija María Rosa.

-JJV-

Las primeras tres imágenes corresponden a la estancia del maestro Vásquez en Oviedo, al frente de la Orquesta Sinfónica de Asturias.

A continuación aparece la reproducción de los tres primeros programas sinfónicos interpretados por la Orquesta Sinfónica de la Universidad, en la Explanada de la antigua Escuela Nacional de Medicina, en Ciudad Universitaria; seguidas de una fotografía del maestro José Rocabruna dirigiendo el primero de los programas, y de una imagen panorámica de aquel domingo desde la lejana perspectiva del público.

En la última fila se pueden fotografías de Luis. G Jordá y Ricardo Castro, al piano, dos de los compositores interpretados en esa fecha inaugural, seguidas de una nota que resumía el éxito de los programas al aire libre. 

La última imagen muestra la carátula del Preludio para piano solo No. 6, escrito ese año por el maestro Vásquez.  

13) Un director mexicano en Yugoslavia en 1950


Si desplegamos en la cabeza un mapa geográfico de la región de los Balcanes, de hace no tanto, y a la vez nos dejamos imbuir por aquella idea del poeta romano, precristiano, Lucrecio: "El universo se renueva siempre, y se prestan la vida los mortales; crecen unas especies y se acaban: y en poco tiempo las generaciones se mudan y la antorcha de la vida cual ágiles cursores se transmiten"... será más fácil comprender el cataclismo acontecido ahí, que transformó no solo el mapa de los humanos sino su cercana historia. 

La vieja Yugoslavia surgida al finalizar la Primera Guerra Mundial, tras la derrota de los Imperios Centrales, que permitió reunir en un nuevo estado territorios poblados mayoritariamente por habitantes de lengua eslava, ya no existe, o mejor dicho, se transformó en siete (u ocho si consideramos a Kosovo) estados soberanos que rebasaron la realidad de aquél tiempo.

Las ciudades provinciales de entonces hoy son capitales en cada uno de sus países.
Así que es probable que una buena parte de quienes hoy lean esto no hayan nacido en los tiempos en que el Mariscal Tito gobernaba ese conjunto de naciones.

Muchas otras guerras y sus secuelas, han ocurrido desde entonces.
Sería imposible calcular la cantidad de notas musicales que desde 1950 se han dejado escuchar. Sin embargo, no es atrevido decir que las notas musicales mexicanas no han sido interpretadas en aquellos nuevos países, lo suficiente, desde aquella primera vez, llevada hasta esa región por un director mexicano, por entonces titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad. 

¿Sería ocioso preguntar si en ese período aproximado de 3 décadas, entre aquella gira portadora de música mexicana a Yugoslavia y el inicio de la Guerra de los Balcanes, origen del nuevo mapa geográfico de la región, se volvió a interpretar algún concierto de música mexicana? 

La última reflexión se enfoca directamente en la labor de esta página contra el olvido de un músico, pero también, y por su propia naturaleza, reflexiona sobre la situación marginal de la obra de esos autores mexicanos en el olvido entonces, y ahora, dentro de su país, y por lógica consecuencia fuera de él.  

El silencio parece haber sido incrustado a la música de Ponce, pero sobre todo a la de Ayala, a la de Schoenthal, y a la de José F. Vásquez, los otros compositores revividos a través de su obra durante la gira en Yugoslavia, porque ya se ve que la antorcha de la vida, según Lucrecio, no les fue transmitida; al menos todavía. 

Porque casi todos los músicos de las orquestas yugoslavas de aquella gira, por razones naturales, han muerto; lo mismo que el director causante de la siguiente nota aparecida en marzo de 1951.
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*** Director mexicano en Yugoslavia.
El periódico yugoslavo Politica, que se edita en Belgrado, publicó en su edición del 26 de noviembre (de 1950), en su sección de arte: 

"El director y compositor mexicano José F. Vásquez, quien dirigió como huésped el concierto sinfónico de nuestra orquesta, se esforzó en primer lugar, por la música de su patria. Las obras orquestales que dirigió, representan el primer contacto de nuestro público con la música mexicana. En lugar del exotismo, de la frescura y originalidad rítmico-melódica de los motivos folclóricos, el auditorio pudo descubrir en esta música, una técnica de composición europea extraordinaria y esencialmente dominada en un lenguaje musical en el estilo de Richard Strauss, con cierto aire de impresionismo. Este dominio de la música, de la técnica, esta maestría en el arte de la composición, debe imponer realmente al país que tiene una música folclórica interesante.
Manuel M. Ponce logró en la composición del cuadro mexicano Ferial, cuyos motivos se basan en el folclor mexicano (transcrito y estilizado), crear una disposición de ánimo muy mexicano.
La suite sinfónica de Vásquez, Tres Acuarelas, es por otra parte, el tipo de música de concierto con un contenido musical muy interno, hecho en forma de rapsodia, que se forma por el contenido de las partes musicales. Es una obra de amplio efectismo, hábilmente utilizado con la maestría de la técnica de la composición.
José F. Vásquez es un músico de solidez y temperamento, un director, cuyo gesto liberado de la batuta, tiene una gran plasticidad y expresión, haciendo resaltar las características del estilo romántico.
Dirigió de modo seguro el Segundo concierto para clarinete, de Weber, realzando la continuidad rítmica y de expresión entre el instrumento solista y la orquesta.
En la 1a. Sinfonía, de Brahms, ésta fue de estudio detallado. Vásquez destacó los elementos sin prejuicio de los que llevan las características de severidad y austeridad de los alemanes del norte"
Estos fueron los programas de la gira del maestro Vásquez por Yugoslavia:

Belgrado - 6 y 20 de noviembre de 1950.
Ferial - Ponce
Tres acuarelas de viaje - Vásquez
Concierto para clarinete - Von Weber
Sinfonía No 1 - Brahms
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Zagreb - 3 de diciembre de 1950.


El hombre maya - Ayala
Seis preludios - Schoenthal
Sinfonietta - Vásquez
Sinfonía No. 5 - Dvorak
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Liubliana - 10 de diciembre de 1950.
Ferial - Ponce
Sinfonietta - Vásquez
Sinfonía No. 5 Chaikovski
Carnet Musical, México, D.F. - marzo de 1951.

* (Extracto del libro José F. Vásquez - "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón - Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco - 1996)
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De aquella gira de José F. Vásquez por lo que hoy son Serbia, Croacia y Eslovenia, queda el  testimonio de la difusión de la obra musical de su país, una constante a lo largo de su larga carrera como director huésped alrededor del mundo. 

Y en una suerte de imaginería detrás de aquellos hechos, podrían caber nuestras especulaciones alrededor del éxito o no de su cometido como difusor ante el público eslavo, independiente del resultado de sus actuaciones sobre el podio, pero de lo que no resta duda es del cumplimiento de su compromiso en apoyo a la música de sus colegas, en la época en que su posición de poder le permitía elegir qué, cómo y cuándo llevarlo a cabo     

Lo que hoy permanece aún es la falta de voluntad de trabajo para investigar y difundir su obra, y también, por supuesto, el desconocimiento de la premisa de Lucrecio, para que entre mortales se prestaran un poco más de vida. 

Porque para un compositor muerto, su música es vida.

La pregunta entonces permanece:
¿Por qué no se hace? 

-JJV-


Las imágenes de arriba muestran, la primera, una copia del folleto de presentación de José F. Vásquez como director orquestal, con extractos de comentarios de prensa en los países visitados. Las tres siguientes son de imágenes de Belgrado, Zagreb y Liubliana, en la época de su gira por aquellos países. 

14) La diversidad de 1953

La actividad del maestro Vásquez y de la Orquesta Sinfónica de la Universidad a lo largo de este año, fue de nuevo muy intensa, pues además de organizar la temporada de nueve conciertos en Bellas Artes, se le dio continuidad a los Conciertos Populares en Chapultepec.

Durante la temporada principal en Bellas Artes, se presentó la curiosa situación de que tanto los directores huéspedes como los solistas extranjeros, se presentaron dos veces seguidas en conciertos consecutivos aunque con repertorio diferente, como resultado del limitado presupuesto de la orquesta para contratar a más artistas que cubrieran toda la temporada. Si bien parecía de entrada contraproducente desde el punto de vista popular, la medida ganó efectividad hacia los segundos conciertos, gracias al mejor conocimiento mutuo entre la orquesta y los artistas venidos desde el extranjero.

Aquel año, la programación del ciclo en Bellas Artes tuvo un énfasis especial en la obra de los compositores contemporáneos de Escandinavia y de Bélgica.

Este es el programa completo de aquella temporada.

Junio 21

José Rocabruna, director

Walter Hautzig, solista

Sinfonía No. 40 de Mozart

Concierto No. 1 para piano y orquesta, Prokofiev (estreno)

La Tempestad, Tchaikovski (estreno)

Junio 28

José F. Vásquez, director

Walter Hautzig, solista

Poema sinfónico, Saxe (estreno)

Concierto No. 5 para piano y orquesta, Beethoven

Sinfonía No. 1, Sibelius

Julio 5

Edouard Van Remoortl, director (titular de la Sinfónica de Bruselas)

Hermilo Novelo, solista

Farandole Burlesque, Brentá (estreno)

Concierto en sol bemol para violín y orquesta, Bruch

Sinfonía en Re, Cesar Franck

Julio 12

Edouard Van Remoortl, director (titular de la Sinfónica de Bruselas)

Sally Van den Berg y Louis Salomons

Concertino para oboe, fagot y orquesta, Paul Csonka (estreno)

Rapsodia de abril, Beethoven

Sinfonía No. 7, Beethoven

Julio 19

José F. Vásquez, director

Alexander Borovsky, solista

Carnaval Romano, Berlioz

Concierto No. 4 para piano y orquesta, Beethoven

Sinfonía Fantástica, Berlioz

Julio 26

José Rocabruna, director

Alexander Borovsky, solista

Concierto italiano, Bach-Rocabruna

Concierto en re menor para piano y orquesta, Bach

Concierto No. Para piano y orquesta, Liszt

Sinfonía Clásica, Prokofiev

Agosto 2

José F. Vásquez, director

Alexander Borovsky, solista

Obertura de Colas Breugnon, Kabalevsky

Concierto No. Para piano y orquesta, Tchaikovsky

Sinfonía No. 2, Tchaikovsky

Agosto 9

Sixten Eckerberg, director (titular de la Orquesta Sinfónica de Estocolmo)

Shura Cherkassky, solista

Sinfonía 8, Schubert

Concierto No. 2 para piano y orquesta, Rachmaninoff

Sinfonía Expresiva, Gósta Nystroen

Agosto 16

Sixten Eckerberg, director (titular de la Orquesta Sinfónica de Estocolmo)

Marionetter, Hilding Rosenberg

Serenata para cuerdas, Dag Wirén (estreno)

Concierto No. 1 para piano de Tchaikovsky

Sinfonía No. 5, Tchaikovsky

Entre lo que conviene señalar destaca la cantidad de estrenos en México presentados dentro del ciclo de conciertos, una tendencia sostenida año con año por la dirigencia de la orquesta. En los últimos dos programas y de acuerdo a la visita del maestro Sixten Eckerberg, director titular de la Orquesta Sinfónica de Estocolmo, se programaron tres obras de autores escandinavos.

Asimismo, se destacó el estreno del Concertino para oboe, fagot y orquesta, de Paul Csonka, Sally Van den Berg y Louis Salomons, para quienes fue escrita esta obra por el famoso compositor austriaco, afincado en ese momento en Cuba.

En el tercer concierto de la temporada hizo su debut con la orquesta un muy joven Hermilo Novelo, recién graduado de Juilliard School, ejecutando con gran brillantez el Concierto en sol bemol para violín y orquesta, Bruch.

El maestro Vásquez no quiso dejar pasar inadvertido el 150o. aniversario natal de Hector Berlioz, por tanto en el quinto concierto presentó el Carnaval romano y la Sinfonía Fantástica.

En aquel año, José F. Vásquez regresó a Panamá para dirigir una vez más a la Orquesta Sinfónica de Panamá, donde el gobierno local le hizo entrega de un diploma a la excelencia artística.

En el ámbito compositivo, el maestro siguió trabajando su sexta y última serie de lieder comenzada en 1951, y que terminaría en 1960.

-JJV-

En la primera imagen de la primera fila, se aprecia al maestro Vásquez al frente de la OSU, durante el desarrollo de uno de los Conciertos Populares en la terraza del Castillo de Chapultepec; era el segundo año de este exitosa iniciativa en busca de un público diferente al que asistía al Palacio de Bellas Artes.

La siguientes tres fotografías corresponden a tres de los directores del ciclo principal de conciertos, los maestros José Rocabruna codirector titular de la orquesta,  y a dos célebres huéspedes del podio universitario: Edouard Van Remoortl, director titular de la Sinfónica de Bruselas, y Sixten Eckerberg, director, titular de la Orquesta Sinfónica de Estocolmo.

Las siguientes cinco imágenes nos muestran a algunos de los solistas de aquella temporada, los pianistas Alexander Borovsky, Shura Cherkassky, y Walter Hautzig, al joven violinista Hermilo Novelo, y al fagotista Louis Salomons. A continuación aparecen las fotografías de dos de los autores cuyas obras fueron estrenadas aquel año en México: el maestro sueco Gósta Nystroen, y el compositor austríaco por aquel entonces afincado en Cuba, Paul Csonka.

La última fotografía reproduce la carátula del cartel de propaganda que la Orquesta Sinfónica de Panamá presentó, con motivo de la visita del maestro Vásquez, quien fue condecorado luego de su presentación. 

15) Los premios y las condecoraciones


Como consecuencia de su labor impulsora del arte y de la cultura dentro y fuera de su país, durante prácticamente toda su vida, al maestro Vásquez se le confirieron numerosos premios, condecoraciones y homenajes, cosechados desde aquel primer Diploma como ganador a la edad de 14 años, del Concurso de piano en 1910 firmado por el entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz; a partir de ese momento, su vida fue acompañada por reconocimientos de todo tipo y cuya procedencia no solo se ciñe al ámbito musical.

Diploma de la Sociedad Astronómica de México, en mayo de 1919.

Diploma del Primer Congreso Nacional de Música - 1926.

Diploma de la Universidad Nacional Autónoma de México, en reconocimiento del meritorio esfuerzo que en pro de la difusión cultural musical, desarrolló como Director de la Orquesta Sinfónica de la propia Universidad durante las temporadas de 1938 a 1941.

Diploma de la Orquesta Sinfónica de Panamá en septiembre de 1942.

Título de Miembro Activo de la Unión Racionalista de París (rama mexicana) en mayo de 1939.

Título de Miembro Distinguido del Ateneo de Ciencias y Artes de México en febrero de 1940.

Diploma de la Comisión Nacional de Cultura de Buenos Aires, Argentina en marzo de 1943.

Diploma de la Orquesta Sinfónica de Montevideo, Uruguay, en octubre de 1942. 

Pergamino de la Orquesta Sinfónica Salvadoreña, El Salvador, en septiembre de 1944.

Diploma de la Orquesta Sinfónica de Perú, en octubre de 1944.

Condecoración del Gobierno Imperial de Japón, en noviembre de 1959.

Diploma de la Orquesta Sinfónica de Colombia, abril de 1945.

Diploma y dos coronas de laurel de la Institución Internacional de Ideales Americanistas sección México, en 1949.

Condecoración de la Sociedad de Geografía y Estadística de México.

Condecoración de la Unión Racionalista de Francia.

Placa de honor del Grupo América Latina.

Condecoración al Mérito, entregada por el Presidente Adolfo López Mateos en 1959.

Condecoración José Clemente Orozco del Congreso del Estado de Jalisco.

Miembro de Honor de la Cruz Verde Mexicana.

Miembro Honorario de la Universidad de Guadalajara.

Hijo Predilecto del Estado de Jalisco. 

Además de los premios y veneras señalados, el maestro recibió insignias y medallas diversas en Europa, en los Estados Unidos o en Canadá, y por su colaboración con orquestas como la Orquesta Típica de la ciudad de México o la  Orquesta Sinfónica de Yucatán. 

... "El maestro Vásquez, como director de orquesta, era de movimiento y gesto sobrios: dirigía sin batuta, distinguiéndose, aun así, por la gran precisión en sus indicaciones. Ensayaba concienzudamente, era muy disciplinado, y a la hora del concierto su control sobre el conjunto era completo. por otra parte, la Orquesta Sinfónica de la UNAM, bajo su guía, logró convertirse en toda una institución, con su público y su ambiente propios e inconfundibles", dice el diario El Tiempo en México, en una crónica del primero de enero de 1962. *** (Extracto del libro: José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega" de Gabriel Pareyón, 1996)  

El último homenaje en su honor se realizó de manera póstuma en el Anfiteatro Bolívar en diciembre de 1962, un año después de su muerte, y fue organizado por su viuda, la maestra violinista Gloria Torres, con el apoyo de músicos como la pianista María Elena Barrientos, el violista Higinio Velázquez, el maestro Margarito Nápoles, y don Salvador Azuela, entre otros amigos y personalidades culturales, y con la participación de los miembros de la orquesta Sinfónica de la Universidad a título independiente, quienes por esa noche llevaron el nombre de Orquesta Sinfónica José F. Vásquez, pues brilló por su ausencia la representación oficial de la UNAM. 

La totalidad de las preseas y condecoraciones y diplomas obtenidas por el maestro, a lo largo de su prolongada carrera profesional, se encuentran en la sede de la Escuela Libre de Música, fundada por él mismo en el año de 1920, y no hemos podido conseguir las imágenes digitales.

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La imagen superior pertenece al homenaje póstumo efectuado en el Anfiteatro Bolívar en diciembre de 1962, y nos permite ver a las maestras Gloria Torres al violín, y María Elena Barrientos al piano, interpretando la Sonata para violín y piano (1932), acompañadas por el maestro Higinio Velázquez. 

16) Suite para orquesta de cuerdas en Guadalajara

José F. Vásquez regresó muy pocas veces de visita a su estado natal, sin embargo, en 1949 fue invitado como Director Huésped al podio de la entonces Orquesta Sinfónica de Guadalajara, lo que le permitió volver a sus orígenes. En aquel año, el Director Titular de la joven orquesta tapatía, era el maestro australiano, Leslie Hodge, de quien se cuenta la siguiente curiosa anécdota que daría origen a la fundación de lo que hoy se conoce como Orquesta Filarmónica de Jalisco. 

En febrero de 1942, durante la celebración del 400 º aniversario de la fundación de la ciudad de Guadalajara, mientras Leslie Hodge paseaba por la ciudad escuchó a algunos músicos interpretar varias piezas de música clásica; se acercó a los músicos con el propósito de saber quiénes eran y los alentó a formar una orquesta. Luego fue invitado como organizador y director de orquesta. En ese momento, sus compromisos no le permitieron, pero prometió que volvería una vez que terminara la Segunda Guerra Mundial. El maestro Hodge cumplió su promesa y volvió para ocupar este cargo hasta 1950.

"46o Gran Concierto Reglamentario de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara"... 

De esa manera fue publicado en uno de los diarios  locales, el anuncio previo al concierto en el que José F. Vásquez habría de ponerse al frente como Director Huésped, de la orquesta de su estado natal. El programa elegido abría con la Obertura Romeo y Julieta de Tchaikowsky, y cerraba con la interpretación de la Quinta Sinfonía de Beethoven. En medio de estas dos obras universales, Vásquez pensó en presentar en su tierra una obra suya: La Suite para Instrumentos de Cuerda (1926), una de obra premiada en el Primer Congreso Nacional de Música efectuado el mismo año. 

La segunda obra será la delicada Suite para instrumentos de Cuerda, escrita en una forma clásica perfecta en cinco movimientos: Largo, Allegro, Andante, Scherzo, y Final, del propio maestro Vásquez, esta obra deliciosa será ejecutada en esta ciudad por primera vez. 

Otra publicación tapatía de la época publicó lo siguiente:

"El concierto reglamentario de la orquesta ofrece una gran atractivo"...  El concierto reglamentario que mañana ofrecerá la la Orquesta Sinfónica de Guadalajara a las 21:15 horas en el Teatro Degollado, será ejecutado bajo la dirección de un notable visitante, el maestro José F. Vásquez, Director Titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Asesor Técnico Musical del Departamento del Distrito Federal, miembro de innumerables instituciones y sociedades de la capital de la República, Miembro del Instituto de Relaciones Culturales entre Estados Unidos y México, y también Miembro Honorario de la Universidad de Guadalajara..."  

A continuación se hace un relato enfocado en la obra de Tchaikowsky, y sobre todo en la Quinta Sinfonía de Beethoven, para luego cerrar el anuncio advirtiendo: "... Este es el programa que mañana nos presentará la Orquesta Sinfónica, bajo la única actuación como director huésped de José F. Vásquez" 

Un augurio que habría de cumplirse, pues Vásquez no pudo ya jamás regresar a dirigir la orquesta de su estado natal. Y tendrían que pasar más 47 años para que en el Teatro Degollado de la ciudad de Guadalajara, en México, volviera a ser interpretada su música.

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Las tres primeras reproducciones de la izquierda corresponden a la propaganda previa al concierto del 29 de abril de 1949, en el Teatro Degollado de la ciudad de Guadalajara, con José F. Vásquez como director huésped. 

La última fotografía a la derecha, nos muestra la imagen del maestro australiano Leslie Hodge (1914 - 1988), Director Titular en aquel año, de la entonces Orquesta Sinfónica de Guadalajara, hoy Orquesta Filarmónica de Jalisco.   

17) La temporada de 1958 caracterizada por estrenos

Enfocada en la celebración de su vigésimo primer aniversario, la Orquesta Sinfónica de la Universidad programó un ciclo de 10 conciertos en el Palacio de Bellas Artes, entre abril y junio, y la continuación del ciclo de Conciertos Populares al aire libre, en la Ciudad Universitaria.

La acostumbrada alternancia a lo largo de dos décadas en el podio de la orquesta, del maestro José F. Vásquez con el maestro José Rocabruna, trunca un año antes por el fallecimiento de éste último, de alguna manera propició que el ahora director titular único, incrementara la invitación a nuevos valores de la dirección orquestal, junto a directores huéspedes de gran prestigio, al frente de la agrupación.

Entre los nacionales tomaron la batuta por primera vez al frente de la OSU, Arturo Xavier González, el maestro Luis Ximénez Caballero, por aquel entonces director titular de la orquesta Sinfónica de Xalapa, el maestro José Rodríguez Frausto, director titular de la Orquesta Sinfónica de Guanajuato, y el propio maestro Vásquez.

Se contó asimismo con las batutas de los prestigiosos maestros, el suizo de origen italiano, Edmond Appia, y de Kurt Redel, fundador de la Orquesta de Cámara Pro Arte de Múnich.

La selección de solistas para esta temporada, se nutrió de nombres reconocidos como el guitarrista Manuel López Ramos, el cellista Luis García Renart, los violinistas Higinio Ruvalcaba y Michelle Auclair, así como los pianistas, Stella Lechuga, Benjamín Valdés Aguilar, y Robert Goldsand.

De aquel año es de nuevo destacable la cantidad de estrenos, tanto de obras contemporáneas escasamente o jamás vueltas a tocar en México, tales como, la Ofrenda a una sombra de Henri Barraud, la Suite sobre los salmos de los hugonotes de Henri Gagnebin, o el Preludio a la voz de los siglos de Roger Vuataz, pero también los estrenos en México de obras como, el Concierto para piano en sol menor de Kabalevsky, la Suite española de Simón Tapia Colman, el Concierto para piano de Rimsky-Korsakov, el Concierto en fa de George Gershwin, o el poema sinfónico Prometeo de Franz Liszt.

Por otro lado, el repertorio orquestal mexicano estuvo representado por obras como Chapultepec de Manuel M. Ponce, dirigida por Kurt Redel, Tres cartas a México de Bernal Jiménez, bajo la batuta de Edmond Appia, y por Acuarelas de viaje de José F. Vásquez bajo su batuta.

Estos son los conciertos dirigidos ese año por el maestro Vásquez en Palacio de Bellas Artes:

Abril 6

Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México

José F. Vásquez, director

Khachaturian: Suite Mascarada / Tchaikovski: Concierto para violín y orquesta. Solista: Michèle Auclair / Sibelius: Primera sinfonía.

Abril 13

Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México

José F. Vásquez, director

Vásquez: Acuarelas de viaje / Chopin: Concierto en Mi menor para piano y orquesta. Solista: Robert Goldsand / Shostakovich: Primera sinfonía.

Abril 27 (11:15)

Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México

José F. Vásquez, director

Dukas: El aprendiz de brujo / Rimsky-Korsakov: Concierto para piano y orquesta: Solista: María Estela Lechuga / Rachmaninov: Segunda sinfonía.

Julio 28

Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México

José F. Vásquez, director 

Khachaturian: Concierto en Re bemol mayor para piano y orquesta. Solista: Benjamín Valdés Aguilar.

A fines del mes de octubre y principios de noviembre, el maestro presentó con gran éxito, dos recitales con sus lieder en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de las Bellas Artes.

Octubre 27

Orquesta de Cámara de Repertorio

José F. Vásquez, director

Vásquez: Ciclo de Lieder (4ta serie - 1934) : Solista: Socorro Salas.

Noviembre 6

Orquesta de Cámara de Repertorio

José F. Vásquez, director

Vásquez: Ciclo de Lieder (5ta serie - 1939) : Solista: María Luisa Rangel.

En ese mismo año el maestro Vásquez concluye su serie de Doce preludios para piano solo, iniciada en 1928. El número 11 fue dedicado al maestro Carlos Vázquez.

En la fila superior se aprecian fotografías de los maestros, Arturo Xavier González,  Luis Ximénez Caballero, Edmond Appia, y Kurt Redel, directores huéspedes de la temporada en el Palacio de Bellas Artes. 

A continuación las imágenes corresponden a la de los solistas, Manuel López Ramos, Luis García Renart,  Michelle Auclair e Higinio Ruvalcaba respectivamente, seguidas por las de Stella Lechuga y Robert Goldsand, más abajo; que preceden la reproducción de un par de publicaciones universitarias anunciando la temporada de Conciertos Populares en CU.

En la fila inferior podemos ver una fotografía del maestro Ramón Noble, director del Coro Bach y la del anuncio del programa donde participó. Finalmente se aprecia un aspecto de uno de los programas al aire libre, y el anuncio de descuentos especiales en abonos de la temporada de la orquesta, para profesores universitarios.

-JJV-  

18) La calle José Francisco Vásquez Cano


A lo largo de su prolongado desarrollo profesional, el maestro Vásquez fue cosechando un sinnúmero de premios, preseas, diplomas, títulos y membresías honoríficas, entre los cuales destaca haber sido elegido como Hijo Predilecto del estado de Jalisco, un galardón que sin embargo no se ha hecho visible de forma alguna, más allá del documento que lo certifica. 

Tampoco sabemos de la existencia de alguna otra forma de reconocimiento por parte de las instituciones, orquesta o aulas que él fundó, o en las que su participación fue clave para su existencia. No sabemos de que haya una sala, un aula, mucho menos una agrupación musical que lleve su nombre; un ensamble, un cuarteto, una orquesta de cámara, mucho menos una orquesta sinfónica. A nadie se le ha ocurrido investigar la historia de esas instituciones en busca de nuevas propuestas para ser incorporadas a la liturgia oficial, a la hora de honrar su propio pasado, o al momento de titular un nuevo concurso de piano, de composición o de dirección orquestal, por ejemplo, más allá de los límites establecidos desde hace muchos años. Y pensar en que con su nombre hubiera sido bautizada alguna instalación musical dentro de esas mismas instituciones de la cultura, podría sonar casi a broma. 

La lista de organismos en deuda con su trabajo creador de las fuentes de empleo hoy en funciones, es numerosa, y a la vista del resultado de aquellas iniciativas suyas, y de los hechos realizados durante cinco décadas en favor de la difusión de la cultura, principalmente de la música en México, el silencio regente es inversamente proporcional a sus merecimientos. Y lo peor es que quienes conocen y han estudiado a fondo la historia del nacimiento del proyecto cultural en México, principalmente de la Universidad Nacional Autónoma de México antes de los años 70, saben que la deuda no es solamente con José F. Vásquez sino con un buen número de universitarios ilustres, también marginados por la historia, y sería muy digno reivindicar y reconocer aquella época, cuando la estructura cultural fue apenas sostenida con un empeño férreo contracorriente, sin los medios idóneos necesarios, y bajo precariedades presupuestales 

De ahí que la naturaleza de la excepción brille aún más entre las oscuridades; y si tal brillo proviene del sitio donde toda esta historia comenzó, no deja de ser, una vez más, muy significativo. 

El día 19 de diciembre de 2011, con motivo del 50o aniversario luctuoso del maestro José F. Vásquez, el Ayuntamiento de la ciudad de Arandas, Jalisco, en México, ha colocado una placa en la calle que desde ese día lleva su nombre.

Un reconocimiento del sitio que lo vio nacer, y que no obstante desconoce mayoritariamente su larga trayectoria.

Un agradecimiento de su gente que sin embargo nunca escuchó su música ni lo vió dirigir o impartir alguna cátedra.

Una placa en una esquina que desde ese día certifica lo que hizo, donde lo hizo, para qué organismos lo hizo, pero incapaz de resumir cómo y por qué lo hizo. 

Como si fueran parte de las instituciones perpetuadas a su nombre ahí mismo, que tampoco parecen saberlo.   

Arandas, lugar de nacimiento del compositor, es un municipio de la Región Altos Sur del estado de Jalisco en México. Se encuentra a 100 km al este de la ciudad de Guadalajara, capital del estado en el occidente de la República. 

-JJV-

19) La Orquesta Sinfónica de la Universidad en 1952


La existencia de la orquesta parecía haber alcanzado cierta solidez tras haber conjurado serias debilidades presupuestales, agravadas durante el final del sexenio de Miguel Alemán, que afectaron a la Universidad en su conjunto, con carencias y recortes que como siempre ha ocurrido y ya desde entonces, repercutieron frontalmente en el proyecto cultural universitario y por ende en la orquesta. Sin embargo, el éxito artístico y la inteligencia en la difusión del proyecto habían conseguido hacer llegar a la OSU, a su XV temporada, sin que al parecer persistiera el peligro de desaparición de los primeros años. Y así ajenos a las crisis venideras que habrían de reaparecer como resultado de nuevas presiones políticas, la orquesta presentó el programa de la nueva temporada como la comprobación de su éxito, y enarbolando augurios promisorios hacia el futuro. 

José F. Vásquez (que a partir de esta fecha se presentaría en el podio prescindiendo de partituras, con muy pocas excepciones), y José Rocabruna, seguirían alternando en la dirección, y la orquesta recibiría en calidad de director huésped al maestro Pierre Dervaux, prestigioso director titular de la Orquesta Nacional de París y de los conciertos Paxdeloup, así como al maestro Ekitai Ahn, discípulo de Richard Strauss y director huésped de las Orquesta Filarmónica de Berlín, de la Orquesta Filarmónica de Viena y de las Orquestas Sinfónicas de Barcelona, Budapest o Roma entre otras. Un logro importante, considerando la magra capacidad económica de la orquesta universitaria para contratar figuras de relieve, como entonces lo eran ambos directores. Lo mismo puede decirse al haber podido tener la participación del virtuoso violinista italo-norteamericano Ruggiero Ricci, quien incluso habría de presentarse dos veces dentro de la temporada.

La lista de solistas presentó asimismo al dúo de pianistas de origen austríaco, Toni y Rosi Grunschlag, supervivientes de la persecución nazi en su niñez, y afincados ya por entonces en la ciudad de Nueva York. 

Y de acuerdo al interés que la institución mantenía en apoyar a los jóvenes talentos mexicanos, la OSU presentó la participación de cuatro pianistas, Carlos Rivero (Premio Chopin) y Holda Zepeda (Premio Universidad de piano) , José Kahn, y Carmen Azuela, y la del violinista Benjamín Cuervo (Premio Universidad de violín).

Un artículo aparecido en la Revista de la Universidad de México, firmado por el crítico musical y también director Juan Manuel Anzaldúa, contiene un fragmento curioso e interesante precedido de un largo repaso desde el inicio de la orquesta: 

...Pero la obra trascendental de la Orquesta Sinfónica de la Universidad no se detiene aquí, sino que, estando conscientes de su labor y sintiendo plenamente las responsabilidades y deberes que todo organismo cultural tiene para con la sociedad, ha luchado dentro de sus posibilidades, por el engrandecimiento de nuestro medio cultural. Esta consciencia del deber y este afán de luchar en pro de la música y músicos mexicanos, le da a nuestra orquesta un sello muy especial, que la hace diferente a todas las demás orquestas sinfónicas del país y que es legítimo timbre de orgullo. Nos referimos al hecho -insólito, por desgracia- de que la Orquesta Sinfónica de la Universidad haya sido la única en nuestra patria que, cuidando de estimular a todos los directores sinfónicos mexicanos, los ha invitado a dirigir este conjunto, de tal manera que ni uno solo de ellos ha dejado de empuñar la batuta frente a nuestra orquesta... 

Pero el maestro Anzaldúa enriquece su resumen y agrega... 

Respecto a los solistas mexicanos consagrados, el 90% ha figurado en las temporadas de conciertos, De momento vienen a nuestra memoria: Angelica Morales, Carlos del Castillo, María Teresa Rodríguez, Carlos Rivero, Gloria T. de Vásquez, José Kahan, Estela Contreras, Antonio Gomezanda, Higinio Ruvalcaba, Luz María Puente, José María Luján, el Cuarteto México, Josefina Aguilar, María Luisa Escobar de Rocabruna, Holda Zepeda y Carmen Azuela. 

Se han dado a conocer gran cantidad de obras de compositores mexicanos sin hacer distinciones en cuanto a su orientación artística. La Orquesta Sinfónica de la Universidad ha organizado alrededor de 20 concursos tanto para compositores como para solistas nacionales. Entre los solistas triunfadores cabe mencionar a Carlos Rivero, Holda Zepeda, Gloria T. de Vásquez, Benjamín Cuervo, licenciado Ignacio Vallarta, Sonia Finkel y otros cuyos nombres sentimos no tener a mano.

Al final, Anzaldúa señala en pocas palabras el panorama vigente dentro y alrededor de la orquesta, empeñada en su labor pero siempre carente de los recursos suficientes. 

La magnífica labor que por nuestra cultura musical ha desarrollado la Orquesta Sinfónica de la Universidad, a lo largo de sus quince años de vida, le ha valido numerosos y sinceros elogios. Sería de desear que, en un futuro próximo, pudiera la orquesta universitaria contar con mayores recursos económicos para poder así ampliar, aún más, la importante labor de difusión musical que ha venido realizando hasta la fecha con verdadero heroísmo.  

La temporada completa de 9 conciertos dominicales tuvo como sede el Palacio de Bellas Artes, entre el 25 de mayo y el 27 de julio de 1952, y el abono al ciclo íntegro, en butaca de primera fila costaba 80 pesos mexicanos (6.4 dólares estadounidenses) de aquella época, y 480 pesos en palco de cuatro asientos (38.4 dólares estadounidenses).

Pero la actividad de la Orquesta en aquel año no terminó con el ciclo de conciertos de la temporada en Bellas Artes, pues además se organizaron conciertos gratuitos llamados: de "difusión", entre los meses de agosto y septiembre, en las terrazas del Alcázar del Castillo de Chapultepec, una tradición continuada desde aquellas fechas y aún activa en el presente. 

De manera paralela a su actividad sinfónica, y fiel a su rol de promotor de la ópera mexicana, el maestro Vásquez acometió de nuevo con éxito el montaje de la ópera Atzimba del maestro Ricardo Castro, intercalando las tres funciones que se dieron en el Palacio de Bellas Artes, al ciclo de conciertos de la temporada regular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad. 

Aquí el programa publicado por el INBA: 

Palacio de Bellas Artes Julio 24, 26 y 27, Ópera Nacional

Atzimba (Castro)

Concertador: José F. Vásquez, Escena: Désiré Defrèré, Escenografía: Antonio López Mancera, Coros: Eduardo Hernández Moncada

Atzimba: Rosa Rimoch, Jorge de Villadiego: José Soler, Sirunda: María Teresa García, Hirepan: Fausto del Prado, Huepac: Roberto Silva, El Rey Tzintzicha: Ignacio Ruffino.

Orquesta Unión Filarmónica de México-Coro de la Ópera Nacional.

Las dos primeras imágenes son reproducciones digitales del programa de la temporada de la OSU de 1952. A continuación aparecen los dos directores invitados: Pierre Dervaux y Ekitai Ahn. 

Abajo a la izquierda aparece una fotografía de Ruggiero Ricci, seguida de la que corresponde a las hermanas Toni y Rosi Grunschlag; solistas de la OSU dentro de esta temporada. 

La séptima imagen muestra un aspecto del exterior del Palacio de Bellas Artes, por aquella época. 

Las siguientes reproducciones muestran, primero a los cinco solistas mexicanos de aquella temporada, Benjamín Cuervo, Holda Zepeda, Manuel Garnica y Carmen Azuela, y por último, la del joven pianista José Kahan, junto al programa del concierto, así como una fotografía más reciente del maestro Kahan. A continuación, se aprecia la reproducción digital del artículo de la Revista de la Universidad de aquel año. 

La última fotografía es de la soprano Rosa Rimoch, quien protagonizó la ópera Atzimba de Ricardo Castro, bajo la batuta del maestro Vásquez. 

-JJV-   

20) El inicio de los Conciertos Populares en Chapultepec

En el año de 1952, la dirección de la Orquesta Sinfónica de la Universidad puso en marcha una idea que vino a refrescar el medio musical en México, y aunque la gestión no fue fácil debido a los crónicos problemas presupuestarios de la agrupación, de alguna manera se fueron solventando los obstáculos para su realización, y meses después de haber iniciado las gestiones, al conseguir la colaboración oficial de parte de las autoridades de la capital, todo estuvo listo y la logística de la orquesta hizo el resto; habían nacido los Conciertos Populares y gratuitos, (*) teniendo como escenario el llamado Alcázar de Chapultepec.

Con la materialización de este proyecto emanado del ideario fundacional de la orquesta, se dio un paso más en la ruta de la difusión de la buena música en espacios abiertos, una práctica que en la orquesta habría de mantener su continuidad en los años sucesivos a la inauguración de la Ciudad Universitaria, en cuyo campus se celebrarían conciertos siempre gratuitos, tanto en la explanada adyacente a la Torre de Rectoría, como en los auditorios o explanadas de facultades como la de Medicina o Arquitectura por ejemplo. Con los años, la participación de artistas extranjeros se fue haciendo posible gracias a los patrocinios que la orquesta había ya comenzado a concertar con objeto de fortalecer sus campos de influencia cultural.

Sin embargo, esta primera temporada guarda detalles y anécdota dignos de ser comentados.

La Revista de la Universidad dio una amplia cuenta de ello el día en que rector Luis Garrido asistió al cierre de ese primer ciclo.

Con gran éxito se celebraron los primeros Festivales Populares de Música de la Orquesta Sinfónica de la Universidad.

Estos conciertos, tendientes a popularizar la música, tuvieron como escenario las terrazas del Alcázar de Chapultepec y se llevaron a efecto los domingos 31 de agosto, 7 y 14 de septiembre.

Para su realización se contó con la ayuda del Departamento del Distrito Federal y la colaboración de las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia, así como el firme apoyo moral de las autoridades universitarias.

El ambicioso proyecto que se ha trazado la dirección de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, para el desarrollo de estos conciertos, que cuenta con el decidido estímulo de la Dirección General de Difusión Cultural, tiene el siguiente objetivo:

Anualmente, después de la temporada reglamentaria de conciertos en el Palacio de Bellas Artes, en la que intervienen los más grandes artistas del mundo, se efectuarán estos conciertos al aire libre en número cada vez mayor.

Y en efecto, la idea fue ambiciosa pues modificó los usos y costumbres de la orquesta, agregando un tipo diferente de presentaciones, dirigido a un público también diferente, pero también alterando el ritmo de trabajo de todos los involucrados en el gobierno, en la administración, y en el personal de la orquesta...

En ellos se presentarán exclusivamente los artistas nacionales más destacados, los cuales serán seleccionados por concurso; de igual modo se procederá con los compositores jóvenes. Así, en estos conciertos se fomentará la afición a la música al mismo tiempo que se estimulará a los jóvenes artistas nacionales y se ejecutarán las composiciones modernas de nuestros autores.

La participación exclusiva de artistas nacionales fue parte determinante

de la estrategia enfocada en abaratar el costo de los conciertos y con ello su viabilidad, hacia el otoño de ese año, fue un hecho.

La primera temporada formada únicamente de tres conciertos, ofreció en este sentido excelentes resultados ya que en ella se presentaron exclusivamente músicos nacionales, algunos de los cual estrenaron composiciones mexicanas.

Detrás de esta idea se fincaba el deseo de acercar a nuevos valores musicales del país con un público más popular...

El primer concierto estuvo bajo la batuta del Director Huésped, concertino de la orquesta, maestro Arturo Romero, que ofreció la Obertura Fidelio, de Beethoven; Concertstück, de Weber, con la pianista Ma. Estela Lechuga de solista; el Concierto para Viola y orquesta de Haendel, en el que actuó como soIista Gilberto García; y la Obertura fantasía Romeo y Julieta de Tchaikowsky.

El segundo concierto estuvo a cargo del Director Titular, maestro José Rocabruna, que ofreció las siguientes obras: Finlandia, Poema Sinfónico, de Sibelius, como primer número del programa; a continuación, el maestro Rocabruna invito al compositor Arnulfo Miramontes a ocupar el podium para dirigir el primer movimiento de su concierto para piano, en el que actuó como solista Esperanza Cabrera. En la segunda parte el maestro Rocabruna interpretó la Balada y Polonesa de Vieuxtemps, llevando como solista al violinista Jesús Ruvalcaba; y Los Preludios, Poema Sinfónico de Liszt.

El hecho de ceder el podio al compositor de la obra, realizado por el maestro Rocabruna le dio al evento un cariz menos formal y mucho más próximo a la gente, y que fue muy bien recibido.

El tercer y último concierto se desarrolló bajo la dirección del Titular maestro José F. Vásquez. El programa principió con la Obertura de 1a Ópera Colas Breugnon, de Kabalevsky, y el estreno del Concierto de Primavera para piano y orquesta de Antonio Gomezanda, en el que actuó como solista Alma Gomezanda. En tercer lugar se presentó el Concerto Grosso para dos violines y orquesta Op.3 número 11 perteneciente a la serie de doce concerti intitulada "L'Estro Armónico" de Antonio Vivaldi, y en cuya interpretación intervinieron la Sra. Gloria Torres de Vásquez y Luis A. Martínez; como final se ejecutó la obertura "Tannhauser", de Wagner.

De estos primeros conciertos la prensa comentó:

"Debemos señalar lo muy a gusto que se oye la música en la frescura de una bella mañana en Chapultepec, siendo la idea de muy brillantes perspectivas..."Ojalá y las autoridades universitarias, así como las del Departamento Central, que son las directamente 'interesadas en estos nuevos conciertos, den todo su patrocinio material y moral a la magnifica idea."

M. Bueno, ESTO.

También los estudiantes tuvieron frases elogiosas para los conciertos:

"Todo esfuerzo por lIevar la música al pueblo debe ser respaldado por nuestro trabajo y nuestro aplauso." - Armando Zayas, estudiante de música"

El autor del comentario anterior, entonces un estudiante de 22 años, con el paso de los años se convertiría en Director Titular de la misma orquesta (futura OFUNAM), a la que esa mañana había escuchado tocar y elogiado en Chapultepec. Cabe mencionar que durante su larga gestión de tres lustros al frente de la orquesta universitaria, el maestro Armando Zayas, fue un impulsor convencido de la fórmula de los conciertos extramuros, al llevar a la realidad el programa de presentaciones de la orquesta en escuelas citadinas de diferentes niveles.

Una idea que lleva a otra idea cuando el hilo conductor coincide con el espíritu aglutinador contenido en el arte.

"La noble idea que alienta a estos conciertos es gran estímulo para los jóvenes estudiantes de música" - Carlos Bustillo, estudiante de música.

"Es una lástima que únicamente sean tres conciertos, pues quisiera que nunca terminaran, ya que en ellos he descubierto las bellezas de la música" - E. Cabrera, preparatoriano.

Este último testimonio juvenil, hace las veces de respuesta a toda la iniciativa de una orquesta enfocada en la difusión de la buena música, y acaso se significa como una muestra de las semillas implantadas en ese año de 1952, por la Orquesta Sinfónica de la Universidad, a pesar de sus carencias económicas de aquellos años.

* Desde su fundación, la orquesta fue ofreciendo de modo esporádico conciertos populares y gratuitos en espacios abiertos, pero hasta el otoño de 1952, tal práctica se transformó en el fruto de un proyecto anual de temporadas de conciertos.

-JJV-

Las imágenes superiores pertenecen al cierre de la Primera Temporada de Conciertos Populares de la Orquesta Sinfónica de la Universidad en Chapultepec; la crónica en primer lugar, fotografías de los protagonistas: José F. Vásquez, Alma Gomezanda, Luis Garrido, Gloria T. de Vásquez, José Rocabruna y Arnulfo Miramontes; y un aspecto del público asistente. La fotografía a colores corresponde a una vista aérea del Castillo de Chapultepec.

21) El Jefe del Servicio de Radio y Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, en el Directorio de la UNAM en 1939


La consistencia de los relatos individuales, privados, colectivos y oficiales, pueden verse cuestionados desde la razón, desde una neutralidad objetiva enfocada en la exposición de argumentos fidedignos en busca de la verdad. Y gracias a la existencia de pruebas de los hechos mismos, en su origen, el relato vigente puede y debe corregirse, si hay voluntad. Y el caso del inicio de la radiodifusora de la Universidad Nacional Autónoma de México, podría ser un caso para ser evaluado sin el prejuicio, también original, que sesgó su ruta hasta nuestros días.

En el año de 1939, La Revista de Sociología, publicada por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, AÑO I, MAYO JUNIO 1939, VOL I, NUM 2, dirigido en aquel entonces por el Lic. Lucio Mendieta y Nuñez, en su número dedicado al Congreso Internacional de Americanistas, nos muestra en sus páginas 6 y 7, el DIRECTORIO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO, encabezado por el entonces Rector, Doctor Gustavo Baz, y cuya imagen corresponde a dos reproducciones digitales colocadas más abajo. 

En este documento aparecen los nombres y cargos de todos y cada uno de los directores de las facultades, escuelas, institutos, y organismos universitarios en funciones. Y el único nombre que se repite es el de José F. Vásquez, delegado a cargo de dos de los organismos más jóvenes dentro del proyecto cultural universitario en auge entonces. La Orquesta Sinfónica fundada en 1936, y la Radiodifusora (sic) inaugurada en 1937. 

El papel del maestro Vásquez como fundador de de la orquesta, junto con el maestro José Rocabruna, a pesar de haber casi desaparecido del relato oficial es reconocido de modo incuestionable, no así los 25 años que estuvo en el cargo de Director Titular, debido a la prontitud con que aquella etapa es mencionada en los actuales programas de mano de la orquesta de nuestros días, transcrito a continuación: 

El origen del conjunto data de 1929, año en el que se otorgó la autonomía universitaria-, cuando un grupo de estudiantes y maestros de música conformaron una orquesta de la entonces Facultad de Música, la cual es considerada profesional hasta 1936, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. El conjunto recibió el nombre de Orquesta Sinfónica Universidad otorgándole como sede el Anfiteatro Simón Bolívar, de la Escuela Nacional Preparatoria, y su dirección fue compartida por José F. Vásquez y José Rocabruna.

Sin embargo, su papel como Jefe del Servicio de Radio de la UNAM, en el arranque y durante los primeros pasos al frente de la estación de radio universitaria, hoy documentado al menos entre los años de 1938 a 1943, ha sido totalmente ignorado del relato oficial del organismo, sin saberse muy bien la razón.

Se sabe que el maestro Vásquez prefirió dejar el cargo en la incipiente radiodifusora, para concentrar todo su tiempo y sus esfuerzos en el proyecto encaminado a fortalecer y difundir el trabajo de la naciente orquesta, además de que por entonces y desde el año de 1920 dirigía su Escuela Libre de Música, y también era docente desde su fundación en 1929, de la Escuela Nacional de Música, donde impartía las cátedras de, solfeo, armonía y contrapunto. Todo un cúmulo de responsabilidades que absorbían casi todo su tiempo, del que con dificultades rescataba tiempo para componer. 

El 22 de noviembre de aquel año, en el Palacio de Bellas Artes, se repuso el Tercer concierto para piano y orquesta del maestro Vásquez, apareciendo como solista Consuelo Villalón bajo la dirección del autor. Una obra escrita entre los años 1935 y 1937, en una primera versión dedicada a su hija Lucina y que había sido estrenada poco más de tres años antes, el 6 de diciembre de 1936 en esa  misma sala, llevando como solista a Sara Caso, bajo la dirección del maestro holandés Hans Kindler.

En su faceta como compositor, José F. Vásquez continuó escribiendo sus series de lieder, dando a conocer su Quinta Serie de 10 lieder para canto y orquesta.

Todo lo anterior explica su decisión de haberse apartado de sus responsabilidades directivas en la radiofonía; lo inexplicable es la desaparición de su nombre dentro del relato oficial de la radiodifusora universitaria.  

  

Las dos primeras imágenes de la izquierda, muestran el Directorio de la Universidad Nacional Autónoma de México en el año de 1939.

La tercera es una fotografía del doctor Gustavo Baz Prada, electo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1938; en su gestión restableció el orden, reorganizó las dependencias administrativas universitarias, integró al personal directivo y docente de las instituciones...

La cuarta imagen nos presenta una carta del Jefe del Servicio de Radio y Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, Profesor José F. Vásquez, dirigida al bibliotecario Franklin H. Price, de la Free Library of Philadelphia, en los Estados Unidos de América. 

La quinta imagen corresponde a un aspecto del público el día de a inauguración oficial de la radiodifusora de la universidad, el 14 de junio de 1937.

La sexta presenta la fotografía de un técnico de los primeros años de la radiodifusora.

La última imagen presenta a la joven pianista mexicana Consuelo Villalón, quien aquel año interpretó en el Palacio de Bellas Artes, el Concierto No. 3 para piano y orquesta del maestro Vásquez.

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22) 1955, año de gira por España, viaje a El Salvador, y de nueve estrenos en México 


Otro de los objetivos primarios de la Orquesta Sinfónica de la Universidad desde su fundación, además de difundir la música de concierto entre las nuevas generaciones de universitarios, fue siempre la presentación de obras jamás escuchadas en México, en una época fértil como inexplorada, en la que si bien se intuía afán de cultura entre el público que fue conquistando la orquesta año con año a lo largo de su existencia, no dejaba de ser riesgoso apostar por primeras audiciones de obras nunca estrenadas en el país, algunas incluso de autores universales pero poco conocidos por el público universitario.   

La XVIII Temporada de Conciertos de 1955, se caracterizó por la programación de estrenos; nueve en total durante los nueve conciertos planteados para ser presentados los domingos del 17 de julio al 11 de septiembre, en el Palacio de las Bellas Artes, sede en la que la orquesta había extendido su cobertura hacia un público más general.  

De esa manera, el público asistente pudo escuchar por primera vez, obras tan diversas entre sí como: Fuga para 18 violines de Rostislav Dubinsky, Preludio en mi bemol mayor de Dimitri Shostakovich, Música acuática de Georg Friedrich Händel, Juny de Juli Garreta, Tema con variaciones de Miklós Rózsa, Nocturno Gregoriano de Lukas, Intermezzi Goldoniani para orquesta de cuerda de Marco Enrico Bossi, Concierto para viola de gamba, cuerdas y continuo de Johann Pfeiffer, Concierto en La mayor para viola de gamba, cuerdas y continuo de Guiseppe Tartini, la Sinfonía No. 2 "Antar" Op 9 de Nikolái Rimsky-Korsakov, la Suite en Re mayor para viola de gamba, cuerdas y continuo de Georg Philipp Telemann, y la Suite del ballet Gayane de Aram Khachaturian. 

Si consideramos las particularidades del público en general de aquellos años, a priori la apuesta parecía haber sido diseñada con demasiada audacia, sin embargo el público respondió con gran curiosidad, llenando la sala en casi todos los conciertos, y si la compararamos con la mayoría de las propuestas actuales, que se rigen como nunca antes por criterios comerciales, sería todo un reto hallar algo similar. De ahí puede reiterarse la orientación fundamental de los directivos de la orquesta de aquellos años, decididos a difundir cultura musical de todo tipo. 

En el podio de aquella temporada, aparecieron, Jacques Singer, Leo Damiani, Helmuth Thierfelder y Arturo Romero, en calidad de huéspedes, y José Rocabruna y José F. Vásquez, directores titulares de la orquesta. 

Los solistas participantes en aquel año fueron, Alexander Uninsky, Enrique Serratos, Henryk Szeryng, Pierre Sancan, Walter Hautzig, Eva Heinitz y Carlos del Castillo. 

El maestro Vásquez tuvo a su cargo en esta ocasión, solamente dos conciertos, el Tercero el 31 de julio y el Noveno el 11 de septiembre, debido a que a fines del mes de mayo viajó a El Salvador para dirigir un concierto especial en el que fue presentado su Tercer concierto para piano y orquesta, llevando como solista al maestro Carlos Vázquez. Pero sobre todo debido a que en ese verano efectuó una segunda gira por España, donde dirigió las orquestas de Oviedo, Valencia, y Palma de Mallorca, donde presentó programas que incluyeron Chapultepec de Ponce, el Huapango de Moncayo, y la Sinfonietta de su propia autoría, pues la inclusión de la obra mexicana fue  una constante en cada uno de sus viajes por el extranjero. 

Las fotografías superiores nos muestran, en el orden acostumbrado a los maestros: Jacques Singer, Leo Damiani, y Helmuth Thierfelder, directores huéspedes de la temporada, y a Henryk Szeryng, Pierre Sancan, Eva Heinitz, Walter Hautzig, Alexander Uninsky, y Carlos del Castillo, solistas de aquel ciclo de conciertos. Las reproducciones de los prensa corresponden al programa completo de la Temporada XVIII, de la Orquesta Sinfónica de la Universidad celebrada en el Palacio de las Bellas Artes. Al final vemos tres imágenes relacionadas con el concierto del maestro Vásquez en El Salvador, en mayo de aquel año. 

-JJV-

23) La temporada de 1947 y un concierto a orillas del río Potomac

En aquel año de 1947  se desarrolló la Temporada de Primavera de la OSU, que incluyó ocho conciertos, y en dos de sus fechas se  conmemoraba el 50o. aniversario luctuoso de Johannes Brahms. La totalidad de aquellos conciertos tenían como sede la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

Los directores titulares de la OSU, José Rocabruna y el propio maestro Vásquez, alternaron el podio con Guillermo Espinosa, titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Bogotá y con el titular de la Orquesta Sinfónica de New Jersey, el maestro Randolph Jones. 

Los solistas de aquella temporada fueron, la clavecinista argentina Julieta Goldschwartz, la pianista colombiana Aura Moncada, y el violinista y Director del Conservatorio de Panamá, Alfredo Saint Malo; los concertistas mexicanos fueron: los pianistas, Eric Landerer, Esperanza Cruz, y Sonia Finkel, (ganadora del concurso para piano "Universidad), los violinistas Higinio Ruvalcaba, Ignacio Vallarta Bustos, y Gloria Torres de Vásquez, quien en el 7o concierto de la temporada, el 13 de abril, estrenó el Concierto No. 2 para violín y orquesta de su marido, el maestro José F. Vásquez. 

Aquella temporada siguió reflejando la preocupación de los directivos de la OSU por dar a conocer nuevos talentos mexicanos pero también de presentar por primera vez en el medio nacional, obras hasta entonces desconocidas. Así se interpretaron: Rapsodia Americana de Belle Fenstock, Serenata No. 1 de Brahms, Segundo concierto para piano y orquesta de Edward Mac-Dowell, Pupazzetti de Alfredo Casella, La Sinfonía Espiritual de Asger Hamerik, América de Adolfo Mejía, Bochica de Guillermo Oribe, Batuque, danza de la ópera El Reisado do Pastoreio de Lorenzo Fernández, Horacio Victorioso de Honegger, y el mencionado Segundo concierto para violín y orquesta del maestro Vásquez. La otra obra mexicana interpretada dentro de este ciclo fue la Obertura de la ópera Nicolás Bravo, del maestro Rafael J. Tello. 

Como dato curioso puede recordarse que en aquel año, el costo de las localidades para asistir a alguno de esos conciertos en el Palacio de Bellas Artes, osciló entre los 6 pesos y los 2 pesos, la butaca, y de entre 36 y 18 pesos un palco.

***El 16 de octubre, dentro de la Temporada de Otoño de la orquesta, se celebró un programa organizado por el Diario El Universal, dedicado al Mérito civil como reconocimiento al esfuerzo desplegado por los directores titulares de la OSU, José Rocabruna y el propio maestro Vásquez, dentro del cual se interpretó el Intermezzo de su ópera El Mandarín. 

A fines del mismo año de 1947, el maestro Vásquez viajaría a la ciudad de Washington, DC. para dirigir un programa que incluiría la obra El Hombre maya, del compositor yucateco Daniel Ayala, al frente de la National Symphony Orchestra, en un concierto ante un público de diez mil oyentes en el escenario flotante "Water Gate" a la orilla del río Potomac, que el diario local  The Evening Star calificó de extraordinario. El Hombre Maya había sido estrenada bajo la dirección del propio autor con la sinfónica de la Universidad de México en el Anfiteatro Bolívar, el 21 de noviembre de 1940. 

A partir de aquel entonces, la música del maestro Ayala sería parte del repertorio que José F. Vásquez dio a conocer como director internacional, durante sus múltiples giras tanto en Europa, como en Centro y Sudamérica. Asimismo, la relación entre ambos músicos se estrechó al grado de nombrar al maestro Vásquez como director honorario de la Orquesta Sinfónica de Yucatán.

A fines del mes de enero de aquel año de 1947, José F. Vásquez se había presentado en Cartagena de Indias al frente de la Orquesta Sinfónica de Colombia, y había incluido dos obras mexicanas que recibieron una cálida acogida por parte del público y el elogio de la crítica local: La Suite del ballet, El hombre maya, del maestro Ayala, y su Tríptico Sinfónico Acuarelas de viaje.

Las imágenes superiores corresponden de izquierda a derecha: El programa completo de la Temporada de Conciertos de 1947 de la OSU. 

A continuación las fotografías de algunos de los personajes que la protagonizaron; el violinista Higinio Ruvalcaba, la violinista Gloria Torres, la pianista Esperanza Cruz, el director colombiano Guillermo Espinosa, y el violinista panameño Alfredo Saint de Saint Malo.

Las dos últimas fotografías por la derecha nos muestran al maestro Daniel Ayala y al maestro Rafael J. Tello.

En la fila inferior, aparecen reproducciones de los dos programas ofrecidos por el maestro Vásquez en su gira por Colombia. Destaca la crítica elogiosa vertida sobre Acuarelas de viaje y la descripción puntual de su dirección al frente de la orquesta.

*** Extracto del libro "José F. Vásquez, "Una voz que a los oídos llega", de Gabriel Pareyón. Secretaría de Cultura Gobierno de Jalisco - 1996. 

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24) El viaje de 1949 a Europa, con honores al maestro Vásquez 

"El Viaje a Europa con honores al Maestro Vásquez"

Así tituló la Revista de la UNAM la entrevista concedida por José F. Vásquez a su regreso de Europa y en pleno desarrollo de la temporada de 1949 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad.

"Esta vez nos ha visitado el México contemporáneo, que nos ha enviado sin duda su mejor embajador en la persona de José F. Vásquez, compositor y director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de México."

El texto señala que de esa manera se había expresado el diario Le Peuple de Bruselas... en febrero pasado, con motivo de la primera visita a Europa del maestro mexicano, quien Ya se encuentra de regreso en esta metrópoli.

Vásquez fué a Bruselas invitado por la orquesta de la Radiodifusora Real de Bélgica para dirigir un concierto que se efectuó el 23 de febrero pasado en el gran auditorio de esa institución, con capacidad para cerca de 2,000 personas.

En su programa figuraron tres obras mexicanas: "Chapultepec", de 'Manuel M. Ponce; "El hombre maya", de Daniel Ayala Pérez, y la "Sinfonietta" del propio maestro Vásquez, así como la obertura-fantasía "Romeo y Julieta", de Tchaikowsky.

También la entrevista hacía una breve crónica de las actividades que el director titular de la OSU había tenido fuera de las salas de concierto:

Recibido en Bruselas por nuestro ministro en Bélgica, el poeta José de J. Núñez y Domínguez, quien disfruta de magníficas relaciones entre los artistas e intelectuales de aquella nación, el maestro Vásquez fué objeto de grandes honores, tributados por vez primera a un músico mexicano.

El Conservatorio Real de Bruselas ofreció al maestro mexicano una brillante.recepción a la que asistió lo más destacado del mundo musical belga. Al visitar el edificio, Vásquez quedó gratamente sorprendido de encontrar una magnífica colección de instrumentos antiguos mexicanos. Luego fue invitado al Palacio de Bellas Artes para escuchar un concierto dirigido por Igor Markevitch, que fuera gran amigo y admirador del maestro Ponce, cuando éste vivió en París.

La orquesta lo aplaudió calurosamente desde su primer ensayo. Es un conjunto excelente que funciona permanentemente y dedica cuatro ensayos para cada programa sinfónico.

El maestro Vásquez que ha dirigido ya muchas de las mejores orquestas de Norte, Centro y Sudamérica, viene sorprendido por la magnífica calidad del conjunto belga, y muy especialmente de sus instrumentistas de maderas y metales que poseen una técnica asombrosa.

Las obras mexicanas, enteramente nuevas para los músicos belgas, fueron asimiladas por ellos desde el primer momento y el director quedó ampliamente satisfecho de la ejecución.

Por su parte los músicos, puestos de pie al terminar el último ensayo, expresaron al maestro Vásquez a través del violín concertino de la orquesta, su viva simpatía y la satisfacción que experimentaba de actuar bajo su batuta.

La Revista de la UNAM con orgullo abundaba en detalles como el anterior, tratándose del director de su orquesta y a continuación ampliaba la información venida desde la prensa de Europa:

"Vásquez nos mostró la extensión de su talento de director que se haya hecho de una cienci!a real y de una gran probidad", comentó Le Peuple"

"Vásquez posee la ciencia de los valores orquestales y el arte de conducirlos. Por eso puede clasificarse su dirección entre las mejores que existen:

El éxito que alcanzó fue entusiasta y significativo", dijo el' crítico de Le Libre Belgique.

Asimismo las obras de Ponce, Ayala y el propio Vásquez, fueron objeto de minucioso análisis y amplio comentario por parte de la crítica, que vió en ellas la expresión de un arte nuevo y fecundo.

De Bruselas se trasladó el músico mexicano a París, donde fué muy bien recibido, y a donde regresará en enero próximo para dirigir la Orquesta Sinfónica Nacional en dos conciertos.

En Londres pronunció una conferencia sobre música mexicana en la BBC y fue invitado para dirigir la orquesta de esa institución también en enero del año próximo. 

En ambas capitales, el músico mexicano presenció varias grandes manifestaciones del formidable resurgimiento musical que se observa en Europa, y tuvo ocasión de constatar el interés creciente que allá existe por conocer la música de los países latinoamericanos y muy especialmente, la de México.

En el presente año de 1949, el maestro Vásquez tuvo una gran actividad sobre los podios: Aquí se sintetiza su agenda de conciertos dirigidos solamente en el Palacio de las Bellas Artes, bien como titular de la OSU como en calidad de director huésped e la Orquesta Sinfónica Nacional.

   Mayo 17

Orquesta Sinfónica Nacional

José F. Vásquez, director huésped

Chaikovski: Concierto núm. 1 para piano y orquesta. Solista: Benno Moiseiwitsch.

Palacio de Bellas Artes

Julio 31

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Schönthal: Seis preludios / Ponce: Concierto para piano y orquesta. Solista: Paz Lacayo.

Palacio de Bellas Artes

Agosto 28

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Borodin: Sinfonía núm. 2 / Lalo: Sinfonía española para violín y orquesta. Gloria Torres de Vásquez / Rimsky-Korsakov: Suite de la ópera El gallo de oro.

Palacio de Bellas Artes

Octubre 11

Orquesta Sinfónica Nacional

José F. Vásquez, director

Bach: Concierto en Mi mayor para violín y orquesta. Solista: Henryk Szeryng.

Palacio de Bellas Artes

Octubre 13

Orquesta Sinfónica Nacional

José F. Vásquez, director

Paganini: Concierto en Re mayor para violín y orquesta, Op. 6. Solista: Henryk Szeryng.

Palacio de Bellas Artes

Octubre 23

Orquesta Sinfónica Nacional

José F. Vásquez, director huésped

Sebastiani: Estampas.  

Aquí arriba aparecen reproducciones de prensa relacionadas con el viaje a Europa de José F. Vásquez, efectuado en febrero de 1949. Al final se puede ver la carátula del folleto de la propaganda del agente del maestro, como director internacional.

Los dos fotografías corresponden a los maestros, Benno Moiseiwitsch y Henryk Szeryng. 

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25) Los cometidos del año 1957

La muerte tan reciente del maestro Josep Rocabruna, cofundador de la orquesta, y por más de dos décadas uno de sus directores titulares, había dejado un gran hueco no solo en el aspecto profesional, sino también en los afectos dentro de la institución. Frente a la adversidad de tal circunstancia, la OSU se encaminó a una primera temporada sin su valiosa presencia en el podio.

Las actividades acometidas por la orquesta a lo largo del año, fueron resumidas en una artículo de la Gazeta Universitaria, en el que brilló por su ausencia alguna mención por la sentida desaparición del maestro Rocabaruna, acaecida en el mes de febrero de aquel año.

La propaganda apareció de la siguiente manera:

"La Dirección General de Difusión Cultural ha organizado con muy buen éxito su quinta temporada de conciertos en el Auditoria de Medicina de la Ciudad Universitaria. En estos recitales han participado los más distinguidos solistas, conjuntos corales e instrumentales de nuestro país. Asimismo han figurado en los programas algunos notables ejecutantes que han visitado México últimamente.

Estos conciertos en la Ciudad Universitaria han sido gratuitos y ofrecen al público un amplio repertorio musical que comprende obras de todos los autores, todos los tiempos y todos los géneros. Los estudiantes han encontrado en esas temporadas de recitales una fuente casi constante de cultura musical.

Por su parte, la Orquesta Sinfónica de la Universidad inició el pasado mes de julio su XX Temporada de conciertos, que terminará el día 15 de septiembre.

Como las anteriores, esta temporada de la Orquesta Sinfónica universitaria se está llevando a cabo con la colaboración de prestigiados directores y solistas extranjeros como Gika Zdravkovitch, Leslie Hodge, Otto Matzerath y Russel L. Wiley, entre los directores, y Joseph Fuchs, Zvi Zeitlin, Ann Schein, Zara Nelsova, y Eloise Polk, entre los solistas. Con la orquesta actuaron, naturalmente, su director titular, José F. Vásquez y el pianista mexicano Miguel García Mora.

La orquesta ha ofrecido numerosas obras en primera audición en México, entre ellas la Cuarta Sinfonía de Martinú, la Tercera Sinfonía de Sulek, Balconofonóía de Slavensky, la Tercera Sinfonía de Nielsen, "Expansiva", y Stadtpfeitermusik de Mohaupt, por citar los ejemplos más notables".

En el tercer concierto de aquella temporada y bajo la batuta del director yugoeslavo, Gika Zdravkovitch, se tocó la Sinfonietta (1942) del maestro Vásquez

El primer programa de diez, celebrado el domingo 7 de julio en el Palacio de Bellas Artes, fue el siguiente:

Director: José F. Vásquez.

Solista: Joseph Fuchs, violinista.

1- Rapsodia rumana de Enesco.

2- Segundo Concierto para violín y orquesta en sol menor de Max Bruch.

3- Le Déluge, (el Diluvio), poema bíblico de Saint-Saëns para solos, coros y orquesta; en la que participaron los Coros Bach, Directora Paula Bach Conrad, y la Sociedad Coral Universitaria, Director Juan D. Tercero. (una obra de estreno que probablemente no se ha vuelto a tocar en México desde entonces).

Como un reflejo de su espíritu de búsqueda, la orquesta decidió cerrar el ciclo el 15 de septiembre, con un magno programa dirigido por su titular, José F. Vásquez, integrado por tres sinfonías de gran calado en el repertorio universal. Un hecho inédito entre las orquestas del país.

1- La Quinta Sinfonía de Dvorak.

2- La Quinta Sinfonía de Beethoven.

3- La Quinta Sinfonía de Tchaikovsky.

La celebración de dos de los cuatro de los llamados Conciertos Populares en Ciudad Universitaria, fueron presentados esta vez en el patio de la Escuela Nacional de Arquitectura. La inauguración fue el domingo 3 de noviembre, con un concierto dirigido por el maestro Noé Fajardo, en el que se tocaron, la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, y el Segundo Concierto para piano y orquesta de Brahms, llevando como solista al maestro Miguel García Mora.

Dentro de las manifestaciones de arte que la Universidad Nacional Autónoma de México, y con el mismo enfoque didáctico para llevar la música clásica a los jóvenes, la Orquesta Sinfónica de la Universidad con el maestro José F. Vásquez a la cabeza, se presentó el jueves 9 de mayo, a las 10 horas, en el tercer patio del amplio edificio de la Escuela Nacional Preparatoria, en San Ildefonso 43, ofreciendo un programa compuesto por La obertura de la ópera La Flauta Mágica, de Mozart, y por la Sinfonía en mi menor, número 5, opus 65 de Tchaikovsky.

Un concierto gratuito para los jóvenes bachilleres universitarios, que formaba parte del amplio programa de la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad por aquellos años.

Los cometidos universitarios vinculados a la difusión de la cultura, proseguían a toda vela, y la orquesta universitaria era una de sus más efectivas herramientas.

Las primeras dos imágenes muestran los anuncios de las temporadas de la OSU en Bellas Artes y en la Ciudad Universitaria, respectivamente. A continuación en la misma fila, aparecen las fotografías de los directores huéspedes, Gika Zdravkovic y Otto Matzerath.

Seguidamente se muestran las imágenes de los solistas Ann Schein, Eloise Polk, Joseph Fuchs, Walter Hautzig, Zara Nelsova y Zvi Zeitlin, solistas de la temporada en Bellas Artes, y de las reproducciones de los 10 programas de aquel ciclo.

En la última fila se muestra una fotografía del maestro Miguel García Mora, solista de ambas temporadas, tanto en el ciclo en CU como en el de Palacio de Bellas Artes; así como un par programas al aire libre en el patio de la Escuela Nacional de Arquitectura , y un boletín de prensa que señala  la organización del concierto gratuito para bachilleres en San Ildefonso.

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26) La Cuarta Temporada de los conciertos populares en la explanada de Rectoría

El 20 de noviembre de 1952, se efectuó la "Dedicación de la Ciudad Universitaria", ceremonia presidida por el presidente Miguel Alemán Valdés, con la que se llevó a cabo la inauguración oficial de la Ciudad Universitaria. El nuevo y magnífico campus para la Universidad Nacional Autónoma de México.

Desde la elección del sitio para levantarla supuso un gran reto para edificar algo original.

Su ubicación al sur de la Ciudad de México es un vasto territorio pedregoso impregnado de lava volcánica y una vegetación muy peculiar. Un marco digno de la inspiración de varios artistas, entre ellos Diego Rivera, quienes captaron el vasto potencial creativo que podría ser desarrollado ahí, en esa enorme área de 730 hectáreas de terreno, contigua a la urbanización conocida como Jardines del Pedregal de San Ángel, donde el gobierno mexicano de la década de los años 40, había decidido impulsar la construcción de la Ciudad Universitaria de México.

La mudanza de las escuelas dio comienzo en 1953, y fue coordinada por el doctor Nabor Carrillo, quien había tomado posesión como rector en febrero de ese año. El nuevo rector enfrentó dos grandes problemas: la terminación de los edificios de la Ciudad Universitaria junto con la infraestructura de apoyo y la ampliación presupuestal necesaria para la mudanza de las escuelas universitarias. Y no fue sino hasta el mes de marzo de 1954, cuando dieron comienzo las actividades escolares en el nuevo campus.

A partir de esos momentos se estableció la renovación del reto para adecuar la labor de la difusión cultural acorde a los nuevos tiempos. Así que en la Orquesta Sinfónica como en el resto de las instituciones universitarias enfocadas en la promoción del arte, se comprendió la necesidad de satisfacer las nuevas demandas que derivaron de aquella gran mudanza, creando nuevas herramientas; a partir de la Temporada de 1954, la OSU diseñó una programación alterna de conciertos populares y gratuitos, a celebrarse entre el otoño y el invierno, en algún sitio idóneo dentro de la CU; nuevo símbolo de la educación popular y centro de estudios públicos, laicos y gratuitos, de un país caracterizado por agudas diferencias sociales. Poco tiempo después fueron también agregadas series de conciertos de cámara con la misma característica de gratuidad, que se fueron instrumentando en los auditorios de las diversas nuevas escuelas del campus.

Año con año y a partir de entonces, se fue consolidando el éxito de estos conciertos en los que la orquesta universitaria complementaba su temporada de primavera verano, efectuada siempre en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, con la celebración de las temporadas de los Conciertos Populares, primero en el auditorio de la Escuela Nacional de Medicina, y luego en la explanada a un costado de la torre del rectorado, aunque también fueron celebrados conciertos dentro del auditorio Justo Sierra del área de Humanidades.

Donde la manifestación sinfónica convergía con la esencia de los murales de David Alfaro Siqueiros, principalmente con su escultopintura llamada «Del Pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo». Donde el tema importante es el lápiz, el lápiz que está siendo devuelto al pueblo... Y donde la todavía joven agrupación sinfónica universitaria, bajo la batuta de sus directores titulares, José Rocabruna y José F. Vásquez, le fue devolviendo la cultura musical al pueblo.

Así daba fe la Gaceta Universitaria de octubre de 1958 del contenido y del éxito de tal iniciativa que aproximó la música universal al oído y al espíritu de los jóvenes universitarios de aquella época:

IV Temporada de Conciertos Populares

Ayer se iniciaron los conciertos de la IV Temporada Popular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, que, con muy buen éxito, periódicamente ha celebrado estas audiciones al aire libre que permiten el acceso abierto a un público numeroso.

En otras ocasiones la orquesta instaló a sus componentes en la explanada de la Escuela Nacional de Medicina, esta vez, los conciertos se llevaron a cabo sobre la explanada de la Rectoría en la propia Ciudad Universitaria, según los horarios y programas que con anticipación anuncien en el Calendario de la Gaceta.

El primer concierto fue formado por obras de Dvorak, Gomezanda y Tchaikowsky; la dirección de la orquesta estuvo a cargo de su director titular, el maestro José F. Vásquez.

La práctica, muy afortunada, de ofrecer conciertos al aire libre, de extender las audiciones de grandes obras musicales fuera de los limitados recintos normales, recuerda muy cercanamente la práctica, también afortunada, de llevar las manifestaciones pictóricas a los muros públicos.

La pintura, expuesta en muros monumentales a la contemplación de grandes núcleos de espectadores, ha probado en nuestro medio su eficacia difusora. Presa en los límites del caballete la plástica llega al público nacional con mayores dificultades; en los muros, esta pintura se incorpora a la arquitectura y al paisaje, su contemplación se prodiga inevitablemente. Los conciertos al aire libre tienden de la misma manera a conquistar, para el espectador auditivo, digámoslo así, un público mayor.

Si la música no tiene la misma permanencia física de las artes visuales, es capaz, en cambio, de introducirse en el espíritu del espectador, de marcarse con una permanencia interna en el fondo de su mente. Los conciertos que se consuman en escenarios naturales pueden incorporarse al paisaje sonoro, vencerlo y transformarlo.

La música sinfónica es, por su vigor, una de las más apropiadas para ser ejecutada al aire libre sin necesidad de sistemas de microfónicos. Los maestros de la música universal, en forma viva, acuden de ese modo al oído de personas que no asisten ordinariamente a salas de concierto. Sabemos muy bien que el enriquecimiento de nuestro medio musical depende en grado importante de la débil o poderosa difusión de la cultura que en él se genere.

La divulgación de cada uno de los programas ofrecidos por la OSU dentro de sus Conciertos Populares en Ciudad Universitaria, no solo fue realizada por los medios impresos de la universidad nacional sino que cada sesión fue además transmitida a través de Radio UNAM, y terminaron por convertirse en parte de la programación dominical de familias, parejas y estudiantes en general, que de ese modo fueron conociendo a los grandes compositores de la música universal, y asimismo les dio la oportunidad de escuchar en vivo a los intérpretes de mayor prestigio que, a lo largo de los años, fueron desfilando en el podio o como solistas de la Orquesta Sinfónica de la Universidad.

En la foto inferior hecha el 12 de enero de 1951 se puede observar al Presidente Miguel Alemán, durante una visita a las obras de la futura Ciudad Universitaria.

La imagen de arriba nos muestra uno de los anteproyectos elaborados para la construcción de la Ciudad Universitaria.

Arriba se muestra la reproducción de diferentes anuncios y artículos publicados en la Gaceta Universitaria, informando los llamados Conciertos Populares que la Orquesta Sinfónica presentó en la Ciudad Universitaria entre 1954 y 1961. 

Aparecen también las fotografías de la orquesta en pleno concierto con José F. Vásquez al frente, otra del maestro Juan D. Tercero con la Sociedad Coral Universitaria, y varias más que muestran imágenes de algunos de los solistas que se presentaron en esos conciertos a lo largo de los años, como los maestros: Luz María Puente, Zara Nelsova, Zvi Zeitlin, Ann Schein y Miguel García Mora. 

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27) La intensidad del año de 1956

En la temporada de 1956, José F. Vásquez decide restituir el Festival Mozart, conmemorando de ese modo el bicentenario natal del gran compositor austríaco. De ahí que haya iniciado el ciclo con un magno concierto en el que él mismo dirigió la Sinfonía No. 40 en sol menor, el Concierto para piano No. 20 en re menor, con Luz María Puente como solista, y el Réquiem, en el que actuaron como solistas, Aurelia Razo de Ras Guzmán, Regina Rubinstein, José Sánchez, y John Walsh, acompañados del Coro Bach bajo la dirección de la maestra Paula Bach-Conrad.

El cuarto de los conciertos presentó la ocasión, tal vez única, de presenciar la interpretación de la Sinfonía No.2 de Julián Carrillo dirigida por él mismo, y la presentación como solista al piano de su hija, Dolores, con el Concierto Emperador No. 5 de Beethoven. El programa se completó con la Obertura de los Maestros cantores, de Wagner, y el Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy.

En el octavo concierto del ciclo, dirigido por el maestro Otto Matzerath, hubo la oportunidad de asistir al estreno de la Sinfonía Elegíaca de la compositora y pianista española Emiliana de Zubeldía. El programa se completó con la magnífica interpretación por parte de Alfred Brendel, del Concierto para piano de Schumann, y el Carnaval Romano de Berlioz.

Ese mismo año, el maestro Vásquez es nombrado director único vitalicio de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, en vista de la quebrantada salud del maestro José Rocabruna.

A partir de entonces, el maestro Juan D. Tercero, jugará un papel más presente apareciendo en múltiples conciertos como director, tanto en el Palacio de Bellas Artes como en los conciertos al aire libre en Ciudad Universitaria, que por aquel año aún se llevaban a cabo en la explanada de la todavía Escuela de Medicina. El maestro Tercero supo coordinar sus actividades como director, tanto de la Escuela Nacional de Música como de la Sociedad Coral Universitaria, con objeto de brindar un apoyo que resultó invaluable. Así su presencia al frente de la orquesta universitaria se hizo necesaria, debido a la prolongada enfermedad del maestro Rocabruna y por los constantes compromisos en el extranjero del maestro Vásquez.

Aquel año la lista de los solistas comprendió tanto a artistas extranjeros consagrados como los pianistas, el francés Bernard Flavigny o el checo Alfred Brendel y el violinista alemán Julian Olevsky, así como artistas nacionales como Luz María Puente, Gloria Torres de Vásquez o Dolores Carrillo Flores entre otros.

De todos los anteriores, cabe destacar la doble participación del gran pianista checo Alfred Brendel, solista invitado para los dos últimos conciertos de la temporada en Bellas Artes. En el noveno que cerraba el ciclo, Brendel tocó el Concierto No. 2 de Liszt, bajo la batuta del maestro Vásquez.

La nómina de directores incluyó a Julián Carrillo, Otto Matzerath, Sandro Salgo, Ezra Rachlin, Juan D. Tercero y el propio José F. Vásquez.

Aprovechando la buena relación establecida con el maestro Leslie Hodge, quien había sido varias veces invitado a dirigir la Sinfónica de la Universidad, y por aquel entonces director titular de la Orquesta Sinfónica de Phoenix, el maestro Vásquez se presenta en su podio, ofreciendo al público, como fue su costumbre, un programa que incluyó dos obras mexicanas: Chapultepec de Ponce, y su Tercer concierto para piano y orquesta, llevando como solista al maestro Carlos Vázquez. El programa se completó con la interpretación de la Sinfonía No 2 de Brahms. La gira se completó días después como invitado de la Sinfónica de Dallas, donde se repitió la presentación de ambas obras mexicanas.

Dentro del ciclo de Conciertos Populares, la orquesta presentó a un buen número de jóvenes valores tanto en la dirección como en el rol de solistas. Cantantes como Aurora Woodrow, Guadalupe Pérez Arias, Enrique Jaso, Yolanda Delgado o Rubén Montaño, y al primer oboe de la propia orquesta, Heriberto Aquino, así como al primer corno también de la orquesta, Liborio Blanco. Y como directores se presentaron el propio Liborio Blanco, Francisco Reyna, chelo principal de la orquesta, y Noé Fajardo, en aquellos años flautista principal de la Sinfónica de la Universidad.

Todo lo anterior refleja el interés del maestro Vásquez en dar oportunidades a los jóvenes valores emergentes de aquel tiempo.

En esa temporada al aire libre, nuevamente se contó con la valiosa participación del maestro Juan D. Tercero al frente de la Sociedad Coral Universitaria, para la interpretación del Magnificat de Bach, todos bajo la dirección del maestro Vásquez.

Habiendo tenido una agenda tan complicada, su labor compositiva mermó en ese año, sin embargo continuó trabajando su Sexta serie de Lieder para soprano (o tenor) y orquesta de cuerdas, utilizando textos de Juan de Dios Peza, Luis G. Urbina. Enrique González Martínez y Manuel M. Bermejo entre otros.

José F. Vásquez cumplió así 20 años al frente de la orquesta que fundó junto con el recién finado José Rocabruna, en el ya entonces lejano año de 1936.

Al margen de la actividad universitaria del maestro, su Escuela Libre de Música fundada en 1920, y a la que asistía con regularidad para impartir sus cátedras, cumplía un año más en funciones a pesar de los cambios de domicilio a los que se vio forzado hacer, debido a la carestía creciente de la vida, que contrastó siempre con las cuotas bajas cobradas a los alumnos; su única fuente de ingresos; el maestro nunca se planteó obtener patrocinio alguno con tal de mantener la independencia del plantel.   

Las seis primeras imágenes son reproducciones de un anuncio y de cinco de los programas de la temporada de 1956, en el Palacio de Bellas Artes. 

A continuación se muestran fotografías de tres de los directores huéspedes de aquel año, los maestros Ezra Rachlin, Otto Matzerath y Sandor Salgo. Les siguen las fotografías de los pianistas Alfred Brendel y Bernard Flavigny, y la del violinista Julian Olevsky. 

La última fila muestra el programa de la temporada de conciertos en la explanada de la Escuela de Medicina en Ciudad Universitaria, y a dos de las cantantes participantes en ella, la contralto Aurora Woodrow y la soprano Guadalupe Pérez Arias. La última imagen corresponde a una fotografía de la compositora Emiliana de Zubeldía, autora de la Sinfonía  Elegíaca estrenada en Bellas Artes durante aquella temporada. 

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28) La nutrida temporada de 1959 y el infarto en Japón

Para la temporada de 1959 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, la actividad aumentó de nueve conciertos celebrados habitualmente en el Palacio de Bellas Artes a diez.

Aquel año deparó los estrenos en México de obras como la Segunda Sinfonía de Kabalevsky, el Concierto de viola de Bartok, el Prólogo y epílogo de Bugaku, de Matsudaira, y los estrenos nacionales de la Sinfonietta de la compositora y pianista alemana residente en México, Ruth Schoental, y del Poema sinfónico Benito Juárez de Higinio Velázquez.

Era la segunda temporada sin el maestro Rocabruna, fallecido en febrero de 1957, así que el podio acogió con beneplácito las múltiples apariciones del maestro Juan D. Tercero, dentro de la temporada en el Palacio de Bellas Artes, y las de Higinio Velázquez en los conciertos populares a realizarse en la Ciudad Universitaria.

En ese año, se recibió la visita de dos directores huéspedes extranjeros, los maestros, Kazuo Yamada y Ángel Muñiz Toca, programados en la serie de conciertos en Bellas Artes, y la del maestro Eaktai Ahn, quien actuaría dos veces al frente de la orquesta en la explanada de Rectoría, dentro del ciclo de los llamados Conciertos Populares.

A principios de aquel mismo año, el maestro Vásquez había viajado a Japón para dirigir a las cuatro orquestas más importantes del país. En tres semanas dirigió conciertos en Tokio, dos más en Kioto, otro en Osaka, y uno más que fue transmitido de manera radiofónica a todo el país, en el que quiso incluir exclusivamente obras mexicanas. Algo que volvería a repetir en el concierto con al Orquesta de la Radio Imperial.

Y en su calidad de director huésped, hizo gira con la Orquesta Filarmónica y Sinfónica de Tokio, y fiel a su costumbre, en cada uno de esos conciertos presentó al menos una obra mexicana. Las elegidas para esta gira habían sido, el Huapango de Moncayo, Chapultepec de Ponce, y su renombrada Sinfonietta.

Casi al final del viaje, el maestro se sintió mal y sufrió un primer infarto cardíaco que le postró en cama por más de dos semanas en un hospital de la ciudad de Kyoto, hasta que ya un poco repuesto y aún bastante débil, le fue posible regresar a México.

Durante su período de reposo obligado en casa, el maestro aprovechó para componer su poema sinfónico Estampas, la cantata Liberación, también titulada como Sinfónia Mímica; un encargo de don Mauricio Magdaleno, a la sazón Director de Acción Social del Departamento del Distrito Federal, para la inauguración del parque Venustiano Carranza en la colonia Balbuena, pero además continuó componiendo los últimos lieder de la Sexta serie que finalmente acabaría en febrero del siguiente año de 1960.

En ese período de confinamiento forzoso que tanto le desesperó, el maestro compuso también la Pequeña Suite para piano, dedicada a su hijo.

Contraviniendo las instrucciones de su cardiólogo y más pronto de lo aconsejado, el maestro Vásquez se reincorporó a sus actividades, y pudiendo haber programado para más adelante su reaparición en el podio, decidió presentarse en el primer concierto de la temporada en Bellas Artes, integrado por Tristán e Isolda (Preludio y muerte de Isolda), de Wagner, el Primer concierto para piano y orquesta de Brahms, teniendo como solista al maestro checo-estadounidense, Rudolph Firkusny, y la Sinfonía No. 3 de Saint-Saens, con el maestro Juan D. Tercero al órgano. Un programa exigente para su mermada salud. 

Asimismo se puso al frente de otros dos conciertos dentro del ciclo, cerrándolo con una sesión memorable "todo Tchaikowsky", en la que se presentaron, la Obertura Romeo y Julieta, el Concierto No. 1 para piano, llevando como solista al pianista y compositor holandés, Theo Bruins, y la Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36.

Por otro lado y como complemento a las actividades anuales, el proyecto de los conciertos al aire libre en Ciudad Universitaria, que repetidamente habían tenido sede en la explanada de la Facultad de Medicina, poco a poco se fue cambiando la costumbre para organizarlos en la explanda a un costado de la Torre de Rectoría, tal vez para facilitar un ingreso más sencillo, amén de que el escenario, no obstante alguna incomodidad, sobre todo para los músicos, era más bello y espectacular.

La asistencia al concierto en CU, se convirtió en una buena costumbre familiar para los domingos casi al medio día, aunque también era posible escuchar la transmisión de la radio universitaria a control remoto desde el mismo lugar; con todo esto aunnado al éxito continuado mantenido por años, el proyecto seguía justificando su naturaleza didáctica y popular.

Dentro de ese ciclo de conciertos otoñales se presentó una programación diferente a la realizada en el Palacio de Bellas Artes, y heterogénea en su composición, pues ofreció la interpretación de obras tan conocidas como el Concierto para piano No. 24 de Mozart, las Variaciones Sinfónicas de Cesar Franck o las oberturas Rienzi de Richard Wagner o Egmont de Ludwig Van Beethoven, o el Vals Capricho para piano y orquesta de Ricardo Castro, pero también tuvo lugar el estreno de la Sinfonía Corea, del maestro Eaktai Ahn, quien además dirigió la orquesta.

La batuta de la orquesta en este ciclo al aire libre en Ciudad Universitaria, fue llevada por el antes mencionado director y compositor coreano, así como por Higinio Velázquez primer violista de la orquesta, y por su director titular durante 23 años, hasta ese momento, José F. Vásquez.

Como solistas, la orquesta tuvo la oportunidad de acompañar en dos ocasiones al pianista norteamericano Harold Cone, además a la pianista mexicana Carmen Azuela, así como a la soprano también mexicana Lupe Muñoz, quien dentro del tercer concierto del ciclo, interpretó el Lied No.3 (1929) del maestro Vásquez. 

A continuación se muestra la serie de conciertos que el maestro dirigió aquel año en el Palacio de Bellas Artes, dentro de la temporada regular de la orquesta. 

Junio 14

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Haydn: Sinfonía "Los adioses" / Vásquez: Concierto para piano No. 3. Solista: Carlos Vázquez / Frescobaldi: Toccata / Strauss: Don Juan.

Junio 21

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Mozart: Concierto para corno. Solista: James Stagliano / Debussy: El Mar.

Julio 19

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Vásquez: Sinfonietta / Giuseppe Tartini: Concierto para violoncello. Solista: Domingo González / Kabalevsky: Sinfonía núm. 2*

*Estreno en México.

Agosto 16

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director 

Tchaikovsky: Obertura Romeo y Julieta / Concierto núm. 1 para piano y orquesta. Solista: Theo Bruins / Sinfonía núm. 4. (Programa dedicado enteramente a Tchaikovsky)

Aquel año de 1959 fue muy significativo para José F. Vásquez, al haber recibido la Condecoración al Mérito, de manos del Presidente de la República, Adolfo López Mateos.  

Las imágenes superiores corresponden, en el orden acostumbrado, al folleto del programa de la Temporada de 1959 en el Palacio de Bellas Artes, al programa de la primera fecha, seguida de una fotografía del maestro Rudolph Firkusny; a continuación se muestran las imágenes de los maestros James Stagliano, William Primrose y Theo Bruins, también solistas de la temporada, seguidas en la misma segunda fila por dos de los programas del ciclo. 

En la tercera fila aparece una fotografía del maestro Kazuo Yamada, director huésped del ciclo en Bellas Artes, del maestro Eaktai Ahn batuta huésped en el ciclo de Conciertos Populares en Ciudad Universitaria, seguida por la reproducción de una publicación sobre el pianista Harold Cone, y del programa del ciclo completo al aire libre. 

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29) La temporada de 1944 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad y la colaboración del maestro Vásquez como director al frente de la Orquesta Sinfónica de Yucatán


La temporada de 1944 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, bajo las batutas de sus directores titulares, José F. Vásquez y José Rocabruna, marcó un cambio significativo e irreversible dentro de su historia, ya que a partir de esa fecha las entradas a los conciertos por celebrarse en el Anfiteatro Bolívar, su sede principal, dejaron de ser gratuitas y pasaron a costar dos pesos por butaca y un peso en las llamadas sillas de aumento, que casi siempre tenían que ser utilizadas debido a la gran cantidad de público, en su mayoría juvenil, que solía acudir a cada audición desde la fundación de la orquesta, ocho años antes.

Asimismo, el diseño de la nueva temporada habría de causar una gran expectación dado el enfoque latinoamericanista que se introdujo en los programas que, además de incluir, por ejemplo, obras de Ravel o de Liszt, estrenaron en México obras de diversos autores contemporáneos. Entre ellos los mexicanos Zenón Palomar, maestro de composición de la entonces Escuela Nacional de Música, y del propio José F. Vásquez, quien presentó su Concierto No. 2 para piano y orquesta, llevando como solista al pianista valenciano José Iturbi bajo, la batuta del maestro José Rocabruna.

Otro estreno nacional se llevó efecto con la ejecución del Concierto para piano de Arthur Bliss, llevando como solista al entonces tecladista de la OSU, Luis Herrera de la Fuente.

La programación alcanzó también las obras del compositor chileno Humberto Allende, del uruguayo, Guido Santorsola, de los argentinos Alfredo Pinto, Celestino Piaggio, Elsa Calcagno y Ernesto Drangosch, y de los bolivianos Andrés Barragán y Armando Palmero.

Habrían de destacar también los conciertos que presentaron la Suite Lírica de Henry Clough-Leighter, con la soprano Eugenia Rocabruna como solista, el del Concierto en Sol de Ravel, con Raúl Ortiz como solista, y el de el Poema sinfónico No. 3, Los preludios, de Franz Liszt.

Otro de los aspectos notables durante aquella temporada tan peculiar, fue la participación de los maestros Julián Carrillo y Manuel M. Ponce como directores huéspedes.

En aquel año, José F. Vásquez culminó una nueva y extensa gira por países de Sudamérica, visitados tanto en 1942 como a fines del año de 1943. Con presentaciones que lo llevaron al podio de las principales orquestas de Argentina, Perú, Chile, Bolivia y Colombia. 

Sus presentaciones por aquellas tierras le valieron cosechar galardones tales como, el diploma de la Orquesta Sinfónica de Montevideo, Uruguay, en octubre de 1942, el diploma de la Comisión Nacional de Cultura de Buenos Aires, Argentina en marzo de 1943, el diploma de la Orquesta Sinfónica de Perú, en octubre de 1944, y un año después, en 1945, el diploma de la Orquesta Sinfónica de Colombia, en abril de 1945. 

Como parte de la multiplicidad de funciones y actividades del maestro Vásquez, en aquel año es invitado por el maestro Daniel Ayala para alternar en el podio de la nueva Orquesta Sinfónica de Yucatán, la colaboración profesional y la amistad entre ambos habría de prolongarse durante muchos años, en los que Vásquez incorporó la obra de Ayala a su repertorio como director internacional, llevando así su música incluida en conciertos realizados en países como Argentina, Chile, Estados Unidos, Yugoeslavia o Japón por nombrar algunos.

En un fragmento de su reciente relato del 13 de noviembre de 2020 el célebre musicólogo y periodista yucateco, Ariel Avilés Marin, da fe de la llegada de José F. Vásquez a Mérida, en aquel año de 1944: 

Por encargo del entonces gobernador del estado, Ernesto Novelo Torres, el maestro Daniel Ayala reorganiza la Orquesta Sinfónica de Yucatán; ante tal reto, Ayala convoca para ayudarlo en la empresa, y para alternar con él y con Luis G. Garavito, en la batuta, a un músico originario de Jalisco, y formado en la Ciudad de México, el maestro José F. Vásquez.

Así, llega a nuestra tierra este gran músico mexicano que dejaría una importante labor entre los integrantes de esa nuestra sinfónica de esa época. Pero si bien, José F. Vásquez fue importante para la música en Yucatán, su labor a nivel nacional es de primerísimo orden, y de una importancia mayúscula, que justificaría que su nombre brillara al lado de José Pablo Moncayo, Daniel Ayala, Manuel M. Ponce o Carlos Chávez. José F. Vásquez, fue un importante director, compositor, pianista, académico y gran promotor cultural. Una figura completa en el panorama de la música mexicana del S. XX. 

Tal vez ahora, al fin, se de a la personalidad de José F. Vázquez, la dimensión de un gran músico mexicano del S. XX, y se le reconozca también en Yucatán, dónde dejó una importante labor con nuestra Orquesta Sinfónica de Yucatán. Hoy por hoy, José F. Vásquez, es un titán de la música mexicana, injustamente olvidado.

La fotografía ilustra un momento del maestro Vásquez en el podio al frente de la orquesta Sinfónica de Yucatán.

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En primer lugar a la izquierda se muestra la portada del folleto de la Temporada de Otoño de 1944, desarrollada en el Anfiteatro Bolívar. 

La primera fotografía corresponde a la imagen del pianista valenciano José Iturbi, quien estrenó el Concierto No. 2 para piano y orquesta del maestro Vásquez.

En el orden acostumbrado aparecen las fotografías de los maestros José Velasco Maidana, Celestino Piaggio, Alfredo Pinto, Guido Santorsola, Pedro Humberto Allende y Arthur Bliss.

 

30) La temporada de conciertos al aire libre de 1960

Durante los 25 años de su dirección al frente de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, José F. Vásquez contó con el apoyo de la dirección de difusión cultural en turno, para sostener el proyecto de acercar y mantener la proximidad de la buena música con un público estudiantil y popular, alejado del elitismo, despojando así de tal concepto a una orquesta sinfónica tradicionalmente enfocada a las salas de concierto. Una idea originada en el mismo año de su fundación, y que la orquesta ejerció desde los primeros conciertos ofrecidos  de manera gratuita en el Parque Lindbergh y en el Hemiciclo Juventino Rosas, en el lejano año de 1937, reeditados más adelante y ya de modo formal dentro del diseño de la temporada oficial de la orquesta,  a partir del otoño de 1952, sobre las terrazas del Castillo de Chapultepec, y continuados a partir del año de 1955, luego de la apertura de la Ciudad Universitaria, con objeto de llevar a la orquesta a escenarios al aire libre, la mayoría de ellos celebrados a un costado de la Torre de Rectoría. 

La temporada de 1960, penúltima de su vida y también la penúltima sobre el podio universitario, fue anunciada en los medios de propaganda cultural, de esta manera: 

La Dirección de Difusión Cultural y la Orquesta Sinfónica de la Universidad, inauguraron ayer su quinta serie anual de conciertos al aire libre, en la explanada de Rectoría, de Ciudad Universitaria, con obras de Beethoven y Mozart.

El tradicional buen éxito de estos conciertos al aire libre, ha hecho de ellos una fuente periódica de audiciones musicales, que los visitantes domingueños de los jardines universitarios registran ya entre las temporadas oficiales de la ciudad.

En apariencia, el oído requiere solo espacio atmosférico para desenredarse en sus diferentes manifestaciones: la palabra, el ruido, el trueno, la música. Pero no es así: el sonido requiere para vivir en la atención humana y prodigarse en el espacio superficial, terreno destinado a las esculturas o a los edificios. Basta recordar que en el campo, donde ningún espacio de concreto o piedra nubla la vista, el sonido de los elementos naturales se posesiona de la tierra y la envuelve. El aullido de un animal, el canto de un hombre, el viento, cobran en esas condiciones un timbre más claro y potente, como lo haría un relámpago en un teatro.

Pero no solo los objetos sólidos estorban la manifestación sonora. El sonido es una criatura delicada y se estorba él mismo cuando no es homogéneo. En los teatros al aire libre cercanos a la ciudad, la emisión sinfónica o vocal está siempre empañada por ruidos ambientales más o menos ensordecidos o latentes. Por eso, mientras más lejos de la ciudad mecanizada tienen lugar los conciertos, mayores son las posibilidades del sonido musical para extender el campo del oído sobre el terreno libre.

Sin embargo hay que señalar algo más: el sonido se desplaza mejor en un ambiente como el de la Ciudad Universitaria que en el terreno libre, porque entre edificios separados por grandes espacios el sonido no se dispersa y deforma, sino que toma cuero y protege de la dispersión con las mismas moles edificadas.

Las rocas que rodean la Ciudad Universitaria, sus torres, y sus muros de cantera, dan redondez al espacio superficial y atmosférico y constituyen por eso la escena predilecta del instrumental sinfónico.

Durante los próximos domingos podrás escucharse en la Ciudad Universitaria, a las once de la mañana, obras de Wagner, Ravel, Brahms, Saint Saëns, y otros grandes autores.

Aquella serie de conciertos populares permitió al público universitario conocer a solistas como la joven pianista María Elena Barrientos, a la marimbista Vida Chenoweth, al violinista Daniel Burgos y al violonchelista Domingo González. La dirección de estos conciertos estuvo a cargo, además del maestro Vásquez, del violista, compositor y director Higinio Velázquez.

La primera reproducción presenta la temporada de conciertos al aire libre, celebrada sobre la explanada a un costado de la Torre de Rectoría, durante el otoño de 1960.

Las tres imágenes siguientes, respectivamente, muestran a la pianista María Elena Barrientos y a Higinio Velázquez, al compositor estadounidense Robert Kurka, y a la marimbista también norteamericana Vida Chenoweth.

La siguiente corresponde al anuncio del Tercer Concierto de la temporada, en el que fueron estrenadas dos obras de Higinio Velázquez. 

A continuación aparece el anuncio de los dos programas que cerraron la temporada; en un se estrenó el poema sinfónico. Estampas de José F. Vásquez, y en el otro se presentó por primera vez en México, Francesca de Rimini de Tchaikowsky. 

La última fotografía de la segunda fila muestra un aspecto del público asistente a este tipo de conciertos al aire libre, sobre la explanada de Rectoría, en Ciudad Universitaria. 

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31) Las seis sinfonías de Tchaikovski en 1945 

Era la primavera de 1945, y al tiempo que en Europa estaba por iniciar la última gran batalla de la guerra, y con el Ejército Rojo a las puertas de Berlín, Tchaikovski se dejó escuchar dentro de un ciclo vertiginoso de una semana, entre el 15 y el 22 de abril, cuando la Orquesta Sinfónica de la Universidad con José F. Vásquez en el podio, habría de presentar en el Palacio de Bellas Artes las seis sinfonías del compositor ruso por segunda vez en un mismo ciclo, la anterior y primera en Latinoamérica, había sido en 1942. 

Así, entretanto la prensa mundial iba narrando, día con día, la caída de la Alemania del Tercer Reich, la música del genio de Votkinsk sonaba en la capital mexicana.

Abril 15

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Tchaikovski: Primera y Cuarta sinfonías.

Abril 19

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Tchaikovski: Segunda y Quinta sinfonías.

Abril 22

Orquesta Sinfónica de la Universidad

José F. Vásquez, director

Tchaikovski: Tercera y Sexta sinfonías.

En aquella temporada de primavera, oficialmente la octava de la entonces joven orquesta universitaria, se destacó asimismo el programa en el que la OSU interpretó la Tercera Sinfonía de Bruckner y el Concierto en do para violín y orquesta de Haydn, bajo la dirección del maestro José Rocabruna, con Benjamín Cuervo somo solista; uno de sus más virtuosos alumnos.

La actividad del maestro Vásquez durante aquella primavera fue agotadora; a principios del mes de abril había viajado a Bogotá para dar un concierto al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, donde recibió un Diploma de honor por parte de aquella agrupación sudamericana.

A su regreso al país emprendió la tarea del ciclo en honor a Tchaikovski, pero además dio un concierto especial, y lo hizo un día antes del último concierto de aquel ciclo de seis sinfonías programado en la sala principal. En su calidad de director-compositor, se puso al frente de una orquesta integrada solamente por instrumentos de cuerda, y presentó en la entonces llamada Sala de Conferencias, su Suite Romántica para instrumentos de arco (1926).

A pesar del ritmo intenso de su labor como director durante aquel año de 1945, José F. Vásquez no abandonó su faceta de compositor y terminó su Segundo concierto para violín y orquesta, hacia el final del mes de julio.

Poco después ocurriría un hecho sobresaliente dentro de su vida personal, pues el maestro Vásquez habría de contraer nupcias con la joven maestra violinista, alumna de José Rocabruna, Gloria Torres.

De la temporada de otoño de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, aquel mismo año, destacó el concierto bajo la batuta huésped del maestro Hans Kindler, fundador de la Orquesta Nacional de Washington, en el que los maestros Rocabruna y Vásquez habían decidido llevar a cabo un homenaje al recientemente fallecido compositor jalisciense José Rolón, de quien se interpretó El festín de los enanos, Scherzo Sinfónico Op. 30.

El programa se completó en su primera parte, con la Séptima sinfonía de Beethoven, y en la segunda parte con la mencionada obra de Rolón, además del Canon y fuga de Walligford Riegger, y una selección del Boris Gudonov de Mussorgsky.

En el otro programa dirigido por el maestro holandés, se distingue la presentación como solista de un quinceañero pianista José Kahan, interpretando el concierto No. 1 de Beethoven, además de la inclusión de Preludio de los Maestros cantores de Wagner, y de la Suite Corelli-Kinder, y de la Cuarta Sinfonía de Brahms. 

Las imágenes de arriba corresponden, en el orden acostumbrado, al maestro Vásquez sobre el podio al frente de la OSU, y al maestro Hans Kindler, director huésped de aquella temporada. Las siguientes son reproducciones de la partitura del Concierto No.2 para violín y orquesta, firmada en julio de 1945 por el maestro Vásquez.

Abajo aparece el compendio aparecido en la Revista Musical Chilena, dando fe de la presentación de José Kahan con la OSU, de quien se puede apreciar su figura infantil al piano, en la siguiente imagen, en los inicios de su exitosa carrera. 

La última es una fotografía del maestro José Rolón, desaparecido en aquel año, y de quien a modo de homenaje se interpretó el scherzo sinfónico, El festín de los enanos. 

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32) José F. Vásquez en los países del América del Sur

Luego de su época de director de ópera, y de sus años domésticos, dedicados a la formación y consolidación de la sinfónica universitaria, el maestro Vásquez tuvo la experiencia y los contactos para darse a conocer en otras partes del mundo, como director y compositor, y mientras la guerra en Europa impedía cualquier viaje al viejo continente, sus destinos como director huésped se ciñeron al continente americano, que recorrió con amplitud y obteniendo éxitos notables.

Entre el invierno de 1942 y el otoño de 1943, el maestro Vásquez realizó una prolongada gira por países de América del sur, y actuó en los principales teatros como director de orquesta y de ópera; en Buenos Aires, invitado por Juan José Castro, allí comenzó a dar a conocer las obras más representativas de Julián Carrillo, Daniel Ayala, Manuel M. Ponce, José Pablo Moncayo, Miguel Bernal Jiménez y las propias, una costumbre que habría de prolongar en cada país que visitó.

Obras que dirigió en Montevideo, en Santiago de Chile, en Lima, en La Paz, y en Bogotá, recibiendo condecoraciones por su trabajo de intercambio cultural, tanto en Argentina y en Perú como en Uruguay y en Colombia. Un ciclo completado en la siguiente temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, cuando el maestro propició la presentación de destacados músicos del cono sur que había conocido y con los que había compartido escenarios durante su gira. Para tales efectos, dentro de la Temporada de 1944 de la OSU, Vásquez diseñó una programación enfocada en dar a conocer las obras de los compositores más importantes de aquellos países.

Durante la primavera de aquel año de 1943 en la ciudad de Buenos Aires, y con la Orquesta Sinfónica de las Sociedades Musicales de Buenos Aires, "Asociación del profesorado orquestal", se organizaron ocho conciertos sinfónicos que contaron con la dirección de los maestros, el argentino Lamberto Baldi, y como directores huéspedes Alberto Wolff y José F. Vásquez.

Esta serie de audiciones acogió un concierto dedicado a compositores mexicanos que fue ofrecido por el maestro Vásquez en el que las obras siguientes fueron también estrenos en aquél país:

Suite Romántica para orquesta de arcos, del mismo director, Janitzio de Revueltas, Una Noche en Morelia. de Miguel Bernal Jiménez, Huapango de José Pablo Moncayo, y Chapultepec de Manuel M. Ponce.

El maestro dirigió también un concierto sinfónico de música argentina organizado por la Asociación Argentina de Compositores, y se llevó a cabo otro para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de Meyerbeer, donde el maestro Alberto Wolff presentó un extenso programa con fragmentos de ópera y el ballet Los Patinadores.

El 27 de septiembre de aquel año de 1943, el maestro Vásquez se puso de nuevo al frente de la Orquesta Filarmónica de la Asociación del Profesorado Orquestal, para dirigir el estreno del preludio sinfónico: De la descripción de Eros (1938)*, así como Rebelión (1938) ambas obras del compositor italiano por nacimiento y argentino por adopción, Alfredo Pinto. Aquella primera representación se escuchó en el Teatro Nacional de Comedia, de Buenos Aires.

*La obra había obtenido el primer premio de poemas sinfónicos del Concurso Municipal de Buenos Aires de 1939.

Esta misma obra la habría de presentar el maestro Vásquez en México, en la temporada de 1944 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de México, dentro de la selección de obras que durante su viaje sudamericano había concretado. La programación incluyó también las obras del compositor chileno Humberto Allende, del uruguayo, Guido Santorsola, de los argentinos Celestino Piaggio, Elsa Calcagno y Ernesto Drangosch, y de los bolivianos Andrés Barragán y Armando Palmero.

Por aquel mismo otoño de 1943, la Orquesta Sinfónica de las Sociedades Musicales de Buenos Aires había dado a conocer también su Ciclo de Conciertos Sinfónicos, en el que se habrían de presentar tres directores huéspedes: el insigne maestro alemán Erich Kleiber, el conocido director francés Alberto Wolff, y una vez más y como resultado de sus éxitos en primavera, José F. Vásquez.

La programación de aquel ciclo sinfónico incluyó la primera audición, entre otras obras de, Schelomo, Rapsodia Hebráica de Ernest Bloch. Y de nuevo destacó un concierto dedicado a compositores mexicanos ofrecido por el maestro Vásquez, en el que la totalidad del programa fue cubierto por obras en primera audición en Argentina:

Suite Romántica para orquesta de arcos, del mismo director; Janitzio, de Revueltas; y Huapango, de José Pablo Moncayo Una noche en Morelia, de Miguel Bernal Jiménez.

El 15 de octubre de 1943, dentro de ese ciclo sinfónico, el maestro Vásquez se presentó de nuevo al frente de la Orquesta Sinfónica de las Sociedades Musicales de Buenos Aires, con el siguiente programa:

Mozart, Concierto para clave y orquesta en sol, llevando como solista a la clavecinista argentina Julieta Goldschwartz.

Daniel Ayala, El hombre maya (1a. Audición)

José F. Vásquez, Tres acuarelas de viaje, (1a. Audición)

Tchaikovsky, Sinfonía no. 5

Su trabajo en el podio y como compositor por aquellas tierras, le valió cosechar galardones tales como, el diploma de la Orquesta Sinfónica de Montevideo, Uruguay, en octubre de 1942, el diploma de la Comisión Nacional de Cultura de Buenos Aires, Argentina en marzo de 1943, el diploma de la Orquesta Sinfónica de Perú, en octubre de 1944, y al año siguiente, en 1945, el diploma de la Orquesta Sinfónica de Colombia, en abril de 1945.

Las imágenes superiores nos muestran a los maestros Alberto Wolff, y Erich Kleiber directores huéspedes con quienes alternó el podio el maestro Vásquez. A continuación aparece la portada de un LP de la clavecinista argentina Julieta Goldschwartz, dirigida por el maestro Vásquez. Seguidamente se aprecian dos reproducciones de información de la actividad sinfónica del año 1943, la primera, y el desglose de tres programas del ciclo sinfónico de aquel año de la Orquesta Sinfónica de las Sociedades Musicales de Buenos Aires.

Las últimas tres son fotografías de los maestros Miguel Bernal Jiménez, Silvestre Revueltas, y José Pablo Moncayo, de quienes el maestro Vásquez estrenó obras durante su gira por América del sur, junto con algunas de sus propias partituras. Una constante que mantuvo a lo largo de su carrera como director alrededor del mundo. 

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Sísifo en el podio de una orquesta

La vida de una orquesta transcurre sobre los escenarios donde la música termina siendo el personaje central de la historia, no obstante, como en todo espectáculo, la voluntad, la fuerza, la oportunidad, y la toma de acciones tras bambalinas, son el sustento y explican su funcionamiento aunque el público no lo sepa.

José F. Vásquez desempeñó un conjunto de roles ocultos en favor de la existencia y continuidad de la OSU, que durante mucho tiempo ha estado oculto y de los que pocos supieron, incluso entonces.

En opinión del célebre musicólogo, docente y crítico musical, Salomón Kahan: ...Se le debe al maestro el aplauso por los largos años de labor tenaz, paciente, venciendo todo tipo de obstáculos; jamás tomaba... los miles de sinsabores a los que ha estado ligada íntimamente la vida de la Orquesta Sinfónica de la Universidad... labor que más de una vez se parecía al trabajo... de Sísifo... pues cada vez había que comenzarlo todo de nuevo comenzando por hacer antesala con quienes tienen voz y voto en esta clase de asuntos... Cuando el maestro Vásquez lograba finalmente que habría nueva temporada, se podía hablar de un milagro, aun que en el sentido en que lo entendía el finado Presidente de Israel, doctor Jayim Wiezman, de quien es este aforismo: "Milagros suceden pero con la condición de que estén perfectamente preparados...

En aquellos años Vásquez desarrolló astucia para obtener patrocinios que impidieran la desaparición de la orquesta, en especial durante cada coyuntura sexenal. Sus antesalas para convencer a quienes tomaban las decisiones para apoyar a la orquesta y evitar con ello su disolución, se convirtieron en una labor periódica, y como la única fórmula de continuidad llegó a estar en sus manos, puso en marcha un plan de búsqueda de mecenazgos.

Logró el apoyo de melómanos adinerados que se convirtieron en tutores de la OSU, entre ellos el director de la Cía. Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, Carlos Prieto Jaqué, (padre de Carlos Prieto). Asimismo supo infiltrarse en cúpulas paraestatales, y obtuvo donaciones de fondos de varias empresas fuertes del gobierno como PEMEX, Lotería Nacional, Teléfonos de México, y de particulares como la Cervecería Modelo, la Cervecería Moctezuma, Luz y Fuerza Motriz, y el Banco Nacional de México.

Cuando Antonio Carrillo Flores fue titular de la Secretaría de Hacienda y Nabor Carrillo fue rector de la UNAM, Vásquez alcanzó la meta de financiamiento para la OSU, apoyado por los hijos de su vieja aliado Julián Carrillo. Incluso recibió el auxilio de otro jefe de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, gracias a la influencia de la familia Carrillo Flores.

Para mediados de los 50, Vásquez había reunido a más de cien empresarios que propiciaron un florecimiento extraordinario en la orquesta, como nunca colmada de directores huéspedes y solistas de México y del extranjero. El Patronato de la UNAM hacia 1956, formado por Carlos Prieto, Raúl Martínez Ostos, Alfonso Noriega, Nicolás Pizarro y Efrén del Pozo, fue uno de los primeros constituidos para la supervivencia de una orquesta mexicana.

El Banco Nacional de Comercio Exterior se comprometió a dar los créditos para la contratación de artistas foráneos y dio a Vásquez la posibilidad de realizar numerosos giras internacionales.

La pianista Artemisa Elizondo, antigua alumna de Carlos J. Meneses, en cooperación con Sophie Chenier, presidenta de la Asociación Musical del Instituto Nacional de la América Latina, se ocuparon de programar una serie de giras para la orquesta, por el interior de la República, y para el director Vásquez, por varios puntos de Centro y Sud América.

Por su parte, el violinista y compositor hispano-mexicano Simón Tapia Colman (1906-1993) se convirtió en el promotor auxiliar de Vásquez, y Fernando Diez de Urdanivia fungió como representante de la OSU.

Hacia 1955 la orquesta tenía otro aspecto interno, muy distinto al de la década pasada. Ahora figuraba en ella como violín concertino, Gloria Torres de Vásquez; y los violinistas José Luis Hernández y Eliazar García, los violistas Higinio Velázquez y Eduardo Espinosa de los Monteros, los cellistas Domingo González y Jorge Delezé, el flautista Noé Fajardo y la arpista María Elena Barrientos. Además la OSU había abierto nuevas plazas, entre ellas la de flautín, corno inglés, clarinete bajo y contrafagot, antes inexistentes.

Cuando murió José Rocabruna, en 1957, Vásquez quedó como director vitalicio, y emprendió una nueva etapa de depuración de elementos, giras nacionales e invitaciones a músicos externos. Aquí la orquesta gana su nivel más alto.

Vásquez fue jubilado de la OSU poco tiempo antes de morir, cuando el Patronato observó cierto decaimiento en el director, ya enfermo de un padecimiento cardíaco. Entonces fue nombrado Director Emérito, al considerarse su antigüedad al frente del conjunto sinfónico.

Vásquez deseaba ver colocado en su sucesión como director titular de la OSU, a su colaborador Higinio Velázquez, a quien había iniciado en el arte de la dirección, sin embargo, con el fallecimiento de Vásquez, el Patronato tomó su propia decisión e invitó al director italiano Icilio Bredo.

La orquesta Sinfónica de la Universidad se llamó así desde su fundación en 1936 hasta el colapso de 1962, a causa de la muerte de José F. Vásquez.

Después de enero de 1972, el conjunto habría de llamarse Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por cuyo podio desfilaron Icilio Bredo (1962-1966), Eduardo Mata 1966-1976), Héctor Quintanar (1976-1980), Enrique Diemecke/Eduardo Díaz Muñoz (1981-1985), Jorge Velasco (1985-1989), Jesús Medina (1989-1993), Ronald Zollman (1993-2002), Zuohuang Chen (2002 a 2006), Alun Francis (2007 a 2010), Jan Latham-Koenig (2012 a 2015), y de 2017 a 2020, Massimo Quarta.

A la luz de su olvido institucional desde su muerte, se podría preguntar si alguno de estos directores preguntó alguna vez por José F. Vásquez, si alguno tuvo la idea de recordarlo en algún concierto y de investigar su obra; es casi seguro que no; incluso tal vez alguno llegó a ignorar que había sido uno de los dos fundadores de la orquesta que por entonces dirigía, y del puesto laboral que ostentaba en ese momento.

Desde hace al menos tres décadas, la actual Orquesta Filarmónica de la UNAM recuerda sus primeros 25 años de existencia, con un texto de 33 palabras, sin concederle a Rocabruna ni a Vásquez al menos el mérito y el rango como fundadores, como para nombrarlos propiamente: Nuestros fundadores. Y apenas se les recuerda de manera escueta en el programa de mano, y en la información oficial de la actual OFUNAM, con las siguientes palabras:

"Originalmente denominada Orquesta Sinfónica de la Universidad, su dirección fue compartida por José Rocabruna y José Francisco Vásquez, y su sede se fijó en el Anfiteatro Simón Bolívar, de la Escuela Nacional Preparatoria".

Treinta y tres palabras que describen 25 años de trabajo arduo y multifuncional que invitan a rememorar a Albet Camus, quien en su filosofía del absurdo sostuvo que nuestras vidas, son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos....antes de la llegada del olvido.

De nada más.

-JJV-

Las imágenes superiores nos muestran una fotografía del maestro Vásquez, alrededor de 1954, y una reproducción parcial del texto incluido en la información oficial de la actual OFUNAM.